…Ya sólo falta cargar las pieles de nutria y la carne seca para que iniciemos el viaje, se han adelantado los de las carretas con 40 arrobas de harina y la manteca, y dentro de poco los alcanzaremos para llegar juntos a la bahía mañana al amanecer; esta vez, los ingleses nos pagarán con más azúcar y ropa que el año pasado y será el mejor negocio que ha hecho la misión en mucho tiempo…1

Emblema de los Dominicos
Consiste en una cruz con sus terminaciones en flor de lis, el color es blanco y negro, como los hábitos de la orden; en algunos casos las cuentas del rosario se encuentran alrededor.
El paso de las misiones peninsulares a los dominicos
Desde que llegaron a la Nueva España en el siglo XVI, los religiosos de la orden de Santo Domingo o predicadores trataron de proteger a los indios de los abusos que cometían los encomenderos en su contra, y con ese fin procedieron al establecimiento de misiones en varias provincias de la colonia. Al ordenarse la salida de los jesuitas, el padre Juan Pedro Iriarte y Laurnaga, en representación de los dominicos, solicitó en Madrid al propio soberano que les fueran concedidas algunas misiones al sur de la península, a lo cual accedió el monarca en cédula del 4 de noviembre de 1768, y con la orden real a su favor, al frente de 26 religiosos que se habían seleccionado entre 200 aspirantes, se embarcó Iriarte para la Nueva España a donde llegaron el 19 de agosto de 1771. Enterado el virrey Bucareli del acuerdo que traía Iriarte, desatendió la disposición del monarca, quizá al pensar que provocaría el disgusto de los franciscanos si la hacía efectiva, pero ante la insistencia del religioso dominico y al recibir nuevos comunicados de Madrid refrendando el acuerdo, pidió a los superiores de las dos órdenes que se reunieran para resolver el reparto de las misiones californianas en forma satisfactoria para ambas partes.
Transcripción parcial del relato hecho por Fray Luis de Sales, del viaje que los Dominicos iniciaron de San Blas a Loreto, su naufragio frente a las costas de Mazatlán, y la travesía en Octubre de 1772 y Mayo de 17732
…El Señor Virrey mandaba, que quanto antes se verificase nuestra entrada: los Barcos que podían conducir á los Misioneros estaban imposibilitados, los víveres perdidos, y la tripulación del todo inexperta. Con todo, nos fue preciso embarcarnos en un tiempo que no era de los regulares, pues por el mes de Septiembre siempre se han visto fatalidades en este mar…
…Apenas salimos del puerto, experimentamos los vientos contrarios: resultó en el Barco un agujero que era como una canal contínua de agua: los Misioneros trabajaban en sacarla; pero no podian dar abasto: al mismo tiempo entró peste en el Barco: los Marineros todos sin acción, los Misioneros gobernando el Barco, y empleándose en otras faenas y trabajos materiales: últimamente hirió también la peste a los Misioneros que venían: (llamo peste á una epidemia de calenturas pútridas que heria primeramente a la cabeza). Estando en este conflicto, se movió una tormenta furiosísima de rayos y centellas, el mar embravecido, y entre los Misioneros apenas había quien pudiese maniobrar: dos veces se nos metió el Barco debaxo del agua; los pocos Misioneros clamaban á voz en grito hasta el Cielo: los pobres enfermos se mojaron todos dentro del Barco por la mucho agua que entraba: ya pensábamos haber llegado el último dia para nosotros, pero por fin llegamos a un pequeño Puerto llamado de Mazatán, y resolvimos saltar en tierra para curar los enfermos: armamos una Canoa, y salimos a una tierra desconocida: esto, y el ser ya de noche nos puso en el mayor conflicto; pero vimos una luz desde léjos, nos dirigimos a ella, y al poco andar encontramos una laguna; pensando que tendría poco agua, vestidos y calzados nos metimos en ella, y al cabo de una hora qué íbamos por la laguna con agua cerca de los 3 pechos, salimos á las nueve de la noche , y encontramos con unos pobres Mulatos3 que tenían allí su casita, pero sin prevenciones de comida. Pasada la noche entre ayes y lamentos, nos conduxeron á un Pueblo, y allí acomodamos sobre la tierra unas mantas para los enfermos; de estos murieron dos, y el P. M. Vicario General, mas por el sentimiento que tenia de vernos en tantas miserias, (pues nos miraba pidiendo limosna de puerta en puerta, sin ropas ni utensilios) que por su enfermedad, murió con la mayor aflicción. Vuestra merced podrá inferir quál sería el sentimiento de todos, y mucho más quando supimos, que los otros Misioneros que iban en otro Barco , pues por ser tantos fué necesario salir divididos, se habían desaparecido en el mar por la furia de los vientos. Nuestros caxones y baules quedaron en la plaia, y esperábamos todos por puntos la muerte por lo riguroso de la enfermedad y las pocas disposiciones. Pero noticioso el Señor Virrey y la Provincia de Santiago de todo lo sucedido, dieron todas las órdenes necesarias para poder seguir nuestro viage: en efecto enviaron algunos nuevos misioneros, nombrando otro Vicario General, y remitiéron un Barco con buena tripulación para pasar á la California. En el segundo viage se aumentaron los sustos, y aunque con trabajos, llegó la Misión al Puerto de Loreto, y en algunos días de diferencia el otro Barco que estaba perdido. Apenas pudieron los Misioneros entrar por su pie, unos en sillas de manos, otros en hombros de Indios, y otros sostenidos de los Padres Franciscanos que nos esperaban; en fin, puestos en la Casa de la Misión, se juntaron entre Religiosos Dominicos y Franciscanos, treinta y uno: a los dos días murió uno de los nuestros…
Cuando los fernandinos conocieron la petición de los dominicos deben haber evaluado cuidadosamente la situación, y aunque nunca lo dijeron explícitamente, es seguro que la Nueva California ocupó el primer lugar en sus prioridades, no sólo en lo espiritual, sino también en lo material, dado el gran número de gentiles que poblaban la región y la potencialidad productiva de aquellas tierras fértiles, con agua abundante y los mejores sitios para establecer puertos. Quizá por esto, y aunque las dos órdenes ya habían trabajado armónicamente en la Sierra Gorda del actual Querétaro4, los franciscanos hicieron saber a los padres predicadores que les resultaría conflictivo coexistir en la misma provincia, por lo que estaban dispuestos a cederles no algunas, sino todas las misiones de la Antigua California, incluyendo San Fernando Vellicatá y las cinco programadas para fundarse entre esta última y San Diego, en tanto que ellos conservarían las de la Nueva California.
Como resultado de las pláticas sostenidas, los padres Juan Pedro de Iriarte y Laurnaga por los dominicos y Rafael J. Verger por los franciscanos, el 7 de abril de 1772 firmaron un concordato por el cual los fernandinos cedían a los padres predicadores todas las misiones de la península, mientras que ellos se quedarían con las de la Nueva California, comenzando por la de San Diego, documento que fue ratificado por el virrey el día 30 de ese mes; la misión dominica más septentrional se plantaría en el Arroyo de San Juan Bautista, llamado después San Miguel, aunque hoy en su desembocadura se le llama popularmente arroyo de La Misión, y su territorio se extendería 25 Km. al norte de la corriente mencionada, hasta la actual Punta El Descanso5. Como se verá más adelante, años después se dieron circunstancias que hicieron mover la frontera entre dominicos y franciscanos más al norte, hasta el arroyo de El Rosario, cerca del actual municipio de Playas de Rosarito; esta región, la más al norte controlada por los padres predicadores, se llamó desde entonces La Frontera. Se transcribe a continuación parte del concordato mencionado:
En atención a todo lo dicho, y deseando cumplir puntualmente la soberana voluntad de nuestro católico monarca han convenido en la división siguiente: Que los padres dominicos tomen a su cargo las misiones antiguas que tiene este colegio en California y la nominada frontera de San Fernando de Villacatá siguiendo sus nuevas conversiones por este rumbo hasta llegar a los confines de la misión de San Diego en su puerto poniendo su 6 última misión en el arroyo de San Juan Bautista6, la que finalizará cinco leguas más adelante en una punta que saliendo de la Sierra Madre termina antes de llegar á la playa7, y llegados á ella podrán torcer al Este con poca declinación al Nordeste con lo que deberán salir al fin del golfo californio y río Colorado siguiendo después el rumbo que les señaló Vuestra Excelencia en la real junta. y que los padres del Colegio de San Fernando mantengan las que ocupan desde dicho puerto de San Diego siguiendo el rumbo que tienen para Monterrey, puerto de San Francisco y más adelante8.

Cambios jurisdiccionales de franciscanos y dominicos en las Californias, y límites fronterizos. Elab. Antonio Ponce Aguilar
Fray Francisco Palou tuvo conocimiento de la transferencia de las misiones en agosto de 1772, y fray Junípero Serra lo supo 4 meses después, cuando viajaba a la ciudad de México a realizar gestiones ante el virrey Bucareli para destituir a Fagés como gobernador, y tratar otros asuntos para la buena marcha de su labor en la Nueva California. Iriarte no pudo ver culminada su gestión porque, después de una desastrosa navegación, según Luis de Sales, uno de los barcos en que viajaban los dominicos de San Blas a Loreto casi naufraga frente a Mazatlán, desembarcó ya muy enfermo, luego fue trasladado a la Villa de San Sebastián y al poco tiempo murió, cuando ya los primeros 10 predicadores habían llegado a Loreto el 14 de octubre de 1772. El 12 de mayo de 1773, el padre Vicente Mora, quien había sido nombrado para substituir al religioso fallecido, empezó a recibir físicamente las misiones de la Antigua California, proceso que terminó el 13 de julio de ese año en San Fernando Vellicatá. Como documento ilustrativo del proceso, se transcribe a continuación el acta de entrega de la misión de Santa Gertrudis:
En cumplimiento de la orden del muy Reverendo Padre Fray Rafael Berger, Guardián de mi apostólico Colegio de Propaganda Fide de San Fernando de México, comunicada por el Reverendo Padre Presidente Fray Francisco Palou para que se entreguen todas estas misiones antiguas de la California a los reverendos padres del Sagrado Orden de Predicadores de Nuestro Padre Santo Domingo, por haber convenido así los reverendos padres Fr. Juan Pedro de Iriarte, por parte de su sagrada orden, y dicho reverendo padre guardián por parte de dicho colegio, haciendo éste voluntaria y gustosa dejación de todas ellas, y conviniendo el dicho reverendo padre Vicario General en recibirlas a cargo de su sagrada religión, en habiendo llegado a esta misión a fin de recibirla los Reverendos Padres Fr. Manuel Rodríguez y Fr. Joseph Díez, nombrados por su reverendo Padre Presidente y Vicario General Fr. Vicente Mora, paso a la entrega de esta misión , por padrón los indios de que se compone, la iglesia, sacristía, casa, y campo, formando inventario de todas las alhajas y utensilios de iglesia y sacristía y todo lo demás que pertenece a esta misión, dando principio a dicha entrega hoy día cuatro de junio del año de 1773.
Al calce del documento está la firma del padre franciscano Gregorio Amurrio, encargado de hacer la entrega, que se llevó a cabo, al igual que todas las demás, con sumo cuidado y detalle, pues se anexaba no únicamente la relación simple de los indios que formaban la “ranchería de la casa”, sino que se especificaba si eran viudos, huérfanos, etc. En el “Inventario de Muebles y Utensilios de la Casa”, se lee en parte lo siguiente9:
Primo: cuatro tares de vaqueta.
Dos pabellones de manta de la tierra.
Cuatro mesas; la una forrada de vaqueta.
Seis sillas de asiento.
Tres equipales.
Dos planchas de hierro.
Unas tijeras sastreras.
Cuatro dichas arrieras.
Dos almireces con sus manos.
Dos mazos de pita azul; una libra de dicha pita.
Una tinajera de madera.
CAMPO:
Tierra capaz de 10 fanegas de sembradura de trigo.
Actualmente hay sembrado una fanega de maíz.
Cuatro viñas.
Una huerta rodeada de granados e higueras.
Otra porción de olivos y duraznos.
Vacas de vientre: 57
Vaquillas 17.
TROJE :
Trigo espiguín : trescientas fanegas.
Cebada: cincuenta.
Una romana grande. Dos mesas
BODEGA:
Una prensa.
Dos alambiques.
Diecisiete tinajas.
Vino: tinajas 19.
Aguardiente: 3
CARPINTERIA:
Un banco.
Dos garlopas
Cuatro barrenos.
Una tenaza.
Un hierro de torneo
Una hacha
De los franciscanos que aún permanecían en la región, algunos salieron rumbo a la Nueva California para ponerse a la disposición de fray Junípero Serra, y otros regresaron a la ciudad de México para reincorporarse al Colegio de San Fernando. El franciscano Francisco Palou, a cargo entonces de las misiones peninsulares, escribió lo siguiente al entregarlas a los padres predicadores En el mes de mayo del siguiente año de 1773 en que llegaron a la California los reverendos padres dominicos y les hice entrega de la citadas misiones, quedó ya con esto nuestro colegio libre de aquella carga. 10, y es explicable que los fernandinos consideraran una carga a aquellas misiones tan pobres, saqueadas por la soldadesca después de que se fueron los jesuitas, situadas casi todas en parajes desolados, y abandonadas otras por falta de población.
Uno de los problemas que desde el principio de su estancia en Baja California limitó el trabajo de los dominicos, fue la escasez de religiosos para atender las misiones establecidas y las que estaban por fundarse, ya que por defunciones, enfermedades o cambios de adscripción, de los 27 dominicos que habían llegado a la Nueva España, para 1787 sólo quedaban 19; pero aun así, dada la gran población de gentiles en la región de La Frontera y con el propósito de extender su acción hacia el Río Colorado, se fundaron las misiones que más adelante se irán mencionando.
Los dominicos ven hacia el norte. El Rosario
Ya se ha dicho que a la muerte de fray Juan Pedro de Iriarte, fray Vicente Mora, de 35 años de edad, fue nombrado Presidente y Vicario Provincial de las misiones de California, lo que se aprobó por el virrey Bucareli el 30 de diciembre de 1772. Queriendo hacer personalmente un inventario general de lo que había, así como una estimación de las potencialidades del medio al norte de Loreto, el joven misionero realizó un viaje desde este poblado hasta Viñadaco, cabalgata que en sí constituye una verdadera hazaña, por lo que se transcriben a continuación algunas partes del diario elaborado durante el viaje:
El 4 de noviembre salí de la misión de Loreto y siguiendo al noroeste llegué …a un rancho llamado San Juan…El 5 por la mañana salí al mismo rumbo y llegando a Monvedor, aguaje del mismo rancho, registré y aunque tiene agua permanente, me pareció difícil el poderla sacar, para aprovecharla en algunas siembras, por estar sumamente baja…Pasé a sestear a Canipole…allí se encuentra una poza de agua llovediza y cuando llueve mucho suele durar hasta abril o mayo; pasamos a dormir a Cadexe, contiguo a la bahía de Mulegé; de allí nos fue preciso madrugar para que la pleamar no nos impidiese el camino. llegamos a sestear a un paraje que llaman el Mangle, donde no hay agua ni para los pasajeros, sólo, sí, un poco de zacate salitroso y un poco de carrizo para las bestias. El día 18 salí para la misión de San Borja y llegué, andando mucho, el sábado 21; fue preciso detenerme en ésta por la carestía de bestias que en ésta, y las demás, se experimenta…Después pasé el mismo día a dormir a Calamozjue…Es sitio, a la verdad, horroroso, porque el agua que tiene el arroyo ni menos sirve para las bestias, por salada. a la tarde llegué a San Fernando Vellicatá que fue el 4 de diciembre…..y hallé que desde nuestra posesión se han bautizado 96 gentiles. al mismo tiempo que se han recogido más de 40 que andaban vagos por los montes, según dicen ellos mismos, por el rigor y aspereza con que les trataban nuestros antecesores, pues llevaban la máxima de que a fuerza de castigo se habían de reducir a la fe de Jesucristo….Después de su ida pasamos a registrar el referido paraje de Viñadaco; seguimos por la orilla de un espeso sauzal que corre del este noreste al oeste suroeste, a este primer plan …se le puso Nuestra Señora de El Rosario…11.

