Antonio Ponce Aguilar

De Cueva Pintada a la Modernidad
Capítulo XVII: 
Pérdida de la Alta California

….Se perderá California, pero nuestro honor quedará a salvo. Tenemos poco tiempo; preparen sus caballos, sus lanzas y cuchillos de monte. Detendremos al orgulloso general Kearny a punta de arma blanca….

Las causas

Desde 1835, el presidente de los Estados Unidos Andrew Jackson dejó ver cuáles eran sus intenciones respecto al territorio de la Alta California al solicitarlo en compra al gobierno mexicano, aunque habrían de transcurrir 11 años para que el país del norte se apoderara por la fuerza de esta región. También desde tiempo atrás, la Baja California estaba en la mira de los norteamericanos; pero sus desiertos y soledad eran valladares difíciles de franquear, y los extranjeros lo sabían.

Cuando los Estados Unidos se apoderaron por la fuerza, aunque con relativa facilidad, de la Alta California, tuvieron a su favor situaciones políticas y sociales que se habían ido creando de 1824 a 1840, las cuales se resumen enseguida:

  1. El intercambio comercial con extranjeros, sobre todo norteamericanos, era de gran importancia para la economía regional, y se daba sin más condición que los barcos que arribaran a las aguas californianas pagaran en la aduana de Monterrey las exacciones correspondientes al gobierno, lo que permitía a éste mantener su aparto burocrático. Las principales mercancías que compraban los californianos eran ropa, zapatos y herramientas; y pagaban sobre todo con pieles de res, castor y nutria, carne seca, frutas y otros productos agrícolas1.
  2. La inmigración de extranjeros por tierra aumentó considerablemente, utilizándose una derivación hacia el sur del camino de Oregon a Vancouver, así como las antiguas rutas del Río Gila y la conocida como “camino viejo español”, por las cuales arribaron en gran número cazadores, tramperos, comerciantes y colonos estadounidenses que procedían del este. El abogado Lansford Hastings, al poco tiempo después de que llegó a California, publicó “Emigrant´s Guide”, La Guía del Emigrante, que sirvió a 250 norteamericanos en su viaje a California en 1845, y a más de 500 en 1846.
  3. La independencia de México y después la caída de Iturbide causaron descontento en los californianos de sangre española y los clericales, por razones que ya se han expuesto.
  4. Después de 1833, a pesar de las buenas intenciones del gobernador José Figueroa, que trató de repartir las tierras misionales a indígenas y particulares designados por el gobierno, la mayor parte de los nativos se quedaron sin nada por su ignorancia de la ley o por una tergiversación en su aplicación, pero sí se formaron más de 1 000 ranchos2, muchos de los cuales abarcaban enormes extensiones de tierra y pertenecían a personas de origen extranjero.
  5. La secularización de las misiones comenzó en la Alta California hasta 1834, en 1835 se había realizado en 16 de las 21 existentes, y para 1840 en la totalidad, lo que acrecentó las pugnas entre los diversos grupos políticos, aumentando así la crónica debilidad del gobierno.
  6. En la Alta California siempre hubo un celo o rivalidad entre las poblaciones del norte y las del sur, lo que en parte pudo deberse a que en el norte era más fuerte la presencia norteamericana, que se confrontaba racial y culturalmente con los españoles y mestizos del sur. De hecho, siendo gobernador Juan Bautista Alvarado, hubo enfrentamientos armados aunque sin consecuencias serias, entre los pueblos del norte contra los del sur, o de Monterrey contra Los Ángeles, primero, porque Alvarado quería independizar del gobierno de México la provincia que gobernaba, y las poblaciones de Los Ángeles y San Diego se opusieron al movimiento separatista, y después, cuando aceptó que la Alta California siguiera siendo parte de la República, porque Carlos Antonio Carrillo llegó de la ciudad de México con el nombramiento de Gobernador, a lo que, con éxito, Alvarado se opuso por la fuerza.
  7. Varios gobernadores se vieran obligados a dejar su puesto; por ejemplo, en 1831 fue expulsado del territorio el gobernador Manuel Victoria acusado de clerical; ese mismo año, Nicolás Gutiérrez, quien lo había substituido por representar tendencias opuestas, también fue relevado forzosamente del gobierno; y en 1844 el general Manuel Micheltorena dejó el puesto por un levantamiento popular3, todo lo cual demuestra la fragilidad de los gobiernos de la época.
  8. Algunos ranchos de norteamericanos, que por su extensión y riqueza parecían pequeños estados dentro del territorio californiano, fueron centros de propaganda para su anexión a los Estados Unidos y refugio para las avanzadas extranjeras que fueron llegando a la Alta California.
  9. Circulaban por todo el territorio tres rumores inquietantes: que los británicos entablarían negociaciones con el gobierno mexicano para adquirir la Alta California; que los franceses mostraban gran interés por estas tierras; y que la provincia debería independizarse de México.
  10. Vivían en esta región unos 800 norteamericanos que no ocultaban la simpatía por su país de origen, aunque fueran ciudadanos mexicanos.
  11. El abandono de la Alta California se reflejaba en las graves carencias que padecían los presidios, tanto en el número de soldados como en materiales de guerra4.

John Sutter, con atuendo militar

La historia de John Sutter, uno de los muchos colonos que llegó a la Alta California en busca de fortuna, es interesante porque fue pieza importante que favoreció la penetración y conquista de la provincia por los norteamericanos, además de que muestra no sólo la ambición y audacia de muchos aventureros como él, sino también la capacidad para reconocer las potencialidades del medio y convertirlas en realidades por medio del trabajo y manteniendo buenas relaciones con los demás. Identificándose como ex militar de origen suizo, lo cual es dudoso5, Sutter llegó a San Francisco el 2 de julio de 1839 después de haber viajado por los Estados Unidos, Hawai y las colonias rusas de Alaska, en donde pudo hacer una pequeña fortuna en el mercado de pieles. El comandante del presidio lo despachó a Monterrey para que hiciera el pago correspondiente en la aduana, y Sutter aprovechó la ocasión para pedir al gobernador Alvarado autorización para establecerse en el Valle Central, cerca del Río Sacramento, la cual obtuvo fácilmente de un gobernante que ya se había dado a conocer en 1839 al enajenar, de un plumazo, las islas del Océano Pacífico sin mayores problemas6.

