Antonio Ponce Aguilar

El Coronel Esteban Cantú en el Distrito Norte de Baja California. 1911-1920
Capítulo XI: 
La situación política. Estados Unidos, el vecino incómodo

Ya se ha mencionado que aunque Cantú asumió el poder de facto desde el mes de diciembre de 1914, atendiendo las peticiones de vecinos y militares, tomó el cargo de Jefe Político del Distrito Norte de la Baja California oficialmente el 1º de enero de 1915, y la confirmación le fue enviada procedente de Aguas Calientes, firmada por el General Francisco Villa el día 20 de ese mes. El pacto duraría hasta el 15 de octubre, cuando en su Manifiesto a la Nación, Cantú rompería su adhesión al gobierno de la Convención de Aguas Calientes, y por lo tanto a Villa, de lo cual se hablará más adelante.

Uno de los eventos nacionales de mayor relevancia histórica que ocurrió durante la administración del Coronel Cantú, fue la instalación en la Ciudad de Querétaro del Congreso Constituyente el 30 de noviembre de 1916, que culminó con la promulgación de la nueva Constitución Política Mexicana el 5 de febrero de 1917. Representando al Distrito Norte de la Baja California asistieron a los trabajos como Diputado Propietario el doctor Ignacio Roel, y suplente el Prof. Matías Gómez, lo que demuestra la intervención del gobierno del Distrito en los acontecimientos nacionales importantes. El 15 de mayo de 1917, el Presidente de la República Venustiano Carranza reconoció a Cantú como Gobernador del Distrito Norte de la Baja California.

Una de las primeras acciones del nuevo gobernante fue crear las secciones municipales de Tijuana y Tecate, aunque él escribió en sus “Apuntes históricos” que también formó la de Mexicali, sin embargo, oficialmente ésta fue creada por decreto del 4 de noviembre de 1914 por el Mayor Baltasar Avilés, como se mencionó en párrafos anteriores, aunque debe admitirse la posibilidad de que Cantú haya influido en el jefe político para que tomara esa determinación; además, Avilés convocó el mismo día 4 a elecciones de los regidores y síndico que estarían al frente del gobierno local. Esta elección se llevó a cabo el primer domingo de diciembre y resultó electo Primer Regidor Propietario con las funciones de Presidente Municipal el señor Francisco L. Montejano. Cantú sabía que Mexicali era la zona con un futuro más prometedor en lo que a crecimiento y desarrollo económico se refiere, y para su fortuna, era en esa región donde más claramente ejercía su influencia política y militar.

Mexicali es la ciudad más joven de Baja California, si se toma en cuenta que en el documento que se elaboró en 1895 como antecedente para las acciones del primer Censo General de Población de 1900, aún no aparecía Mexicali, y sí se encontraban, además de Ensenada como Cabecera del Distrito, las secciones municipales de Tijuana, Tecate, Guadalupe, Real del Castillo, Santa Clara, Santo Tomás, y San Telmo1. Por otra parte, el rancho “Los Algodones”, faja pegada al río Colorado en el rincón noreste del Distrito Norte, era la zona poblada más próxima a lo que después sería Mexicali. Sin embargo, al formarse el caserío cercano a la línea fronteriza con motivo de los trabajos de irrigación que se llevaron a cabo con las aguas del río Colorado, el poblado adquirió nombre2, y después de pasar por las categorías acostumbradas, incluyendo la de Sección Municipal, en 1904 llegó a ser Subprefectura del Distrito Norte3, a solicitud del Jefe Político y Comandante Militar Coronel Celso Vega.

Volviendo a la situación de Tecate, desde 1888, los rancheros que poblaban aquella región formaron una Colonia Agrícola considerada Comisaría Municipal de Ensenada, en la cual se incluían los ranchos de Tecate, San José, San Valentín, Tanamá, Cañada Verde y Macho Güero, en un total de 20 sitios de ganado mayor equivalentes a 25 112.20 hectáreas. Poco después de asumir la jefatura política, Cantú recibió un escrito de los vecinos de la Colonia, en el cual le pedían que el lugar de su residencia fuera elevado a la categoría de municipio, lo cual expresaban en parte de la siguiente forma:

…Nuestra dependencia del municipio de Ensenada, es para nosotros algo así como una pesada cadena que no nos permite la libertad de nuestros movimientos…es tal nuestra confianza en usted señor coronel, por las numerosas pruebas que constantemente nos ha dado de cariño a este lugar, que estamos seguros que llegado el caso, daría usted disposiciones para ayudarnos en nuestros primeros pasos y así nos lo demuestra su reciente resolución de elegir este punto para residencia provisional del gobierno del distrito y cuya resolución profundamente agradecemos4.

En el documento los vecinos aceptaban la imposibilidad de poder ser económicamente independientes, cuando menos en sus primeros pasos, y también se refirieron a la costumbre que se tenía de cambiar de vez en cuando la cabecera del Distrito de un lugar a otro.

El gobierno de Cantú deseaba que los poblados del Distrito se convirtieran en verdaderas ciudades, bien urbanizadas y económicamente productivas, así es que autorizó la creación del municipio y se eligió al señor Roque Santana como presidente municipal. Sin embargo, la incapacidad económica del nuevo municipio para sostenerse fue evidente desde sus primeros días, y el gobierno tuvo que aportar el dinero para cubrir sus más urgentes necesidades. El poblado se asentaba principalmente sobre terrenos propiedad de Ramón Salazar y Lucía de Garboni, y el gobierno de Cantú dio el dinero necesario para comprar a las personas mencionadas más de 32 hectáreas, y constituir el fundo legal del poblado.

En 1919, por disposición del gobernador el ingeniero Luis Pavón levantó un plano del poblado, habiéndose establecido 21 manzanas con sus lotes de diversas áreas; la número 2 se dejó para construir los edificios públicos, y todo parecía conducir a una pronta urbanización. Sin embargo, prevaleció la tendencia hacia las actividades rurales agropecuarias entre los pobladores, la sección municipal nunca fue autosuficiente y finalmente, el municipio desapareció políticamente como tal en 1922.