Ruinas de El Rosario en su primera ubicación
El sitio en el que concluyó su viaje fray Vicente Mora el 21 de diciembre de 1773 y que los nativos llamaban Viñatacot, castellanizado después como Viñadaco, lo cual significa “carrizal”, se encontraba a unos 50 Km. al noroeste de San Fernando y a unos 7 de la costa, reunía ventajas importantes para plantar allí una misión, por lo que el 24 de julio de 1774 fundaron él y fray Francisco Galisteo la primera misión dominica en Baja California con el nombre de Nuestra Señora del Santísimo Rosario de Viñadaco12, que en 1799 tuvo que cambiarse un poco hacia la playa, para protegerse contra las crecidas del arroyo que inundaba las tierras de labor; y en su nueva ubicación recibió el nombre de Nuestra Señora del Rosario de Abajo; otro cambio por escasez de agua se hizo en 1802 y la nueva ubicación, según Meigs, podría corresponder a un rancho cercano llamado San José, en el cual, desde la primera fecha que se indica, se construyeron varias habitaciones de adobe. Nieser dice que el piso era de baldosas rojas, y las paredes estaban blanqueadas con yeso, y aunque la iglesia no era tan pretenciosa como la primera, debe haber ofrecido al viajero una hermosa vista desde muy lejos.
La resistencia de los nativos a la penetración religiosa de los padres predicadores cuando trataban de establecerse en esta primera misión, se manifiesta en el informe que los padres Galisteo y Manuel Pérez enviaron al padre Vicente Mora, el cual se transcribe parcialmente en otra parte de este capítulo. Sin embargo, no se tienen datos sobre acciones violentas o rebeliones importantes que los nativos hayan realizado en contra de los españoles13, hacia quienes mostraron, en lo general, una actitud pacífica y receptiva a la nueva cultura, a diferencia de los indios que habitaban más al norte, quienes nunca se resignaron al sometimiento que les imponían los europeos, prueba de lo cual fueron los ataques que realizaron a las misiones más septentrionales.
En 1776 la misión tuvo una población de 577 habitantes, 11 años después era de 300 personas, y para 1800 llegaba sólo a 257, disminución que se observó en casi toda la población de la península. Para 1830, aunque contaba apenas con 41 habitantes, aun se cosechaban 116 fanegas de maíz, 3 de frijol y 11 de lentejas. Quizá por su lejanía de los centros de producción de la Nueva España, los dominicos trataron de hacer de cada una de las nuevas misiones en el norte de la península no sólo un centro religioso para propagar la fe, sino también una verdadera escuela de oficios para los nativos. Además de introducirlos a la agricultura de riego, para lo cual tuvieron que hacer represos y canales, se les enseñó lo indispensable para la cría y explotación de ganado, sobre todo de ovejas, los indios aprendieron a degollar y destazar los animales, y para el curtido de sus pieles hicieron piletas para el agua en forma de zanja, en donde ponían la corteza de encino y mezquite cuyo tanino permite el curtido mencionado; muchos indígenas aprendieron albañilería, carpintería, a hacer hornos para obtener la cal, a construir corrales y a fabricar losetas de barro y tejas; mientras que las mujeres se enseñaron a cocinar, coser, hilar y tejer.
La misión, a pesar de las muchas visitas que tenía y de su aceptable producción agrícola, tuvo que cerrar sus puertas en 1832 por la reducida población; y hoy sólo quedan ruinas de sus muros de adobe. Los principales ranchos y rancherías indígenas de la misión fueron Cava, Fiel, Santo Domingo, Macopá, Santa Rosa, El Socorro, El Rosario, San José y Santo Tomás.
Las dificultades políticas y administrativas
El gobernador de las dos Californias, Felipe Barri, había tenido frecuentes problemas con Francisco Palou cuando los franciscanos estuvieron en la península, y al llegar los dominicos participaron también en aquellas disputas al negarse a entregar a los fernandinos cierta cantidad de ganado que estos reclamaban como propio y que intentaban llevarlo de las misiones peninsulares a la Nueva California; no bastaron las órdenes superiores que se recibieron para que los predicadores entregaran el ganado, y se llegó a decir que cuando los franciscanos, empecinados en su intención, les ofrecieron dinero para adquirir en compra las reses, los dominicos contestaron que su ganado no estaba en venta, y que en todo caso hicieran la adquisición en otra provincia; sin embargo, fray Vicente Mora lo que hizo fue retrasar la entrega del ganado, que finalmente fue conducido a Monterrey en junio de 1775 por el padre Pedro Cambón.
En marzo de 1775 arribó Felipe de Neve a sustituir a Barri en el gobierno, y aunque tenía ideas avanzadas en lo que se refiere al trato que debía darse a los indígenas, e intentó aplicar las antiguas disposiciones de José de Gálvez, en el sentido de que se formaran pueblos de indios que trabajaran libremente para su propio beneficio, poco o nada pudo hacer al tropezar no sólo con las limitaciones económicas y del medio geográfico, sino también con la abierta resistencia de los padres dominicos, quienes consideraban esos proyectos como una irrealizable Utopía, y al igual que sus antecesores jesuitas y franciscanos, nunca estuvieron dispuestos a cambiar su sistema, el cual se apoyaba en un paternalismo que impedía el libre desarrollo de los nativos, y en una disciplina rigurosa, tal como lo refiere el padre Luis Sales en su libro Noticias de las Californias:
… Nada se comprende, nada se determina que no sea según la dirección del misionero. Luego que amanece los congrega en la iglesia para rezar la doctrina, les dice su misa, y reza con ellos el santo rosario. Entre día es necesaria una continua vigilancia para que no se junten hombres con mujeres, y que éstas, en medio de sus labores, estén siempre empleadas en rezar o cantar cantos de la iglesia. Nadie sale a parte alguna, aun a beber agua, que no sea con el permiso del misionero. 14.
Refiriéndose al incumplimiento de las órdenes dadas por don José de Gálvez para el establecimiento de pueblos, Fray Vicente Mora, para defenderse de las quejas que al respecto el gobernador de la provincia Felipe Neve había hecho al virrey, expuso lo siguiente: …Infiero que calló el gobernador los principales motivos que hicieron y siempre harán impracticable el proyecto del señor visitador general. Para la construcción de los pueblos en los términos dictados es indispensable provisión de bastimento, de herramientas y material competente, de todo lo cual han carecido y carecen las misiones de Loreto y San Javier … y, ¿cuándo el gobernador nos ha dado estos auxilios?. 15. Era cierto lo dicho por Mora, pero también verdad era que los dominicos, franciscanos y jesuitas se habían opuesto siempre a cualquier cambio que pudiera perturbar el verdadero estado de excepción otorgado por el virrey a los misioneros de Californias, el cual les concedía casi poder absoluto para su administración y gobierno.
Santo Domingo
La segunda misión de los dominicos fue plantada el 30 de agosto de 1775, cerca del arroyo de Santo Domingo, unos 95 Km. al norte de El Rosario y a unos 12 de la costa, por el padre Manuel García, quien junto con el alférez José Velásquez16, había explorado la región en 1774; la misión se bautizó como Santo Domingo de la Frontera o Santo Domingo de Guzmán, y para su atención, el padre García recibió la ayuda de fray José Aybar, quien llegó al lugar 8 meses después. Como sucedió con otros centros religiosos, en 1793 ó 1798 tuvo que cambiarse 3 Km. río arriba en prevención del daño por inundaciones.

Ruinas de la misión de Santo Domingo, en Baja California
Al igual que las demás misiones que hicieron los dominicos en esta región, las construcciones eran de adobe e incluían las habitaciones, la cocina, talleres de carpintería y albañilería, un granero y una fragua; la iglesia medía 7 m. de ancho por 16.5 de largo. Un escrito del padre Sales refleja la frustración que al comienzo de su labor sufrieron los misioneros de Santo Domingo: … En sus extravagancias y en medio de sus ridiculeces tienen unos viejos llamados de unos Quamas y de otros Cusiyaes…. Estos viejos son unos hombres los más desenvueltos ….y sus mentiras son creídas de estos infelices con más firmeza que quanto les dicen los religiosos 17
Aparte de los cultivos de trigo, cebada, frijol y maíz, se tenían huertos de perales, higueras y granados, además de nopaleras, olivos y vid; se explotaban las salinas cercanas a San Quintín, y todos estos productos, así como las pieles de nutria, se comercializaban con las tripulaciones de barcos extranjeros que llegaban a las aguas*.*de las bahías cercanas. La venta de pieles de nutria y de foca llegó a ser tan importante, que los indios abandonaban con frecuencia sus obligaciones en la misión para irse a cazar estos animales, aunque según Sales, los rusos les daban cualquier “pedazo de cobre mal cortado” y les sacaban cuantas pieles querían.; en 1806 el capitán Joseph O’Cain, en el barco del mismo nombre, llegó a la bahía de San Quintín con cien cazadores aleutianos, y en 1807 con cincuenta, que obtuvieron 4 819 pieles de nutria que más tarde se venderían en Boston.
Tres años después de su fundación, la misión llegó a tener 530 neófitos18; dos de sus visitas más importantes eran las capillas de San Telmo de Arriba y San Telmo de Abajo, en donde las obras de riego permitían levantar buenas cosechas; sin embargo, en 1830 sólo era habitada por 78 personas, número que se redujo a 19 en 1855, y en 1839, siendo su misionero el padre Tomás Mancilla, tuvo que abandonarse. Actualmente es fácil el acceso a sus ruinas de adobe, a orillas del arroyo de Santo Domingo, por un camino de terracería que sale de la carretera Transpeninsular hacia el este, justo al norte de Colonia Guerrero.

Arroyo de Santo Domingo, en cuya margen se fundó la misión del mismo nombre en 1775
San Vicente Ferrer. Macedonio González defiende a San Diego
Continuando con el proyecto de expansión rumbo al norte, el 27 de agosto de 1780, los misioneros dominicos Miguel Hidalgo y Joaquín Valero, quienes estaban en la misión de Santa Rosalía desde 1773, fundaron la misión de San Vicente Ferrer, la más grande de La Frontera, aproximadamente a 70 Km. al noroeste de Santo Domingo y a unos 18 de la costa, lugar que había sido explorado cuidadosamente en enero por el teniente José Velázquez y el padre Miguel Hidalgo. Como prevención contra cualquier alzamiento de los indios, la misión fue rodeada de una estacada, y por un tiempo fue lugar de residencia de un destacamento de soldados al mando de un alférez. Esta medida obedeció a que la ubicación de San Vicente era estratégica para la defensa de la frontera contra los ataques que pudieran hacer los indios de la sierra y del Colorado, quienes llegaban a bajar por el arroyo de San Vicente hasta la costa; la estacada rodeaba al fuerte, al templo y los edificios principales, tenía tres metros de alto y estaba provisto de tres torres; el constructor de esa obra así como de la iglesia fue fray Luis de Sales.
La utilidad de una guarnición en San Vicente se hizo notar en 1836 y 37, cuando los indios Martín, Cartucho y Pedro Pablo, después de cometer algunos asesinatos y raptar a varias mujeres en el rancho Jamul, al sureste de San Diego, amenazaron este puerto al frente de un numeroso grupo de guerreros armados con arco y flechas. Por el reducido número de hombres con que contaba el alférez Juan Salazar en San Diego19, era imposible resistir un ataque masivo de los sublevados, por lo que se envió un propio a San Vicente solicitando ayuda urgente, en tanto que algunos vecinos se aprestaban a buscar el amparo de un barco anclado en la bahía.

Ruinas de la misión de San Vicente Ferrer
En San Vicente, el alférez Macedonio González estaba al mando de la Compañía Presidial de Loreto, y al conocer los hechos salió de inmediato rumbo a San Diego al frente de 25 hombres20; a la altura de La Grulla se desvió hacia la sierra, por el valle de San Rafael, San Faustino, Neji y Las Juntas, para saber hasta qué punto se había extendido la rebelión entre la gentilidad de esa zona. Aquí se enteró por su amigo, el jefe Jatñil, que él había impedido a los cabecillas del alzamiento soliviantar a los nativos de la sierra, y además, le proporcionó los nombres de los espías que tenían los rebeldes en los ranchos de Jesús María, Santo Domingo, Cueros de Venado y Tía Juana. Al llegar a estos lugares, González y su sargento Franco ejecutaron a los conjurados, después de lo cual se dirigieron a San Diego y se acamparon en una cañada al sureste de la plaza; desde aquí, los soldados fueron sacando a los indígenas implicados en la conspiración, que trabajaban en las casas de personajes como el alcalde José Antonio Estudillo y Juan Bandini. Aunque los espías fueron fusilados de inmediato, alguien informó a los rebeldes que Macedonio González iría tras ellos, por lo que levantaron sus campamentos y huyeron hacia el este, rumbo a las montañas.
El capitán del presidio, don Santiago Argüello, esperaba la llegada de cien hombres del norte de la provincia para salir en persecución de los indios rebeldes, pero González no esperó, como se lo sugirió el capitán, y se lanzó con su puñado de soldados en seguimiento de los alzados quienes, en lo más alto de la sierra Jacumé, en el actual municipio de Tecate, se hicieron fuertes con tribus del Colorado que llegaron en su ayuda; aquí González y sus 20 hombres estuvieron a punto de sucumbir, como se verá más adelante, pero finalmente escaparon hacia la costa21.
A pesar de la epidemia de 1782, en 1787 la misión atendía a 317 indios, y su producción de maíz y frijol , así como la ganadería, eran base firme de su sostenimiento, sin embargo, la población declinó rápidamente después de la independencia, y en 1833 fue abandonada como centro religioso. De las tres misiones mencionadas, dos llegaron a ser por brevemente capitales territoriales, pues cuando el 19 de mayo de 1849 la Baja California se dividió en los partidos norte y sur, la cabecera del primero quedó en El Rosario, luego pasó a San Vicente, y en 1851 a Santo Tomás.
En 1781 fray Vicente Mora dejó la presidencia de las misiones dominicas al sufrir lo que quizá fue un derrame cerebral, motivo al que habrían de agregarse las acusaciones que Barri había hecho en su contra, y quedó en su lugar el padre Miguel Hidalgo, quien autorizó el traslado del inválido misionero a la ciudad de México, de donde pasó poco después al convento de Nuestra Señora del Rosario en Guadalajara; en este lugar mejoró al grado de que pudo regresar a México y dar clases de latín en el Convento de Santo Domingo; sin embargo, nuevamente se deterioró su salud y murió el 6 de mayo de 1786, después de haber ayudado a sentar las bases para la importante obra que realizaron los dominicos en la Baja California.
Respecto a las misiones que los dominicos construyeron de cantera cabe mencionar lo siguiente: en 1783 había llegado a Loreto como vicegobernador el capitán José Joaquín de Arrillaga, época en que la viruela diezmó a la población nativa, y la pobreza afectó severamente a casi todas las misiones, lo cual fue reportado al virrey pidiendo el envío de ayuda. Esta petición la hizo no sólo Hidalgo, sino también Arrillaga y Fages desde Monterrey; el presidente dominico llegó a ir a la ciudad de México en busca de algún auxilio, pero muy poco se obtuvo. Aun así, y a pesar de las penurias económicas, para 1786 fray Juan Crisóstomo Gómez terminó la construcción con cantera de la misión de San Ignacio, y se continuó con las de Santa Gertrudis y San Francisco de Borja; aquella fue concluida por fray Gregorio Amurrio y fray José Espín en1796, y ésta por fray Mariano Apolinario en 1801, aunque la iglesia y el hospital habían sido hechos por Francisco Lasuén en 1769.
Otras versiones sobre las campañas de Macedonio González
Reconstruir el episodio histórico en el cual el alférez Macedonio González libró al poblado de San Diego de ataques de los indios en 183622 y 1837, resulta difícil por las siguientes razones: son pocos los investigadores mexicanos que han escrito sobre el tema; las versiones más conocidas son de don Manuel Clemente Rojo, quien recogió información del jefe Jatñil, protagonista en aquellos hechos; el relato de doña Juana Machado23, viuda del marino norteamericano Thomas Wrightington; la que aparece en las Memorias de doña Apolinaria Lorenzana, quien vivía entonces en su rancho Jamacha; y los Recuerdos del pasado de doña Felipa Osuna; de todas las cuales se resumen a continuación los aspectos más importantes24.
Después de la secularización de las misiones en la Alta California, se acentuaron los problemas políticos y sociales no sólo por el alud de mexicanos y norteamericanos que adquirieron tierras misionales para formar ranchos, con el consecuente desalojo de los indios que allí vivían, sino por la actitud beligerante de estos primitivos californios que eran, después de todo, los legítimos propietarios de esas tierras, y que nunca mostraron una docilidad o sumisión definitiva hacia los españoles o mexicanos. El caso es que para fines de 1836, los quinientos habitantes del pequeño poblado de San Diego estaban rodeados de rancherías y campamentos que agrupaban a unos 10 000 indios, entre diegueños (de filiación kumiay), luiseños, cahuillas y yumas, poblando toda el área entre San Diego y el Río Colorado. Los ranchos de la región eran frecuentemente robados por bandas de indios que se llevaban el ganado y quemaban las casas, y no se contaba con la protección de los soldados no sólo por su reducido número, sino porque estaban mal armados y peor pagados. Fue en estas precarias condiciones de seguridad cuando, en 1836, los indios atacaron varios ranchos cercanos a San Diego, uno de los cuales fue “Cueros de Venado”, al oriente e lo que hoy es Tijuana, propiedad de Juan María Marrón, aunque varios de los asaltantes murieron por la brava defensa de los nativos cristianos que trabajaban allí.
Un año después, en abril de 1837 fue atacado el rancho Jamul, propiedad de don Pío Pico, quien entonces se encontraba en San Diego. De acuerdo con la narración de doña Juana Machado, doña Eustaquia López, madre de Pío Pico, fue advertida secretamente por una india llamada Cesárea, que todos sus hermanos de raza se iban a rebelar, a asesinar a todos los hombres y a llevarse las mujeres. Doña Eustaquia avisó lo que sucedía al mayordomo Juan Leyva, agregando que ella misma había notado últimamente una conducta extraña entre los indios, pero Leyva no le creyó, por lo cual la patrona se vio obligada a exigirle que trajera de inmediato una carreta tirada por bueyes, en la cual escapó con sus hijas hasta el rancho Jamacha, de doña Apolinaria Lorenzana, al que llegó a la media noche; le advirtió del grave peligro en que se encontraban, y continuó su camino a San Diego en donde reportó todo al alcalde Estudillo. Después se supo que a la siguiente noche, los indios asaltaron el rancho, mataron en un maizal cercano a los trabajadores Antonio, hijo de Leyva; y otros dos muchachos, uno apellidado Molina y otro Camacho, éste último de Baja California. Juan Leyva escapó momentáneamente de los asaltantes y corrió a la casa para defender a su familia, pero cuando quiso llegar al cuarto donde estaban las armas, una sirvienta india que debió formar parte de la conjura lo cerró con llave y en forma burlesca le dijo al mayordomo que no tenía esperanza de salvarse en esa dirección. Todavía Leyva, en un último intento para conservar la vida, se defendió de sus atacantes con tizones ardiendo que agarró de la cocina, pero finalmente sucumbió, tal vez por flechazos y golpes con mazos y piedras, y su cadáver quedó tirado en la entrada de la casa. La familia de Leyva la formaban su esposa doña María, su pequeño hijo Claro25 y sus dos hijas Tomasa y Ramona, de 15 y 12 años respectivamente; los indios escucharon las súplicas de la mujer y les perdonaron la vida, pero se llevaron cautivas a las dos muchachas. Se contaba que doña María, semidesnuda, cubierto el cuerpo con ramas del monte, y su hijo, fueron encontrados casi en estado de demencia tratando de llegar a San Diego, y que poco después la mujer murió a consecuencia de aquella dolorosa experiencia26.