Por supuesto que Sutter se tuvo que hacer ciudadano mexicano y manifestar su religión católica, lo cual no era un trámite complicado, y junto con varios hawaianos que lo habían acompañado en su viaje y otros seis hombres se embarcaron en tres botes, navegaron varios días por la bahía hasta localizar la desembocadura del río Sacramento, ascendieron hasta donde la corriente del Pluma se incorpora a su caudal, desembarcaron, y cerca de allí empezaron a levantar una casa que tenía el aspecto de un fuerte. Muchos indios y mestizos fueron a trabajar para Sutter, quien se granjeó su amistad por el buen trato y las enseñanzas que les daba, aunque esta opinión no es compartida por todos los historiadores7; pronto su propiedad de 8,500 hectáreas se convirtió en un importante centro productor ganadero y agrícola, y el Fuerte Sutter, como se conocía su casa, era escala obligada para los viajeros procedentes del este, que encontraban allí la hospitalidad y el descanso que tanto necesitaban después de prolongadas jornadas por la sierra. Sutter fue el caso de un desconocido que arribó a las ya promisorias tierras californianas, y en poco tiempo, llegó a convertirse en el hombre cuya amistad era buscada por los gobernadores mexicanos, por los colonos rusos del norte y los inmigrantes norteamericanos que llegaban del este. A pesar del poder y riqueza que llegó a tener, Sutter murió en la miseria, en Washington, el 18 de junio de 1880.

Dibujo del Fuerte Sutter como era en la antigüedad. Actualmente se conserva en buen estado. Calif. Statre Dpt. of Education

El 19 de octubre de 1842, el comodoro Thomas ap Catesby Jones desembarcó con 150 hombres en Monterrey e izó la bandera norteamericana alegando que México y los Estados Unidos estaban en guerra, además de que, supuestamente, una expedición británica se aprestaba a apoderarse de la Alta California. Cuando el cónsul de los Estados Unidos en Monterrey Thomas O. Larkin8 le aclaró que estaba en un error y no existía tal situación, el comodoro se disculpó ante las autoridades mexicanas y se marchó. En 1845, Larkin recibió instrucciones de Washington para trabajar secretamente en las acciones que fueran necesarias con objeto de lograr la anexión de la Alta California a los Estados Unidos, por lo que el cónsul se dedicó a convencer a varios oficiales mexicanos para que, llegado el momento de una confrontación entre los dos países se pasaran al bando norteamericano, o lo que es lo mismo, traicionaran a México.

Un poco antes de estos hechos, el capitán e ingeniero topógrafo del ejército estadounidense, John C. Frémont, llegó al Fuerte Sutter al frente de una expedición enviada por su gobierno con el supuesto propósito de elaborar mapas y estudios de la región, estuvieron algún tiempo disfrutando de la hospitalidad de Sutter, pero llegó un momento en que tuvieron cierta fricción y el capitán se regresó con su gente al centro de la Unión Americana. Las narraciones y mapas de Frémont se publicaron en la prensa norteamericana a nivel nacional, y constituyeron una gran propaganda para que más gente emigrara a la Alta California, principalmente al Valle Central, en donde recibirían la ayuda del colono suizo.

En 1845, Frémont regresó y obtuvo autorización del comandante José Castro para permanecer en la provincia durante el invierno, con el pretexto de continuar la localización de una ruta que llegara al Océano Pacífico, pero Frémont y sus hombres se posesionaron de un lugar llamado “El Pico del Gavilán”, a unos 40 Km. de Monterrey, y edificaron un fuerte de troncos en el que pronto ondeó la bandera norteamericana. Amenazado por algunas fuerzas mexicanas y atendiendo la orden de Larkin, Frémont se fue hacia el norte el 9 de marzo de 1846, lo que momentáneamente regresó la tranquilidad a Castro. Estando acampado en Oregon, el oficial norteamericano recibió un mensaje de Washington cuyo contenido se ignora9, lo cierto es que se regresó apresuradamente hacia el sur a fines de mayo, acampó a unos 100 Km. del Fuerte Sutter, y allí empezó a recibir la adhesión de muchos norteamericanos.

Un ejemplo de lo anterior es el siguiente episodio: Castro le había comprado al Teniente Coronel Mariano Guadalupe Vallejo unos caballos, y cuando los animales eran conducidos de Sonoma al Valle de Santa Clara, fueron robados por Ezekiel Merritt, quien entregó las bestias a Frémont en apoyo a sus fuerzas. Estados Unidos declaró la guerra contra México el 13 de mayo de 1846 después del incidente del Río Nueces10, y las Californias fueron objetivos iniciales importantes en la campaña. De aquí en adelante, los acontecimientos se sucedieron vertiginosamente; el 14 de junio de 1846, Vallejo fue apresado por Frémont al frente de 50 hombres en su casa de Sonoma, sin ofrecer resistencia, y fue enviado junto con otros oficiales mexicanos al Fuerte Sutter, en donde al principio permanecieron casi como huéspedes del dueño de la casa, más que como prisioneros, situación que después cambió11. Ese mismo día, después de arengar a la población tratando de explicar sus acciones, William B. Ide12 y Frémont izaron una bandera de fondo blanco en la que estaba pintado un oso, una estrella y una franja roja en la parte inferior; como símbolo de lo que sería un estado independiente; sin embargo, a las pocas semanas, se enteraron todos que se había iniciado la guerra entre México y los Estados Unidos, por lo que desistieron de su idea original y se unieron a la causa de su país.

La conquista

El 2 de julio de 1846, varios barcos norteamericanos anclaron en la Bahía de Monterrey13, y John Drake Sloat, al frente de un numeroso contingente desembarcó el día 7, proclamó el estado de guerra en que se encontraban los dos países e izó la bandera norteamericana. La campaña de los Estados Unidos para apoderarse de la Alta California comenzaba oficialmente.

El 8 de julio el poblado la Hierba Buena, después llamado San Francisco, fue ocupado sin oposición por las fuerzas extranjeras al mando de John B. Montgomery, e igualmente ocurrió con San José el 14 y San Juan Bautista el 17 de ese mes. Robert F. Stockton substituyó al Comodoro Sloat y le tocó tomar San Diego el 29 de julio y Santa Clara el 4 de agosto, desembarcó en San Pedro el día 6 con 350 hombres y de allí se fue por tierra a Los Ángeles que ocupó el día 13.

