Antonio Ponce Aguilar

El Coronel Esteban Cantú en el Distrito Norte de Baja California. 1911-1920
Capítulo X: 
La recaudación y las actividades productivas

Los pocos ingresos obtenidos en el Distrito Norte para su sostenimiento al iniciarse la segunda década del siglo XX y al asumir Cantú el gobierno, se derivaron inicialmente de cuatro fuentes principales: el dinero recabado en las aduanas por la entrada de mercancías al país, los impuestos cargados a las actividades productivas y comerciales desarrolladas localmente, y el pago que hacían los extranjeros, sobre todo de nacionalidad china, por el derecho a ingresar y permanecer en territorio nacional con la aspiración de ganarse la vida trabajando como peones agrícolas o por el arrendamiento de tierras de la Colorado River Land Company. Además, el impuesto predial fue incrementando su importancia al darse a Mexicali y Tecate el rango de municipalidad, y establecerse los fundos legales correspondientes. Desde luego que un componente importante en el sistema recaudatorio era el cobro de impuestos a cantinas y demás centros de vicio de lo que se ha venido hablando.

Casi todo lo recabado en las aduanas pertenecía al gobierno federal, pero por la relativa autonomía política que adoptó el Distrito1, de lo que se hablará después, Cantú también dispuso de ese dinero y es dudoso que la parte que le correspondía a la Secretaría de Hacienda le fuera enviada en forma regular. El subsidio que el gobierno del centro enviaba al Distrito Norte de $150 000.00 pesos mensuales, se suspendió en definitiva al iniciarse la revolución, pero por la habilidad administrativa de Cantú muy pronto la entidad fue autosuficiente, y al decir del gobernante en sus Apuntes Históricos, no sólo eso, sino que estuvo en capacidad de …remitir a la Federación los impuestos que a ella le correspondían, pues, sigue diciendo el Coronel, desde el primer día se abrieron dos contabilidades: la que correspondía a los impuestos locales y la que correspondía a la Federación…2, aunque lo que dice Cantú debe haber sucedido sólo cuando las relaciones con el presidente de la república eran cordiales.

En el Distrito Norte de la Baja California había cinco oficinas recaudadoras de impuestos locales, establecidas en Los Algodones, Tecate, Tijuana, Ensenada y Mexicali, siendo esta última la Tesorería General del Distrito. Un ejemplo del estado de las finanzas públicas en el Distrito Norte es el balance de la Tesorería General del segundo semestre de 1917, que arrojó los siguientes datos:

Ingresos$ 718 552.43 oro nacional
Egresos$ 642 848.66 oro nacional
Saldo favorable$ 75 703.77 oro nacional

Al crecer la actividad agrícola y comercial en el Valle de Mexicali, y consecuentemente su población, los ingresos obtenidos allí fueron más importantes que los recaudados en los demás poblados. En enero de 1917, por ejemplo, en el puerto de Ensenada ingresaron a la Tesorería Municipal $ 15 725.02 pesos, en tanto que en la de Mexicali el importe llegó a $39 526.79. El movimiento económico en la nueva zona de desarrollo del Distrito superaba claramente a la que se daba en los demás lugares, sobre todo por la actividad agropecuaria y la llegada de inmigrantes chinos.

Otras acciones del gobierno encaminadas a superar la tributación fueron las siguientes: el 30 de noviembre de 1916 se establecieron gravámenes para las operaciones bancarias que se hicieran en el Distrito; ese mismo mes y año se creó la Oficina de Catastro; y poco después, se fijó un impuesto sobre los predios rústicos destinado a construir y dar mantenimiento a los caminos vecinales. Esto último sería la base para que se fuera creando una red de caminos que comunicaría entre sí a todos los ejidos y rancherías del extenso Valle de Mexicali, que todavía distingue a esta región como la zona rural más bien comunicada en la entidad.

Según el investigador Marco Antonio Samaniego, el Distrito Norte de la Baja California era la entidad del país en donde el promedio de pago por impuestos era el más elevado de la República: $175.00 pesos por habitante. Sin embargo, aclara que las clases populares pagaban poco, ya que era en los casinos, hipódromo, venta de licores, prostitución y por el ingreso de los trabajadores chinos, en donde recaía la mayor carga fiscal3, de suerte que en realidad el pueblo de escasos recursos pagaba bajas cantidades por concepto de impuestos. Lo anterior muestra que en el gobierno de Cantú se dio algo que siempre anhela el pueblo: que quienes ganan más paguen más, y los desposeídos contribuyan con menos.

Hay que recalcar que los enormes ingresos que más adelante llegó a obtener el Gobierno del Distrito Norte no eran sólo provenientes del vicio, y como ejemplo basta señalar que en 1919, el gobierno recibió $ 2 000 000.00 de pesos sólo por concepto de los impuestos que gravaban las exportaciones de algodón, mientras que por los casinos y otros centros de vicio los ingresos eran por entonces de $ 5 000 000.00 anuales4.