Fotografía de 1893 de doña Juana Machado, autora de “Los tiempos pasados de la Alta California”
Una de las pocas fuentes de información para conocer la intervención del alférez Macedonio González para salvar a la población de San Diego de una masacre por parte de los indios. La historia fue narrada por el propio González a doña Juana. (Fotografía de San Diego Historical Society)
Así las cosas, Argüello, al no recibir apoyo del gobernador Alvarado, pidió ayuda a Macedonio González destacado en la misión de San Vicente, quien al parecer era tío de las muchachas secuestradas. Según Vicente Romero, nativo de Loreto que formaba parte de la tropa de González, el contingente que salió a San Diego lo integraban 18 soldados y 30 indios amigos bajo el mando del jefe Jatñil27.
Por cuatro meses persiguieron a los indios rebeldes y les causaron muchas bajas, pero las muchachas secuestradas nunca fueron rescatadas, y sólo se llegó a decir que se habían convertido en esposas de jefes indios. El relato de Romero dice que el encuentro final se dio en un lugar de la sierra llamado “Matadera”, en las montañas de Jacumé, al este de Tecate; los indios, ayudados por los yumas del Colorado, se las habían ingeniado para caer por sorpresa sobre el guardia que custodiaba las municiones de las cuales se apoderaron, por lo que los hombres de González, al comprender que perderían la batalla, decidieron regresar a San Diego, a pie por haber tenido que abandonar sus caballos28. También se ha dicho que una bestia con carga quedó muerta atravesada en la estrecha vereda por la que debían regresar, lo que les dificultó la retirada.
Por su parte, Felipa Osuna, hija de Juan María Osuna y viuda de Juan María Marrón, relató en sus “Recuerdos del Pasado” de fecha 26 de enero de 1878, que Macedonio González y sus hombres capturaron a todos los indios sospechosos de haber estado en la conjura, incluyendo los sirvientes del capitán Fitch y de su esposa Josefa Carillo, y el cocinero de la familia Estudillo llamado Juan Antonio, y los fusiló. Sigue diciendo doña Felipa que sintió lástima por los indios atrapados y la forma como la gente de González los perseguía a caballo y los lazaban para llevarlos a la ejecución.29, pero ella misma se preguntó: ¿Qué otra cosa podía haber hecho?, ¿No era mi deber informar de esta terrible conspiración que ponía en peligro la vida de otros?….
En ese tiempo, los únicos hombres confiables en San Diego, aparte de los soldados de González, eran Bandini, Argüello, Estudillo y un español llamado don Rafael; se decidió entonces que en tanto durara la persecución de indios rebeldes, las mujeres se fueran a unas chozas de piel en la playa, usadas por los barcos de Boston, en donde los marineros extranjeros las protegieron hasta que se restableció el orden en el pueblo.
Lo cierto es que la intervención del alférez Macedonio González con sus hombres fue importante para la pacificación de los indios en la región de San Diego, y la propia doña Felipa señala que se evitó lo que pudo haber sido una masacre de la población por parte de los rebeldes. González murió en 1862 ó 63, en el rancho San Jacinto de la familia Estudillo, en San Diego.
San Miguel Arcángel de La Frontera

Ruinas de la misión de San Miguel a principios del Siglo XX. A orillas del arroyo San Juan Bautista o La Misión

Desembocadura del arroyo de San Juan Bautista (La Misión)
La costa noroeste de la península había sido explorada por el capitán Fernando Javier de Rivera y Moncada en 1769, cuando encabezó la vanguardia expedicionaria que salió de Vellicatá a San Diego, y casi todos los sitios en que los dominicos levantaron sus nuevas misiones estuvieron cerca de la ruta seguida por el capitán, en cuya compañía iba el franciscano Juan Crespí. De esto ya se ha dicho que el 22 de abril de 1769, al contemplar el religioso por primera vez el hermoso valle de Santo Tomás al que los indios llamaban Copaití Coajo Cuc, que significa “aliso torcido o curvo”, le dio por nombre San Francisco Solano, poco después, fray Junípero Serra lo rebautizó como San Antonio de Padua, y 21 años después se fundaría en el lugar la misión de Santo Tomás de Aquino.
El rey Carlos III había ordenado que se construyera una misión a la mitad de la ruta entre San Vicente Ferrer y San Diego, por lo que en acatamiento a la real disposición, fray Luis de Sales fundó el 28 de marzo de 1787 la misión de San Miguel Arcángel de la Frontera en un lugar que él había escogido dos años antes, conocido entonces como El Encino, en un punto que no se ha localizado y que debió estar un poco más de 15 Km. al sur de lo que hoy se denomina La Misión. Sin embargo, muy pronto fuertes avenidas cegaron los ojos de agua en el arroyo, lo que causó grave preocupación en los misioneros que apenas se estaban instalando, provisionalmente utilizaron el agua de una pequeña corriente cercana para poder subsistir, pero la situación era realmente crítica. Supuestamente el problema se resolvió por el siguiente acontecimiento: un indio gentil fue mordido por una víbora de cascabel, el padre Sales, según su relato, salvó la vida del indígena al aplicarle un aceite que era eficaz para neutralizar el envenenamiento, y el nativo, agradecido, condujo a los españoles a un lugar con suficiente agua, a unas tres leguas de distancia, en lo que era el arroyo San Juan Bautista, y allí se estableció en 1788 la misión de San Miguel Arcángel, lugar llamado por los nativos Ja-kwatl-Jap, que significaba Agua Caliente, según Meigs; su territorio llegaba, como ya se ha mencionado, hasta la actual Punta El Descanso.
Cuando en 1773 Fr. Francisco Palou viajó a San Diego, cambió la frontera original de Punta El Descanso a un poco más al sur, alegando razones de visibilidad y acceso a las señales, aunque 15 años después, recién llegado a San Miguel, el padre Sales la recorrió hasta el Arroyo El Rosarito, lo cual se trata con mayor amplitud en el capítulo Playas de Rosarito.
El Descanso, El Descanso de San Miguelito o San Miguel La Nueva
En 1809 las inundaciones afectaron seriamente la estructura y tierras de labor de San Miguel Arcángel, por lo que tal vez por ese tiempo (hasta 1817 según Meigs) se tuvo que cambiar a El Descanso30, unos 12 Km. al norte, en donde se llamó Misión El Descanso, El Descanso de San Miguelito o San Miguel La Nueva, la cual fue fundada por fray Tomás de Ahumada, mientras que a San Miguel se le empezó a llamar en 1830 Misión Vieja. Hay que aclarar que no existe acuerdo unánime entre los historiadores sobre la fundación de El Descanso; fray Tomás Ahumada escribió, refiriéndose a San Miguel:
…Esta misión perdió sus tierras de riego por unas fuertes avenidas, recién destinado yo a ellas, y la trasladé al Descanso, que son 8 leguas más al norte31.

Ruinas de muros en la misión El Descanso
Se sabe que Ahumada llegó a San Miguel aproximadamente en junio de 1809; por lo que tomando en cuenta que las lluvias de la región se producen con más intensidad en diciembre, enero y febrero, el misionero se debe haber cambiado a El Descanso a fines de 1809 o principios de 1810. A Ahumada le siguió fray Félix Caballero, quien al igual que su antecesor, frecuentemente cambiaba su residencia de El Descanso a Misión Vieja y viceversa; y en 1830, Caballero volvió a fundar El Descanso. La importancia histórica de esta misión es que su jurisdicción abarcó por el norte hasta el arroyo El Rosario, cerca de Playas de Rosarito, un poco al norte de donde se encuentran actualmente las casetas de cobro de la autopista Tijuana Ensenada, gracias a la invasión al terreno franciscano que había hecho Sales en 1788, como se mencionó renglones antes, y era al sur de esta línea imaginaria donde se ubicaba el territorio dominico, en tanto que el mandato de los franciscanos se iniciaba desde aquí hacia el norte, principiando con la misión de San Diego de Alcalá.
En 1803, la población de San M iguel era de 78 hombres, 68 mujeres, 20 niños y 39 niñas, lo que daba un total de 208 habitantes ; después, en un informe al presidente de las misiones fray Ramón López, fechado el 31 de diciembre de 1812 en Loreto, se da para San Miguel una población de 158 hombres y 143 mujeres, y poco después, en datos rendidos a sus superiores por el comisionado del Imperio Mexicano Agustín Fernández de San Vicente, relativos a la producción de ganado, señalaba que … Hay 340 caballos mansos, 7 manadas de yeguas y burros, los cuales Con las crías cuentan 540, hay 8 600 vacas y 1 900 ovejas …,y en 1834, de acuerdo con un manuscrito del padre Félix Caballero, se contaba en San Miguel con 3500 cabezas de ganado vacuno, 1 500 de lanar, 50 de caballar y 10 de mular. De las relaciones mencionadas, se confirman dos hechos importantes: poco después de la independencia, la presencia indígena, aunque mermada por diversas causas, era todavía considerable en el noroeste de Baja California, y la producción ganadera continuaba siendo la base del sostenimiento económico en las misiones, aunque debe aclararse que casi siempre el ganado pertenecía al misionero, como sucedió con Félix Caballero, lo cual se explica más adelante. Ese mismo año de 1834, el centro religioso fue abandonado al irse aplicando la ley sobre la secularización de las misiones, además de que por ese tiempo, los dos padres que quedaba en el norte de la península tenían que mantenerse por su cuenta, lo cual hacía casi imposible realizar las labores propias de su ministerio.
Santo Tomás de Aquino
Cumplida la orden de Carlos III se sucedieron algunos hechos que propiciaron la fundación de Santo Tomás. El 26 de febrero de 1788 llegaron a la ciudad de México 12 religiosos y 2 diáconos que se destinarían a las misiones de Baja California; sus nombres eran: Joaquín Calvo, Cayetano Pallas, Tomás Marín, Gonzalo Portero, Miguel Abad, Antonio Sánchez, José Loriente, Francisco
Antiguelo, José Saeta, Miguel Gallego, Ricardo Tejeiro, José Jorge Coello, Mariano Fernández y José Herrero, los dos últimos que pronto se ordenarían como sacerdotes. El 22 de agosto de 1788 llegaron a Loreto 11, debido a que el padre Sánchez permanecía en Guadalajara y Loriente en Tepic, por estar enfermo, y casi un año después, ya repuestos, pudieron arribar a la capital californiana el 8 de julio de 1789; una baja en el contingente fue el padre Portero, quien falleció en Guadalajara.

Misión de Santo Tomás, primera ubicación, cuando aún se sostenían ruinas de algunos muros
El gobernador Pedro Fages le había pedido al padre Luis de Sales que se levantara una misión entre San Vicente Ferrer y San Miguel Arcángel, respecto a lo cual escribiría el religioso lo siguiente: …Contemplando el señor gobernador la distancia que hay entre esta misión y la de San Vicente, me suplicó registrase algún paraje proporcionado cerca del mar, para hacer otra fundación intermedia, y aunque cansado de tantos registros, entradas a los gentiles, y golpes que había llevado de ellos, con todo llevado por delante el honor de la Religión, entré por los montes de San Solano y sierras de La Grulla, y hallé un territorio muy bueno para la fundación de un pueblo, con el nombre de Santo Tomás de Aquino, y teniendo muy presente lo sucedido en el anterior, quise en diferentes tiempos y ocasiones volver al registro, y aunque todo lo vimos bueno, sólo experimentamos contrario un acontecimiento de los bárbaros en que salimos algunos heridos, y Dios parece que me quiso conservar la vida, pues estando golpeado, viendo que los soldados habían huido y yo estaba solo entre saetas de infieles, empecé a correr con mi caballo y se cayó en un pozo ciego cogiéndome a mí debajo y como los indios pasaron con algazara, no me descubrieron, hasta que volviendo los soldados me hallaron medio muerto, todo lleno de lodo, y que apenas me podía mover. Avisé a los superiores de lo sucedido y quedaron todos con ánimo de verificar cuanto antes la población de Santo Tomás de Aquino….32
El ex gobernador Pedro Fages, quien había renunciado a su puesto en 1790 y acababa de ser ascendido a coronel, no estaba de acuerdo en que la nueva misión se plantara en el lugar propuesto por el presidente de los dominicos fray Crisóstomo Gómez, pero al final prevaleció la opinión del religioso, y el 24 de abril de 1791 se fundó la misión de Santo Tomás de Aquino, en un cañón distante unos 28 Km. del Océano Pacífico, algo más de 40 Km. al sur de Ensenada, y a 8 Km. de La Grulla.

Misión de Santo Tomás en su segunda y última ubicación, ya desaparecida
De la fundación existe la certificación que se transcribe: Fray J. Crisóstomo Gómez, Predicador General de la Sagrada Orden de los Predicadores, Vicario Foráneo de la Provincia de la Baja California, y Presidente de las Misiones. Certifico que el pasado 24 de Abril del año que rige de 1791, fue fundada la Misión de Santo Tomás de Aquino en el paraje llamado antiguamente San Solano. Se hicieron conversiones y confirmaciones de los párvulos bautizados, hijos de padres paganos y también se bautizaron 20 adultos paganos que prometieron perseverar en la instrucción, sin contar otros muchos que prometieron recibir la Fe Católica posteriormente. He designado al padre Fray José Loriente para dirigir y gobernar esta misión, lo cual verifico con el más ardiente y ferviente celo33. Se confirmaba con lo anterior que en las dos Californias seguía teniendo más fuerza la voz de los religiosos que la de los funcionarios civiles y la de los militares.
Fue durante el gobierno del Teniente Coronel José Antonio Romeu cuando se fundó la misión, y a su muerte acaecida poco antes de cumplir un año en el puesto, los comandantes de los presidios nombraron al vicegobernador residente en Loreto, José Joaquín de Arrillaga, para sucederlo en el mando de la provincia. Desde el 15 de septiembre de 1792, el padre Loriente informó al nuevo gobernador sobre problemas de salud que afectaban a la población del centro religioso como consecuencia del clima malsano y la abundancia de mosquitos; al saber esto el virrey Conde de Revillagigedo ordenó que se cambiara la misión a un mejor sitio, lo cual se llevó a cabo en el mes de junio de 1794, a unos 5 Km. al este de donde estaba. Las primeras estructuras de la misión fueron una pequeña capilla de adobe, una casa y otras sencillas construcciones; en la segunda ubicación se hicieron más edificios y de mayor tamaño, en 1801 se completó una iglesia más grande, casa, graneros, almacén, y se agregaron más dormitorios a los que desde 1796 se habían hecho para confinar por las noches a las mujeres solas y muchachas mayores. Los muros en ruinas que actualmente existen corresponden a la primera construcción que se hizo, ya que de la segunda no queda nada; aunque en 1835, según Lassépas, todavía vivían 254 neófitos en terrenos de la misión34, fue abandonada en 1849.
Casi todas estas nuevas misiones del noroeste, a diferencia de las que estaban situadas al sur, vivieron varios años de un relativo progreso material, que se sostuvo en algunas hasta poco después de 1810. Esto se debió no sólo a la capacidad e iniciativa de los dominicos, sino también a dos circunstancias que se daban en aquella época en esa región: primero, la gran población indígena que aportó el trabajo necesario para la producción de alimentos, y segundo, el clima del noroeste bajacaliforniano, que aun con su escasa precipitación en los meses de diciembre, enero y febrero, era un paraíso comparado con las áridas regiones meridionales.