Oficiales del Comodoro John D. Sloat izaron la bandera norteamericana en Monterrey el 7 de julio de 1846, sin encontrar oposición.

Iniciada la invasión extranjera, el comandante José Castro y el gobernador Pío Pico, radicado en Los Ángeles, no hicieron nada por carecer de fuerzas armadas leales en número suficiente y por ser enemigos políticos, pero aun así, debe admitirse que hubo negligencia y falta de decisión de su parte, ya que desde octubre de 1842, se habían sumado los hechos ya descritos que constituían indicios muy claros de un inminente ataque norteamericano, pero nunca se tomaron medidas preventivas o de defensa para resistir a los invasores14; además, desde el 14 de junio de 1846 en que Vallejo fue apresado en Sonoma hasta el 2 de julio en que los barcos de guerra yanquis anclaron en Monterrey, transcurrieron dos semanas en las que pudieron haberse llevado a cabo actividades para organizar aunque fuera improvisadamente la defensa de la provincia, pero no se hizo nada.

La versión norteamericana de esta etapa histórica, parte de la cual fue escrita por John Bidwell, miembro del batallón de Frémont, señala que al comienzo de la invasión los californianos no mostraron oposición a los extranjeros, ni siquiera cuando en Los Ángeles fue izada la bandera norteamericana; pero la actitud de la gente fue cambiando, sobre todo cuando Frémont y Stockton tuvieron que irse y dejaron al mando al capitán Archibald H. Gillespie, quien junto con sus hombres llegó a cometer abusos contra la población. Esto provocó un resurgimiento de la dignidad nacional en mucha gente, que se tradujo en una verdadera rebelión en contra de los extranjeros, de lo cual se hablará párrafos adelante, ya que es necesario mencionar ahora algunos hechos reveladores de la personalidad del hombre que gobernaba la Alta California en el momento de la invasión.

General Stephen W. Kearny

El comandante José Castro y Pío Pico huyeron de Los Ángeles el 10 de agosto de 1846, el primero llegó a Altar, Sonora, el 7 de septiembre, y el gobernador fugitivo arribó a Mulegé el 22 de octubre de ese año; ambos enviaron mensajes a la Ciudad de México solicitando ayuda urgente, pero el general José Mariano Salas, quien ocupaba provisionalmente la presidencia de la República, tenía que atender los otros frentes de la guerra y sus propios problemas políticos, por lo que no contestó. Pero el gobernador Pío Pico sí había hecho algo cuando, desde tiempo atrás, todos sabían que el ejército norteamericano invadiría la Alta California: con el pretexto de procurarse dinero para armar y sostener un ejército que se enfrentara al enemigo, vendió ilegalmente muchos terrenos misionales y baldíos en la península, en donde carecía de jurisdicción para realizar cualquier tipo de enajenación territorial, al grado de que años después, el 9 de mayo y el 11 de octubre de 1853, el coronel Rafael Espinoza, en su carácter de jefe político de la Baja California, solicitó al ministro de gobernación que fueran anuladas las ventas de tierras hechas por el ex gobernador de la Alta California, entre las que se encontraban las siguientes: en Misión de Guadalupe, 12 422 Has. a Juan Bandini, el 4 de diciembre de 1845; en el Valle de San Rafael, 9 316.5 Has. a Abel Stearns; en el Valle de la Trinidad, 12 422 Has. a Tomás Warner, el 22 de mayo de 1846; y en Los Vallecitos, 6 211 Has. a Abel Stearns, el 6 de junio de 1846. Además de estas operaciones fuera de la ley, en la Alta California vendió la ex misión de San Fernando en $14000 dólares, y lo que no pudo vender lo regaló a sus amigos y familiares antes de que llegaran los norteamericanos. Concluida la guerra, Pío Pico regresó a California y vendió las 53 798.5 Has. de sus ranchos Santa Margarita y Las Flores, cercanas a San Diego, y compró El Ranchito, de 3 640 Has. cerca de Los Ángeles; aun así, se dice que murió pobre a la edad de 93 años.

Dibujo de la batalla de Santa Clara, en la que los norteamericanos son momentáneamente rechazados por los californianos.

A pesar de que pueblo y autoridades sabían que una victoria sobre los invasores era imposible, la dignidad de algunos californianos y los abusos cometidos por las fuerzas de ocupación, cuando Stockton y Frémont se fueron, y dejaron al mando al capitán Gillespie, motivaron a un grupo de mexicanos para enfrentarse al enemigo por medio de guerrillas. Sérvulo Varela, en Los Ángeles, organizó el 23 de septiembre de 1846 un pequeño y mal armado conjunto de patriotas; tomaron Rancho Chino el 26 y 27; hicieron rendirse al comandante Guillespie en Los Ángeles15; el teniente Talbot fue expulsado de Santa Bárbara el 1º y 2 de octubre; el 7 los mexicanos triunfaron en Rancho Domínguez16, luego capturaron a Larkin en Rancho Los Vergeles el 15 de noviembre; y después triunfaron en El Encinalito y La Natividad. Debe señalarse que al lograr la rendición de Gillespie en Los Ángeles, Varela y el capitán José María Flores intentaron dar un carácter formal a la lucha que pensaban realizar contra los invasores norteamericanos por medio del Plan de Los Ángeles17, el cual fue probablemente escrito por Leonardo Cota; en el documento se convocaba a los californios leales al gobierno de México para que defendieran su provincia, y no dejaran que los yanquis los hicieran esclavos. Cabe mencionar que Cota era primo de Andrés Pico; a cuyo lado peleó en la batalla de San Pascual, de la cual se habla en el siguiente párrafo, y después de la guerra, se retiró a su rancho, en donde después se fundaría la ciudad de Covina, California; se desempeñó en la política en Los Ángeles, y se le considera uno de los fundadores de Santa Ana.

