…Ata la red en tu cintura para que deposites las ostras, afianza tu bastón en la diestra y bucea hasta lo profundo, luego te recompensaré, y aún restando el quinto del Rey, y las perlas de la Virgen, yo obtendré grandes ganancias…
El primer viaje de Vizcaíno
El anterior virrey don Luis de Velasco sabía que para proteger el extenso territorio de California contra las acechanzas de las potencias europeas, había que ocuparlo con una población estable, que trabajara en actividades productivas propias de la región, pero dada la permanente escasez de agua, la agricultura y aun la ganadería estaban lejos de ser quehaceres redituables para cualquier colonia que se estableciera. Sin embargo, sí había una riqueza que desde los viajes de Fortún Jiménez y Hernán Cortés se conocía en toda la Nueva España, que había despertado la codicia de marineros, soldados y mercaderes: las perlas, que yacían en el fondo de las aguas del golfo y eran extraídas ocasionalmente por los nativos para hacerse adornos personales.
Algunos aventureros, sin la autorización del gobierno virreinal, llegaron a establecer campamentos provisionales a orillas del Mar de Cortés para extraerlas, empleando los servicios de indios a quienes explotaban sin piedad, pero nunca progresaron como poblaciones estables, y fue en este contexto que el virrey Luis de Velasco, otorgó en 1595 a varias personas entre las que estaba el marino y militar de origen vasco Sebastián Vizcaíno, mencionado en el capítulo anterior, la autorización para que se dedicara a colonizar aquellas tierras, aunque la extracción de perlas también era propósito importante. Se iniciaron los preparativos, pero hubo un desacuerdo entre quien presidía el grupo y sus socios, el asunto se fue a la corte, y antes de que se dictara un fallo murió el líder del grupo. Un juez ordenó que la expedición partiera dentro de los siguientes tres meses, y aprovechando la ocasión Vizcaíno solicito al Virrey la autorización para ir al mando de la expedición, la cual le fue otorgada. El 5 de octubre de 1596, Luis de Velasco fue substituido por Gaspar de Zúñiga y Acevedo, Conde de Monterrey, quien en principio consideró que Vizcaíno no reunía las condiciones necesarias para una responsabilidad tan grande. A pesar de esto, por razones jurídicas el nuevo virrey tuvo que ratificar el nombramiento del navegante vasco1. Realmente Vizcaíno tenía experiencia no sólo como navegante, ya que en varias ocasiones había hecho el recorrido completo de Filipinas a Acapulco en el galeón de Manila, sino que también había sido soldado y ahora tenía éxito como hombre de negocios; ahora, junto con sus compañeros de empresa, vieron aquí la oportunidad de hacer fortuna, aunque la inversión tendría que ser elevada.
Para marzo de 1596, la flota integrada por el “San Francisco”, el “San José”, otro navío pequeño y una lancha, zarparon de Acapulco, vía Salagua Islas Mazatlán, rumbo a Cabo San Lucas; además de la tripulación iban cuatro padres franciscanos, un buen número de soldados algunos con sus esposas, y varios caballos. De San José del Cabo siguieron a Santa Cruz, en donde desembarcaron; los españoles fueron bien recibidos por los indios por lo que Vizcaíno rebautizó el lugar como La Paz, y dispuso el establecimiento de una colonia. Primero ordenó la construcción de un pequeño fuerte rodeado de una estacada, luego algunas casas con ramas de los árboles y una iglesita, todo en el mismo lugar que había ocupado el antiguo asentamiento establecida por Cortés hacía más de 60 años.
Vizcaíno dejó en la colonia a los hombres casados y al “San Francisco”, que se había averiado al encallar cerca de la isla de Cerralvo, y zarpó el 3 de octubre con 80 hombres en el “San José” y la lancha hacia el norte por el golfo de California, navegó hasta los 27 grados de latitud, pero los vientos del noroeste y el mal tiempo le impidieron continuar el viaje y prácticamente no pudo desembarcar ni hacer estudios del litoral. En algún lugar de la costa, después de haber navegado unos 450 km., saltaron a tierra 50 hombres para hacer un reconocimiento del lugar y se encontraron con un grupo de indios hostiles; en un momento dado un soldado hirió a un indígena al dispararle su arcabuz, una flecha de los nativos alcanzó a un marinero en la nariz, y en el pánico el bote se hundió resultado de lo cual murieron 19 de los españoles, unos por herida de flecha y otros ahogados al tratar de alcanzar su barco2.
Vizcaíno se vio obligado a regresar a La Paz; la colonización y la empresa perlífera pudieron haber progresado, pero coincidieron la falta de víveres con la sucesión de varias tormentas que impidieron el aprovisionamiento de los colonos, por lo que el 28 de octubre o en diciembre de 1596, según otras versiones, los enfermos y los inconformes regresaron a la Nueva España en dos de los barcos. Sin la presión que aquellos representaban, Vizcaíno hizo un último intento por explorar el Golfo, y zarpó hacia el norte con 40 hombres en el “San José”, tal vez alcanzó los 29 grados de latitud, pero las tormentas y el destrozo en el timón de su pequeño barco hicieron imposible continuar el viaje, y después de 60 días de navegación, se vio obligado a regresar a las islas Mazatlán.