En octubre de 1803, Alexander Baranof, encargado de la colonia rusa de Fort Ross, “prestó” al capitán norteamericano O’Cain 20 bidarkas (ver vocab.) y una buena cantidad de cazadores aleutianos parecidos al de esta imagen, zarparon hacia San Quintín, y allí aseguraron unas mil pieles de nutria. Los tratos como éste se repitieron muchas veces.
Desde Link y Consag hasta Crespí y Serra, todos los exploradores que viajaron al norte, mencionaron en sus relaciones e informes el gran número de gentiles y los numerosos parajes con pequeñas corrientes y bosques de encinos en la vertiente occidental de la sierra. Con una periodicidad que fluctuaba de 5 a 10 años, se daban, como todavía ocurre, inviernos cortos pero extremadamente lluviosos, y aun en los intervalos, las precipitaciones eran suficientes para que se diera buen pasto en extensas praderas, en donde nunca faltaban aguajes en los que abrevaba el ganado. Además de que las siembras de temporal producían trigo y cebada, al igual que en las demás misiones se construyeron aquí canales de piedra, para aprovechar el agua de represos y arroyos cercanos para el riego de los cultivos, lo que aseguró la producción de maíz, verduras, frutales, viñedos y olivares.
Para 1800 y 1801 la producción agrícola y de ganado llegó a su máximo, como puede verse en los cuadros que aparecen más adelante, sin contar los cerdos, cabras, caballos y bestias mulares que también los había en gran número. Aparte de lo anterior, la actividad pesquera, la cacería de nutrias y la venta semiclandestina de sus pieles a los barcos extranjeros que fondeaban en las cercanas bahías, fueron importantes actividades productivas que se llevaron a cabo en la jurisdicción de la misión, aunque el gobierno exigía que se quemara cualquier producto excedente antes que cederlo en trueque a los extranjeros. Al respecto, Bancroft afirma lo siguiente35: Al principio, el gobernador y sus soldados no tuvieron mucha dificultad en aplicar la ley para que no hubiera trueque comercial con los odiados y temidos extranjeros, pero aquellos empezaron a cazar las nutrias ellos mismos…La obediencia dejó de ser una virtud, comenzó el tráfico comercial ilegal que se extendió rápidamente hasta que afectó aun a los padres y soldados. Por un tiempo se mantuvo el asunto en secreto, pero pronto, el mismo gobernador, que tenía problemas por el retraso en los pagos y la falta de provisiones apoyó abiertamente el tráfico comercial. Entre los barcos que sacaron provecho de esta actividad estuvieron, primero, el bergantín “Betsy”, del capitán J. Winship, seguido por algunos otros como el “O’Cain”, con el nombre de su capitán; el “Alexander”, del capitán Brown; el “Lelia Byrd”, del capitán Shaler…y muchos otros barcos tocaron la costa sin dejar registro alguno. En 1817 el “Traveler”, del capitán Wilcox, prestó un gran servicio a la península auxiliando a la gente menesterosa de Loreto, y todavía después hizo un viaje a la Alta California para llevarles más provisiones. El principal lugar de reunión de las embarcaciones era la Bahía de San Quintín, cercana a varias misiones en cuyos territorios había muchas nutrias y se podía obtener sal en abundancia. En esta lejana playa se llevaban a cabo verdaderos festivales comerciales al aire libre, y la extraña compañía que se reunía formaba un cuadro muy original; frailes de sotanas negras, marineros, y nativos de piel morena, con la presencia ocasional de aleutianos provenientes de Alaska se integraban en una multitud heterogénea de alegres comerciantes.
Uno de los barcos que llegó a realizar intercambios comerciales con Santo Tomás fue el ballenero inglés “Resolution”, que ancló en la bahía en 1795 para cargar en sus bodegas 40 arrobas de harina, 6 de cebollas, 15 fanegas de maíz, 6 de frijoles, 4 de sal, calabazas, manteca, pieles de nutria, 3 reses, 6 novillos y 24 gallinas, a cambio de lo cual los misioneros recibieron telas, arroz y azúcar entre otras cosas. Cabe mencionar que esta forma de comercializar sus productos también fue utilizada por muchos rancheros de Baja California Sur hasta la segunda mitad del siglo XIX, cuando, por ejemplo, desde Mulegé y aun de Loreto llegaban a intercambiar con los barcos extranjeros anclados en lugares como bahía de Ballenas y laguna San Ignacio, ganado, fruta seca, naranjas y otros productos por telas toscas de algodón, tabaco, harina y ropa36.
Estadísticas de producción y población, Misión de Santo Tomás37
| Año | Ganado mayor | Ovejas | Cabras |
|---|---|---|---|
| 1793 | 350 | 500 | 124 |
| 1794 | 507 | 430 | 157 |
| 1795 | 392 | 720 | 100 |
| 1796 | 650 | 580 | 152 |
| 1797 | 650 | 1015 | 130 |
| 1798 | 660 | 1200 | 126 |
| 1800 | 1070 | 2000 | 115 |
| 1801 | 1200 | 2646 | 168 |
| 1825 | 13 | …. | 15 |
Producción reportada en Fanegas
| Año | Trigo | Maíz | Cebada |
|---|---|---|---|
| 1793 | 200 | 180 | 250 |
| 1794 | 70 | 700 | … |
| 1795 | 400 | 300 | … |
| 1796 | 250 | 180 | … |
| 1797 | 214 | 500 | 123 |
| 1798 | 260 | 600 | 70 |
| 1800 | 600 | 500 | 400 |
| 1801 | 600 | 400 | … |
| Año | Población |
|---|---|
| 1791 | 92 |
| 1794 | 151 |
| 1795 | 211 |
| 1796 | 209 |
| 1797 | 196 |
| 1798 | 202 |
| 1799 | 245 |
| 1800 | 253 |
| 1801 | 256 |
| 1802 | 267 |
| 1803 | 264 |
| 1804 | 267 |
| 1806 | 244 |
| 1808 | 252 |
| 182938 | 121 |
| 1849 | 60 |
| 1855 | 40 |
| 1860 | 16 |
Algunos años después de la independencia, al igual que las demás misiones de La Frontera, Santo Tomás entró en un proceso de decadencia y, como se ha dicho, fue abandonada en 1849.
Una tensa relación. Los asesinatos de soldados y misioneros en Santo Tomás
Por aquella época fueron asesinados los soldados destacados en la frontera José Cruz Yguera y Juan Domingo Camacho, así como los padres Miguel López y Eudaldo Surroca. Fray José Loriente había estado al frente de la misión de Santo Tomás desde su fundación hasta diciembre de 1797, ya que por enfermedad se le había autorizado para que se fuera a la ciudad de México, lo que hizo en junio de 1798, y fue entonces que el padre Miguel López ocupó su puesto; el cual desempeñó hasta el 13 de enero de 1803, cuando murió asesinado; le sucedió el padre Eudaldo Surroca, pero el 17 de mayo de ese año, tuvo el mismo destino que su antecesor. El comandante de La Frontera, José Manuel Ruiz, hizo las investigaciones del último crimen y apresó como responsables a los indígenas Lázaro Rosales, Alexandro de la Cruz y Bárbara Gandiaga, ésta última nativa de la Misión de San Fernando, de 35 años, casada con Juan Miguel Carrillo e instigadora de los dos asesinatos. Tan pronto como el gobernador José Joaquín de Arrillaga recibió en Loreto los testimonios y declaraciones recabados por Ruiz, los remitió al virrey el 2 de noviembre de 1803, pero el juicio se demoró dos años y medio debido a errores técnicos en el proceso y la lentitud con que se trasladaba la documentación del caso entre Loreto y la Ciudad de México, de manera que hasta el 29 de abril de 1806 el gobernador Arrillaga, estando en Monterrey, recibió la sentencia dictada contra los asesinos, quienes fueron condenados a ser colgados en Santo Tomás y a que sus cabezas y manos fueran expuestas en un lugar público, aunque no se encuentran datos sobre el cumplimiento de la sentencia. El asesino material del padre López resultó ser el indio Mariano Carrillo, que fue condenado a 6 años de trabajo forzado en el presidio de Loreto.
Para tener una idea de las causas que motivaron los crímenes, se dan los testimonios que rindieron varios testigos y participantes en los hechos, tal como los registró el comandante Ruiz: de acuerdo con el testimonio de Bárbara Gandiaga, parte del cual se transcribe enseguida:
… El padre Miguel esa noche le prometió a Lázaro darle de azotes al otro día por defectos de la cena. …El difunto padre regalaba a las cantonas cuando acababan de cantar y siendo ella (Bárbara Gandiaga) la que andaba con las llaves en la casa del padre, le había dado una pela y la despachó a la ranchería con la gente a comer en el caso, lo mismo que todos, y porque le daba quehacer en su casa se enfadó…..; de Lázaro Rosales:..*.que ellos no querían matar al padre, pero que Bárbara les mandó que lo mataran, para que viniera otro padre mejor, y volverían a vivir lo mismo que estaban antes…*de Alexandro de la Cruz:…Bárbara dijo que lo mataran para que viniera otro padre que les cuidara y les diera de comer; que ella tenía hambre…39.
Don Manuel Clemente Rojo, quien además de periodista, maestro y político tenía vena de historiador, años después de los hechos relatados, recogió en Santo Tomás el testimonio de algunos ancianos que fueron contemporáneos de Bárbara Gandiaga, de lo cual expresó: Me la han alabado tanto los que la conocieron que sus elogios me hubieran parecido partos de una imaginación extraviada, si no fueran muchos los que me hablaron de ella después de 52 años de muerta, y los narradores, unos ancianos respetables de más de 70 y 80 años de edad. 40
Según lo relatado a Rojo, aunque no se citan nombres ni fechas, Bárbara Gandiaga era una muchacha de 16 ó 17 años que vivía confinada en una celda, la cual comunicaba con el aposento del misionero, y un día, cansada de los graves abusos que se cometían en su contra, en compañía de otros dos indios asesinó supuestamente con un puñal al padre Eudaldo Surroca; tiempo después, continúan los testimonios recogidos por Rojo, los asesinos fueron apresados, declarados culpables del crimen y ahorcados junto al cuartel. Los testimonios oficiales del juicio difieren de los datos que aporta don Manuel Clemente no sólo en la edad de Bárbara, que en lugar de una joven doncella era una mujer casada, sino también en la forma en que se cometió el asesinato, pues los testigos dijeron que al padre lo mataron por estrangulamiento, además, la saña con que se cometió el crimen se omite en la versión recogida por Rojo; y no se menciona el crimen anterior instigado por la misma mujer. Sobre la aplicación de la sentencia, Bancroft señala que …una mujer confesó el hecho bajo tortura y fue ejecutada, junto con sus dos cómplices…41.
El hecho de que fue en 1801 cuando la misión tuvo su mayor población y producción agropecuaria, podría interpretarse como una etapa de progreso y estabilidad, pero los asesinatos cometidos por esos años y las deserciones masivas de indígenas demuestran la inconformidad de muchos neófitos con el sistema de vida que se les imponía en la misión; el trabajo forzado que debían realizar día con día; el pobre alimento que se les daba, consistente en atole de maíz y pozole, los castigos de azotes que se les aplicaban por cualquier falta, amarrados los culpables a la “picota”; y el no poderse casar libremente, ya que el misionero se encargaba de elegir el marido o la esposa sin tomar en cuenta la natural preferencia de los interesados, fueron algunas de las causas que provocaron el descontento en la mayoría de los nativos y los condujeron a realizar actos de rebeldía incluyendo los asesinatos de que se ha hablado.
Después de estos crímenes se hizo aun más tensa la relación entre soldados, religiosos e indios, lo que trajo como consecuencia que éstos se desertaran masivamente de la misión de Santo Tomás y se fueran con sus hermanos kumiay y los del río Colorado, quizá por temor a los misioneros, cuyas represalias podrían descargarse en su contra a causa de los hechos sangrientos mencionados. No hay una versión clara de lo sucedido entonces, pero se sabe que el alférez Ruiz tuvo que salir con sus hombres a recorrer la región de La Frontera por dos meses, posiblemente con la intención de sofocar cualquier conato de rebelión que pudiera surgir, o para traer de regreso a los indígenas desertores; lo cierto es que éstos poco después fueron volviendo al poblado, y aparentemente se restableció la tranquilidad.
Los crímenes relatados no pueden justificarse, los móviles que los provocaron fueron aparentemente baladíes, y las acciones de los asesinos alevosas y crueles, pero sí se explican como una exteriorización del resentimiento que los indios, como grupo explotado, humillado y privado de su libertad, tenía hacia los religiosos y soldados españoles. Esto fue factor importante del complejo proceso de decadencia de las misiones, que pocos años después desaparecerían al ser abandonadas o destruidas por los nativos, consecuencia, según Bancroft, de la mala administración dominica42.
Sobre los abusos cometidos por los soldados contra los indios, fray Vicente Mora, vicario provincial de los predicadores en la península, escribió en 1773 refiriéndose a la región de Viñadaco:
…Yo les pondría allí padres que viviesen con ellos y que éstos los cuidarían y libertarían de las extorsiones que padecen, así de los gentiles, como de soldados; de los primeros, quitándoles sus semillas; y de los segundos, quitándoles sus mujeres de lo que se han valido algunos hasta de lazarlas, como quien laza un toro, para conseguir sus depravados intentos… 43
Por su parte Bancroft, severo como siempre en sus críticas a los dominicos, expresó que éstos, con menos experiencia como misioneros que los jesuitas o los franciscanos, fueron más duros de lo que habían sido sus antecesores exigiendo de los indios, comparativamente, un excesivo trabajo y aplicando castigos. También quizá fue exageración lo dicho por el historiador norteamericano al afirmar que en Santa Gertrudis y San Borja, los indios habían externado su intención de saquear y quemar las misiones, declarando que estaban cansados de recibir golpes y prisiones por parte de los padres; y Engelhardt, por su parte, ha defendido a los predicadores señalando que no existen pruebas históricas de lo aseverado en su contra.
San Pedro Mártir de Verona
A pesar de lo dicho anteriormente, las condiciones de relativo progreso que se vivieron a fines del siglo XVIII fueron factor favorable para que se fundaran 3 misiones más. El 27 de abril de 1794, fray Cayetano Pallas fundó la misión de San Pedro Mártir de Verona, en un lugar llamado por los indios Casilepe, que en noviembre de 1775 había sido explorado por el alférez José Velázquez, tal vez en lo que hoy es Santa Rosa, casi en la latitud de San Quintín pero en la parte alta de la sierra, aunque en el verano de ese mismo año se cambió de lugar no sólo por el clima tan frío, sino también por la hostilidad de los nativos que se traducía en constantes hurtos y ataques a la misión. El nuevo sitio fue el paraje que los nativos llamaban “Ajantequedo”, y cuando la misión de Guadalupe Guasinapí se abandonó en 1795, los ornamentos del templo pasaron al nuevo centro religioso, en cuya jurisdicción llegaron a vivir 128 personas en 1799 y 96 en 1808. El clima frío y el terreno boscoso limitaron la producción agrícola, aunque la ganadería se desarrolló considerablemente; en 1824 la misión fue abandonada y su escasa población se trasladó a Santo Domingo. Otras fuentes afirman que desde principios de 1811 la misión se había cerrado y efectuado el cambio de población referido.
Santa Catarina Virgen y Mártir
En 1794, el sargento José Manuel Ruiz y fray Tomás Valdelloro o Valdellón descubrieron en la sierra un lugar con agua llamado por los nativos “Jactobol”, un año después la región fue explorada por el alférez Ildefonso Bernal, y en septiembre de 1796 por el gobernador José Joaquín de Arrillaga, de quien es justo mencionar que siempre mostró gran interés en cabalgar por las sierras del norte de la península, con la intención de explorar y extender la influencia española hacia el Río Colorado44; finalmente, el 12 de noviembre de 1797, el padre José Loriente fundó en ese lugar la misión de Santa Catarina Virgen y Mártir, aunque la construcción se inició desde el 6 de agosto. Aquí también construyeron los dominicos los acostumbrados canales revestidos de piedra o de ladrillos, lo que les permitió regar sus sembradíos y asegurar buenas cosechas de diversos granos, principalmente trigo y maíz, aunque la ganadería fue siempre el pilar de su economía. La misión contaba en 1800 con una población de 1 500 neófitos, la cual disminuyó para 1834 a 250 personas; y en 1840 fue destruida por ataques de tribus locales y otras provenientes del Río Colorado, como culminación de algunas rebeliones que se dieron en contra de ésta y otras misiones de la Frontera; en el asalto a Santa Catarina murieron 16 neófitos. Las principales rancherías de la misión cuyos nombres aun se conservan fueron La Ciénega, La Huerta, Sangre de Cristo, El Rincón, Cerro Colorado, San Pablo, El Portezuelo, y otras más. Es necesario aclarar que la misión de Santa Catarina Virgen y Mártir, aparece con frecuencia en libros de historia y aun en museos, como Santa Catalina, lo cual quizá se debe a que en español casi no se usa el nombre propio Catarina, pero sí Catalina, sinónimo de aquel, que significa pura o virgen.