Algunos habitantes de Tijuana pidieron desde el 7 de marzo de1898 al Jefe Político que el poblado dejara de ser dependencia de Ensenada y se convirtiera en municipalidad. A poco más de 15 años después, en tiempos de Cantú, el movimiento tendiente a elevar el rango del poblado a municipio se justificó plenamente, pues contaba con una verdadera industria turística que generaba muy buenos ingresos, pero esos fondos iban a parar casi en su totalidad a Ensenada. Por otra parte, la ciudad contaba con alumbrado público desde 1914 por una concesión otorgada a Donald Crist, se tenía un Juzgado de Primera Instancia, era sede de la Inspección de Correos a cargo del Prof. Cristóbal Aguillón, y el Coronel Cantú, en varias ocasiones despachó los asuntos oficiales de su gobierno desde Tijuana, elevando a ésta a la categoría de capital del Distrito provisionalmente.

Antiguo palacio de gobierno de Ensenada

Fue por las razones anteriores que Cantú, despachando ahora en Ensenada, decretó el 8 de marzo de 1917 la creación de los municipios de Tecate y Tijuana, cuyos ediles serían electos el 31 de marzo. Sin embargo, por razones no muy claras, las elecciones en este último poblado fueron nulificadas por decreto y siguió dependiendo de Ensenada, a donde iba a dar buena parte de lo que se recaudaba en impuestos por el funcionamiento del hipódromo, casinos y cantinas. En el mismo documento se señalaba que oportunamente se convocaría a nuevas elecciones, pero éstas nunca se llevaron a cabo durante la administración de Cantú, y el futuro emporio turístico siguió siendo sección municipal de Ensenada.

Algunos autores piensan que por la presión de los ediles ensenadenses, Cantú favoreció la suspensión en el proceso de municipalización en Tijuana para que el ayuntamiento porteño siguiera favoreciéndose con los ingresos que se obtenían en este poblado. Por otra parte, aunque se podría concluir que los dos municipios mencionados no fueron finalmente creación definitiva del gobierno del Coronel Esteban Cantú, cuando menos la compra del primer fundo legal de Tecate sí fue obra suya.

Ensenada siempre fue políticamente un municipio difícil para Cantú, aunque el gobernante haya intentado por todos los medios de mejorar su economía. El puerto era una hermosa ciudad con jardines, monumentos, amplias avenidas, teatro y una playa a la que acudía la gente a divertirse. Fue por esto que, al trasladar el coronel la cabecera del Distrito de Ensenada a Mexicali, causó el resentimiento del pueblo no sólo por quitarle de un plumazo la distinción de ser sede del poder ejecutivo, pues existía como tal desde 1882, sino que consideró, con razón suficiente, que los fondos recaudados en el Distrito se destinarían principalmente al desarrollo de Mexicali por ser la nueva capital.

Los líderes del puerto siempre pidieron al gobierno federal que los jefes políticos fueran elegidos de la población civil local, y Cantú era lo opuesto de esas aspiraciones. Por otra parte, mientras Ensenada fue capital del Distrito, el ayuntamiento local tuvo más oportunidades ante la Jefatura Política de intervenir a su favor en algunas de las decisiones y programas de beneficio social, las cuales cesaron con el cambio.

Puede decirse que el ascenso de Cantú al poder y su decisión de cambiar la capital del Distrito a Mexicali tuvo la virtud de unificar en parte a los dos partidos políticos antagónicos de Ensenada, representados en un tiempo por Manuel Labastida y David Zárate, respectivamente, pues ambos se opusieron a Cantú. El primero de los mencionados llegó a enviar a su hermano Adolfo a entrevistarse con Obregón para pedirle que nombrara como gobernador a Enrique B. Cota, aunque esto nunca se logró, como se explicará después; y el también ensenadense Tomás Ojeda formó un grupo en San Diego que desconoció a Cantú, pero para 1919 era parte del ayuntamiento de Mexicali, lo que demuestra lo cambiante de su ideología política y la sagacidad del gobernante para neutralizar a sus enemigos5.

En la fotografía se muestra el negocio comercial de don Manuel Labastida.

Debe señalarse que Ensenada, desde fines del siglo XIX, sufrió la rápida declinación de su principal fuente de ingresos que era la explotación minera. Primero se acabó el oro en “Real del Castillo”, y poco después les llegó el turno a “El Álamo” y yacimientos cercanos6, lo cual provocó un relativo estancamiento económico y poblacional de la región. Éste se remachó a principios del S. XX con el ocaso de las compañías deslindadoras que de alguna forma promovían el movimiento económico de la región, y poco después con el cambio de capital a Mexicali. Una de las zonas mineras que funcionó por un tiempo durante el régimen del Coronel Cantú fue Calmallí, en donde se explotaban minas de oro.

Un intento por mejorar la economía de Ensenada, fue el establecimiento de una planta para la extracción y explotación industrial del sargazo en El Sauzal. Las instalaciones constaban de un departamento de hornos y calderas, dos de máquinas, y uno de secadoras; el yodo y las sales minerales del producto marino eran extraídas para venderse en los Estados Unidos. Al poco tiempo, sin embargo, la planta dejó de funcionar, por lo que el gobierno adquirió la empresa y amplió las instalaciones. En noviembre de 1919, Cantú rentó la planta a su cuñado Federico A. Dato y a un norteamericano, pero finalmente la empresa nunca pudo constituirse en un negocio claramente rentable y de beneficio para la comunidad, y se cerró.

En ese municipio, el más extenso del Distrito, con apoyo económico del gobierno del Distrito y con la intención de ampliar la colonización con campesinos mexicanos, se creó la zona agrícola llamada Colonia Vicente Guerrero, en el área de San Quintín.