La agricultura en Tijuana no se pudo desarrollar plenamente porque las áreas cercanas al río que era donde se sembraba, frecuentemente se inundaban destruyendo las siembras, o el caudal se secaba por la falta de lluvias lo que impedía el progreso de la actividad, aunque había algunos ranchos hacia el rumbo de la playa, cerca de la frontera, y por los lomeríos al este del poblado en donde se sembraban granos de temporal.

Los servicios al turismo como empleos en restaurantes, casinos, hoteles, el hipódromo, servicios de transporte, la fabricación de artesanías a nivel casero para las tiendas de curiosidades, los pequeños comercios y los empleos en el gobierno, además de las actividades profesionales de médicos, ingenieros y licenciados que empezaban a radicarse en la región provenientes del centro del país, fueron otros de los trabajos en que se ocupaba la población, sin contar a los trabajadores manuales principalmente relacionados con la construcción, como carpinteros y albañiles. En Rosarito, las actividades agropecuarias siguieron siendo la base de la economía, aunque el turismo empezaba a fortalecerse en la región. Tres arroyos permanentes en la zona, entre los que destacaban el Rosarito, El Descanso y San Miguel o La Misión, permitían la siembra de riego en pequeñas áreas, en tanto que se sembraba trigo y cebada de temporal en las extensas mesas de esa región. En 1916 los Machado, propietarios originales de ranchos en esa zona, vendieron parte de sus tierras a la “Compañía Explotadora de Baja California”, de capital americano, cuyo objetivo era encontrar yacimientos de petróleo y proceder a su explotación. Aunque las exploraciones y estudios en El Descanso rindieron resultados prometedores, las disposiciones de la Constitución promulgada en 1917 provocaron la interrupción en las actividades de la compañía. Sin embargo, la economía pudo sostenerse en parte por los visitantes que llegaban aprovechando la carretera procedente de Tijuana, y el Camino Nacional, vía que permitió la comunicación de Mexicali con la costa, y que puede considerarse una de las obras materiales más importantes del gobierno de Cantú, de lo cual se habla en el Capítulo XV.

El pueblo de Ensenada heredó de la “Compañía Inglesa” si no la infraestructura material que había levantado5, sí la vocación para el comercio y la industria, lo que se había robustecido como consecuencia de los hallazgos mineros en Real del Castillo y El Álamo, sin embargo, al salir de México los ingleses y al agotarse los yacimientos mineros el puerto padeció un estancamiento económico que duró años. Sin embargo, la actividad agropecuaria en pequeño era la base para el sostenimiento de muchas familias que vivían en la extensa zona rural del municipio, sobre todo en el área de Maneadero, La Grulla, que después sería el Ejido Uruapan; Ojos Negros; Santo Tomás, en donde se sembraba vid de muy buena calidad; San Vicente, San Quintín, Valle de Guadalupe y otras muchas regiones en las estribaciones de la sierra. Ensenada fue el centro comercial de todas esas rancherías y pequeños poblados, cuyos habitantes acudían a la ciudad porteña, por una parte en busca de insumos para sus actividades agropecuarias y las provisiones indispensables, y por otra a vender sus animales y la producción de sus modestas cosechas. Estos movimientos aún se producen en la actualidad, aunque no necesariamente en Ensenada, ya que algunas personas hacen sus transacciones en Tijuana o en negocios norteamericanos.

Debe señalarse que este contexto rural y urbano de las acciones productivas en Ensenada, le dio a la ciudad una fisonomía diferente a las que tenían las demás poblaciones del Distrito, especialmente Tijuana y Mexicali. Por otra parte, hay que tomar en cuenta que desde mediados del siglo XIX, la actividad ganadera de esta región era de considerable importancia, pues nada más en Santo Tomás había 33 marcas de herrar debidamente registradas, y algunos ganaderos mantenían miles de cabezas de ganado en los pastizales de la sierra.6

Movimiento portuario en Ensenada en 1920.

Es difícil saber qué tan enterado estaba el Coronel Cantú del estado de cosas que se narra, pero lo más probable es que sí se haya percatado que de alguna forma, la población ensenadense tenía recursos propios que, aunque muy modestos, le permitían compensar en buena parte los ingresos que el turismo dejaba en Tijuana, y esta percepción pudo haber sido una de las razones por la que los fondos mencionados fueran destinados a satisfacer las necesidades de otros lugares del Distrito, aunque esto siempre fue inaceptable para la población del puerto, cuyos ediles protestaban frecuentemente por lo que con razón consideraban una injusticia. En relación con la actividad portuaria, ésta había vino a menos al descender las explotaciones mineras en territorio del municipio, pero aún así, para 1920 se mantenía un movimiento regular de mercancías con el consecuente pago de impuestos.

Edificios de la Compañía Despepitadora en Mexicali.