Gracias a la respuesta de que se ha hablado por parte del pueblo, las fuerzas norteamericanas perdieron un buen número de posiciones en la ocupación inicial de la provincia, por lo que el mando norteamericano planeó el envío de tropas bajo las órdenes del general Stephen W. Kearny18, conquistador de Nuevo México19, quien salió de Santa Fe con 300 hombres rumbo a San Diego; al tener informes sobre este avance, el capitán José María Flores20, elegido para sustituir a Pío Pico que había escapado al sur de Baja California, ordenó a Andrés Pico, hermano del ex gobernador fugitivo, que saliera al encuentro del enemigo21 al frente de unos 80 hombres, algunos con lanzas de dos metros y medio, y otros más con viejos mosquetones que habían adquirido de los ingleses. Cerca del valle de San Pascual, la columna norteamericana se encontró con un grupo de yanquis armados bajo las órdenes del célebre explorador Kit Carson, que se dirigía de San Diego a Washington con documentación que Stockton enviaba al presidente de los Estados Unidos James K, Polk, Kearny dispuso entonces que cerca de cien de sus hombres se regresaran a Santa Fe llevando los documentos de Stockton, y que Kit Carson lo acompañara en su avance hacia San Diego.

En la batalla de San Pascual, unos ochenta lanceros mexicanos derrotaron a las tropas del general Kearny, en unos minutos causaron la muerte de veinte a treinta norteamericanos y otros tantos heridos, (Horace Bell, en ‘Reminiscences of a Ranger’, afirma en la página 291 de su libro que fueron 32 ‘hors de combat’), habiendo perdido sólo un hombre que fue capturado por los invasores gracias a la ayuda de los indios del lugar. Pintura de Charles Waterhouse.

El general Kearny fue advertido por un oficial norteamericano sobre la gran capacidad de los mexicanos como jinetes, lo que contrastaba con su fatigado cuerpo de dragones, cabalgando sobre mulas en mal estado, y le sugirió que evadieran un encuentro frontal con las fuerzas de Andrés Pico, sin embargo, el comandante extranjero se dejó llevar por los consejos de Carson y Gillespie, basados en prejuicios raciales más que en hechos reales; el 6 de diciembre de 1846 se encontraron la dos fuerzas en San Pascual, al noreste de San Diego; era mucha la niebla y los mexicanos parecieron retroceder; los soldados de Kearny, entre 120 y 130 hombres, con dos piezas de artillería del tipo howitzer22, se lanzaron a la carga con trece jinetes al frente al mando del Capitán Abraham Johnston y el resto de los dragones bajo las órdenes directas del Teniente John Davidson.

La columna yanqui que perseguía a los mexicanos se hizo delgada y prolongada, minutos después, los lanceros de Andrés Pico contraatacaron, y los dragones americanos retrocedieron en desorden sin escuchar los gritos del Capitán Archibald Gillespie que trataba de infundirles ánimo, Johnston cayó muerto por un balazo en la cabeza, en total los lanceros mexicanos causaron unas 21 muertes y otros tantos heridos al enemigo invasor, todas a causa de lanzazos, excepto Johnston, uno de los heridos fue el mismo Kearny23, mientras que por el lado de los californios sólo hubo 12 heridos y un prisionero que quedó en poder de los norteamericanos, y de no haber sido por 180 hombres que mandó Stockton en su auxilio, las tropas yanquis, que estaban sitiadas por los californianos y ya habían empezado a alimentarse con carne de mula24, tal vez nunca hubieran podido llegar a San Diego.

Andrés pico en su rancho de la ex misión de San Fernando

Los historiadores norteamericanos conservan los nombres de algunos de los soldados mexicanos que participaron en la batalla, uno de

ellos fue Dolores Higuera, alias “el güero”, que lanceó de muerte al capitán Benjamín D. Moore y al teniente Thomas C. Hammond, además, tumbó de su caballo a Gillespie, lo hirió gravemente y no lo remató porque soltó la lanza para poder quedarse con la montura guarnecida con plata del estadounidense; se dice que al término de las hostilidades, el güero quiso devolverle su silla al oficial norteamericano, pero éste no la aceptó diciendo que a ella le debía la vida. Otro mexicano que participó en la batalla fue Leandro Osuna, que también lanceó al capitán Moore, según lo dicho por Philip Crosthwaite, voluntario bajo las órdenes de Gillespie25.

A la izsquierda, Pío de Jesús Pico, último gobernador mexicano de la Alta California, su esposa Ma. Ignacia Alvarado y dos sobrinas. A la derecha, Andrés Pico. Cort. de San Diego Historical Society

La pequeña fuerza de Andrés Pico, que tenía cercados a los norteamericanos se tuvo que retirar; los yanquis siguieron reforzándose, y ya con un dominio casi completo de la región, la condición de seguros vencedores los llevó a exigir a los civiles la entrega de caballos y ganado; demandas que en muchos casos se convirtió en verdaderos saqueos y abusos, lo que hizo que algunos rancheros hicieran un último esfuerzo cuando menos para conservar sus bienes. El 8 de diciembre de 1846, el recién electo alcalde de Hierba Buena, Washington A. Bartlet y cinco de sus hombres se dirigieron a los ranchos cercanos en busca de ganado; Francisco Sánchez, del rancho San Pablo, reunió un pequeño grupo de amigos, capturó a Bartlet con sus acompañantes y se dirigió a las colinas próximas; al poco tiempo se le unieron otros vecinos y llegó a tener bajo su mando a unos cien hombres. Enterado de la situación el mando norteamericano envió cien soldados para sofocar aquella rebelión, el 2 de enero de 1847 se encontraron las dos fuerzas en los llanos de Santa Clara, y después de un tiroteo de varias horas en el cual resultaron dos norteamericanos heridos y ningún mexicano lesionado, Sánchez se retiró a la serranía; poco después mandó representantes para acordar la paz, y aunque su rendición fue incondicional, extraoficialmente logró la promesa del comandante extranjero de que las propiedades de los civiles sólo serían tomadas con las debidas formalidades. Así concluyó uno de los últimos movimientos de resistencia contra las fuerzas invasoras en la Alta California26.

Los yanquis se fueron reponiendo y vencieron el 8 de enero de 1847 a José María Flores en San Gabriel, y al siguiente día en La Mesa; recuperaron Los Ángeles el 10, y finalmente, el 13 de enero de 1847 Andrés Pico y sus hombres se rindieron, pero no a Stockton ni a Kearny, sino a John C. Frémont en el Paso Cahuenga, en lo que hoy es “Lankershim Bolulevard” en Hollywood27. Flores no se rindió y escapó a Sonora junto con Manuel Castro, Juan y Tomás Soberanes, Francisco Limón y Diego Sepúlveda.