A Esteban Cantú se le ha criticado que en su credo político quedaban ostensibles remanentes del estilo de gobierno porfirista, como lo fue el simulado proceso democrático de elecciones en las secciones municipales, y que sólo eran plebiscitos en los que salían electos por abrumadora mayoría los candidatos favorecidos por Cantú. Además, las elecciones y la formación de agrupaciones o clubes políticos fueron acciones democráticas simuladas en las que siempre quedaban en posición de mando personas adictas e incondicionales del gobernador, frecuentemente empleados burócratas o amigos del Coronel. Posiblemente lo que sucedía era que en el pragmatismo del militar neoleonés no cabían los riesgos de tener subalternos o personajes de mando en el Distrito que pusieran en riesgo sus proyectos sociales y políticos; al igual que con Don Porfirio, el fin justificaba los medios.

En las primeras elecciones para el ayuntamiento de Mexicali Cantú no era oficialmente Gobernador del Distrito, cargo que recaía en el Mayor Baltasar Avilés; sin embargo, la influencia de Cantú sobre el gobernante designado y las acciones que éste llevó a cabo eran conocidas. En el caso de las elecciones mencionadas compitieron para primer regidor o presidente municipal ocho ciudadanos, y se obtuvieron los resultados que se indican enseguida:

CANDIDATOSVOTOS
Francisco Montejano302
Lic. A. Guajardo23
Manuel Páez2
Fernando Vildósola2
Carlos Cota1
Tomás Rivera1
Juan F. Joussad1
Antonio Villarino1

Los resultados para las demás regidurías fueron semejantes en lo que a desproporción del número de votos se refiere, lo que indica una competencia muy desigual, en la cual seguramente ya se sabía desde antes quién iba a salir electo. Esto sucedió en mayor o menor grado en las demás elecciones, y no faltaron críticos que consideraron este acto y los subsecuentes que se llevaron a cabo como una farsa.

Al respecto, Marco Antonio Samaniego señala en su obra ya citada: Francisco Bohórquez fue presidente municipal [de Mexicali] en tres ocasiones y nunca representó oposición al gobernador, por el contrario, manifestó abiertamente su adhesión; incluso, obtuvo una concesión para establecer un casino de juegos en el poblado Los Algodones. Los clubes políticos que se integraron fueron el Benito Juárez y el Nacionalista, ambos dirigidos por la burocracia del gobierno… Varios [regidores] repitieron su actuación más de dos veces 7.

Bórquez había salido electo como presidente municipal en 1916, en 1917 triunfó nuevamente en las elecciones, aunque al poco tiempo renunció por motivos de salud, pero en 1918 ocupó por tercera ocasión el primer cargo, lo que sin duda significa que contaba con el respaldo del gobernador. Justo es decir, sin embargo, que don Francisco realizó un buen trabajo en las tres administraciones, pues en lo material, precisamente por el apoyo que le daba Cantú, se realizaron numerosas obras materiales desde la creación de escuelas, pavimentación de calles, construcción de un rastro público, inicio de un hospital municipal, creó la Delegación Municipal de San Felipe, amplió los servicios de agua y luz, etc..

En su última gestión, don Francisco Bórquez, con el apoyo del gobernador otorgó el rango de Delegación Municipal a San Felipe, designó un policía de planta para que tuviera a su cargo la vigilancia del poblado, mandó un bote para uso y aprovechamiento de los pescadores del lugar, y dotó al poblado de una bomba para la extracción de agua potable, que fue obsequiada por el señor René Grivel, empresario minero de la región. De esta forma, y con hechos concretos, los gobiernos del Distrito y Mexicali, favorecieron el desarrollo de la zona costera del Golfo de California.

La postura de Cantú respecto a los puestos de elección popular se semejaba no a algunos, sino a todos los partidos políticos actuales, en donde los trucos electorales se hacen presentes en mayor o menor grado, siempre con la tendencia a conservar el partido político de que se trate en el poder, pero además, como lo expresara don Porfirio Díaz, “la caballada siempre estaba flaca”, y en aquel tiempo eran muy escasos en el Distrito los hombres con suficiente experiencia política y administrativa que pudieran y desearan desempeñar un cargo público.

Por otra parte, el gobernante necesitaba asegurar que los puestos clave fueran ocupados por personas que se identificaran con su proyecto de gobierno para que pudiera avanzar sin tropiezos, y quizá por esa razón los presidentes municipales entrantes siempre pudieron dar continuidad a las obras iniciadas por el gobierno anterior que aun estaban inconclusas, cosa que en administraciones posteriores y aun actualmente no siempre puede hacerse. Además, debe señalarse que el proceso de las elecciones se llevaba a cabo con todas las formalidades de las leyes vigentes en ese tiempo, tendientes a que la representación popular en las ciudades fuera una realidad.

A pesar de las críticas que con algún sustento se han hecho al gobierno de Cantú, calificándolo como dictatorial, debe admitirse que las elecciones para regidores de los ayuntamientos, sobre todo en Mexicali, representaron un avance importante en la incipiente democracia del Distrito, si se quiere aunque fuera como ensayo, pues hasta 1914 la designación del Subprefecto político era responsabilidad del Jefe Político en turno, o del Secretario de Gobernación. La representación ciudadana en el gobierno empezó a ser una realidad, y lo que era una práctica exclusivamente de Ensenada, se empezó a hacer extensiva a los demás poblados. Como resultado y prueba de lo anterior, surgieron grupos opositores al régimen establecido, y en la época previa a las elecciones se dieron campañas políticas que respaldaban a los contendientes que participaban en la lucha por el poder.

En cierto modo, Cantú se comportaba como un Jano moderno, con dos caras que veían una al pasado y otra al futuro, y a pesar de los caminos, escuelas y tantas obras más que por su importancia han trascendido hasta nuestros días, en muchos aspectos no igualadas por los gobernantes que le siguieron, era partidario de la Constitución de 1857 a la que consideraba superior a la de 1917. Sin embargo, de las cosas del pasado porfirista que no quedaron en la administración del Coronel están las que se mencionan enseguida.