Entrevista de Jatñil45 con M. Clemente Rojo, en su ranchería “Los Álamos”, abajo del Cañón de Neji46
Me llamo Jatiñil, y soy el capitan de esta tribu, desde el año en que se fue de aquí para el Sur el teniente Ruiz (1822) mi padre fué, capitan antes de mi, y primero que mi padre, lo fue mi abuelo; de manera que el mando de nuestra tribu estuvo siempre á cargo de mi familia, y por eso es que lleva la tribu mi propio nombre. Mi padre me decia, que esta tierra seria de las gentes de razon y que no fuese yo contra ella así como no lo fueron él y mi abuelo; todos fuimos siempre amigos de los blancos, y así como ellos no nos gusta el robo ni que se mate á nadie sin razon. Yo, le ayudé al Padre Caballero, á levantar la Misión del Descanso , desde sus cimientos hasta el fin, no me acuerdo ya en que tiempo fué esto, (1830) poco despues sali en … campaña con Macedonio Gonzalez contra los indios de Santa Catalina, los Quiliguas y Cucapa que entonces eran muchos, a mi me obedecian mil hombres de guerra y con toda mi gente estuve peleando a cada ratito contra aquéllas tribus que me mataron la mayor parte de mis mejores guerreros, nosotros tambien les matamos muchisimos; de los de Macedonio no morian porque andaban fajados con riatas toda la caja del cuerpo de modo que no entraban las jaras y ademas llevaban una rueda de cuero doble y triple muy dura para defenderse de la cara, y sabian capearse mucho manejando esa rueda con la mano izquerda, mientras que con la derecha ofendian con sus sables y sus lanzas; yo entraba a la guerra asi como me ves, por eso estoy todo herido de flechas, y afortunadamente no me acertaron ni una buena parte. Duramos peleando mas de un año, hasta que todas las tribus alzadas bajaron de paz y entonces vine á ayudarle al Padre Felix, a levantar la Misión de Guadalupe desde los cimientos hasta el fin, y tambien le ayudaba a sembrar todos los años y á levantar sus cosechas, y el Pe nos daba lo que queria, mayz, cebada y trigo, de eso mismo que le sembrabamos y cosechabamos nosotros; pero no contento con esto pretendió varias veces que nos bautizaramos para tenernos encerrados en la Misión, y manejarnos como á los demas indios…despues que salvé a la Escolta que se metió con Macedonio González, en la Sierra de Jacume, cuando se alzaron Pedro Pablo, Martinez47 y Cartucho, (se refiere a la batalla que se dio en 1836 entre los soldados al mando del alferéz Macedonio González, y los indios alzados que, después de incursionar sobre San Diego huyeron hacia Jacumé. En esa ocasión los soldados que perseguían a los indios se metieron por el fondo de una barranca y fueron atacados por los nativos que estaban posesionados de las alturas; la situación era grave porque una mula se cayó en el estrecho paso por el que los soldados pretendían devolverse cabresteando sus cabalgaduras, lo que dificultaba el regreso, y quizá todos hubieran muerto si no hubiera llegado el jefe Jatñil en su auxilio), me retire de la Sierra á la Costa porque eran muchisimos los enemigos que alli podian atacarme, y vine á hacerme fuerte á un aguaje que hay en la mesa del Descanso muy aproposito para defendernos, porque parece una fortaleza el lugar donde está; el Pe Felix, pensó seguramente, que yo no podria volver á la Sierra, de miedo, y que me hallaba muy debil para hacer de mi y de mi gente lo que el quisiera; y entonces sin acordarse de mis servicios y (que) todos nuestros trabajos provenian de haber querido ayudar á los de razon, contra la voluntad de todos nosotros, comenzó á bautizar por la fuerza á la gente de mi tribu que iba a visitarlo como acostumbravamos hacerlo; esto me dio mucho coraje y por eso fui á buscarlo á Guadalupe con la intecion de matarlo; yo no queria matar ni ofender á nadié mas que á él pero la gente que llevaba se me adelantó mientras yo me detuve un ratito en el monte, fue la que mató sin mi orden al Cabo Orantes y a los indios Francisco y José Antonio. Despues que yo llegué ya no se hizo nada, y como no hallé al Pe Felix, me volví a salir de la Mision, y no tomamos nada de ella. Desde entonces, volví a esta Ranchería no he salido para ninguna parte. Mira, ya ni miro de viejo, la mayor parte de mi gente murio en la guerra, otra se alboroto y se fue para la Alta California, cuando los placeres48, y no ha vuelto, ya lo ves, no me quedan mas que unas cuantas familias y todos vivimos trabajando sin robar a nadie.
Nuestra Señora de Guadalupe del Norte
La última misión que construyeron los dominicos se levantó en un lugar llamado por los nativos Ojá Cuñurr o Piedra Pintada, nombre que se le dio por unas 11 pinturas rupestres que hay en la zona, cerca del arroyo de Guadalupe; el paraje fue descubierto por el alférez Ildefonso Bernal en 1795, a unos 25 Km. al sureste de San Miguel Arcángel, y la fundación la hizo el presidente de los padres predicadores Félix Caballero en junio de 1834, dándole el nombre de Nuestra Señora de Guadalupe del Norte; esto fue posible a pesar de que desde 1833 se publicó el decreto para la secularización de todas las misiones, porque fueron exceptuadas las de “La Frontera”, tomando en cuenta la poca población y la falta de recursos en toda esa región; el gobierno mexicano aceptaba tácitamente que no podía hacerse cargo de aquella lejana frontera.
Aparte de plantíos de diversos frutales y viñedos, para el año de 1840 se tenían en los ranchos de la misión 4 915 cabezas de ganado vacuno, aunque es casi seguro que se trataba de animales que eran propiedad particular del padre Félix Caballero, de acuerdo con lo expresado en una carta que el misionero recibió poco antes de su muerte en San Ignacio, enviada por su hombre de confianza Juan de Jesús Osio49.
Sin embargo, y a pesar de su aparente progreso sobre todo en el aspecto ganadero, la misión fue atacada por los indios en varias ocasiones a partir de 1837. El padre Félix Caballero contaba, desde 1834, con la amistad del jefe Jatñil de la etnia nejí, cuyos miembros, como ya se ha mencionado, ayudaron al misionero no sólo en los trabajos de construcción, sino también a los soldados cuando se tuvo que perseguir a los indios que se alzaban, pero en octubre de 1839 el religioso perdió el control sobre los nativos debido, aparentemente, al mal trato que les daba, lo que fue causa de que el cacique, al frente de su gente, se rebelara contra el misionero quien apenas tuvo tiempo de escapar y salvar su vida50; pero la misión quedó destruida.
Sobre esta rebelión, varios historiadores como Bancroft, sostienen que no sólo había un mal trato hacia los nativos por parte de los soldados, sino que Caballero llegó a llevarse por la fuerza a las mujeres de los indios, conductas oprobiosas que practicaron otros misioneros según lo dicho por el historiador norteamericano51; por su parte, Clemente Rojo afirmó que el misionero dominico provocó la ira de Jatñil por haber bautizado a la fuerza a varios miembros de su tribu; además de lo anterior, es un hecho que el centro religioso de Guadalupe, más que misión, era una iglesia para la población no indígena del valle; lo cierto es que aquel cacique que había auxiliado a Caballero a construir la capilla, y a los soldados a perseguir a otras tribus que agredían a los colonos, fue uno de los protagonistas en el proceso de extinción de las misiones dominicas de la frontera. El padre Caballero murió, tal vez envenenado, el 11 de julio de 1840 en la misión de San Ignacio.
La falta de misioneros llegó al grado de que las misiones de San Pedro Mártir y Santa Catarina prácticamente tenían calidad de “visitas”; lo que unido a las rebeliones indígenas y la secularización de las misiones, provocó el fin del régimen dominico en Baja California.
Las misiones levantadas por los dominicos, excepción hecha de San Francisco de Borja y Santa Gertrudis, que fueron construidas inicialmente de adobe por los jesuitas y que los padres predicadores concluyeron espléndidamente con cantera, así como la iglesia de San Ignacio, que fue terminada por fray Crisóstomo Gómez, no tuvieron la solidez y belleza de los edificios que hicieron los discípulos de Loyola al sur de la península; los muros de las misiones dominicas casi siempre fueron de adobes, los techos de tule y arcilla, y carecían de la ornamentación que se observa todavía en los edificios jesuitas; actualmente sólo se encuentran, si acaso, las ruinas de las construcciones que al perder su techumbre fueron derrumbadas por la lluvia y el viento, aunque es justo señalar que su modestia arquitectónica no corresponde al progreso y beneficios económicos que se obtuvieron con la producción agrícola y sobre todo ganadera; además, la falta de cantera en casi todos los lugares en que los dominicos hicieron sus misiones les impidió levantar edificaciones como las de los jesuitas en el sur; por otra parte, si se considera la especial rebeldía de los indios del norte peninsular, era difícil para los padres predicadores contar con una mano de obra capacitada y constante; y aun así, algunas misiones tuvieron pisos embaldosados, techos de tejas y edificios espaciosos, así como una estacada para protegerse de los ataques de los nativos.
La colonización y la ganadería contra el estancamiento de California.
Desde 1773, fray Junípero Serra había solicitado al virrey Bucareli y Ursúa que dispusiera lo necesario para que cualquier soldado o colono de las Californias que se casara con una nativa cristiana, se le otorgaran un pedazo de tierra y dos vacas para su beneficio, y que se radicara permanentemente en la misión de su cónyuge, todo con el propósito de estimular la colonización de estas tierras. Independientemente de que la petición haya sido resuelta favorablemente o no por el virrey, lo cierto es que de alguna forma la idea se fue aplicando en las misiones del sur de la península y en La Frontera, de manera que se fueron formando alrededor de las misiones pequeños poblados y sobre todo ranchos ganaderos, así como troncos familiares que aún subsisten en la Baja California, aunque es una lástima que esta acción no haya beneficiado a los indios, quienes en su mayoría permanecieron sujetos al trabajo que les imponían los misioneros.
José de Gálvez había tenido la utópica visión de transformar la península en una provincia con ciudades habitadas por una población numerosa y progresista, pero este sueño fue irrealizable por la total carencia de agua en extensas regiones , por la incapacidad económica del gobierno para impulsar un proyecto de tal magnitud, y porque los misioneros, consentidos por la corona y el gobierno virreinal, no habrían renunciado fácilmente al beneficio que obtenían del trabajo de los indios, los cuales eran prácticamente de su propiedad y formaban parte del inventario de cada misión.
Así, en lugar de que se buscara una estrategia realista tendiente a lograr un bienestar más generalizado en la población nativa que se congregaba en las misiones, el látigo y los anatemas continuaron siendo los instrumentos más empleados por los religiosos ante cualquier acto de inconformidad, desobediencia o incumplimiento del trabajo asignado, al grado de que en 1802, el vicario Rafael Arviña, reconociendo los abusos que cometían sus misioneros en agravio de los nativos, ordenó que en los castigos empleados se limitara el número de azotes a cinco; sin embargo, nueve religiosos se rebelaron contra esta disposición y acusaron al padre Arviña de inmoralidad, en una carta que decía en parte: …En lugar de pasar tanto tiempo divirtiéndose con Estéfana, Martina y otras hembras españolas, y en vez de asistir con tanta frecuencia al fandango, procure ocuparse en leer un poco más la constitución Dominicana …52.
Los dominicos nunca alcanzaron un auge como el logrado por los franciscanos en la Alta California, pero debe reiterarse que para finales del siglo XVIII y principios del XIX sostuvieron en sus misiones un ambiente de relativo progreso, tomando en cuenta el gran número de indios que recibían su influencia evangelizadora, y que, a su vez, aportaban el trabajo para el mantenimiento de los centros religiosos, sobre todo en la región de La Frontera, en donde se tenían, como ya se ha dicho, grandes hatos de ganado vacuno.
Historia de Janitín, según testimonio recogido por Manuel Clemente Rojo53 [Ortografía actualizada]
Yo y dos parientes míos bajamos de la sierra de Nejí a la playa de Rosarito, a pescar almejas para comer y llevar a la sierra como lo teníamos de costumbre todos los años; ningún daño hicimos a nadie en el camino y en la playa no pensábamos mas que en pescar y sacar almejas para llevar á nuestra ranchería Cuando esto hacíamos, vimos venir corriendo dos hombres á caballo en dirección adonde nosotros estábamos, mis parientes tuvieron desde luego miedo y echaron a huir á toda carrera, ocultándose en el sauzal muy espeso que entonces existía en la cañada del Rancho del Rosarito. Luego que me vi solo, me dio también miedo de aquellos hombres y corrí al bosque para juntarme con mis compañeros, pero ya era tarde, por que al momento me alcanzaron y me lazaron y arrastraron un largo trecho, estropeándome mucho con la ramas sobre las cuales me arrastraron, jalándome lazado como estaba a carrera de sus caballos; después de esto, me amarraron de los brazos para atrás y me llevaron por delante a la Misión de San Miguel, haciéndome andar casi á la carrera para igualar el trote de sus caballos, y cuando paraba un poco para tomar aliento, me azotaban con las reatas que llevaban haciéndome entender por señas que anduviera aprisa; después de mucho andar de este modo, acortaron el paso y me azotaban para que mantuviese siempre el paso de sus caballos.
Cuando llegamos a la Misión, me encerraron en un cuarto por una semana, el Pd. me hacia ir a su habitación y me hablaba por medio de un intérprete, diciéndome que, me hiciera cristiano, y me platicaba muchas cosas que yo no entendía, y Cuñur, asi se llamaba el intérprete me aconsejaba que hiciera como el Pd. me decía, porque ya no me iban a soltar, y me iría muy mal si no consentía en ello; me daban a tomar atole de maíz que no me gustaba por que no estaba acostumbrado a esa comida; pero que iba á hacer si no había otra cosa.
Un día me echaron agua en la cabeza y me dieron á comer sal, y con esto me dijo el intérprete que ya era cristiano y que me llamaba Jesús: yo no sabía nada de esto, y por todo pasaba por que al fin era un pobre indio y no tenía mas remedio que conformarme y pasar por cuantas cosas hicieran conmigo.
Al día siguiente de mi bautismo, me sacaron a trabajar con los demás indios y me pusieron a limpiar una milpa de maíz; como no sabia manejar el azadón que me dieron a poco de andar azadoneando, me corte un pie y no quise seguir trabajando con él si no que me puse a arrancar las yerbas con la mano, y de este modo no acabé la tarea que me dieron. En la tarde me azotaron porque no acabe mi tequio, y al día siguiente me sucedió lo mismo que al día anterior, todos los días me azotaban injustamente porque no cumplía lo que no sabia hacer, y así estuve muchos días hasta que me halle la manera de escaparme; pero me fueron siguiendo por el rastro y me alcanzaron en la Zorra, allí me agarraron a lazo como la primera vez y me llevaron a la Misión martirizándome en el camino; luego que llegamos estaba el padre paseándose en el corredor de la casa y mandó que me amarraran a la Picota y me castigasen, me dieron de latigazos hasta que no supe de mí; ni se cuándo me desataron de la picota, ni lo que pasó en muchas horas después. Estuve varios días sin poderme levantar del suelo adonde me acostaron, y todavía tengo en las espaldas las señales de los azotes que entonces me dieron.
[Fin del testimonio].
Janitin, es un hombre muy viejo y nos mostro [a Rojo y personas presentes] las cicatrices de las heridas que le hicieron los azotes, asegurándonos que nunca fue cristiano por su voluntad, y que no sabe más del cristianismo que le enseñaron, sino la esclavitud a que lo tenían sujeto, por cuya razón volvió á huirse luego que pudo, y permaneció muchos años en la Sierra sin bajar á la costa hasta después que se acabaron las misiones. La escasez de los alimentos que les daban a los pobres catecúmenos, los trabajos forzados a que los destinaban y la desnudez en que los tenían sin el auxilio del calor del fuego que ellos acostumbraban en su libertad salvaje; hicieron de estos infelices unos seres débiles y enfermizos, que morían en mayor proporción de los que nacían; y es por esto que se acabaron aquellos millares de indios, que vivían en la Costa del Pacífico, antes de los establecimientos misionales, mientras que todavía existen muy numerosas las tribus Yuma y Cucapá, en la Banda Oriental de la Península adonde no alcanzaron las Misiones…