El viaje fue un fracaso, pero el informe optimista que hizo Vizcaíno, sobre todo al referirse a las perlas y el oro de Californias, la determinación de la corona de sentar definitivamente sus reales en la costa noroccidental del continente, la búsqueda de un puerto de socorro para el Galeón de Manila, así como la localización del Estrecho de Anián, fueron motivos suficientes para que en 1599, Felipe III ordenara al virrey Gaspar Zuñiga y Acevedo, que sin escatimar recursos se hiciera un viaje para el estudio y demarcación de la costa occidental de California, desde Cabo San Lucas hasta Cabo Mendocino3, llevando provisiones para nueve meses de navegación, se buscaría el puerto que tanto se deseaba para que hiciera escala el galeón de Manila, se intentaría encontrar el estrecho de Anián, y se estaría advirtiendo con estas acciones a las naciones europeas que California y sus mares pertenecían a España. Los barcos empleados serían de poco calado, ya que la experiencia en viajes anteriores había demostrado la inutilidad de los barcos pesados para penetrar a estuarios, pequeñas ensenadas y lagunas litorales de poca profundidad. Se hicieron todos los preparativos y la flotilla quedó integrada por el San Diego como Nave Capitana, al mando de Vizcaíno con el nombramiento de general; el Santo Tomás, al que se referían como La Almiranta, comandado por Toribio Gómez de Corbán, la fragata Tres Reyes, cuyo capitán era Sebastián Meléndez, y una lancha larga que permitiría el acceso y desembarco en lugares difíciles de la costa.
El contingente era de unos 200 hombres4 entre marinos, soldados y 3 frailes carmelitas, uno de los cuales, Antonio de la Ascensión, era cosmógrafo y se constituyó después en relator del viaje; iban también como jefe cosmógrafo el capitán Gerónimo Martín de Palacios y el teniente Gaspar de Alarcón, con los que quedaba integrado un equipo científico de primer orden por su experiencia y preparación; Antonio de la Ascensión, por ejemplo, había estudiado navegación en el Colegio de San Telmo, en Sevilla, y era cosmógrafo egresado de la Universidad de Salamanca; mientras que sus compañeros no le iban a la zaga en créditos académicos. Es pertinente mencionar que en este viaje iba también el hijo del general, Don Juan Vizcaíno.

Gaspar Zúñiga y Acevedo, Conde de Monterrey
Después de una prolongada preparación para el viaje, el 5 de mayo de 1602 zarpó la expedición de Acapulco, llevando como patrona protectora a la Virgen del Carmen, y tras muchas dificultades en la navegación, pudo llegar a San José del Cabo el sábado 8 de junio, aunque la bahía en que anclaron fue bautizada como San Bernabé; aquí encontraron a un centenar de nativos hospitalarios, que les obsequiaron pieles de tigre y venado5, a cambio de los pequeños regalos que los españoles les dieron; es probable que lo que Vizcaíno creyó que eran pieles de tigre, hayan sido de león de montaña o puma. Aunque el 19 de junio zarparon de San Bernabé, en reiteradas ocasiones debieron regresar a tierra obligados por el mal tiempo; finalmente el 5 de julio lograron proseguir hacia el norte para hacer el registro de todos los accidentes geográficos del litoral; la lancha larga se consideró un estorbo y fue dejada cerca del puerto.
Vizcaíno debió esforzarse para no omitir detalle en el registro y descripción de la islas, arrecifes, bahías y puntas, que en interminable sucesión se iban presentando ante su vista, sobre todo de Bahía Magdalena en adelante, aunque la monótona aridez del paisaje costero que hasta ahora se había contemplado se rompería con frecuencia por el verdor de los extensos manglares. Fueron muchas las veces que involuntariamente se separaron las embarcaciones, o debieron regresar a tierra a causa de los vientos contrarios, o tuvieron que tomar agua de mala calidad, pero Vizcaíno supo sortear tan graves situaciones tomando las decisiones adecuadas, y la navegación siguió conforme lo planeado.
El 20 de julio de 1602 los viajeros llegaron al sitio que Cabrillo llamó Puerto de San Pedro, en donde desembarcaron; se celebró una misa el día de Santa Magdalena6 y Vizcaíno asignó ese nombre al lugar, el cual perdura hasta nuestros días. En aquel día, la preocupación mayor era que uno de los barcos no llegaba.. El general ordenó al cosmógrafo que hiciera los estudios necesarios de la bahía, gracias a lo cual se pudo levantar el primer mapa de esta zona.7 Aquí los españoles tuvieron contacto amistoso con los numerosos indígenas de la región, tal como lo dice el cronista Jerónimo Palacios, de quienes recibieron indicaciones sobre los lugares en los que podían encontrar agua dulce; ésta resultó de muy mala calidad y se encontraba a media legua de la playa, pero aún así los marineros cargaron sus recipientes dada la urgencia que tenían. Según Vizcaíno, los indios que encontraron eran robustos, comían pescado y maíz8 y vivían en rancherías; además, hacían cercos de palos en ciertos lugares de la playa, lo que les permitía atrapar gran número de peces.
El sábado 27 de julio de 1602, después de haberse reencontrado los barcos, zarpó la expedición de Bahía Magdalena rumbo a Isla de Cedros, pero la falta de viento y la marea impidieron la salida hasta las 9 horas del domingo; prevalecía el buen ánimo, pero la escasez de agua seguía siendo un serio problema. Al seguir costeando hacia el noroeste, el 9 de agosto divisaron a tiempo unos peligrosos arrecifes cerca de una punta, a los que Vizcaíno nombró “Los Abreojos”, con la evidente intención de que los navegantes que en el futuro pasaran cerca del lugar tuvieran el cuidado necesario9. El 13 de agosto navegaron por una bahía muy abierta que el general bautizó como San Hipólito, por ser esa fecha la celebración del santo, y a las 17 horas del día 14 estuvieron en una bahía que llamaron Asunción, por celebrarse el 15 la fiesta de Nuestra Señora de la Asunción.