Primero, su constante acercamiento con el pueblo y las medidas que se dictaron tratando de proteger la economía de los más humildes. Esto se vio, por ejemplo, cuando su suegro don Pablo Dato, quien era concesionario del servicio público del agua en Mexicali, negó el servicio a las personas cuyos terrenos fueran simple posesión o no tuvieran la documentación de propiedad en regla. Enterado de lo que sucedía, el gobernador ordenó que por ningún concepto se negara el suministro del líquido a esas personas, a quienes se tendría que conceder todas las oportunidades para que regularizaran su situación. También para proteger al pueblo humilde, Cantú dictó el 19 de agosto de 1918 un acuerdo que prohibía la exportación de trigo en virtud de la baja cosecha de ese año, y por temor a que se agotaran las existencias en perjuicio de la gente. Otra disposición que le granjeó la simpatía del pueblo fue la supresión de una ley por la cual se aplicaban multas a los padres de familia que no registraran a sus hijos en la oficina correspondiente, en lo sucesivo se emplearon procedimientos de convencimiento para ese efecto. El Gobierno del Distrito declaró la caducidad del contrato con el monopolio “Compañía de Agua y Luz Eléctrica de Mexicali”, y bajó el precio de la energía eléctrica de cuarenta centavos oro el Kilowat a veintidós centavos, y algo semejante hizo con el precio del agua.

Segundo, repartió tierras a ex soldados y pueblo en general, y el gobierno vendió lotes a bajos precios con facilidades de pago, de lo cual se hablará más adelante. En las colonias agrícolas que se fundaron tuvieron cabida mexicanos de todas las facciones políticas de la revolución. La única condición para su aceptación era que vinieran con sinceros deseos de trabajar en paz.

Tercero, se atrevió a desafiar a las poderosas compañías extranjeras de diversas formas, como incautándoles lo necesario para cubrir los adeudos que tenían con el gobierno por concepto de impuestos, cancelando los contratos que algunas de ellas tenían con el gobierno federal, y suprimiendo hasta donde pudo muchos de los abusos que cometían en agravio de los campesinos mexicanos.

Finalmente, elaboró un sistema educativo con una educación elemental de calidad al alcance de todos los niños del Distrito Norte, lo que no era poca cosa tomando en cuenta el incremento acelerado de la población, y que los sueldos de los profesores en el Distrito eran de los más elevados en el país.

Esteban Cantú desde sus primeros días en el Mexicali, se dio cuenta de que todo el territorio era en lo económico prácticamente un apéndice de los Estados Unidos, pues las inversiones en agricultura y minería, así como los comercios más fuertes de la región pertenecían a capitalistas americanos. En aquel tiempo, según informe de la jefatura política del Distrito, había 646 fundos mineros prácticamente todos de extranjeros, y don Ignacio Vizcarra, Agente de Minería en el Distrito, decía medio en serio medio en broma que tenía que aprender el inglés para conocer sobre las denuncias mineras que hacían personas como James MacNellis, Joe E. Brophy, M. J. Brophy, Fred Tucker, Robinson Freeman, John Spanner, y otros muchos más8. Una de las razones por las cuales el capital norteamericano predominaba o era el único en todas las actividades productivas y comerciales en el Distrito Norte de la Baja California era la lejanía y falta de comunicación con el centro del país, aparte de que nadie arriesgaba su capital en inversiones en una entidad tan lejana y poco poblada.

Para el Coronel era indispensable mexicanizar a la Baja California, determinación que siempre guiaría las acciones de su gobierno Fue por eso que favoreció por todos los medios la inmigración al Distrito Norte de mexicanos que quisieran trabajar en cualquier actividad productiva, comenzando con la agrícola, sin importar la filiación política que tuvieran. Por otra parte, como se irá viendo a lo largo de este trabajo, con acciones claras y contundentes el Coronel pudo recobrar poco a poco la dignidad y el prestigio del gobierno ante los capitalistas extranjeros, lo que no era cosa pequeña.

El 25 de mayo de 1911 renunció a la presidencia don Porfirio Díaz, el Licenciado Francisco León de la Barra fue nombrado presidente interino mientras se efectuaban las nuevas elecciones, y la fase inicial de la revolución triunfante tuvo su culminación con la apoteótica recepción que se hizo en la Ciudad de México a don Francisco I. Madero el 7 de junio de 1911. Cuando el Coronel Cantú llegó a la Baja California el 26 de ese mes y año, el cuadro dominante en el panorama nacional eran no sólo Madero victorioso, sino también los generales que habían contribuido al triunfo con sus brillantes acciones militares. Sin embargo, años después tras el asesinato de Madero ocurrido el 22 de febrero de 1913 como resultado de la traición y usurpación del poder del General Victoriano Huerta, se rompería la precaria unidad de la nación.

Cuando Huerta comunicó a los gobernadores que había asumido el cargo de Presidente Interino de la República prácticamente todos lo reconocieron, excepto Venustiano Carranza en Coahuila, quien expidió un decreto desconociéndolo como tal, y el 26 de marzo del mismo año expidió el “Plan de Guadalupe”, con lo que se daba forma oficial a la nueva fase de la revolución que pronto cundió por todo el país. En el inicio de esta etapa, una de las figuras más destacadas fue la del General Francisco Villa, cuyas fuerzas derrotaron al ejército federal en Torreón del 24 de marzo al 2 de abril de 1914, siguiendo el mismo destino Ciudad Juárez, Paredón y Zacatecas. Desde mediados de agosto de 1914, sin embargo, por razones que sería prolongado mencionar, las fuerzas de la revolución se dividieron en constitucionalistas o partidarios de Carranza, villistas y zapatistas.

Los buenos oficios de varias personas que intervinieron para tratar de resolver el conflicto como el General Álvaro Obregón, fueron inútiles, todo lo cual condujo a la llamada “Convención de Aguas Calientes”, en lo general contraria a Carranza, y en ella, el 6 de noviembre de 1914 fue nombrado provisionalmente Presidente de la República el General Eulalio Gutiérrez. Villa y Zapata eran convencionistas, o partidarios de la Convención, y fue desde esa posición de fuerza que primero Avilés y después Cantú fueron nombrados jefes políticos del Distrito Norte de la Baja California por el General Francisco Villa, jefe del ejército de la Convención, utilizando el conducto del gobernador de Sonora José María Maytorena. Hasta donde era posible dadas las condiciones, el ascenso de Cantú al gobierno podía considerarse legal. Mientras tanto, inconforme con la designación de Eulalio Gutiérrez como presidente, don Venustiano Carranza se trasladó con su gobierno a Veracruz, que había sido desocupada por los invasores norteamericanos el 23 de abril9.