Misión de San Ignacio, terminada en 1786 por Juan Crisóstomo Gómez
La importancia que los padres predicadores siempre le dieron a la cría de ganado y el vigor con que defendieron su posesión, se puso de manifiesto cuando en 1773 y 74, los padres franciscanos Campa54 y Sánchez, obedeciendo órdenes del padre Francisco Palou, trataron de llevarse algunos hatos de las misiones dominicas a la Alta California, lo cual ya ha sido relatado en páginas anteriores. Los hatos ganaderos que se criaron en los ranchos de las misiones dominicas crecieron notablemente, y aunque se vinieran años de sequía, los animales se alzaban, escapándose al monte donde podían subsistir, lo cual quizá fue factor en el inicio de una raza de ganado muy particular del centro y sur peninsular, que sabe adaptarse a las difíciles condiciones del medio, siendo capaces de alimentarse, hasta la fecha, de plantas espinosas cuya ingestión les permite sobrevivir aunque prácticament no haya pasto.
En 1793, el conde de Revillagigedo, en las postrimerías de su mandato, ordenó el levantamiento de un censo en el cual se le asignaron a las Californias 12 666 habitantes; para 1804 la Alta California fue separada como provincia aparte, y un año después, según el Tribunal del Consulado habitaban la Baja California 9 000 personas y existían 16 misiones; en 1810 , en su Memoria Sobre la Población de la Nueva España, Fernando Navarro y Noriega señaló para la península 4496 pobladores entre los que se incluían 2 325 indios, y Duflot de Mofras anotó 40 años después 3766 personas. Aun con las inexactitudes que pudieran tener, los datos mencionados muestran una lenta pero inexorable disminución de la población, acompañada consecuentemente con la decadencia de las misiones.
Debe mencionarse que en Baja California, frecuentemente se entregaron terrenos a particulares, sobre todo a soldados o personas que se hubieran distinguido por prestarle algún servicio al rey, y casi siempre se destinaban a la explotación ganadera. Tal es el caso del alférez José Manuel Ruiz, quien en 1803 solicitó al gobernador de las dos Californias, José Joaquín Arrillaga, 2 sitios de ganado mayor, equivalentes a 3 511 hectáreas, comprendiendo lo que hoy es Ensenada. El gobernador contestó favorablemente y el 30 de abril de 1806 ratificó la donación a Ruiz, quien más adelante cedería las tierras a su yerno, Francisco Javier Gastélum, el 9 de octubre de 1824.
Aunque al final del gobierno virreinal sí se promovió la colonización de la península, esto nunca se hizo con pagos en efectivo, reparto de solares, y entrega de ganado a los nuevos colonos, como sucedió en la Alta California, porque no se veía un futuro tan promisorio en estas tierras, las cuales también fueron desestimadas por gobiernos posteriores, aun después de la independencia, y ese abandono no sólo hizo peligrar su integridad al quedar sin protección contra la penetración de aventureros ambiciosos y sin escrúpulos, sino que dejaron de aprovecharse muchos recursos minerales, pesqueros y aun agrícolas, que nacionales de otros países explotaron hasta agotarlos en algunos casos. Por otra parte, mucha gente de la región de La Frontera, tratando de sacudirse el abandono y aislamiento en que se encontraba, fue emigrando a la Alta California para aprovechar las oportunidades que el gobierno de aquella provincia otorgaba a los nuevos colonos, sobre todo en Los Ángeles y San Diego, lo que trajo como consecuencia que en Baja California se cerrara el círculo vicioso de poca población, poca inversión, abandono y aislamiento.
El conde Rezanov y Conchita Argüello. Los rusos
Saliendo del tema dominico, pero en relación con la falta de población en las Californias y el peligro que esto implicaba para la soberanía de la Nueva España en estas lejanas tierras, y después para México independiente, está el episodio que a continuación se narra.
A principios de abril de 1806, un barco que llevaba a bordo al conde Nikolai Petrovich Rezanov, ancló en la bahía de San Francisco con objeto de arreglar un tratado que le permitiera aprovisionar desde la Nueva España las colonias rusas que había al noroeste de América, así como intercambiar por pan y carne seca diversos productos rusos y norteamericanos. Aunque fue recibido cortésmente por el comandante del presidio don José Argüello, se le informó de la prohibición legal para que las colonias españolas comerciaran con extranjeros. Seis semanas fue huésped de la familia Argüello, tiempo en el cual se enamoró y comprometió con la hija del comandante, doña Concepción. El tratado quedó en proyecto y nunca se aplicó porque el conde murió el 8 de marzo de 1807 en Siberia, según la versión más aceptada a consecuencia de la caída de un caballo, pero en la correspondencia que sostuvo con la compañía ruso-americana que se dedicaba a la explotación de pieles y de la cual él era “Inspector Imperial”, se muestra el claro propósito de anexar a Rusia la costa occidental de Norteamérica e impulsar la emigración de aquel imperio a estas tierras. Doña Concepción se enteró 35 años después del fallecimiento de su prometido55, a quien había esperado fielmente, y entonces, a sus 60 años se dedicó a la enseñanza de los niños y cuidado de los enfermos; fue la primera novicia que ingresó al convento y escuela para mujeres que se estableció en 1851 en Monterrey por las hermanas dominicas.