A hora temprana del día 15 de agosto, obedeciendo la orden del general, Pascual de Alarcón desembarcó con algunos soldados y marineros y aunque encontró varios aguajes gracias a las indicaciones de unos indios que se encontraban en la playa, el agua era de mala calidad. Al saber la mala noticia, y comprendiendo que reanudar la navegación sin agua era un grave riesgo, Vizcaíno mandó a Martín de Aguilar y cuatro soldados que exploraran por la costa; esa misma tarde regresaron los exploradores, reportando que a un poco más de dos leguas había agua de buena calidad y una salina, lo que produjo gran alegría en toda la gente. Zarparon nuevamente costeando hacia el noroeste, pasaron cerca de las islas Asunción y San Roque a las que Vizcaíno les dio nombre, y anclaron entre estas y la tierra firme, aquí desembarcaron algunos hombres junto con Aguilar, con herramienta para excavar pozos y un tubo. Encontraron los aguajes sin dificultad y pudieron llenar treinta cuartos y doscientas botellas con agua buena, aunque tuvieron mucho trabajo para llevarla al barco por lo encrespado del mar. En este lugar algunas rancherías en las que encontraron indios haciendo sandalias con la piel de lobos marinos. Los expedicionarios continuaron su viaje haciendo los reconocimientos de la costa, desembarcando cuando era posible para obtener agua y leña, y asignando nombres a bahías e islas, casi todos los cuales se conservan hasta la fecha.

Mapa 22. Viajes de Sebastián Vizcaíno, 1596 y 1602-1603. Adapt. en mapa Google Earth, Antonio Ponce Aguilar
1596, ida: ➞ Regreso: ⇢
1602, ida: ➞ Regreso del Santo Tomás: ⇢ Regreso del Vizcaíno: ⇢
- San José del Cabo
- La Paz
- Bahía Magdalena
- Ensenada
- San Diego
- Islas Santa Catalina
- Monterrey
- Bahía Drake
- Cabo Mendocino
El 27 de agosto de 1602, luchando con vientos contrarios llegaron a la altura de la actual Punta Eugenia, llamada por Vizcaíno Punta de San Eugenio, e isla Natividad, y el sábado último del mes anclaron en aguas de Isla de Cedros, llamada Cerros por los navegantes de la época. Aquí, después de 41 días de permanecer separada una de las embarcaciones, se reunieron nuevamente con gran alegría de todos. En los primeros días de septiembre se hicieron exploraciones de la isla, así como en la de Natividad, y se cargaron agua y leña antes de continuar el viaje hacia Cabo Mendocino, lo que se hizo hasta el lunes 9 de septiembre.
El viernes 13 de septiembre se encontraron en una bahía en la que pescaron gran cantidad de pescado blanco, por lo que la llamaron Ensenada del pescado Blanco, y que hoy es Bahía Blanca, apenas arriba de los 29º 5´ N.. Tal vez el 1º o el 2 de octubre estuvieron a la altura de la Bahía del Rosario, en la isla que fue nombrada San Gerónimo, pero tuvieron que regresar hacia el sur por el mal tiempo.
El 12 de octubre de 1602, los barcos arribaron a una gran bahía, la actual San Quintín que Cabrillo había bautizado como Puerto de la Posesión, y el general dispuso que la fragata entrara a la bahía e hiciera las mediciones de profundidad y demás registros necesarios. Los españoles fueron muy bien recibidos por gran número de indios pescadores en una veintena de canoas; en una de sus acostumbradas aportaciones etnográficas, Vizcaíno menciona que los cordeles usados por los indios californios en la pesca estaban más bien torcidos que los de los españoles, y que el teniente Juan de Alarcón y doce arcabuceros visitaron 3 rancherías en las que los nativos se condujeron como si hubiesen conocido a los viajeros blancos por mucho tiempo10. Los viajeros encontraron agua dulce en abundancia, leña y gran variedad de pescados, el tiempo era agradable, lo que hizo decir al navegante vasco que ese lugar tenía el mejor clima del mundo11.
Después de ocho días de estancia en aquel lugar, la flotilla zarpó rumbo al norte el domingo 20 de octubre, y por ser víspera del día de Santa Úrsula y las once mil vírgenes, la gran bahía fue nombrada por Vizcaíno “Bahía de las Once Mil Vírgenes”. Al siguiente día, a las dos de la tarde, la Mfraapgaa2ta3 y la nave capitana se encontraron con la “Almiranta”, después de haberse separado por 28 días. Los detalles del derrotero del viaje y el diario de Vizcaíno refieren en esta etapa de la navegación innumerables peripecias en las que por el mal tiempo los barcos tuvieron que separarse varias veces, en ocasiones a distancias tan grandes como los alrededores de isla Guadalupe, y navegar aparentemente en forma errática.
La flotilla reanudó el viaje, el 27 o 28 de octubre, y al siguiente día tuvieron que refugiarse en una bahía que recibió el nombre de San Simón y Judas o de San Quintín, que corresponde actualmente a Bahía Colonet. Al desembarcar para hacer aguada, los españoles se enfrentaron con indios hostiles, les dispararon sus arcabuces de lo cual resultaron varios muertos, y sólo así pudieron llenar con agua sus recipientes. Es importante aclarar que bahía Colonet fue nombrada San Simón y Judas en los relatos de la época, pero en los planos levantados por los cosmógrafos y pilotos de la expedición, la punta tiene por nombre Cabo de San Quintín; el nombre San Simón y Judas está en el lugar del anclaje, y abajo del mismo, aparece otro nombre para ese lugar: Ensenada de San Quintín. Con el tiempo, se llamó San Quintín al actual sitio, que Vizcaíno llamó inicialmente Las Once Mil Vírgenes.