El General Francisco Villa derrotó en grandes batallas al ejército federal.

En esta época de gran desconcierto para el pueblo y los gobernadores de los diversos estados, había dos presidentes de la república: Venustiano Carranza en Veracruz y Eulalio Gutiérrez en México, mientras que los generales Francisco Villa y Emiliano Zapata, sostenes de la Convención, atraían adeptos que frecuentemente saltaban de un bando a otro.

Poco después, el General Gutiérrez huyó de la Ciudad de México al comprender que la posición de las fuerzas de la Convención sería pronto insostenible, pero fue derrotado en San Felipe Torres Mochas, Guanajuato. Para el mes de marzo de 1915, el dominio territorial era más o menos el siguiente: las fuerzas constitucionalistas de Carranza controlaban Veracruz, además de Laredo y Matamoros en Tamaulipas, y el estado de Colima; además, Obregón se encontraba encerrado en la ciudad de México. Villa dominaba en el centro del país, la frontera de Chihuahua y Coahuila, Sonora, excepto Agua Prieta, y buena parte de Jalisco, Zacatecas y Durango. Por su parte, los zapatistas eran dueños de casi todo Puebla, Morelos, Guerrero y México. Muy pronto aquella distribución del predominio revolucionario cambiaría notablemente.

Al poco tiempo de que Eulalio Gutiérrez huyera de la Ciudad de México el 16 de enero de 1915 al saber que pronto caería en manos de sus enemigos, se inició la decadencia militar del villismo. Las fuerzas de Villa habían sufrido gravísimas derrotas desde la primavera de 1915 a manos del ejército del “Perfumado”, apodo despectivo que aquel le daba al General Álvaro Obregón. Después, durante los meses de octubre y noviembre, ya en las vecindades del Distrito Norte en Sonora, las fuerzas del Centauro del Norte continuaron perdiendo batallas a manos de los constitucionalistas, y su estrella militar declinó rápidamente, lo cual fue uno de los motivos por los cuales el 15 de octubre de 1915 Cantú rompió con la Convención de Aguas Calientes y consecuentemente con Villa.

La actitud de Cantú ha sido criticada por algunos historiadores, respecto a lo cual debe aclararse que al decaer el convencionismo en el país como fuerza política y militar, casi todos sus antiguos seguidores lo abandonaron, y desde luego que Cantú no fue la excepción. Además hay que agregar que el Coronel encontraba en Venustiano Carranza, la figura política emergente del caos revolucionario nacional, más motivos de identidad que con Villa por tratarse de un político relativamente moderado y en ocasiones con tendencias que podrían llamarse francamente conservadoras

Esta etapa de la revolución puede resumirse diciendo que a fines de 1914, la Convención de Aguas Calientes representó por breve tiempo el gobierno nacional, primero con Carranza como Presidente de la República, y después Eulalio Gutiérrez, teniendo Francisco Villa sus últimos días de poder y dominio militar. Durante todo el año de 1915, prevalecieron la anarquía y el desorden que motivaban los frecuentes triunfos y derrotas de las diversas fuerzas, aunque Villa perdía progresivamente terreno frente a las tropas de Carranza.

José T. Cantú, hermano del Coronel, estuvo al lado de Carranza desde el principio del constitucionalismo y llegó a formar parte de su estado mayor10, lo que habla de la confianza que le dispensaba el Primer Jefe11. La relación de los dos hermanos Cantú tal vez no fue constante, pero aun así resultó de gran utilidad política para el caudillo del Distrito; y después de la declinación del villismo, cuando el 1º de mayo de 1917 don Venustiano asumió la Presidencia de la República, logró el reconocimiento y confirmación de su gobierno por parte del nuevo presidente el mismo día de su toma de posesión.

Sin embargo, y a pesar de la influencia de su hermano con Carranza, Cantú no se conformó con mantener una firme y permanente conducta de ciega lealtad hacia el gobierno federal, y en el complejo ajedrez político de su tiempo, mantuvo correspondencia frecuente con enemigos del constitucionalismo, incluyendo a Manuel Peláez, Zapata, el mismo Francisco Villa y representantes de Félix Díaz en Nueva York.

Esta actitud no era rara entre algunos de los jefes revolucionarios y gobernadores de la época, que trataban de cuidar su esfera de influencia y relaciones políticas, tratando de hacer una extrapolación de los hechos que no siempre era precisa. Esta especie de juego perverso de lealtades y traiciones no era algo sorpresivo o desconocido de los altos jefes, como Villa, Carranza, Zapata y el mismo Obregón , quienes trataban por todos los medios de percatarse cuál era la tendencia real entre los principales protagonistas del movimiento revolucionario, así como sus compromisos y expectativas.

Una de las críticas que más frecuentemente se hace a Cantú es que cambió de bandera política muchas veces: se dice que llegó a ser y no ser porfirista, maderista, huertista, villista, convencionista y carrancista, todo lo cual tiene cierto grado de veracidad. Pero recuérdese que los mismos grandes caudillos de la revolución, aunque comenzaron su lucha identificados por ideales comunes, pronto se fueron diferenciando en los métodos que debían seguirse para alcanzarlos, y en el proceso de la lucha armada sufrieron en su equipo la deserción de hombres valiosos que antes los llegaron a apoyar.

Zapata abandonó a Madero; Emilio Vásquez Gómez también abandonó a Madero; igual lo hizo Pascual Orozco, y recuérdese que éste fue combatido nada menos que por el General Victoriano Huerta, quien después se constituiría en verdugo de Madero. José Inés Salazar, antes revolucionario, se unió al huertismo; desde junio de 1914 Villa empezó a tener dificultades con el Primer Jefe don Venustiano Carraza y acabó por expedir el 25 de septiembre un manifiesto desconociendo su mando, junto con todos sus generales; de la Huerta desconoció a Carranza y Obregón se llegó a manifestar contra aquel.