Conde Nikolai Petrovich Rezanov
Descontando el aspecto romántico de esta historia, queda claro que desde principios del siglo XIX, se inició el acercamiento de potencias extranjeras a las Californias con intenciones hegemónicas56, el cual continuaría por mucho tiempo. En 1812, los rusos compraron a los indios un lugar llamado “Ma-shui-nui” situado a un poco más de 100 Km. al norte de San Francisco por el cual pagaron tres cobijas, dos hachas, tres azadones y algunas cuentas de vidrio. Originalmente llegaron 95 rusos y 80 aleutianos con 40 “bidarkas” para la cacería de la nutria de mar, y al poco tiempo levantaron una aldea fortificada que llamaron Rossiya, antiguo nombre de Rusia, la cual se conoció después por los norteamericanos como “Fort Ross”, el fuerte estaba rodeado de una estacada de tres metros de alto y diez cañones, los cuales nunca fueron disparados contra nadie.
Los gobernadores que se sucedieron en esa época en la Alta California nunca tuvieron las tropas y armamento necesarios para expulsar a los intrusos, pues el virrey se concretaba a dar las órdenes para que se procediera contra los colonos extranjeros, pero no enviaba los recursos para hacer efectiva la disposición. Reiteradamente distintos gobernantes enviaron emisarios a “Fort Ross” para hablar sobre la eventual salida de los rusos de California, y aunque siempre fueron recibidos con amabilidad, el comandante Kuskof respondió siempre con evasivas y nunca aceptó abandonar el lugar. En realidad, nunca hubo alguna acción de guerra o cosa que se le pareciera entre rusos y españoles, y después con los mexicanos; de hecho, cuando los extranjeros llegaron a estar en situación crítica por falta de comida, los españoles les enviaron granos, harina y otras provisiones, y en tiempos mejores llegaron a tener un intercambio comercial útil para las dos partes, la fricción más seria que se llegó a tener fue la captura y el encarcelamiento de varios cazadores aleutianos y su jefe Tarakanof y el inglés Eliot de Castro. En el apogeo de la colonia, los rusos llegaron a carnear 1 500 focas al año, cazaban gran cantidad de nutrias y levantaban miles de huevos de gaviota. La matanza de estos animales condujo a su extinción, y consecuentemente, a la decadencia definitiva del poblado, en 1841 los rusos remataban sus propiedades a sus vecinos mexicanos, españoles o norteamericanos, hasta que en 1842, John Sutter, colono de origen suizo pero nacionalizado mexicano, de quien se hablará más adelante, compró a los rusos todas sus instalaciones por treinta mil dólares, finalizando así la colonización rusa en la Alta California.
Ya se ha mencionado cómo barcos de diversas banderas llegaron hasta territorio dominico en la Baja California para hacer grandes fortunas como producto de la cacería de nutrias de mar, y dados los antecedentes narrados en el párrafo anterior, puede decirse que la Nueva España y después la República Mexicana tuvieron suerte en escapar de un intento formal de colonización extranjera en la península, ya que de haberse realizado difícilmente se hubieran tenido los medios suficientes para detenerlo.
Los últimos dominicos en Baja California.
En 1836, el padre Félix Caballero, en su calidad de vicario provincial y presidente de las misiones de Baja California, logró que se reforzara el personal con tres padres mercedarios y un dominico, y a pesar del reducido número de religiosos, el sistema se mantuvo funcionando todavía por 18 años. En 1839, después de haber realizado una gran labor en los 25 años que estuvo en la península, sobre todo en el norte, Caballero se fue y quedó como único responsable de todas las misiones fray Tomás Mancilla, último misionero en La Frontera. Finalmente, después de 82 años de administración dominica sobre las misiones de Baja California, en 1854, los padres Gabriel González57 y Tomás 55 Mancilla hicieron entrega de lo que quedaba del sistema misional al recién nombrado Vicario General de Baja California Juan Francisco Escalante.
Sobre la obra de los dominicos en estas tierras, cada lector se forjará su propio juicio, pero hay que cuidar de no caer en maniqueísmos que distorsionen la realidad; después de todo, no hay héroes inmaculados ni villanos absolutos, sino seres humanos que en ocasiones han tenido manifestaciones de debilidad o de grandeza. Y tómese en cuenta que a veces se hacen generalizaciones indebidas o se manipulan verdades a manera de sofismas que pueden afectar la justa percepción de los hechos históricos y de sus protagonistas.
Bancroft, en North Mexican States (II), dice lo siguiente: El sucesor del padre Belda en 1802, como presidente de las misiones, fue el padre Rafael Arviña, quien a tal grado provocó las protestas de los frailes por su conducta escandalosa que fue removido a petición general, sucediéndolo el padre Miguel Gallego en 1804. El padre Gabriel, de Loreto, fue exiliado años después por llevarse a la fuerza a las esposas de los indios, y el padre Caballero, todavía después, deshonró los hábitos de manera similar. Algunos otros frailes también observaron una conducta relajada pero fueron más prudentes y escaparon el castigo58. Pero por su parte, Nieser , en Las fundaciones misionales dominicas en Baja California, afirma: ..Se requeriría de muchas páginas para corregir, con nueva documentación, los argumentos elaborados por Bancroft y por historiadores liberales mexicanos. Caballero fue acusado por Bancroft de raptar a las mujeres de los indios sin precisar fecha, nombres, lugares ni circunstancias…59, lo que efectivamente no otorga un valor histórico riguroso a lo señalado por Bancroft, además de que en lo escrito por el historiador norteamericano es notoria una reiterada tendencia a exaltar los aspectos negativos de la labor dominica en Baja California60.
Por otra parte, en un informe enviado por los padres Francisco Galisteo y Manuel Pérez a fray Vicente Mora, se expresa lo siguiente: Aviendo salido José el Capn. A buscar la Jente que le quedaba bajo el duro jugo de la Jentilidad, pa. combidarla a qe. reciviese el Sto. Bautismo, le fue forsoso transitar por la Ranchería de un Capn. Jentil nombrado Macapá, y en el día Agustín Pérez, el que le hizo resistencia amenazándole con la muerte , a no retirarse pronto de su ranchería, que no quería ni a los PPs. ni la Misn. ni a Christianos: le hizo tamién instancia pa qe. pelearan, pero el referido José repugnó, diciéndole qe. los PPs. le habían enseñado qe. los Christianos no hacían mal. Salióse nuestro José con algunos Christianos qe. le acompañaron, y a poco distancia le sigieron los Jentiles armados pa. Guerra; viéndose los Nuestros acometido se puso José en medio del camino, y con voz alta, y animosa les dixo a los contrarios, qe. si venían a matarlo por qe. no lo hizieron cuando estaba en su ranchería, que él nuncha haría resistencia; dicho, a la Verdad, no de un Christiano nuevo, sí de un desengañado, y despreciador de susPasiones, y mas cuando les dice que se dexará matar porque Dios manda no matar, ni hazer daño!
Fueron estas razones tan poderosas que los hizo a los Gentiles desistir de su intento, retirándose. A los tres días de este lanze, acaesió que dho. Capn. Gentil embió a dos hijos suyos pa. qe. Se bautizaran, recivieron el Sto. Bautismo, con mucho consuelo nuestro, y los remetimos con algunos donesillos pa. qe. vieran a su Padre, lo hicieron así, y apoco tiempo se bolvieron con quatro Gentiles, y nos dieron noticia como toda la ranchería estaba enferma con Calenturas, y qe. Algunos morían, viendo nosotros esta grave necesidad, y qe. podían peligrar algunas almas, determinamos salir uno de los compañeros, con quatro soldados qe. nos concedieron de escolta, y dirijir nuestros pasos pa. la Ranchería enferma, hasí lo hizimos, y después de un día de camino, por tierras intransitables, llegamos a dha. Ranchería, en donde encontramos como 60 alms. y entre ellas 42 enfermos, los regalamos, y curamos con untarles las sienes con Aceite de Lobo marino (pues no tensmo. otra medicina). A la mañana siguiente amanecieron sanos, y determinando ntro. Regreso nos siguió dho. Capn. Gentil con treinta y tres de su Gente, los qe. recivieron el Sto. Bautismo; en el día ha salido el Capn. a traer los restante de su Gente que toda llegará a 100 alms. A esta ranchería se le ha dado el nombre de Sta. Rosa, por averse bautizado el Capn. en el día de la Sta61…
Este relato muestra a dominicos compasivos, generosos, valientes, y sobre todo a hombres de fe que se apegan con fidelidad a sus preceptos religiosos. Las transcripciones anteriores de reconocidos autores y los hechos registrados por otros historiadores llevan a las siguientes preguntas y conclusiones: ¿Cometieron algunos misioneros dominicos abusos con los indios?.
¿Secuestraron alguna vez a las mujeres?. ¿Hubo quién se hiciera rico a costa del trabajo de los nativos?. Hay testimonios y narraciones de los protagonistas de aquellos hechos que así lo indican. Pero, ¿Fueron los predicadores nobles y valerosos padres, médicos, sacerdotes y maestros entre las tribus del noroeste peninsular? A esto habría que contestar que quizá la mayoría de ellos sí lo fueron. La cultura mestiza que se desarrolló en el siglo XIX en lo que hoy es el Estado de Baja California, de la cual se derivan tradiciones y costumbres en la actual población, ¿Fue influenciada por la presencia dominica? Indudablemente que sí, sobre todo en el medio rural, en donde sólo para dar algunos ejemplos, la ganadería es tradición, y la carne asada, el pinole de trigo, las tortillas de harina, el queso y la miel de abeja son alimentos acostumbrados desde el siglo XIX62.
A este respecto, vale la pena transcribir lo que dice don Manuel Clemente Rojo en el apartado 3 de sus Apuntes históricos de la Baja California, y el lector que haya vivido en algún rancho de la sierra o de su vertiente occidental, reconocerá la sorprendente vigencia hasta la época actual de muchas de las características descritas por el autor mencionado, las cuales son ejemplo de elementos culturales que, de alguna manera, han trascendido hasta nuestro tiempo, debido a la influencia dominica y de los soldados destacados en La Frontera sobre la población mestiza de esta región. A continuación se hace la transcripción referida.
La Gente llamada de razón: cuadro de costumbres: ¿quienes son? Educación y genero de vida de los hombres; en sus mugeres, sus matrimonios (sic).
Se llama en la Frontera Gente de razón, á las personas blancas o mestizas con tal que no sea indios puros, para diferenciarse de ellos, aunque los llamados de razón, no sean de mas lúcido entendimiento que los aborigenes del pais.
Los hombres de razón, son generalmente hijos de los soldados que vinieron á la conquista, y de las indias que se distinguian en las Misiones por su fisonomia agradable, docilidad para hacerse a las costumbres de los blancos y buenos manejos, con las cuales se casaban los soldados y formaban familias; pobres en extremos, dedican á sus hijos desde la infancia, al ejercicio del caballo, sobre el cual se crían robustos, vigorosos, ágiles, activos y emprendedores; enlazan con mucha destreza á violencia de carrera al toro más bravio, ó se divierten con él tomandolo de la cola y dándole contra el suelo. suben y bajan a caballo por las sierras mas escarpadas, á toda carrera sin temor a desbarancarse, con tanta serenidad y maestria como si estubieran en su elemento natural…
Se alimentan de carne y leche de vaca, papas, maíz y frijol, viven en sus ranchos diseminados a largas distancias sobre la costa del Mar Pacifico; sus casas estan construidas de adoves con techos de tierra, de junco de espadaña y algunas ultimamente de tejamanil, sus principales ocupaciones son la crianza y cuidado de sus ganados y las siembras de los pocos terrenos de cultivo de sus ranchos, que no les alcanzan para pasar el año, surtiendose de viveres la mayor parte del tiempo, del Condado de San Diego de la Alta California, de donde llevan también toda la ropa que usan, lo mismo que el arroz azucar y café a los que se van aficionando mucho.
Reciben en sus casas a las gentes estrañas como si las conocieran de largo tiempo, y les ofrecen gratis cuanto tienen en ella; les ruegan para que se apeen y pasen allí la noche, proporcionandoles camas y la mejor comodidad que se haya á sus alcances.
En la guerra son muy intrepidos y decididos y nunca abandonan sus puestos por mas grande que sea el peligro que corran en ellos; se muestran insensibles al rigor de las estaciones y lo mismo se les da hospedarse debajo de techado que en medio del llano; resisten a el hambre y la sed por largo tiempo sin abatirse por la falta de agua y de alimentos, se satisfacen con un pedazo de carne asada revolcada en la ceniza como con los mejores manjares del mundo; muchas veces aplacan la sed chupando la carne de la viznaga, comiendo los quiotes del maguey o la cañita de una siempreviva que abunda en el país.
Las mugeres no salen nunca de sus casas mas son sus cocineras, lavanderas, costureras y sirvientas de mesa; y el resto del tiempo lo dedican a la crianza y cuidado de sus hijos; visten con mucha sencillez sin mas necesidad de sastres ni modistas.
Las jovenes solteras no se presentan á la vista de los que llegan a sus ranchos, á menos que sean muy conocidos y amigos de sus padres, en cuyo caso salen a saludarles con cierta cortedad que manifiesta la poca costumbre que tienen de tratar a los hombres, alistan la mesa en que dan de comer o cenar los huespedes, tienden las camas con mucho aseo y se despiden con urbanidad y modestia.
Las fronterizas son de regular estatura, mas bien altas que pequeñas de cuerpo, robustas agiles y de agraciada figura: los amores entre ellas son puros y no los aceptan de ningun pretendiente sin el previo consentimiento y beneplacito de sus padres; su tranquilidad en esta parte no las engaña porque ningún padre de éstas niega a la peticion de un joven honrado, cuando sabe que es del agrado de sus hijas. El día de las bodas, se reunen en la casa del padre de la novia, todos sus parientes y los padres y parentela del novio, lo mismo que las rancherías amigas de ambas familias; de manera que es muy común en una de estas reuniones ver más de cien o más personas de ambos sexos, que todos comen bien y beben licores en abundancia, a costa de los padres de los contrayentes que rivalizan a cuál más queda mejor entre ellos; hay festines que duran tres, cuatro y más dias …
Hombres y mugeres son muy aficionados a las carreras de caballos, y de ellas hacen sus apuestas de reses, bestias y algun dinero, sin excederse de las facultades que cada uno tiene para cumplirse sin arruinarse…
Las fronterizas son fieles a sus esposos y cumplen con los deberes de su estado ayudándoles a trabajar con todo cuanto pueden63; cuando salen sus maridos a las recogidas de sus ganados ó á otros negocios, suelen quedarse solas en sus ranchos por cuatro seis y más días, sin que las intimide la soledad del desierto, la oscuridad de las noches, ni la aparicion de los animales feroces, que suelen llegar a los corrales de sus casas para hacer presa de los ganados que encierran… Cuando el marido tarda en volver y se les acaba la carne su principal alimento, ellas mismas encierran la res que les agrada, la matan y benefician la carne, acarrean leña, riegan sus cementeras y las limpian, y levantan las cosechas…64
Pueden ser exagerados los elogios de Rojo a los californios de La Frontera, pero refieren atributos que aun hoy se reconocen en la gente del campo bajacaliforniano. Además de todo lo expresado, aun el más severo crítico de los dominicos tendría que aceptar que fueron las misiones plantadas en aquellas remotas regiones los antecedentes de ranchos y pequeñas comunidades que enraizaron en lo que hoy es el Estado de Baja California, formando las últimas avanzadas de México en estas tierras, y que las únicas etnias de californios sobrevivientes en toda la península, se encuentran sólo en lo que fue el territorio dominico por excelencia, La Frontera. Los dominicos se fueron, pero su influencia fue determinante en la etapa socioeconómica que siguió en Baja California: la de los ranchos que se formaron en toda la península, muchos de los cuales o sus derivaciones aun subsisten.
Visitas de los dominicos a la Alta California
Algunos misioneros dominicos visitaron la Alta California en diversas ocasiones, casi siempre para ayudar a los franciscanos con la sobrecarga de trabajo que frecuentemente los agobiaba. A continuación se da una relación de los predicadores que también sirvieron en territorio franciscano.
- Cayetano Pallas. Su nombre se encuentra en el registro de bautismos de la misión de San Diego fechado el 5 de abril de 1791, tiempo en que era secretario de fray Crisóstomo Gómez, presidente de las misiones.
- José Loriente. Estuvo en San Diego en septiembre de 1791 y junio de 1792.
- Mariano Apolinario. Fue a San Diego en octubre de 1794 y en octubre de 1795.
- Miguel López. Estuvo en San Diego en mayo y junio de 1795.
- José Conouse. Fue a San Diego en julio de 1798.
- Ramón López. Estuvo en San Diego en noviembre de 1798, y el mismo mes y año en San Juan Capistrano.
- Eudaldo Surroca. Estuvo en San Diego en noviembre de 1801.
- Félix Caballero. Fue a San Juan Capistrano en mayo de 1821, y hasta Tucsón, Arizona, en junio de 1823, y tal parece que el activo misionero quería establecer una ruta de México a Sonora; el mismo año, el Capitán José Romero, comandante del Presidio de Tucsón, viajó a Baja California siguiendo aproximadamente el mismo camino, pero el proyecto no se llevó a la práctica. Caballero regresó a San Diego en 1824; y a partir de 1825 fue vicario provincial y presidente de las misiones hasta su muerte, el 11 de julio de 1840.
- Antonio Menéndez65. Fue a San Diego en 1824, sirvió de capellán a los soldados y sus familias; estuvo hasta 1829 en la misión, y recibió sueldo del gobierno por sus servicios; además tuvo a su cargo una escuela primaria. Estuvo en Monterrey en diciembre de 1829, trabajó en la misión de Nuestra Señora de la Soledad y también sirvió como capellán en el presidio de Santa Bárbara en 1831 y 1832, año en que falleció.
- Tomás de Ahumada. Fue a San Diego desde San Miguel para atender a un franciscano moribundo.
- Ignacio Ramírez de Arellano. Se fue al norte de la frontera poco antes de que salieran los últimos dominicos de Baja California; había sido vicepresidente de las misiones bajo las órdenes del padre Gabriel González en 1840; ese año, fray Francisco García Diego y Moreno había sido consagrado obispo de ambas Californias y llegó a San Diego en diciembre de 1841, confirmó a Gabriel González como vicario de Baja California, y le otorgó, al igual que a Ramírez, la facultad para administrar el sacramento de la confirmación. Durante la guerra con los Estados Unidos, Ignacio Ramírez mostró una abierta simpatía hacia los invasores, y al final de la guerra emigró definitivamente a la Alta California.
Estructura de algunas Misiones en Baja California según reportes de 1793. No se incluye El Descanso, bajo jurisdicción de San Miguel
| Nombre | Materiales de la Iglesia | Dimensiones en varas66 |
|---|---|---|
| Loreto | Piedra | 56 x 7 |
| San Francisco Javier | Piedra | 41 x 7 |
| Santa Rosalía de Mulegé | Piedra | —– |
| San José de Comondú | Piedra | 30 x 13 |
| La Purísima | Adobe | 25 x 6 |
| Guadalupe | Adobe | 32 x 7 |
| San Ignacio | Piedra | 44 x 7.5 |
| San José del Cabo | Adobe | —– |
| Todos Santos | Adobe | 24 x 9 |
| Santa Gertrudis la Magna | Adobe, después de piedra | —– |
| San Francisco de Borja | Adobe, después de piedra | 32 x 7 |
| San Fernando | Adobe | 33 x 5.5 |
| El Rosario | Adobe | 46 x 9 |
| Santo Domingo | Adobe y palos | 18 x 8 |
| San Vicente | Adobe | 22 x 7 |
| San Miguel | Adobe | 26 x 7 |
| Santo Tomás | Adobe | 12 x 5 |
Los datos que siguen corresponden a las misiones fundadas en el actual Estado de Baja California por jesuitas, franciscanos y dominicos, las cuales aparecen en la siguiente página. De la 22, su ubicación precisa aún se discute; la 24 está en el lado norteamericano. Se incluyen San Diego de Alcalá en California y La Purísima Concepción en Arizona.
- SANTA GERTRUDIS LA MAGNA. Jorge Retz, 15 de julio de 1752.
- SAN FRANCISCO DE BORJA. Wenceslao Link, 1º. de septiembre de 1762.
- CALAMAJUÉ. Victoriano A r n é s y Juan José Díez, octubre de 1766.
- SANTA MARÍA DE LOS ÁNGELES. Victoriano Arnés, mayo de 1767.
- SAN FERNANDO VELLICATÁ. Fray Junípero Serra, 14 de mayo de 1769.
- SAN JUAN DE DIOS. Visita de la anterior, 1769.
- NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE VIÑADACO. Vicente Mora, 24 de julio de 1774 (El Rosario de Arriba).
- EL ROSARIO DE ABAJO. En 1799, la misión de El Rosario se cambió a un sitio 3 Km. más cerca del mar, y en 1802 volvió a reubicarse.
- SANTO DOMINGO DE LA FRONTERA. Manuel García, 30 de agosto de 1775. En fecha no determinada se cambió 4.5 Km. arroyo. arriba.
- SAN PEDRO MÁRTIR DE VERONA. Cayetano Pallas, 27 de abril de 1794. Tres meses después se cambió a Ajantequedo, cuyas ruinas son las que hoy se observan. Su primer asiento fue en Casilepé, de ubicación incierta.
- SAN TELMO DE ABAJO. Visita de Santo Domingo, 1798-1839.
- SAN TELMO DE ARRIBA. Visita.
- SAN VICENTE FERRER. Miguel Hidalgo y Joaquín Valero, 27 de agosto de 1780.
- SANTO TOMÁS DE AQUINO. José Loriente, 24 de abril de 1791. Aun se conservan algunas ruinas. (Primera ubicación).
- SANTO TOMÁS DE AQUINO. Segunda fundación, a 5 Km. al este de la primera. No quedan ruinas.
- SANTA CATARINA (O SANTA CATALINA) VIRGEN Y MÁRTIR. José Loriente y Tomás Valdellón, 12 de noviembre de 1797. Su construcción comenzó el 6 de agosto.
- SAN MIGUEL ARCÁNGEL (O DEL ENCINO). Luis de Sales, 28 de marzo de 1787. Se plantó inicialmente en un lugar llamado El Encino, de ubicación incierta.
- SAN MIGUEL ARCÁNGEL. (En el Arroyo de San Juan Bautista). Luis de Sales, 1788. Posteriormente se le conocería como San Miguel La Vieja.
- EL DESCANSO O SAN MIGUEL LA NUEVA. Tomás de Ahumada, quizá en 1809 o 1810; (Meigs señala el año de 1817) Félix Caballero la volvió a fundar en 1830. (Visita.)
- NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE (DEL NORTE). Félix Caballero, junio de 1834.
- PUNTA EL DESCANSO, límite septentrional de San Miguel Arcángel y del territorio dominico hasta antes de 1788, de acuerdo con lo establecido en el Concordato de 1772, aunque en ese documento se le llama “una punta que saliendo de la Sierra Madre termina antes de llegar a la playa”.
- SAN PEDRO Y SAN PABLO BICUÑER. (Hay quienes escriben Vicuñer) Aparentemente se construyó cerca del actual poblado de Los Algodones. Hay discrepancia entre los historiadores sobre la ubicación exacta de ésta y la misión que sigue ( La Purísima Concepción de M. S.). El autor ha seguido la opinión de Bancroft, Chapman, Forbes y Pablo L. Martínez, que difiere un poco de la situación que les atribuye Beilharz.
- LA PURISIMA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA. Establecida quizá muy cerca de la ciudad de Yuma, en lo que hoy es el lado norteamericano de la frontera. Las dos misiones anteriores se fundaron por disposición del Comandante de las Provincias Internas, Teodoro de Croix, en 1780, muy cerca una de otra. Sus misioneros fueron los franciscanos Francisco Garcés, Juan Barreneche, Matías Moreno y Juan Díaz.
- SAN DIEGO DE ALCALÁ. Fray Junípero Serra, 16 de julio de 1769, en lo que actualmente es el lado norteamericano de la frontera.
El arroyo de El Rosario o Rosarito que aparece en este mapa fue el límite norte de El Descanso, la misión más septentrional de los dominicos, correspondiendo a la frontera que delimitaba su jurisdicción con la de los franciscanos de la Alta California, aunque realmente este límite lo estableció desde 1788 fray Luis de Sales, antes de que se fundara El Descanso, al incursionar sobre territorio franciscano en la fecha mencionada.