El 30 de octubre zarparon de San Simón y Judas, hoy bahía Colonet y para el 5 de noviembre ya oscureciendo descubrieron dos pequeñas islas frente a una bahía, el general las bautizó islas de Todos los Santos, y el mismo nombre recibió la bahía, que hoy es Ensenada, anclaron por haber oscurecido y al siguiente día, sin desembarcar con el fin de aprovechar un viento favorable, siguieron su navegación.
El 9 de noviembre de 1602 los navegantes tuvieron a la vista tres islas que Cabrillo había nombrado Islas Desiertas, y que ahora el general nombró San Martín, actualmente Islas de los Coronado12, a los 32º 24´ N. Vizcaíno relata en su diario que le llamó la atención la enorme cantidad de sargazo que había alrededor de las islas.

Mapa de San Diego, elaborado por Enrico Martínez después del viaje de Vizcaíno
El 10 de noviembre de 1602 llegó la expedición a la bahía de San Miguel, nombre que le fue cambiado por San Diego en honor del barco insignia y por haber saltado a tierra en ese lugar el día 12, víspera de la fiesta del referido santo. Vizcaíno escribió en su diario: …Al siguiente día, domingo, el décimo del mes, llegamos a un puerto que debe ser el mejor que se pueda encontrar en el Mar del Sur, ya que además de estar protegido por todos lados….tiene muy buena leña y agua, pescados de todas clases en tierra hay mucha caza, como conejos, liebres, venados, patos reales y muchas otras aves. 13 Durante 10 días que permanecieron en el lugar, los exhaustos marinos pudieron reponerse, reparar las embarcaciones, aprovisionarse de agua dulce y probar el alimento elaborado con bellotas que les obsequiaron los indios, que se comportaron amigablemente.
Reanudaron la navegación el 20 de noviembre, y el 24, víspera de la celebración de Santa Catalina llegaron a las islas que hoy llevan ese nombre, habiendo desembarcado el 27. Aquí entablaron amistad con los nativos, que se acercaron en canoas de cedro y pino muy bien construidas, subieron a bordo en donde recibieron los acostumbrados regalos, después los españoles desembarcaron y fueron tratados con gran hospitalidad. Los indios de estas islas se cubrían con pieles de focas, y les gustaba el trueque y el regateo con los soldados y marineros, de quienes recibían ropa vieja a cambio de pieles, conchas, redes, y cuerdas muy bien torcidas.
En este lugar una mujer le trajo al general dos trozos de seda china en la que se notaba su original belleza y procedencia asiática; interrogada la mujer sobre la prenda, narró a Vizcaíno que la había obtenido tiempo atrás de gente blanca, entre los que se encontraban algunos hombres de raza negra, que habían llegado en un barco que naufragó y fue arrastrado a la costa por una tormenta, un poco más al norte; esto hizo pensar al navegante que la tela debió estar entre los objetos rescatados por los nativos del “San Agustín”, hundido muchos kilómetros al norte; es posible que tela se haya ido intercambiando de tribu en tribu hasta llegar a las manos de esta mujer. El 1º de diciembre zarpó nuevamente la expedición de Santa Catalina, y el siguiente día pasaron por el canal de Santa Bárbara.

Mapa de Puerto de los Reyes, actual Bahía Drake, dibujado por Enrico Martínez, a donde llegó Vizcaíno el 5 de enero
En esta parte de su viaje, los expedicionarios tuvieron contacto con indios de las islas y de tierra firme, y siempre fueron tratados amistosamente, intercambiaron obsequios, los nativos siempre insistieron en recibirlos en sus rancherías, y los españoles se impresionaron por la excelente construcción de sus canoas14, así como las bateas y cerámica que usaban.
El 16 de diciembre llegaron a una bahía abierta a la que el capitán puso por nombre Monterrey, en honor al virrey de la Nueva España, Gaspar de Zúñiga y Acevedo, Conde de Monterrey. Cuando desembarcaron el día 17 en aquel bonito lugar, se impresionaron muy favorablemente por los grandes árboles, la fauna abundante y la gran cantidad de agua dulce, lo que posiblemente influyó para que después, en los informes rendidos se exageraran las bondades que la bahía ofrecía como puerto. Ese día improvisaron una iglesia con una lona, bajo un encino casi pegado a la playa, y en la misa que se dijo deben haber recordado a los hombres fallecidos en lo que se llevaba del viaje. Aquí también los españoles se relacionaron muy amigablemente con los nativos.
Después de tantos meses embarcados, muchos marineros estaban enfermos o incapacitados para el trabajo, por lo que el general dispuso que el domingo 29 de diciembre se regresaran en el “Santo Tomás”15 llevando todos los informes de las observaciones realizadas hasta entonces; la pérdida de vidas en esta navegación fue muy elevada, pues de los 34 hombres que se habían embarcado murieron 25 durante el viaje o poco después de arribar al puerto de Acapulco.
El miércoles 1o. de enero de 1603, los hombres disponibles trabajaron intensamente en cargar leña y agua para seguir la navegación a Cabo Mendocino, a pesar del intenso frío que había provocado el congelamiento del líquido en los aguajes y nieve en las montañas cercanas. El 3 de enero de 1603, después de haber hecho una exploración al interior, Vizcaíno descubrió el río Carmel, no encontraron gente y se regresaron. Esa noche zarparon de Monterrey el “San Diego” y la fragata “Tres Reyes” y continuaron el viaje, pero desde el día 5 se perdieron de vista; tiempo después la fragata llegaría a Navidad con sólo 5 sobrevivientes a bordo, como se mencionará más adelante.