Actualmente, por alguna extraña razón, existe en Tijuana una importante avenida con el nombre del ex gobernador Pío Pico, que si llevara el nombre de su hermano Andrés, se justificaría plenamente. Por su parte, el gobierno norteamericano levantó un monumento en donde se libró la batalla de San Pascual, con una placa en la que están los nombres de los soldados y oficiales americanos que allí perdieron su vida; cabe señalar, además, que los historiadores norteamericanos han exaltado la hidalguía y valor de don Andrés Pico y sus lanceros en el célebre combate, evento prácticamente ignorado en los textos de historia mexicanos.

La invasión al sur de Baja California

Al fin de las hostilidades en Alta California, la flota norteamericana se ocupó en bloquear Mazatlán y San Blas, cañoneó Guaymas, llegó a La Paz en septiembre de 1846, y para marzo de 1847 había desembarcado a sus hombres en San José del Cabo, Cabo San Lucas, La Paz; Mulegé, único lugar en donde fueron rechazados, Todos Santos y San Antonio. Las fuerzas de ocupación en La Paz estuvieron bajo las órdenes del teniente coronel Henry S. Burton a partir del 15 de julio, aunque desde el 14 de abril de 1847 el jefe político y comandante militar en La Paz coronel Francisco Palacios Miranda28, entregó la plaza oficialmente y sin combatir al comodoro John B, Montgomery a cambio de derechos de ciudadano de los Estados Unidos, así como el derecho a preservar sus propias leyes y funcionarios, acción a la que se unieron importantes personalidades del poblado. Desde que se supo la vergonzosa actitud de Palacios, en una reunión

en Santa Anita efectuada el 15 de febrero de 1847, asumió el gobierno el primer vocal de la diputación territorial Mauricio Castro, quien decidió resistir en ese poblado y logró hostigar al enemigo con los pocos hombres que logró reclutar. Por su parte, al saber de la traición de Palacios Miranda, el gobierno mexicano nombró a Manuel Pineda para reemplazarlo como comandante militar en Baja California.

El 21 de julio, 115 hombres de las compañías “A” y “B” de los voluntarios de Nueva York desembarcaron del “Lexington” en La Paz, bajo las órdenes del Teniente Coronel Henry S. Burton, y según los norteamericanos fueron bien recibidos por la mayor parte del pueblo.

Aunque los bloqueos marítimos de los invasores en los puertos mexicanos del Pacífico habían sido poco efectivos, era importante para ellos mantener la presión y vigilancia en todo el litoral, por lo que el “Dale” zarpó hacia el sur con ese objetivo a mediados de septiembre, y al tocar La Paz, Burton pidió a su capitán Thoms O´Selfridge que se detuviera antes en Mulegé para exigir a sus habitantes la rendición del poblado. El teniente Manuel Pineda fue nombrado por el gobierno mexicano para tratar de detener la ofensiva norteamericana; el 15 de agosto de 1847, el ayuntamiento de Mulegé pidió por medio de una carta ayuda al gobernador de Sonora José María Gándara y al comandante Antonio Campuzano, quienes respondieron generosamente entregando a Pineda algunas armas y parque para la defensa. Los invasores en el “Dale” llevaban además una lancha artillada, que les permitió penetrar por el arroyo tierra adentro, pero fueron rechazados por las fuerzas nacionales en varios intentos, lo que se narra más adelante.

Aunque hubo actitudes por parte de algunos sectores del pueblo y sus funcionarios hacia los norteamericanos que podrían considerarse actos de traición29, también es cierto que en casi todos los poblados se empezó a organizar la resistencia, habiendo destacado entre otros patriotas Vicente Mejía en Mulegé, Jesús Avilés y el padre Vicente Sotomayor en San Ignacio, el padre Gabriel González de Todos Santos, además de don José Matías Moreno quien, procedente de la Alta California vía Sonora formó las Guerrillas Guadalupanas de Comondú “Defensores de la Patria”30.

Después del combate con los marineros del Dale, Pineda y su pequeña tropa se dirigieron a La Paz, mientras que en Todos Santos, el padre presidente de las misiones dominicas Gabriel González distrajo a los marinos extranjeros con buena plática y sabrosos vinos, y secretamente envió un mensaje a Pineda para que emboscara a los invasores cuando regresaran hacia San José del Cabo, lo cual no se logró porque el comandante mexicano nunca recibió el comunicado del misionero.

El 16 de noviembre de 1847, de 200 a 300 guerrilleros31 de Pineda atacaron a los norteamericanos que ocupaban La Paz, y otros a los de San José del Cabo; en el primer caso, al siguiente día el fuego de dos cañones del enemigo obligó a los soldados nacionales a retirarse a La Laguna, después de sufrir cuatro bajas y una los yanquis, aunque antes quemaron la residencia del ex gobernador Palacios Miranda. Por otra parte, simultáneamente a los hechos narrados, los 150 hombres destinados por Pineda para tomar San José del Cabo llegaron a su destino el 19 de noviembre por la tarde, e intimaron a los invasores bajo el mando de Charles Heywood para que se rindieran, los yanquis se rehusaron y los mexicanos estuvieron a punto de tomar el pueblo, pero confundieron dos barcos balleneros con naves de guerra cuando se aproximaban a la costa, y se retiraron. En estos combates, en la noche del 20 de noviembre el teniente José Antonio Mijares, de origen español, se lanzó contra las fuerzas enemigas tratando de capturar una pieza de artillería, pero fue abatido por la fusilería extranjera, habiendo muerto al siguiente día a causa de las heridas recibidas. Sobre los combates mencionados, el periodista y militar norteamericano E. Gould Buffum reportó: En el mes de noviembre fuimos atacados por una fuerza mexicana de seiscientos bajo el mando de don Manuel Pineda...Durante un severo sitio que duró seis semanas muchos de los rancheros del interior llegaron y se nos unieron, y durante todo este tiempo, una compañía de californios nativos bajo el mando del exgobernador del Territorio don Francisco Palacios peleó bravamente con nosotros y nos proporcionó un servicio esencial...32

Todavía el 27 de noviembre de 1847 Pineda y sus guerrilleros intentaron nuevamente tomar La Paz, pero fueron rechazados; el 8 de diciembre llegaron por mar refuerzos y municiones a los norteamericanos33, y cesó en definitiva el hostigamiento de Pineda sobre el puerto. Los gringos en San José del Cabo recibieron refuerzos de los barcos “Southampton” y “Portsmouth” el 26 de noviembre y 3 de diciembre, respectivamente, y aunque afianzaron su posición, los guerrilleros mexicanos y algunos indios yaquis aún mantenían ocupado casi todo el pueblo; el 22 de enero de 1848 capturaron a ocho soldados norteamericanos cuando trataban de transportar provisiones de la playa a su cuartel, y mantuvieron bajo su control la fuente

de abastecimiento de agua que habían utilizado los invasores34. Todo indicaba que el sitio mantenido con tanto esfuerzo por los guerrilleros en San José surtiría pronto sus efectos, el 11 de febrero, un soldado mexicano mató de un balazo en el cuello al oficial Tenant McLanahan, segundo en el mando después de Heywood, pero poco a poco el poder de fuego del enemigo se dejó sentir en la guerrilla, el 14 de febrero llegó el “Cyane” con más de cien hombres para reforzar a los extranjeros, y los patriotas californios tuvieron que retirarse ahora definitivamente.