Mapa 55
Misiones en el actual estado de Baja California, fundadas por jesuitas, franciscanos y dominicos
Relación de Misioneros Dominicos en Baja California
- Abad, Miguel; 1789-1804
- Acosta, José María; 1852-53
- Águila, Manuel del; 1804-1808
- Ahumada, Tomás de; 1804-1833
- Aldama, Amado; 1838
- Apolinario, Mariano; 1792-1804
- Armesto, José; 1773-898.
- Arviña, Rafael; 1793-1804
- Aybar, José; 1773-92
- Azevedo, Pedro; 1787-94
- Belda, Vicente; 1792-1803
- Berraguero, Antonio; 1793
- Caballero, Antonio; 1793-94
- Caballero, Félix; 1814-44
- Caballero, Rafael; 1792-94
- Calvo, Joaquín; 1789-97
- Caulas, José; 1797-1814
- Codina, Jaime; 1798-1804
- Coello, Jorge; 1789-99
- Concepción, Antonio; 1798
- Conouse, José; 1796-1798
- Cruz, Romantino de la
- Cruzado, Antonio
- Cuculla, Francisco
- Díez de Bustamante, José; 1773-81
- Duro, José; 1806-23
- Escolá, Raymundo; 1797-1807
- Espín, José; 1793-1805
- Estanavia, Tomás; 1836
- Estévez, José; 1775-92
- Fernández Pérez, Antonio; 1811-17
- Fernández, Antonio; 1804-14
- Fernández, Mariano; 1788-1811
- Fernández, Vicente; 1792
- Fiol, Jacinto; 1806-20
- Foncubierta, Segismundo; 1798-1814
- Formoso, Juan Antonio; 1773-1788
- Galisteo, Francisco; 1773-87
- Gallego, Miguel; 1774-1806
- Gándara, Pedro. (?) 11167
- Gandiaga, Pedro; 1773-91
- García Villatoro, José; 1774-82
- García, José; 1782-83
- García, Manuel; 1773-77
- García, Manuel; 1775
- Ginés, Domingo; 1776-90
- Gómez de la Peña, Bonifacio
- Gómez, Juan Crisóstomo; 1773-91
- González Peña, Pedro; 1804-24
- González, Gabriel; 1825-61
- González, Pedro; 1805-32
- Grijalva, Juan Pablo
- Herrero, José; 1789-95
- Hidalgo, Miguel; 1773-87
- Hontiyuelo, Francisco, 1790-8
- Lafuente, José; 1774-1796
- Lázaro, Antonio; 1797-1804
- López, Domingo; 1849
- López, Miguel, 1795-8
- López, Ramón; 1797-1809
- Loriente, José; 1790-9511268
- Luesma, Antonio; 1773-92
- Luna, Domingo; 1820-28
- Mancilla, Tomás; 1824-50
- Marín, Tomás; 1789-93
- Martínez, José; 1814-36
- Mata Martínez, Juan de; 1836-40
- Menéndez, Antonio; 1814-24
- Meza, Miguel, 1793
- Mora, Vicente; 1774-81
- Muñoz, Nicolás; 1776-84
- Naranjo, José; 1781-89
- Pallas, Cayetano; 1788-99
- Pedroza, Guadalupe; 1853-54
- Peña, Bonifacio de la; 1804-1808
- Pérez, Manuel; 1775-88
- Pineda, José Miguel de; 1804-20
- Pons, Melchor; 1792-99
- Portela, José; 1804-14
- Ramírez de Arellano, Ignacio; 1833-45
- Rivas, Juan; 1798-1803
- Rodríguez, Manuel; 1773-86
- Ruiz, José Manuel, 1790
- Saiz, Manuel; 1805-10
- Salcedo, José; 1773-91
- Sales, Luis; 1777-87
- Salgado, Juan María; 1794-96
- Sánchez, José Antonio; 1788-1814
- Santolaria, José; 1775-82
- Santos, Ramón de; 1806-13
- Sanz, Plácido; 1807
- Solá, Bernardo; 1806-33
- Soldevilla, Gerónimo; 1780-1800
- Sosa, Mariano; 1831
- Sotomayor, Vicente; 1844-1850
- Souto, Andrés de; 1773-85
- Surroca, Eudaldo; 1799-1802
- Tejeiro, Ricardo; 1791-97
- Timor, Domingo; 1795-1805
- Torres, Ausencio; 1840-42
- Troncoso, Francisco; 1820-23
- Valdellón, Tomás; 1793-1801
- Valero, Joaquín; 1773 – 89
- Varela, Roque; 1805-25
- Velasco, Marcelo de Jesús; 1849-52
- Vera, Cristóbal; 1773-80
- Verduzco, Anastasio, 1783
- Vidaurreta, José
- Vieytez, José Antonio; 1816-23
- Villavicencio, José; 1810
- Yoldi, Mariano; 1796
- Zárate, Pablo María de; 1815
- Zavaleta, Martín; 1774-92
Las misiones dominicas llegaron a realizar un intercambio comercial de pieles de nutria y otros productos con barcos de diversas banderas que anclaban en la bahía de San Quintín. ↩︎
Noticias de la Provincia de California, 1794, Madrid, José Porrúa Turanzas Edit., 1960. ↩︎
El Presidio de Mazatlán se fundó con 25 soldados mulatos y sus familias, de allí que el poblado fuera conocido como Mazatlán de los Mulatos. Todavía en 1804, las dos terceras partes de la población eran mulatos. ↩︎
La frontera misional dominica en Baja California ; SEP-UABC, 1994. Peveril Meigs III, p. 35. ↩︎
Punta El Descanso prácticamente coincide con el sitio actualmente llamado Calafia. ↩︎
Actualmente Arroyo de La Misión. ↩︎
Actualmente Punta El Descanso. ↩︎
Las fundaciones misionales dominicas en Baja California. 1769-1822. UABC, 1998. Albert B. Nieser, p. 81. ↩︎
Once misiones de Baja California; UABCS, 1994; B.M. Coronado. El libro fue proporcionado al autor por el Sr. Manuel Córdova, encargado del cuidado de la Misión de Santa Gertrudis en 1999. ↩︎
Francisco Palou, op. cit., p. 87. ↩︎
Niesser, op. cit., pp. 305-310. ↩︎
El nombre de la primer misión establecida por los predicadores en Baja California se explica por haber sido los dominicos, y el fundador de la orden, Santo Domingo de Guzmán, quienes promovieron la devoción católica por el rezo del rosario, ya que según la tradición, la Virgen se lo enseñó a Santo Domingo para que lo difundiera como la mejor arma contra los enemigos de la fe. ↩︎
Meigs llamó a El Rosario La más pacífica, estable y próspera de las misiones…Meigs, op.cit., p. 250. ↩︎
En los misioneros de la época, y los dominicos no fueron la excepción, hubo una constante preocupación por erradicar costumbres que consideraban altamente pecaminosas, y para lograrlo, una de las medidas preventivas fue observar una disciplina rígida y el sometimiento absoluto de los nativos a las disposiciones del misionero; decían los predicadores que era necesario arrancar la arboleda de los vicios para plantar los árboles de las virtudes… ↩︎
Ibíd.; p. 328. ↩︎
José Velásquez nació en San Ildefonso de Ostímuri, Sonora, en 1717, y se inició como militar en Loreto en enero de 1751. En 1769 acompañó a Rivera y Moncada en la expedición al la Alta California. Velásquez fue quien viajó de Monterrey a Todos Santos, Baja California, para informar al gobernador de la ocupación de Monterrey, la distancia de más de 2 300 Km. las recorrió en 49 días. En 1771 fue promovido a sargento y dos años después a alférez, fue comisionado a Baja California como comandante militar y se distinguió como un gran explorador en la región norte de la península al localizar tierras para la fundación de nuevas misiones, acatando órdenes del gobernador Felipe de Neve. En 1780 fue destinado al Presidio de San Diego, tuvo participación en la fundación de Los Ángeles, estuvo en la campaña contra los yumas en 1783. Murió en 1785 a los 68 años de edad y se le sepultó en la misión de San Gabriel. Algunos de los datos anteriores se tomaron de “José Velásquez: Saga of a Borderland Soldier”, Ronald L. Ives, 1884, pp. 61. 82, 206. ↩︎
Luis de Sales, op.cit., pp. 59-60. ↩︎
En realidad, la población de Santo Domingo estaba muy desparramada, ya que por lo cerrado del cañón, las tierras cultivables de la misión propiamente dicha eran de poca extensión, así es que la visita de San Telmo, a más de veinte Km. al norte, era una importante fuente de granos por su terreno abierto cultivable; y San Quintín, hacia el sur, con sus actividades de cacería de nutrias y recolección de sal era también otro lejano centro de actividad productiva. ↩︎
Hay testimonios de que Juan Salazar se encontraba en la misión de San Luis Rey, y de que en San Diego había sólo un puñado de civiles, tal como lo afirma Juana Machado en la narración que aparece en el libro “Testimonios, early California through the Eyes of Women, 1815-1848”, traducido por Rose Marie Beebe y Robert M. Senkewicz, 1947, Berkeley, p. 132. ↩︎
Apuntes Históricos de la Baja California. Manuel Clemente Rojo. “The Bancroft Library, Berkeley”, p.39. ↩︎
En sus “Recuerdos”, de fecha 26 de enero de 1878 (Richard F. Pourade, “San Diego History”), Felipa Osuna, hija de Juan María Osuna y viuda de Juan María Marrón, relató que los hombres de Macedonio González persiguieron a los indios culpables a caballo como animales, y que aunque ella sintió lástima, tuvo que informar a los soldados quiénes eran los espías y dónde trabajaban ya que de lo contrario, sabía que su propia vida correría peligro en el caso de que los nativos concretaran un ataque sobre el poblado ↩︎
Rojo señala que en 1836 se hicieron los ataques a ranchos cercanos a San Diego, pero tal parece que en 1837 fue cuando se llevó a cabo la campaña de González contra los indios. ↩︎
Doña Juana, como era usual en las mujeres de aquella época, no sabía leer ni escribir, pero le dictó sus experiencias a Thomas Savage, en el Viejo San Diego, el 11 de enero de 1878, las que se encuentran en “Los tiempos pasados de la Alta California”. ↩︎
Los escritos mencionados se encuentran en “The Bancroft Library”, U.C., Berkeley. ↩︎
Algunas versiones dicen que era una niña llamada Clara. ↩︎
Memorias de doña Apolinaria Lorenzana, p. 41. Bancroft Library, Berkeley. ↩︎
Aunque el alférez González se encontraba con sus soldados en San Vicente, el contingente debidamente reforzado salió de El Descanso. ↩︎
El testimonio de Vicente Romero fue dado muchos años después de los hechos narrados ante el Agrimensor General de los Estados Unidos para California en relación con un conflicto de tierras sobre el Valle de Cuyamaca, y aunque no declaró haber visto a las muchachas secuestradas, Macedonio González, al contar la historia a la señora Juana Machado, le aseguró que él sí las habían visto. ↩︎
A uno de los conjurados se le cortó una oreja para que confesara su culpabilidad y luego fue ejecutado. ↩︎
Albert B. Niesser, op. cit., p. 237. ↩︎
Ibídem., p. 236 ↩︎
Ibídem, p. 201. ↩︎
Ibídem, p. 203. ↩︎
El dato de Lassépas no concuerda con los de otros autores ↩︎
“North Mexican States”, Hubert Howe Bancroft, p. 707, II. ↩︎
“On the Lower California Coast”, Scammon, Capt. C.M., Overlan Monthly and Out West Magazine, V.4, Issue 3, San Francisco, Marzo de 1870, pp. 233-234. Relató Scammon que después de hacer sus intercambios, los rancheros no mostraban prisa en regresarse, disfrutando frecuentemente de la hospitalidad de los marineros en cuyos barcos permanecían días o aun semanas. ↩︎
Fuentes para las dos primeras tablas: AGN, Misiones 2, y Provincias Internas 19; “Missions and Missionaries of California: Lower California 2nd. Edition (Mission Santa Barbara, 1929), pp. 625-626; “Baja California Mission Statistics”, The Bancroft Library, University of California, Berkeley; fuente para la tabla de población: “Epidemic disease and population decline in the Baja California Missions, 1697-1834”, S. California Quarterly, 63:4 (1981), pp. 308-346. ↩︎
La población que Lassépas proporciona para la misión de Santo Tomás en 1835 es de 254; Nieser, citando a Francisco del Castillo Negrete da para 1853 un número de 35 habitantes; y Meigs, citando a Troncoso asigna más de 400 habitantes en 1824; por lo que la población que se da en este cuadro para 1829 debe tomarse con cierta reserva, aunque parece ser el dato con mayor veracidad, tomando en cuenta la declinación poblacional progresiva que se dio en todas las misiones. ↩︎
Testimonios de Santo Tomás, La muerte del padre Eudaldo Surroca; Memoria del X Simpósium de Historia Regional. Bicentenario de Santo Tomás 1791-1991; UABC., P. 19; David Zárate Loperena. ↩︎
Noticia de la California, No. 5, Septiembre-Noviembre 1995, Historia y presencia de un pueblo misional; José Luis González López y Bertha Paredes Acevedo; p. 17. ↩︎
Bancroft, Hubert Howe. The Works of Hubert Howe Bancroft; Vol. XVI, History of the North Mexican States and Texas; Vol II, 1889; pp. 705 -706. ↩︎
Bancroft, North Mexican States…, op.cit., pp. 718-719. …Los dominicos, con menos experiencia como misioneros, eran amos más duros que lo que habían sido los jesuitas o franciscanos, exigiendo comparativamente trabajo excesivo y administrando severos castigos. En Santa Gertrudis y San Borja, los indios confesaron su intención de saquear e incendiar las misiones, declarando llanamente que estaban cansados de ser golpeados y aprisionados por los padres y no lo soportarían más. Era necesario hacer un ejemplo de [lo que les sucedería a] tales rebeldes, y varios de ellos, después de ser juzgados en Loreto y encontrados culpables de rebelión, fueron severamente azotados, y los líderes desterrados al sur… ↩︎
Nieser, Op.cit., p. 310. ↩︎
Arrillaga cabalgó más de 2 000 Km. en las exploraciones que realizó sobre todo por la Sierra de San Pedro Mártir. La Frontera Misional Dominica en Baja California, Peveril Meigs III, SEP UABC, 1994. pp. 83-84. ↩︎
Según Hayes, Jatñil significa perro prieto; Pioneer Notes from the Diaries of Judge Benjamin Hayes. 1849-1875. The McBride Printing Company; 1929, Los Angeles, California, p. 198. ↩︎
Rojo, op. cit., p. 28. Neji está en el municipio de Tecate, Baja California, muy cerca de la frontera, en la Sierra de Juárez. ↩︎
En el testimonio de Jatñil escrito por don Manuel Clemente Rojo dice Martinez, pero se refiere al indio Martín, como en otras partes llama el mismo autor al indio rebelde. ↩︎
Se refiere al descubrimiento de oro en la Alta California. Rojo, Op.cit.. ↩︎
Ibídem, p. 29 [Se respeta la ortografía]. San Vicente, Mayo 29 de 1840., Muy Revdo. Pe. Felix Caballero: Mi estimado Padrecito tengo recibida la primera en la que me comunica el cargo consejil que me acusa y estoy enterado de todo lo que me ha mandado que ayude al Señor Marrón á la cuenta del ganado, con seis hombres y yo siete entre de razón é indios, hasta apartar y encaminar cerca de la Ensenada. Yo, conté el ganado con mi compadre Gastelo, por mi cuenta resultaron 4915 reses muy legales; la cuenta del señor Gastelo resultó bastante igual, á nuestra vista hablaremos, siento decirlo, contó mucho mas por hacer favor, quien fue correspondido. El Señor Marrón saco en la partida 395 cabezas de ganado, y para San Diego cuarenta y tantas, que sacaron los Sres. J. Machado, J. Bonifacio Lopez, por conducto de los Sres. Gastelo, Marrón, Alejandro, Nazario Domínguez etc. Hasta ahora mi compadre Gastelo , es el legitimo apoderado, todavia no ha entregado el rancho, mañana salimos para los Valles, yo el Comandante y el Pe con objeto de recibirse, considero que no se han de avenir, y con esto no habra nada hasta la consulta de vuestra Paternidad. Tengo entregada a la Misión la manada de 30 yeguas y el garañon, solo existen en mi poder una que otra de las mansas y unos caballos muy viejos y medios locos, por todo son doce cabezas y dos mulas, un aparejo, he dispuesto de dos reses del rancho cuando he tenido hambre y un carnero en el Tigre para comer con mis sirvientes. Tengo recibido en la Misión, un cacastle de jabon y ocho cargas de semillas. Es de necesidad que venga Vuesa paternidad aunque sea á dar una vuelta ó nos manda un modelo para defender sus intereses: todo se esta perdiendo, mucho sacrificio me ha costado para que pudieran aprobar el bando o cordillera cuya copia vera U. Y todavía espero algun resultado. Todos han desaprobado el nombramiento de juez propietario, con pretesto de que vuesa paternidad anoto al margen de la credencial sin ser jefe Político. El Señor Santiago Arce por supuesto es el mas sentido de todos, pues no lo ha podido disimular. Apreciare se conserve bueno y que no tenga novedad me alegrare quedando su afmo ahijado en la mejor disposición de servirle y atento S. M. B., Juan de Jesús Osio. ↩︎
Manuel Clemente Rojo, cuyos Apuntes Históricos de la Baja California entregados a la Biblioteca Bancroft tienen fecha de 1879, coincide con las notas del diario del juez Benjamín Hayes al decir que el padre Félix Caballero escapó de Guadalupe cuando ocurrió el ataque de Jatñil gracias a que se escondió bajo las faldas de una india llamada García; op.cit. p. 297. Por su parte, Rojo relata las palabras de la india:...yo estaba tendiendo la mesa en que iba a comer el Pe. y me asomé por la ventana del comedor que daba al patio y ví todo ensangrentado y muerto al Cabo Orantes, y ya los jatñiles estaban matando á Francisco y José Antonio, indios catecúmenos de la Misión de San Miguel que se habían venido a Guadalupe para sembrar trigo y cebada en las mesas del tigre...el P. y yo viendo lo que pasaba, nos llenamos de miedo y nos fuimos a refugiar a la Iglesia...lo llamaban a gritos para matarlo...me rogaba por Dios que no lo descubriera...[que] *me daría todo cuanto necesitara...para vivir con descanso...y me obligó a que me sentara encima de él ocultándolo con mi ropa...cuando fue llegando Jatñil con el arco en la mano...¿Dónde está el Padre? Para que me preguntas, le contesté cuando no se ni como me hallo según el miedo en que me haz puesto...pues yo me voy, me dijo...*La india que salvó a Caballero se llamaba María Gracia, según Rojo, op.cit., p. 26, aunque Hayes dice que era García. ↩︎
el P. Rafael Arviña, sucesor del P. Belda como presidente de las misiones en 1802, fue removido de su puesto por su conducta escandalosa y lo sucedió el P. Miguel Gallego en 1804. El P. Gabriel, de Loreto fue años después exiliado por llevarse mujeres indias, y el P. Caballero deshonró los hábitos de manera semejante. Algunos otros padres mostraron laxitud en su conducta, pero fueron más prudentes y escaparon al castigo. Bancroft, op.cit., History of the North Mexican States…., p. 706, nota de p.p. No. 3, en la cual cita diversas fuentes documentales. ↩︎
Albert B. Nieser, op. cit., p. 223. ↩︎
Clemente Rojo, op. cit., p. 19. ↩︎
Palou considera a Campa como “predicador” (dominico), op. cit. p. 56. ↩︎
Doña Concepción se enteró de la muerte de su prometido en una cena a la que asistió Sir George Simpson, quien sin saber de la presencia de la religiosa habló de la muerte de Rezanov. Bret Harte escribió un poema sobre este episodio que en parte dice: .. “Died while speeding home to Russia, falling from a fractious horse. Left a sweetheart, too, They tell me. Married, I suppose, of course! Lives she yet?” A deathlike silence fell on banquet, guests and hall, And a trembling figure rising fixed the awestruck eyes of all. Two black eyes in darkened orbits gleamed beneath the nun’s white hood; Black serge hid the wasted figure, bowed and stricken where it stood. “Lives she yet?” Sir George repeated. All were hushed as Concha drew closer yet her nun’s attire. “Señor, pardon, she died too!” Cuya traducción sería: “Murió cuando viajaba velozmente a su hogar en Rusia, al caer de un brioso caballo. Me dicen que dejó una novia. Supongo que, claro, ya estará casada. ¿Vive aun?” Un silencio sepulcral cayó sobre el banquete, los invitados y todo el salón, y una figura temblorosa, irguiéndose, atrajo la asombrada mirada de todos. Dos negros ojos rodeados por obscuras ojeras brillaron bajo la blanca cofia de la monja; un negro sayal escondía el desgastado cuerpo, encorvado y golpeado. “¿Vive todavía?”, repitió Sir George. Todos permanecieron en silencio mientras que Concha parecía pegarse más aun a su hábito de monja, “Señor, perdón, ella también murió”. ↩︎
Desde 1742 los buscadores de pieles rusos, o “promysloviki”, empezaron a dejar tierra firme de Asia y navegaron hacia las islas del este, pero tendrían que transcurrir 42 años para que plantaran su primer establecimiento en la isla Kodiak, de Alaska, y de aquí seguiría la penetración hacia el sur que culminó con la construcción de Fuerte Ross. ↩︎
El periodista y oficial del ejército norteamericano de ocupación en La Paz E. Gould Buffum, conoció al padre González, de quien dijo: Un viejo sacerdote llamado Gabriel quien, cuando estuve allá, era Padre Presidente de Baja California, en abierta violación de sus votos de castidad, vivía en relación familiar, y había sido el medio para traer al mundo no menos de once niños. Uno de éstos llevaba su nombre, siempre viajaba con él, y estudiaba para ser sacerdote. Gabriel era un jugador empedernido, y a menudo se divertía en sus salidas parroquiales jugando monte con cualquiera de sus feligreses que se atrevían a apostar en su contra, aunque le resultaba difícil hacer un juego, porque, como decían, “el padre sabe mucho” Él era uno de los espíritus principales en la revolución que ocurrió después, y no dudo que vino a La Paz, en el tiempo del que he hablado, para conocer nuestras fuerzas y probabilidades. “Six months in the gold mines: from a journal of three years’ residence in Upper and Lower California. 1847-8-9”. E. Gould Buffum. Philadelphia, 1850; pp.164-165. [Del padre González se recuerda su patriotismo al haber luchado contra los norteamericanos en su injusta ocupación de Baja California Sur. Respecto al relato que Gould hace sobre los hijos que tuvo el misionero, al igual que William Redmon Ryan en su Personal adeventures in Upper and Lower California, pp. 169-71, quien le adjudica 22 hijos, cabe recordar su parcialidad al narrar los hechos de aquella época, señalando que los mexicanos estaban muy bien armados y que su número era mayor que el de los estadounidenses; así como su procaz vulgaridad al referirse a las mujeres del país, aunque ambos autores se escandalizan por la familia que llegó a tener el misionero, quien, afirmó W.R. Ryan, luchó contra los norteamericanos sólo por el peligro que corrían sus propiedades.] ↩︎
Bancroft; op. cit., II, p. 706. ↩︎
Albert B. Niesser, op. cit., p. 248. ↩︎
Bancroft dice de las pocas obras escritas por los dominicos,:...Salvatierra, Venegas y el resto han proporcionado una copiosa información del período jesuita; Palou y sus asociados han dejado material satisfactorio sobre la ocupación franciscana; pero los dominicos no han dejado cuenta de sus trabajos. Parecería que no lograron nada en California digno de registrarse, aun en su propia estimación. Para hacer las cosas peor, los archivos seculares, tan invaluables en otras partes para llenar huecos en las crónicas sistemáticas, están aquí singularmente desprovistos de información. ↩︎
Niesser, Op.cit., p. 109. ↩︎
Las tortillas de harina fueron parte del alimento de los españoles en las exploraciones que hicieron en las Californias por la facilidad de prepararlas: sólo ocupaban harina, manteca, agua y sal. Una referencia al alimento la hizo Miguel Constanzó en 1769 en su diario de la expedición a Monterrey, que dice: Miércoles 15 de noviembre. Como la gente carecía de todo bastimento fuera de la cortisima racion de tortillas de arina se dispuso descansara en este sitio a fin de dar lugar a que hiciera alguna prevención de almejas que se dijo abundaban mucho en los peñascos de la plaia... ↩︎
Hasta hace poco era frecuente en los ranchos de la vertiente occidental de la sierra de Baja California que los hombres ordeñaran las vacas y las mujeres hicieran el queso y la mantequeilla. ↩︎
Clemente Rojo, op. cit., p. 21. ↩︎
Fray Antonio Menéndez fue amigo de Pío Pico, el último gobernador mexicano de la Alta California, ya que ambos compartían una gran afición por el juego, las copas y las mujeres, y cuando el político californiano era joven, visitó al padre dominico en San Vicente para sostener partidas de cartas en las que llegó a perder fuertes sumas de dinero. En cierta ocasión, en San Diego, el misionero le ganó a Pico toda una carga de azúcar que tenía almacenada en su establecimiento, y añadiendo la burla a la humillación le declamó: ... Cristo vino a redimir al hombre de mujer formado, buscó a sus ovejas y murió esquilado... Los versos son una traducción aproximada del texto original en inglés, que dice: ... Christ came to ransom man of woman born; he sought his sheep, himself departed shorn... Menéndez fue profesor en una escuela de San Diego de agosto a diciembre de 1828. History of San Diego, 1907. Ellsworth Smythe; p. 170; UCSD. AGN, Misiones 2, y Provincias Internas 19. ↩︎
Equivalente de la vara en metros aproximadamente 0.838 m.. ↩︎
Aparece en la relación de Bancroft, History…, con un signo de interrogación implicando duda. ↩︎
Bancroft escribe Llorente, History…Op.cit., p. 741. ↩︎