En Mexicali, el movimiento económico que se empezó a desarrollar por la agricultura en gran escala y las actividades comerciales e industriales fueron factores para que se fundaran el “Banco Mercantil S.A.” y la “Compañía Bancaria Peninsular”, primeras instituciones de ese tipo en la región. Cantú favoreció el establecimiento de plantas despepitadoras del algodón, actividad industrial de la cual se derivaron para beneficio de la economía regional varias importantes industrias, principalmente en el ramo alimenticio y pecuario. En 1920, ya en las postrimerías del mandato de Cantú y debido a que poco a poco, por la iniciativa del gobierno del Distrito se habían ido formando colonias agrícolas de mexicanos en el Valle de Mexicali, se tomó la iniciativa de establecer un banco refaccionario para ayudar a los agricultores, ya que hasta entonces, los créditos otorgados eran concedidos principalmente por la Colorado, pero con intereses muy elevados.

General Abelardo L. Rodríguez

Puede decirse que en los poblados del Distrito Norte no había industrias importantes, debido a que todo lo que necesitaba la población era adquirido de los mercados norteamericanos. Sin embargo, había pequeñas instalaciones fabriles de las cuales se mencionan las más importantes: en Mexicali, aparte de las despepitadoras había una fábrica de cigarros y otra de hielo; en Mexicali, Tijuana y Ensenada había fábricas de aguas gaseosas; también había algunas empacadoras de alimentos diversos, sobre todo frutas y mariscos; la industria lechera abastecía el mercado local y exportaba algunos de sus productos a los Estados Unidos, y la actividad pesquera empezaba a desarrollarse, ya que su explotación local no causaba impuestos y el permiso para ejercerla era gratuito. Sin embargo, barcos extranjeros se dedicaban a la

pesca clandestina en aguas del Distrito, lo cual trató de evitar el gobierno de Cantú al adquirir un barco armado para que vigilara y en su caso impidiera las actividades de estas naves. El barco mencionado se llamaba “El Tecate” y hacía recorridos por el Océano Pacífico hasta los 28 grados Sur.

Los peones extranjeros que eran indispensables para el trabajo agrícola en la Colorado y sus filiales, representaron una fuente importante de ingresos para el Distrito Norte, lo que obligaba a Cantú a tener buenas relaciones con los inversionistas norteamericanos7. Cada inmigrante tenía que pagar de 135 a 140 dólares, además de una comisión de aproximadamente 35 dólares. La inmigración de trabajadores extranjeros, sobre todo chinos, tendió a estabilizarse y aun a disminuir, al llegar a Baja California mucha gente del interior del país de todas las filiaciones políticas, huyendo de los estados que la revolución afectaba en mayor grado, sin embargo, siguió siendo un factor importante en la recaudación de impuestos que hacía el gobierno.

Barco ‘Tecate’. Tomado de Breves apuntes geográficos del Distrito Norte de la Baja California. Matías Gómez, 1918.

Años después de que Cantú dejara el gobierno del Distrito, siendo gobernador el General Abelardo L. Rodríguez, decretó el 1º de mayo de 1924 que los patrones deberían emplear cuando menos un 50% de trabajadores mexicanos. Ese mismo año, al cobrar notoriedad una mafia de chinos cuyos actos delictivos iban desde la trata de blancas hasta el contrabando y el asesinato, el gobierno apresó a varios de los cabecillas, y logró que la Secretaría de Gobernación les aplicara a los demás inmiscuidos el artículo 33 de la Constitución.

Sobre las remesas de fondos que se hicieron del Distrito Norte al Gobierno Federal, estas continuaron aunque no de manera constante, y se establecieron las aduanas fronterizas donde eran necesarias, como en Tecate, cuyo funcionamiento a nivel de Sección dependiente de la Aduana de Tijuana fue decretado por el Presidente de la República Venustiano Carranza el 30 de junio de 1917. Por cierto que hechos como éste muestran la falacia en la afirmación de que Cantú no sostenía relación alguna con el gobierno del centro, pues no sólo las aduanas federales funcionaron en el territorio, sino que otras dependencias del centro también lo hicieron, aunque en forma discontinua.

Arriba, la primera Aduana en Tijuana, ubicada en lo que hoy es Calle Primera y Avenida Revolución. Abajo, indios cucapá a principios del siglo XX, cerca de la delta del Colorado. Ellos quedaron rezagados en la dinámica de trabajo del Distrito, excepto en la reparación de canales y compuertas durante las inundaciones de 1905-1906.


  1. La autonomía del Distrito Norte promovida por Cantú llegó al extremo de que se imprimieran timbres fiscales para la entidad. ↩︎

  2. Cantú, Apuntes históricos, op.cit., p. 39. ↩︎

  3. Samaniego, op.cit., p. 62. ↩︎

  4. Cónsul Boyle al Departamento de Estado, 25 de agosto de 1920, según cita hecha por Werne, op.cit.. ↩︎

  5. Al irse los ingleses desmantelaron todo lo que era de valor y procedieron a su venta, cuando no podían llevárselo. ↩︎

  6. X Simposium de historia regional, bicentenario de Santo Tomás, 1791-1991. UABC, pp. 23-25. ↩︎

  7. Cantú fue presionado por el gobierno federal para que prohibiera la entrada de chinos al Distrito Norte, pero las compañías navieras norteamericanas y los agricultores del Valle maniobraron a favor de lo contrario. ↩︎