Cuando Vizcaíno pasaba por bahía Drake, el piloto Francisco de Bolaños, que había formado parte de la tripulación del “San Agustín”, pidió al general que se detuvieran en el lugar para buscar y rescatar lo que se pudiera de la valiosa carga que se había perdido en el naufragio del galeón; pero el general no lo consideró prudente dadas las condiciones del tiempo, y aunque anclaron brevemente fuera de la bahía, reanudaron el viaje al presentarse un viento favorable. Respecto al nombre asignado a la bahía, cabe aclarar que Vizcaíno ha sido criticado por haber modificado la toponimia de las costas californianas, y en el caso particular de Bahía Drake, por haberla nombrado Puerto de Don Gaspar, en honor de don Gaspar Zúñiga y Acevedo, Conde de Monterrey, pero en realidad todo indica que se trató de una designación provisional, que aparece en las instrucciones del viaje de Monterrey a Cabo Mendocino, en donde aparece el nombre Don Gaspar, pero en párrafo ulterior se emplea el nombre Puerto de los Reyes y se agrega la aclaración: …referido arriba como Don Gaspar…16
El 12 de enero de 1603, tuvieron a la vista Cabo Mendocino, a los 40º N., pero la situación se tornaba cada vez más grave por los fallecimientos y enfermos que aumentaban cada día; sólo quedaba un marinero capaz de trepar hasta la vela superior; la navegación peligraba por las tormentas del invierno que se sucedían una tras otra, y a causa de lo nublado el día estaba casi tan obscuro como la noche17. El 17 de enero por la noche el mal tiempo produjo un violento movimiento del “San Diego”, y los que intentaban dormir fueron arrojados de sus camas, resultado de lo cual Vizcaíno sufrió la fractura de varias costillas. Fue por todas estas graves dificultades que el 19 ó 20 de enero de 1603, después de llegar a la altura de una punta que el general llamó Cabo Blanco de San Sebastián18, iniciaron el regreso a la Nueva España. Ya navegando hacia el sur, en algunos lugares se les aproximaron canoas con indios que los invitaban a detenerse, pero no lo hicieron por temor a no poder levar anclas. Sin embargo, el 6 de febrero, al necesitar leña y agua, tuvieron que detenerse en Isla de Cedros, Vizcaíno desembarcó con 6 hombres, y a pesar de la oposición de los nativos19, pudieron hacer aguada y subir la leña que tanto les urgía; satisfechas esas necesidades, pudieron zarpar a la media noche del 8 de febrero de 1603, por acuerdo de los oficiales no se detuvieron ni en San Bernabé20 ni en La Paz, y las proas apuntaron a las islas de Mazatlán.
El 18 de febrero anclaron entre las islas y tierra firme, en donde el general y los cinco hombres que podían caminar desembarcaron para buscar auxilio. Vizcaíno y sus hombres caminaron por terrenos difíciles, trataban de llegar a Mazatlán, la comida se les terminó y extraviaron la ruta, dirigiéndose equivocadamente a Culiacán. Es seguro que hubieran perecido de hambre y sed si no los encuentra un arriero que, procedente de la Ciudad de México, conducía sus mulas con carga hacia Culiacán. El arriero les dio tortillas, vino y plátanos, así como cabalgaduras, y ya repuestos pudieron llegar al pueblo de Sacarita. Enterado el Alcalde Mayor de la situación, otorgó a Vizcaíno y su gente toda la ayuda que pudo, y les dio frutas, panes, vegetales, gallinas, carne de res, y suficiente agua. Todo esto se hizo llegar a los marineros que esperaban ansiosamente la ayuda, la cual llegó a tiempo para evitar su muerte. Los expedicionarios permanecieron dieciocho días en las islas, en las que comieron una pequeña fruta llamada “jucoistlis” que en seis días sanó a todos los hombres del escorbuto que padecían21.
El 9 de marzo pudieron zarpar rumbo a Acapulco, a donde llegaron el viernes 21 del mismo mes, de aquí se dirigieron a la Ciudad de México, a donde arribaron el 18 de mayo de 1603, y tan pronto como fue posible fueron recibidos por el virrey en su palacio de Chapultepec. El Conde de Monterrey expresó su agradecimiento a los expedicionarios, a quienes abrazó, y aseguró ascensos a varios de los marinos y oficiales, quienes con el resto de la tripulación recibieron sus sueldos atrasados. Los informes de la importante expedición fueron enviados al rey, y aunque el virrey reconoció la importancia de los descubrimientos logrados y recompensó los servicios de los expedicionarios, al ser substituido por el marqués de Montes Claros, se congelaron todos los planes de colonización, los cuales se aplicarían hasta 167 años después. En México, Vizcaíno se encontró con oficiales de la fragata “Tres Reyes”, de quienes escuchó la odisea que por las tormentas y vientos contrarios tuvieron que pasar, habiendo llegado hasta Cabo Blanco antes de regresar al puerto de Navidad, en donde anclaron el 26 de febrero.
A pesar de que se perdieron más de 40 vidas y se soportaron hambre, sed y enfermedades, el viaje fue un éxito, el piloto Jerónimo Martín Palacios, o Martínez de Palacios, elaboró un informe, con cuyos datos el cosmógrafo Enrico Martínez hizo después los mejores planos conocidos hasta esa fecha de la costa occidental californiana, cuya toponimia quedó establecida y conservada casi sin variaciones. Antonio de la Ascensión varias veces se dirigió al rey, recomendando la colonización de las bahías de San Diego y Pinos, Vizcaíno ocupó poco después el cargo de alcalde de Tehuantepec, y posteriormente como embajador en Japón, en donde estuvo por temporadas durante tres años, hasta 1614, habiendo logrado la apertura comercial del país asiático, su amistad hacia España y la posibilidad de establecer puertos permanentes en sus costas para los barcos españoles; el gran navegante murió en México por el año de 162822.