La lista podría seguir con muchos ejemplos más, pero aquí lo importante es entender que en aquella época no era una cosa extraordinaria el cambio de filiación política, pues así sucedió entre los hombres con más rango hasta las modestas tropas, que un día estaban en un bando y al siguiente saltaban al contrario junto con sus jefes.

Aun así, y a pesar de lo dicho, Cantú mantuvo una cierta identificación con la política relativamente moderada de Carranza, diferente a las frecuentes intransigencias y radicalismos de Villa, y después del mismo Obregón, lo cual resulta coherente con el rompimiento que se daría entre él y los convencionistas a través de su Manifiesto a la Nación del 15 de octubre de 1915, precisamente cuando las fuerzas constitucionalistas de Carranza ocuparon Guaymas haciendo huir a los villistas a Empalme, en tanto que Plutarco Elías Calles también lograba importantes triunfos en ese estado.

Esa identificación entre Cantú y el Primer Jefe se debía a que éste, en su moderado proyecto de reformas a la Constitución de 1857 que presentó en Querétaro, contemplaba casi exclusivamente cambios jurídicos y políticos más que leyes concretas que condujeran a un cambio inmediato para sacar al pueblo de la pobreza, y tuvo decididos partidarios como Félix F. Palavicini y Cándido Aguilar, mientras que en la corriente radical y a favor de las causas populares, encabezada por Francisco J. Mújica, se hallaban los enemigos ideológicos de don Venustiano y en ese momento simpatizantes del General Álvaro Obregón. Se verá más adelante que Cándido Aguilar, estando Cantú en el exilio después de haber entregado el gobierno del Distrito, posiblemente se alió con el Coronel en actividades subversivas desde los Estados Unidos intentando promover un movimiento que restaurara de alguna forma la política carrancista.

Ya se ha dicho que Esteban Cantú deseaba crear en el Distrito Norte una estructura social mexicana nacionalista, económicamente autosuficiente, cuyo progreso en todos los órdenes se apoyara en la estabilidad y la educación. Pensaba, con razón, que una entidad con esas características sería más resistente al acoso hegemónico proveniente del norte. Al contemplar desde su lejana trinchera el panorama desolador que se daba en casi toda la nación, el Coronel comprendió que incorporarse físicamente a la contienda significaba dejar por un lado y quizá nunca iniciar su proyecto social para Baja California.

En su pragmático pensamiento, supo desde el principio de su gobierno que existiendo la paz, con suficiente dinero y voluntad política se podían lograr para beneficio del pueblo fines ordinariamente inalcanzables; además, el gobernante contemplaba, como buen militar, los desiertos y mares que rodeaban a la península como valladares difíciles de cruzar, para bien o para mal, que le daban la posibilidad de “ver los toros desde la barrera”.

Fue por esto y la natural ambición por el poder que Cantú tomó la decisión de declarar la autonomía del Distrito en tanto no se hiciera la paz nacional y se eligiera democráticamente a un presidente de la república, todo lo cual publicó en un Manifiesto a la Nación el día 15 de octubre de 1915, en una acción audaz e inesperada en todo el país. Poco antes de la publicación del manifiesto, el 12 de octubre de 1915 se llevó a cabo una sesión pública extraordinaria del Ayuntamiento de Mexicali, y después de una democrática discusión, y con la participación de 521 asistentes, se acordó dar todo el respaldo al gobernador para la acción que tomaría y se autorizó al C. Presidente Municipal Francisco Montejano para que firmara el documento.

Algo que aceleró en Cantú la decisión de romper su subordinación a quienes lo habían situado en el gobierno fue que, desde la huída del General Eulalio Gutiérrez el 16 de enero de la Ciudad de México, la estrella militar de Villa iría declinando al sufrir sus tropas graves derrotas en Sonora, muy cerca del Distrito, de lo cual ya se ha hablado. En octubre de 1915, las fuerzas villistas que había en Sonora sufrieron sucesivos y graves descalabros causados por fuerzas constitucionalistas bajo el mando de los Generales Manuel M. Diéguez y el Coronel Melitón Albáñez. En otras palabras, los antiguos aliados o protectores del gobernante iban en rápido declive y su futuro se contemplaba incierto. De hecho la “Convención de Aguas Calientes” que lo había apoyado, ahora prácticamente había desaparecido.

Además, es necesario aclarar que la casi autonomía del Distrito Norte durante el período revolucionario no fue un acto único en el país, como se menciona frecuentemente al criticar la actitud de Cantú, pues entidades como Oaxaca, Chiapas y Yucatán llegaron a actuar de maneras semejante en algún momento de su historia, y en esta última entidad hasta acuñaron su propia moneda.

El documento en que Cantú proclamó la autonomía del Distrito decía en parte:

Condeno el asesinato de don Francisco I. Madero, Presidente electo legítimamente...El suscrito, Coronel Esteban Cantú, llamado por el pueblo de este Distrito y la Guarnición Federal, se hizo cargo de los destinos de esta Península, organizando un Gobierno bajo el régimen constitucional más puro...Durante más de treinta años que estuvo gobernando la República con toda paz y tranquilidad el General Porfirio Díaz, sin que seamos capaces de discutir si lo hizo basado siempre en la Ley Suprema de la Nación o no... El Gral. Díaz hizo una serie de ventas y el señor Madero las confirmó, en favor de compañías extranjeras, sobre grandes extensiones de terreno a lo largo de la zona fronteriza, no obstante ser operaciones terminantemente prohibidas de manera tan sabia y patriótica desde la época del gran Juárez... Siempre se tuvo el más completo olvido para este gran brazo de la República, como si fuera una parte estorbosa...Desde este instante se rompe para siempre en todas sus partes el pacto que había celebrado este gobierno con el de la repetida Convención, declarándose enteramente neutral en la lucha intestina que tortura a la Patria; pero sin dejar por un momento de pertenecer a la Nación Mexicana...bajo el concepto de que inmediatamente que renazca la paz y surja un gobierno constitucional que rija los destinos de la República, este gobierno se someterá a los supremos Poderes de la Unión. 12

La aceptación por Cantú de los ideales revolucionarios, no cancelaba en él un autoritarismo benévolo, casi patriarcal, integrado en su personalidad militar que se había formado en el régimen porfirista, y consecuente con esa formación, consideraba la paz social como uno de los máximos valores en su pensamiento político, de allí algunas de las frases admirativas a don Porfirio Díaz que insertó en su Manifiesto a la Nación. La pax porfiriana sería en el Distrito Norte la pax cantuana.