En la mañana del 16 de marzo de 1847, 33 norteamericanos a caballo atacaron a los guerrilleros en San Antonio, unos 30 Km. al norte de la sierra La Laguna, que junto con Todos Santos constituían importante refugio para los patriotas, y como resultado del encuentro murieron 3 mexicanos y un norteamericano; los nacionales lograron escapar, incluyendo Pineda en su ropa de dormir, y los extranjeros rescataron a los 8 cautivos que habían sido capturados por la guerrilla mexicana.

El barco de guerra norteamericano ‘Cyane’

El 22 de marzo de 1848, el coronel Burton recibió más refuerzos en La Paz, lo que le permitió atacar a los patriotas en Todos Santos, el 27 una avanzada de 25 extranjeros capturó a Pineda en San Antonio35, y el 2 de abril Mauricio Castro, que lo había reemplazado, fue entregado al teniente del Cyane George L. Selden en Miraflores. Antes de regresar a La Paz llevando aproximadamente cien prisioneros mexicanos, incluyendo a Pineda, Burton mandó unos 50 hombres a Bahía Magdalena bajo las órdenes del capitán Henry Naglee con el propósito de neutralizar a un grupo de guerrilleros mexicanos que habían escapado hacia ese rumbo. Naglee regresó a La Paz el 8 de abril, pero poco antes ordenó que dos de los prisioneros que llevaba fueran fusilados sin justificación alguna, y aunque fue arrestado por haber violado las órdenes que tenía, el presidente Polk lo perdonó y quedó en libertad36.

El 2 de abril de 1848, Mauricio Castro, el último mexicano que técnicamente representó la resistencia final contra los invasores en Baja California, fue entregado a los norteamericanos; dos meses antes, el 2 de febrero de 1848 se había firmado el Tratado de Guadalupe Hidalgo, en el que no se incluía la entrega de Baja California a los estadounidenses. En septiembre de 1848, las tropas invasoras y unos 480 “refugiados” mexicanos que simpatizaban con los yanquis, salieron hacia California en varias embarcaciones; algunas de las personalidades evacuadas fueron, además del exgobernador Francisco Palacios Miranda, el padre dominico Ignacio Ramírez y Arellano, y una nieta de don Manuel Ruiz, María Amparo Ruiz, quien posteriormente se casó con el Coronel Burton y adquirió celebridad años después, al entablar un prolongado litigio por la posesión de los terrenos en que se asienta Ensenada. Muchos de los refugiados mexicanos que se embarcaron en los buques norteamericanos recibieron una indemnización por daños en sus propiedades a causa de la guerra, fueron alimentados gratuitamente por un tiempo, y casi todos se fueron asentando en las principales ciudades de California, principalmente San Francisco. Los voluntarios de Nueva York fueron dados de baja, y algunos de ellos regresaron a Baja California para contraer matrimonio con mujeres nativas de la región.

Algunas operaciones militares como la de Todos Santos, y la eliminación por parte del ejército norteamericano de la poca resistencia de los patriotas mexicanos que quedaban, se efectuaron después de que se firmó la paz, y por extraño que parezca, el gobierno norteamericano no exigió a México la entrega de Baja California, lo que causó gran disgusto entre los militares yanquis que habían participado en la invasión de la península, alegando que era una crueldad e irresponsabilidad abandonar a la Baja California y a los mexicanos que se les habían unido en la guerra, ya que serían objeto de la venganza del gobierno de México.

Como epílogo de este capítulo en el que se han narrado los hechos más destacados en los inicios históricos de la California norteamericana, cabe señalar que muchos estadounidenses se atribuyen cierta exclusividad en la formación de características distintivas y muy particulares de la sociedad contemporánea en esa entidad, sobre todo en lo que se refiere a dos aspectos: la decidida aspiración y búsqueda de una vida mejor para las familias y el pueblo en general, aunque se tenga que luchar contra los más serios obstáculos; y un criterio esencialmente pragmático en la selección de los caminos o vías para conseguir lo mencionado. Esta especial autovaloración que los modernos californianos hacen de su proceso formativo social se corrobora con la existencia de cientos de películas y novelas en las que merecidamente se exaltan valores como el heroísmo y determinación de los primeros colonos que arribaron procedentes del este de la Unión Americana, en búsqueda de esa especie de tierra prometida que era California.

Sin embargo, aun con lo poco que se ha relatado hasta ahora sobre la historia de la Alta California, tiene que admitirse que los colonizadores españoles, criollos y mexicanos provenientes del sur durante la época colonial y después en el México independiente, fueron los verdaderos pioneros en esa tierra nueva, y realizaron aportaciones nada despreciables para la consecución de los valores señalados en el párrafo anterior, sobre todo porque fueron ellos quienes sí exploraron y colonizaron antes que nadie aquella última frontera, virgen y hostil, y el aislamiento de su población durante la primera mitad del siglo XIX, mayor al que tuvo después la Alta California respecto al este norteamericano, fue factor que influyó en el posterior surgimiento de un pueblo sui géneris en su desarrollo social y político, comparado con las demás entidades de la Unión Americana. Por cierto que de alguna manera y guardadas las debidas proporciones, algo análogo sucedió en Baja California respecto al resto del país, cuando el Distrito Norte de Baja California casi fue una entidad políticamente autónoma, en el tiempo del Coronel Esteban Cantú, y desde entonces hasta la fecha el Estado ha sido polo de atracción para miles de mexicanos que abandonan su terruño para venir a esta tierra en busca de una vida mejor, lo que en parte es un reflejo indirecto de lo que ocurre en la California norteamericana.