No todo fueron aciertos en el viaje de Vizcaíno, una cosa que inexplicablemente no observó el marino vasco, aunque la misma omisión puede achacárseles a Cabrillo, Drake y Rodríguez Cermeño, fue el ignorar la bahía de San Francisco, frente a la cual pasaron sin verla y mucho menos penetrar en ella. Pero más grave aún, al término del viaje, fray Antonio de la Ascensión mandó varios memoriales a Felipe III en los cuales pedía al monarca la colonización de Cabo San Lucas, lugar del que se podría partir en busca del estrecho de Anián, el cual, supuestamente permitiría la navegación directa a España de los galeones procedentes de Manila y Perú, ya que, según él, California era una inmensa isla en cuyo extremo septentrional se encontraba el ya citado estrecho; una de las cartas, refiriéndose a la narración que los indios de San Diego hicieron sobre la presencia de españoles hacia el este, decía:
…La gente de la cual nos hablaron los indios pudieran ser extranjeros, holandeses o ingleses, que han hecho el viaje por el Estrecho de Anián y pudieran haberse asentado en la otra costa de esta isla que da al Mar Mediterráneo de California. Puesto que…es angosto,…puede ser que el otro mar esté cerca de ese lugar…es probable que tengan grandes intereses y beneficios allí, puesto que su viaje es tan largo y difícil. Aun así, es cierto que pasando por el Estrecho de Anián y llegando a su tierra por esa latitud, su viaje es únicamente la mitad del que se haga del puerto de San Juan de Ulúa a España…para expulsar de allí a tan peligrosos enemigos y que no contaminen a los indios con sus sectas y libertad de conciencia, de lo cual seguirá gran daño a sus almas…23
Estas falsedades, producto de la imaginación del carmelita o tal vez expresadas con el fin de despertar en el monarca el interés por más exploraciones, influyeron en el retraso de la cartografía de la época, al persistir como verdades por más de 100 años.
El 7 de octubre de 1604, unos cuatro meses después de que Vizcaíno regresara a Acapulco, el gobernador de Nuevo México, Juan de Oñate, salió hacia el Mar del Sur con la intención de establecer contacto comercial con Perú y China, aprovechando el paso de los galeones de Filipinas frente a las costas de California; atravesó el norte de Arizona y llegó al río Colorado, por el que navegó hasta su desembocadura, pero tal parece que nunca llegó hasta el Océano Pacífico; sin embargo, hay versiones de que arribó a la costa de California el 25 de enero de 1605, aunque de haber sucedido así, no habría logrado la relación comercial que buscaba por la sencilla razón de que no existía un puerto en el que hicieran escala los barcos procedentes de Asia. En esta época todo pareciera que el interés de la corona española, y los grandes gastos en vidas y dinero que se habían hecho en las exploraciones de las Californias, se traducirían en acciones concretas para afianzar la hegemonía española en aquella región geopolíticamente vital para quien, al final, la colonizara. En 1606 el rey Felipe III ordenó la ocupación de Monterrey para que se construyera el anhelado puerto de socorro al que pudiera llegar el Galeón de Filipinas, y Vizcaíno fue nombrado para presidir la expedición colonizadora, sin embargo, como ya se mencionó, el explorador vasco fue mandado a Japón en donde tuvo éxito al lograr que se establecieran buenas relaciones con los orientales, aunque no de tipo religioso; dejó el cargo en 1613 y siguió sirviendo a la corona y particularmente a la Nueva España24. La fecha de su fallecimiento no ha sido precisada, y varía según la opinión de los investigadores de 1623 a 1628.
Tendrían que pasar más de 140 años, además de reconocer el avance de los rusos por la costa noroeste de América, para que el rey Carlos III ordenara la colonización de la lejana frontera y esta pudiera llevarse a cabo.
Las perlas del Golfo, motivo de nuevas exploraciones
Las concesiones para explotar las perlerías del Mar de Cortés, fueron parte de una estrategia de los gobiernos de la Nueva España para promover la colonización de la península, política que en lo general, con variantes en los bienes o cosas que se explotarían en las tierras y aguas concedidas, y guardando las justas proporciones, se continuó hasta después de la independencia y épocas relativamente recientes, cuando los gobiernos de la República entregaron casi todo el territorio bajacaliforniano, a inversionistas extranjeros y nacionales con la esperanza de que se poblara. Sin embargo, tales empresas se dedicaron casi siempre a obtener los beneficios inmediatos que se pudieran, para luego abandonar las colonias sin cumplir con los compromisos a que habían llegado con el gobierno, lo cual vino a ser un problema crónico que afectó el desarrollo de la población nativa. La pesca de perlas produjo más problemas que beneficios en California, y quizá por eso los misioneros nunca permitieron que los soldados que estaban destacados en la península se dedicaran a ella, sólo los indios podían hacerla sin la autorización del virrey, aunque nunca la llevaron a cabo como negocio personal.