Insistiendo que sólo en paz, el pueblo del Distrito Norte podría dedicarse al trabajo productivo, capaz de conducirlo hacia el bienestar común, expresó Cantú en una parte del documento:

…podemos clamar con orgullo, cómo hasta hoy, que en este pedazo de la Patria no se ha sacrificado ni una vida, ni se ha derramado una sola gota de sangre por cuestiones políticas…Aquí todo mexicano de corazón, aunque haya sido porfirista, villista, carrancista, zapatista, etc., siempre ha sido recibido con gusto…Por algo el lema oficial de la época era “Patria, Constitución y Paz”.

En otras partes del Manifiesto, se percibe un resentimiento por el abandono ancestral en que se encontraba el Distrito Norte por parte de las autoridades federales, y no había esperanza de que las cosas cambiaran. En este sentido, como se ha mencionado en páginas anteriores, el gobernador sabía que, administrando adecuadamente los sustanciales recursos económicos que se obtenían por concepto de impuestos que pagaban los centros de vicio y la creciente actividad agraria, se podía mantener una autonomía económica y no depender de las exiguas y esporádicas aportaciones del gobierno federal.

En 1915, Cantú dispuso que la Tesorería del Distrito depositara sus fondos en el “First National Bank” de Caléxico, habiéndose celebrado un contrato entre la institución americana y el Secretario General de Gobierno del Distrito Norte Francisco J. Maytorena B.. Para mediados de octubre la suma ascendía a cien mil pesos oro nacional, equivalentes a unos cincuenta mil dólares de la época.

El simple propósito de la administración del Distrito era conservar el dinero en lugar seguro. Sin embargo, miembros del partido carrancista que actuaban en Caléxico, lograron que se embargaran los fondos que, según ellos, pertenecían al gobierno de Carranza, aunque éste aún no existía como entidad oficial reconocida internacionalmente. Este fue uno de los varios agravios que hizo el Primer Jefe al gobierno de Cantú, aunque éste correspondió en varias ocasiones desatendiendo las recomendaciones de aquel para que se concedieran puestos administrativos importantes en el Distrito a sus recomendados, como en la jefatura en aduanas.

La neutralidad del gobierno de Esteban Cantú fue más allá de una mera retórica, pues se desligó del gobierno central del país al grado de ordenar que se editaran sus propios timbres, y las instituciones antes federales las puso bajo su control, aunque en realidad el rompimiento inicial había sido con el gobierno convencionista. Esto sucedió a partir del 22 de noviembre de 1915, cuando las derrotas de Villa en Sonora marcaban claramente su ocaso; en tales circunstancias simplemente dictaminó lo que sigue, dirigiéndose a todos los funcionarios del Distrito Norte:

Desde el próximo día veintidós del actual, queda suprimida la circulación de las estampillas de la Renta Federal del Timbre que había emitido el Gobierno Convencionalista, en virtud de la declaración de neutralidad hecha por este Gobierno; y por lo tanto advertirá usted al público que tiene de término hasta el día último del actual, para hacer el canje de las estampillas que quedan fuera de la circulación por las nuevas que se pondrán en vigor desde la fecha indicada al principio13.

PATRIA, CONSTITUCIÓN Y PAZ.

Respecto al sistema judicial, y debido a que por la situación imperante en el país no se había establecido un Tribunal Superior de Justicia de la Nación en la Ciudad de México, el Coronel Cantú dispuso la creación de uno en el Distrito Norte, que desde luego fue prácticamente autónomo, habiendo sido su primer presidente el licenciado José F. Guajardo, amigo personal y consejero del gobernante. El 19 de octubre de 1916 el gobernador confirió por decreto a los jueces de primera instancia las facultades que tenían antes sólo los jueces de distrito federales.

El Tribunal Superior de Justicia del Distrito fue independiente de las autoridades judiciales del centro, los nombramientos para puestos que antes eran obligadamente y por ley de carácter federal, como el jefe de aduanas y el director de educación, fueron hechos localmente sin

consultar al presidente, y sólo ocasionalmente se aceptaron a algunos recomendados que llegaban de la ciudad de México. De esta forma, Cantú prácticamente desconoció el régimen fiscal y judicial del Gobierno Federal, y esta autonomía se extendió al sistema educativo, las comunicaciones y otras dependencias.

Para hacerse cargo de lo que sería la marina de guerra del Distrito Norte, llamó a un antiguo militar que vivía exiliado en Filadelfia de nombre Othón B. Blanco, la cual, por cierto, nunca llegó a materializarse, pero sí dotó a sus cuerpos de infantería y caballería del mejor armamento que pudo conseguir en los Estados Unidos. El Cuerpo de Caballería “Esteban Cantú” era un modelo militar por el entrenamiento a que se le sujetaba y la calidad de su equipo.

A pesar de todo, debe reiterarse que siempre se conservó una relación con el gobierno de Venustiano Carranza que, aunque con altibajos, permaneció constante hasta la muerte del llamado Varón de Cuatro Ciénegas, entre otras razones por la citada amistad que había entre el presidente y José T. Cantú, hermano del Coronel.

Si bien es cierto que Cantú independizó en el Distrito instituciones que debían ser de la federación, también es verdad que Carranza le envió un furgón de pólvora para ayudar en la construcción del Camino Nacional, y que el Coronel llegó a mandar al gobierno del centro fondos recabados en las aduanas del Distrito. Además, de las bestias criadas en las haciendas de remonta Cantú hizo llegar por ferrocarril al gobierno federal del centro, según lo expresa en sus Apuntes Históricos, más de 1 000 caballos que reunían todos los requerimientos para servicio del ejército, lo que en dinero equivalía a una respetable cantidad de pesos. Podría decirse que a pesar de su relativa autonomía, Cantú brindó más apoyos al régimen de Carranza que muchas entidades subordinadas y leales al gobierno federal.