La Batalla de Mulegé

Después de apoderarse de la Alta California, los norteamericanos se dirigieron con parte de su flota a las aguas del sur de la península, y para marzo de 1847 habían desembarcado en San José del Cabo, San Lucas y Mulegé; sin embargo, en este poblado, los 60 invasores que asaltaron el puerto apoyados por el fuego de la corbeta U.S. Dale y una lancha artillada, fueron rechazados por los voluntarios que comandaba el capitán Manuel Pineda, quien había recibido el mando militar en substitución del coronel Francisco Palacios Miranda. Sobre el enfrentamiento entre yanquis y mexicanos, se sabe que el teniente Tunis A. M. Craven, de las fuerzas invasoras, exigió a Pineda la rendición de la plaza, a lo cual el oficial mexicano contestó en los términos que se transcriben en parte: …Impuesto de las Capitán Manuel instrucciones que Ud. puso al juez de este pueblo, debo decirle que Pineda esta plaza está sostenida por fuerzas mejicanas que tengo el honor de mandar, y que jamás será neutral, ni verá con indiferencia la guerra injusta de los Estados Unidos a la República Mejicana, a que pertenezco…..Protesto contra Ud. ante las naciones de Europa que no debió Ud. tener su bote… fondeado en este puerto con el pabellón inglés, aunque después mandó izar el de los Estados Unidos….Si el ex jefe político don Francisco Palacios Miranda por su cobardía se mostró neutral….esta comandancia será todo lo contrario: conservará toda comunicación con su Gobierno Mejicano, aunque toda la flota de los Estados Unidos quiera impedirlo. 37.

El 1º. de octubre de 1847 Craven insistió, pero la respuesta volvió a ser negativa. Fue entonces que se libró la batalla en la cual, según el parte de Craven al comandante Selfridge que estaba al mando de la “U.S. Dale”, todo fue un simple tiroteo que no pudo terminar en una victoria para los estadounidenses debido a que los mexicanos buscaron refugio en las montañas y la obscuridad impidió la persecución. El Capitán Pineda informó a sus superiores que.…_la dicha corbeta tiró 135 tiros de metralla, bala rasa y granadas, y las lanchas treinta y tantos.…,_ lo cierto es que el enemigo, a pesar de su superioridad en número de hombres y poder de fuego, tuvo que retirarse con el pretexto de que la noche estaba cayendo. Toda esta acción tuvo lugar cerca de la desembocadura del río Santa Rosalía, en las proximidades de El Sombrerito, elevación en la que se levantó después el faro de Mulegé. Esta victoria de los mexicanos, entre los que estaban los padres Vicente Sotomayor y Gabriel González, fue un estímulo para la resistencia del pueblo del sur de la península contra los norteamericanos, quienes tuvieron en esta acción su primer fracaso militar en Baja California; después sucedieron los hechos que ya se han mencionado, Pineda y la guerrilla de José Matías Moreno fueron rechazados en dos ataques sobre La Paz, y se perdieron San José del Cabo y demás poblaciones, pero lo importante fue que el hostigamiento de los guerrilleros mexicanos en contra de los norteamericanos y sus partidarios, los convenció de que no sería tan fácil extender el conflicto por mucho tiempo, además de que la paz ya se había firmado.

Arriba, un aguaje en Baja California; a la derecha, tropa norteamericana en un lugar montañoso del sur peninsular. Los dibujos se encuentran en la obra de William Redmond Ryan “Personal Adventures in Upper and Lower California”, después de las páginas 98, 140 y 186, respectivamente, y corresponden a la época de la invasión norteamericana a la península


  1. Los barcos que a partir de 1788 tuvieron contacto más frecuente con los habitantes de Alta California procedentes de Boston y Nueva York fueron el Otter, el Lelia Byrd, el Alexander, el Hazard, el Phoenix, el Eliza, el Betsy, el Enterprise, y el O´Cain, algunos de los cuales también tocaban San Quintín y otros lugares de la costa de Baja California. ↩︎

  2. Lassépas, op.cit., pp. 308 y 195. ↩︎

  3. M. Gpe. Vallejo y J. Castro se aprovecharon de la inconformidad que algunos vecinos de Monterrey mostraron con las tropas traídas por Micheltorena para la defensa de California, y alentaron la repulsa del pueblo, lo que obligó al gobernador a abandonar California con sus soldados. Según algunos historiadores, Micheltorena pudo haber derrotado fácilmente a sus opositores, pero no quiso causar derramamiento de sangre y se embarcó con destino a San Blas. ↩︎

  4. Había tan poca pólvora en Monterrey que no se podía saludar con los usuales cañonazos a los barcos que entraban a la bahía. ↩︎

  5. El nieto de Sutter, Reginald, aclaró que su abuelo nunca sirvió en el ejército francés. “The Diary of Johann August Sutter, with an Introduction by Douglas S. Watson”. “The Grabbhorn Press”, 1932. ↩︎

  6. Lassépas, Op.cit., pp. 195 y 308. ↩︎

  7. Richard H. Peterson, biógrafo de Sutter, afirma que éste fue cruel e inhumano con los indios, a muchos de los cuales prácticamente esclavizó, además de que vendió o regaló niños indígenas para pagar sus deudas o congraciarse con quien más le convenía. Revista “Wild West”, Feb. 2001, en su artículo “Westerner”. ↩︎

  8. Thomas Larkin fue agente confidencial de James Buchanan, Secretario de Estado en el gabinete del presidente Polk; una de sus tareas fue elaborar una lista de californios dispuestos a traicionar a México llegado el momento de una invasión norteamericana, en esa relación estaban entre otros, Mariano Guadalupe Vallejo, Jacob P. Leese, Abel Stearns, J. Warner, John Sutter y el propio José Castro, comandante en Monterrey, aunque a éste sólo se le mencionaba como alguien que consideraba a la Alta California un territorio que no permanecería por mucho tiempo bajo la soberanía de México. Por otra parte, se supo que James Alexander Forbes fue enviado a California con una oferta de 10 000 dólares para comprar el apoyo de Castro, pero éste la rechazó. “California, An Interpretive History”, 5ª. Edición, McGraw Hill, 1998, p. 71. ↩︎