El armador debía contar con el permiso del virrey, disponer del barco y las provisiones necesarias, y tener localizado el lugar del golfo en el que hubiera placeres de perlas y agua potable25. La época para extraerlas era de julio a septiembre, aunque en el siglo XIX comenzaba en mayo y concluía en octubre, los hombres contratados buceaban cuatro horas cercanas al medio día para tener la mejor visibilidad; se sumergían hasta 8 ó 10 metros de profundidad, llevando atada a la cintura una red en la que depositaban las ostras, y un bastón puntiagudo para ayudarse en su trabajo, cuando ya no soportaban la falta de aire, ascendían para vaciar en el barco o lancha las ostras recolectadas, y después de tomar aire, continuaban en su arriesgado y fatigoso trabajo. Si el buzo trabajaba por un sueldo, el armador destinaba un quinto del producto al rey y se quedaba con el resto; en algunos casos, el buzo obtenía como beneficio una fracción convenida de las ostras; la manutención y el traslado a su lugar de origen corría por cuenta del armador. Repartidas las ostras se abrían para sacarles las perlas, aunque a veces no tenían nada; el representante del Capitán Gobernador supervisaba el recuento, y las del rey se mandaban a Guadalajara. Se comprende que los armadores, con frecuencia empresarios ambiciosos y sin escrúpulos, no cumplían siempre con las obligaciones establecidas, sobre todo las que eran en beneficio de los indios, por lo cual surgían conflictos con los misioneros que trataban de proteger a los nativos.
Por una cédula real expedida en 1611, el sevillano Nicolás de Cardona26 tuvo el encargo de construir 6 barcos para llevar a cabo exploraciones en aguas de la península, además de explotar los yacimientos de perlas y colonizar esas tierras. Ya en la Nueva España, Cardona fue a Acapulco, en donde construyó 3 naves, y en mayo de 1615 zarpó hacia el Golfo de Cortés acompañado por dos franciscanos, desembarcaron en La Paz, y poco después navegó por el golfo hasta la desembocadura del río Colorado, tratando de localizar el estrecho de Anián, cuya existencia aún consideraban posible algunos españoles. A su regreso fue atacado por el pirata holandés Joris Van Spielbergen en la bahía de Petacalco, pero pudo escapar a nado hasta la costa junto con 12 de sus hombres. Después quiso regresar a California pero nunca lo logró.
Otro pescador de perlas de la época fue el capitán Juan Iturbe, quien, autorizado por el virrey y al mando de dos embarcaciones, navegó por el golfo en 1615 hasta cerca de la desembocadura del Colorado, y al ver que la distancia entre las costas de California y Sonora era cada vez menor, se dio cuenta que aquella era una península. Uno de sus barcos fue capturado por los piratas. De 1632 a 1668 se hicieron muchos viajes al Golfo de Cortés por pescadores de perlas, entre los que destacaron Pedro Pórter y Casanate, Bernardo Bernal de Piñadero y Francisco de Lucenilla, quienes poco o nada lograron en materia de descubrimientos geográficos o colonización de la península. Se mencionan a continuación algunos datos sobre éstas y otras expediciones de esa época.
Francisco de Ortega llevó a cabo 3 viajes de exploración; en el primero de ellos, en 1632, por orden del virrey Rodrigo Pacheco y Osorio, viajó por el Mar de Cortés reconociendo el litoral oriental de la península; construyó un fuerte en La Paz, y como novedad técnica para la extracción de ostras perleras llevó una especie de campana bajo la cual supuestamente podría descender un hombre al fondo del mar para facilitar el trabajo, pero no tuvo éxito, aunque el escriba del barco, quien describe la campana fabricada de plomo y madera y dentro de la cual podían estar una o dos personas y permanecer en el fondo del mar 10 ó 12 días27. En 1634 zarpó rumbo a las costas occidentales de la península para prevenir al galeón de Filipinas sobre la presencia de piratas en la región, y en 1636 volvió a explorar el golfo, habiendo llegado hasta la isla Ángel de la Guarda. De sus viajes quedaron, más que informaciones geográficas, datos sobre las costumbres de los indios, que serían útiles a los primeros evangelizadores que llegaron a California.

Marqués de Cadereyta, Virrey de la Nueva España de septiembre de 1635 a agosto de 1640
El 26 de agosto de 1635, el virrey Marqués de Cadereita autorizó a Pedro Pórter y Casanate para que explotara los bancos perlíferos del golfo y colonizara California, pero las reclamaciones y protestas de otros aventureros hicieron que el gobierno cancelara todas las concesiones otorgadas, y en 1636 también se le revocó otra autorización por el temor de que los enemigos del imperio se adentraran por aquellos mares, por lo que regresó a España. Después de pasar aventuras y peligros, el navegante regresó a México, y luego de superar numerosos problemas y fracasos, pudo fabricar en los astilleros de Sinaloa las embarcaciones “Nuestra Señora del Pilar” y el “San Lorenzo”, con las que de octubre de 1648 a enero del siguiente año, navegó por el golfo hasta la isla de Salsipuedes, que recibió el nombre porque en esa latitud se acentuaron las dificultades en la navegación por los vientos del noroeste que lo obligaron a regresar; en este viaje fue acompañado por los jesuitas Jacinto Cortés y Andrés Báez en la búsqueda de los lugares que más convinieran para iniciar la colonización. Todavía en 1649 y 1650 volvió a navegar por el golfo, pero no logró hacer nuevos descubrimientos, poco después quedó paralítico y en 1652 donó al rey sus naves y pertrechos, así como la vigésima parte de las perlas que había conseguido en sus viajes.
Bernardo Bernal de Piñadero, marino sevillano con 20 años de servicios en el Caribe, fue nombrado en 1663 Almirante de las Californias, a donde viajó al siguiente año por disposición real, pero un motín hizo fracasar la expedición. En 1666, con el carácter de Capitán General del Reino de California, zarpó supuestamente rumbo al Mar de Cortés, pero sólo se dedicó a navegar frente a las costas de Nayarit y Sinaloa, esto hizo que en 1668 la expedición planeada fuera conducida por Francisco de Lucenilla y el capitán Alonso Mateos, con la autorización del virrey Marqués de Mancera para extraer perlas y colonizar California. En mayo de 1668 zarpó Lucenilla rumbo a la península y navegó por el golfo hasta Bahía Concepción, acompañado por algunos frailes franciscanos; sin embargo, debido a las quejas y protestas de los marineros por no ver hasta entonces las riquezas que esperaban, tuvo que tocar tierra en Guaymas y así terminó el viaje como un rotundo fracaso.
Desde la época de Fortún Jiménez hasta el tiempo de los pescadores de perlas en 1668 transcurrieron más de 130 años, durante los cuales hubo un flujo casi constante de expedicionarios a la península que rara vez tuvieron éxito; las vidas y barcos que se perdieron fueron muchos, sin contar las fortunas de particulares y del erario real que se invirtieron con el objeto de colonizar California. Ya se dijo que Hernán Cortés, el conquistador valiente y audaz ante quien habían sucumbido los reinos mesoamericanos, no pudo conquistar el indómito territorio, ni la pléyade de navegantes y aventureros que le siguieron con el mismo propósito, y a más de cuatro siglos y medio de estos acontecimientos, la soledad y el aislamiento resisten el choque de la modernidad en buena parte del interior peninsular, a pesar de que en el norte, las ciudades fronterizas sean importantes polos de desarrollo, y que varias ciudades en el sur mantenga un irreversible progreso.
La inconformidad del virrey se conoció en el Consejo de Indias, el cual ordenó la cancelación del viaje, pero la disposición llegó tarde a la Nueva España, cuando Vizcaíno ya había zarpado a su destino. ↩︎
Clavijero, Op.Cit., p. 76. Existen versiones algo diferentes pero coincidentes en lo esencial. ↩︎
En sus órdenes, Vizcaíno tenía autorización para llegar hasta la latitud de Cabo Blanco si fuera necesario. ↩︎
En el Diario de Sebastián Vizcaíno, 1602-1603, publicado por la Wisconsin Historical Society, 2003, en la p. 53 da la cifra de 126, por lo que los 74 que faltan deben haberse incorporado a la expedición en Acapulco. ↩︎
“Diary of Sebastián Vizcaíno, 1602-1603”, Wisconsin Historical Society, 2003, p. 56. ↩︎
El día de Santa Magdalena es el 22 de julio. ↩︎
Precisamente el primer plano de Bahía Magdalena fue elaborado por Enrico Martínez como resultado de esta exploración, y aun con sus imprecisiones, mostraba ya el valor estratégico que podría tener ese lugar para establecer allí un gran puerto. ↩︎
Los exploradores que llegaron después a Bahía Magdalena nunca confirmaron que los nativos del lugar conocieran el maíz. ↩︎
Los arrecifes están cerca de la punta del mismo nombre, aproximadamente a los 26º 43´ N. ↩︎
Diary of…, Op. Cit., p. 73. ↩︎
Ibíd., p. 75. ↩︎
Fray Antonio menciona en su diario que antes de llegar a San Diego vieron cuatro islas que llamaron Las Cuatro Coronados, sin embargo, Vizcaíno dice que les llamaron San Martín; Cabrillo las llamó Islas Desiertas, pero el nombre que perduró es el de Coronados. ↩︎
Ibíd.., p. 80. ↩︎
…*Cinco indios vinieron en otra canoa, tan bien construida, que desde tiempos del Arca de Noé, no se ha visto una embarcación más fina y ligera…*Ibid., pp. 87, 88. ↩︎
Barco del almirante. ↩︎
Mathes, W. Michael. Journal of San Diego History, fall 1974, Vol. 20, N. 4. “The Puerto don Gaspar”. ↩︎
Diary of p. 85, op.cit.. ↩︎
El registro del Diario de Vizcaíno da la fecha 20 de enero, pero Torquemada afirma que fue el 19 cuando la tormenta los empujó hasta cerca del Cabo Blanco de San Sebastián, lo que concordaría con la costumbre de Vizcaíno de bautizar frecuentemente los lugares descubiertos con el santo que se celebrara al siguiente día. El 20 es el día de San Sebastián. ↩︎
Los arcabuceros tuvieron que disparar sus armas al aire para convencer a los indios. Diary of….Op. cit., p. 98. ↩︎
En el regreso no quisieron perder tiempo en ir por el bote largo que habían dejado en San Bernabé. ↩︎
Se registró en el Diario que los hombres tenían las encías tan hinchadas que los dientes apenas se veían, todo lo cual les impedía comer. ↩︎
Diversos autores dan como fecha de su muerte 1623, 1624, 1627, y 1628 ↩︎
Breve reporte del descubrimiento del Mar del Sur, Antonio de la Ascensión, 1602-1603, pp. 117, 118. ↩︎
El célebre pirata holandés Joris Van Speilbergen atacó Salagua el 11 de noviembre de 1615, en donde se enfrentó a Sebastián Vizcaíno, enviado por el virrey Marqués de Guadalcázar. Vizcaíno se proclamó vencedor al forzar la retirada del corsario, y envió al virrey las orejas de uno de los piratas como prueba de su triunfo, cuya contundencia es dudosa. ↩︎
Hasta el siglo XIX las perlerías se dividían en tres secciones: las del norte con Mulegé como base, las de la región central con Loreto, y las del sur con La Paz; las mejores eran Guadalupe, Las Hornillas, Amolares y Punta Inés. ↩︎
Escribió “Descripciones geográficas e hidrográficas de muchas tierras y mares del norte y sur en las Indias, en especial, del descubrimiento del reino de California”. ↩︎
The History of the Diving Bell , por Arthur J. Bachrach, Ph.D., Historical Diving Times, primavera 1998. ↩︎