  9. Algunos autores afirman que el presidente Polk ordenó a Frémont iniciar la conquista de California. ↩︎

  10. El 24 de abril de 1846, soldados de México dispararon contra los norteamericanos que se hallaban en la zona entre los ríos Nueces y el Grande, pues México no aceptaba el tratado de Velasco, por el cual Santa Anna, prisionero de los yanquis, había reconocido ese territorio como propiedad de los Estados Unidos ↩︎

  11. Vallejo era partidario de los norteamericanos, y cuando fue aprehendido lo acompañaba su yerno Jacob P. Leese. Cuando fueron trasladados a Fuerte Sutter, Frémont prácticamente arrebató el mando a Sutter y dispuso que Vallejo fuera confinado en una pequeña celda, en donde pasó dos meses prisionero. ↩︎

  12. William B, Ide fue uno de los norteamericanos que participó en la captura de Vallejo en Sonoma. ↩︎

  13. Los barcos venían de Mazatlán, en donde habían anclado para poder comunicarse con Washington por medio del cónsul norteamericano del poblado. ↩︎

  14. Era tan evidente la intención de los colonos norteamericanos de apoyar la anexión de la Alta California a los E.U., que en abril de 1840 el gobernador Alvarado ordenó el arresto de muchos norteamericanos que fueron llevados prisioneros a San Blas. ↩︎

  15. Cuando los Californios obligaron a Gillespie a abandonar Los Ángeles el 24 de septiembre de 1846, el comandante extranjero se dirigió con sus hombres a San Pedro, en el camino encontró refuerzos de Stockton y regresó a Los Ángeles, pero bajo el liderazgo de José Carrillo, los californios desenterraron un viejo cañón que habían escondido, lo amarraron al sistema rodante de una carretela, y todos a caballo se enfrentaron a la infantería de Gillespie, disparaban su cañón contra las líneas norteamericanas causándoles bajas, luego retrocedían a sabiendas que los extranjeros a pie nunca los alcanzarían y volvían a disparar su pieza contra el enemigo. De esta forma causaron algunas muertes a los norteamericanos sin perder un solo hombre, lo que obligó a los invasores a retirarse. Los Ángeles quedó bajo control mexicano por 3 meses. ↩︎

  16. El 7 de octubre de 1846 los marinos yanquis avanzaron sobre Rancho Domínguez, Flores ordenó a José Antonio Carrillo enfrentarlos, lo que hizo con éxito al causarles 14 muertos sin sufrir una baja. Los invasores fueron engañados por la tropa mexicana al darles la impresión de que era muy numerosa, al producir grandes polvaredas en las lomas cercanas. ↩︎

  17. Bancroft, “History of California”, Vol, 5, pp. 403, 404. ↩︎

  18. Kearny fue nombrado para ir con tropas a California el 30 de mayo de 1846. ↩︎

  19. Kearny tomó Nuevo México sin disparar un tiro, pues las fuerzas mexicanas de esa provincia se retiraron hacia el sur sin combatir. ↩︎

  20. Flores llegó a California como secretario de Micheltorena. Finalmente huyó a Sonora y se unió al ejército mexicano. ↩︎

  21. Se ha dicho que Andrés Pico no salió al encuentro de Kearny, sino que cuando acampaba cerca de San Pascual, sus vigías descubrieron una avanzada norteamericana que llegó con gran ruido a la ranchería india para informarse sobre la posición de los lanceros mexicanos, y al darse cuenta de la situación de la tropa invasora, decidió atacarla. ↩︎

  22. Pieza de artillería pequeña que dispara proyectiles con elevado ángulo de ascenso, contra blancos cercanos. ↩︎

  23. Kearny murió en Missouri en 1848, después de unas fiebres que adquirió en Veracruz, o según algunos autores, a consecuencia de las heridas sufridas en la batalla de San Pascual.; revista Calafia, Vol. VII, abril de 1998, p. 6. Las Californias, Adalberto Walther Meade. ↩︎

  24. El lugar en el que los norteamericanos sitiados comieron carne de sus mulas se nombró Mule Hill↩︎

  25. Eldredge, Zoeth Skinner; Op. cit., Nota 35. ↩︎

  26. “History of California”, Bancroft, p.p. 378-383. ↩︎

  27. La firma se hizo sobre la mesa de la cocina en la casa de adobe de Tomás Feliz, escrito el documento en español e inglés por José Antonio Carrillo. ↩︎

  28. Palacios Miranda había prometido “neutralidad” al capitán del “Cyane” Samuel F. Du Pont cuando éste viajaba hacia el sur. ↩︎

  29. No sólo en el sur de Baja California hubo gente destacada de la comunidad que se mostró amistosa con los invasores, pues en el norte, don Juan Bandini mantuvo a los yanquis y fue obsequioso con ellos en su rancho de Tecate, y su esposa, durante la marcha a San Diego con los extranjeros, a petición del oficial que mandaba la columna, elaboró una bandera norteamericana con telas de la ropa de sus niños. Por esta acción, el Comodoro Stockton la llamó para agradecerle su ayuda. History of California. Helen Elliott Bandini, p. 145. ↩︎

  30. Los guerrilleros de Moreno eran unos 60 rancheros de la región. ↩︎

  31. La estimación que hace Burton es de 300, lo que evidentemente resulta exagerado. House Executive Document 1, pp. 108- 111. ↩︎

  32. E. Gould Buffum, op.cit. p. 171. El número de soldados mexicanos fue muy exagerado por el periodista y militar norteamericano. ↩︎

  33. Además de un lanchón con parque y provisiones, el Coronel Burton recibió en La Paz ayuda transportada por el “Cyane”. ↩︎

  34. Los reportes norteamericanos indican que unas cincuenta personas entre mujeres y niños mexicanos, se encontraban refugiados en el cuartel, lo que agravaba la situación. ↩︎

  35. Se dijo que Pineda estaba en el poblado atendiéndose una mano herida, resultado de una pelea personal con un miembro de la familia Castro, “Personal Adventures in Upper and Lower California”; W. Redmond Ryan; p. 143. ↩︎

  36. Naglee era cruel hasta con sus propios soldados, lo que provocó algunos motines de los voluntarios de Nueva York. ↩︎

  37. “A History of Lower California”, Pablo L. Martínez, traducción. de Ethel Duffy Turner; México, 1960; pp. 356-357. ↩︎