Una de las pocas dependencias federales que siguió funcionando en el Distrito Norte con la anuencia del gobernador fue la Comisión Agraria Federal, cuya función era deslindar y repartir terrenos nacionales, aunque había una institución igual pero adscrita al Gobierno del Distrito, con residencias en Ensenada, Tijuana y Tecate. Además, no debe creerse que los funcionarios federales estaban proscritos del Distrito Norte, pues en 1918 por ejemplo, el Ministro de Agricultura se encontraba en Tijuana en visita oficial, y giró el acuerdo para que se establecieran los fundos legales de Real del Castillo, Calmallí, Santo Tomás, San Quintín, San Felipe y Santo Domingo.

Por otra parte, el 21 de marzo de ese año el Presidente de la República Venustiano Carranza dictó disposiciones relativas a la posesión y reparto de tierras en el Distrito Norte de la Baja California. Contrario pues a lo que generalmente se señala, Cantú mantenía abiertos varios canales que lo comunicaban de manera efectiva con el gobierno federal, prueba de lo cual es el envío frecuente del dinero correspondiente a impuestos, así como el ya mencionado traslado de caballada que necesitaban las tropas del ejército en el centro del país.

El Coronel manejaba a su favor las situaciones especiales en que se encontraba la Baja California y su indiscutible simpatía entre la gran mayoría del pueblo, de manera que en el centro del país no se sabía con certeza hasta donde llegaba el poder político, económico y militar del gobernante. Igualmente, la relación de Cantú con los americanos fue casi siempre un asunto poco menos que indescifrable; aun entre los propios estadounidenses, sin embargo, hasta en los momentos más críticos que se dieron en las relaciones entre los dos países, Cantú se mostró amistoso con la nación del norte.

Las autoridades de San Diego reciben en 1917 con honores al Coronel Esteban Cantú, en el centro, con motivo de la ‘Fiesta de la Amistad’

Perspectiva del desfile militar y civil en San Diego, en el que participaron alumnos de las escuelas de Baja California y bandas de guerra. La popularidad del Coronel en la ciudad norteamericana era real.

Un ejemplo de esto es la actitud del gobernante durante la expedición punitiva que llevaron a cabo tropas norteamericanas bajo el mando del General de Brigada John J. Pershing, al penetrar a territorio nacional a partir del 15 de marzo de 1916 en persecución de Francisco Villa, por el ataque que éste había realizado contra el poblado norteamericano de Columbus. En esa ocasión, días después de la entrada de los soldados extranjeros que llegaron a sumar 15 000 hombres, Cantú expresó: …no concierne [la entrada de los soldados americanos a territorio nacional] a los habitantes de esta parte del país. Nuestra actitud es la de mantener relaciones pacíficas en todo momento, por el interés común de los norteamericanos y del pueblo mexicano de esta frontera.14 La actitud del Coronel tan criticada por sus adversarios fue la misma que adoptaron casi todos los estados fronterizos, excepto Chihuahua.

En la llamada expedición punitiva en busca de Villa, los encuentros armados que se dieron fueron casi en su totalidad con bandas villistas, y sólo un combate formal con tropas del ejército mexicano, cuando el Teniente Coronel Genovevo Rivas Guillén derrotó al Capitán Boyd, causándole más de 100 bajas en la batalla de El Carrizal. Por otra parte, en ningún momento hubo un estado de guerra declarada entre los dos países. Esto justifica de algún modo la actitud neutral de Cantú, pero además, debe considerarse que el mismo Carranza, bajo ciertas condiciones, aceptaba la penetración de los extranjeros en búsqueda de Villa. Finalmente, debe pensarse qué repercusiones sobre las relaciones internacionales locales se habrían dado si el Coronel se hubiera manifestado en contra del movimiento militar norteamericano.

En ocasiones, funcionarios de Calexico y San Diego tenían la percepción de que Cantú contaba con la amistad personal de importantes políticos en Washington, y a pesar de las acusaciones que oficiosamente llegaron a hacer algunas personas en su contra, en lo general era admirado por el pueblo de San Diego y Caléxico. Por ejemplo, el 23 de junio de 1917, fue invitado al puerto californiano, en donde se organizó un desfile militar como parte de un evento que los americanos llamaron la “Fiesta de la Amistad”, que duró del 21 al 24 de junio de 1917. Aparte del gobernador, asistieron al desfile varios miembros de su gobierno, la banda del 23º Regimiento de Infantería y grupos de niños de varias escuelas de Mexicali, Tijuana y Ensenada; el contingente mexicano provocó el aplauso del pueblo americano asistente al acto, que llenó las calles principales de San Diego.

En relación con el acto que se menciona, vale la pena transcribir en parte la noticia dada por la prensa:

…Vecinos de ambos lados de la marca divisoria parecieron olvidar que estaba allí. La Fiesta de la Amistad, el gran Carnaval de Buena Voluntad, logró eso….ayer se encontraron en San Diego casi como un solo pueblo…Bajo las Barras y las Estrellas se juntaron y estrecharon las manos…Y hoy estos mismos vecinos se reunirán en Tijuana, bajo la bandera mexicana, para proclamar la duradera amistad que ha sido la nota importante a través de este gran festival. El

desfile excedió todas las expectativas. Fue presenciado por una multitud estimada en 10,000 personas y requirió toda uno hora para pasar por un punto dado…En la Exposición ayer en la tarde, el Gobernador Cantú dijo un breve pero elocuente discurso en español, expresando la a mistad hacia el pueblo de San Diego y agradeciéndole los honores que le otorgaron. Fue ovacionado por varios minutos. El “Mayor” L. J. Wilde dirigió el discurso de bienvenida…15

Este episodio hace pensar que muchos estadounidenses consideraban al gobernante mexicano como su amigo, cuando menos en ese tiempo. Fue por esos días que el gobernador del Distrito donó a la Cruz Roja de San Diego $500.00 dólares, lo que le valió elogios entusiastas del gobierno y organizaciones civiles del país del norte. El señor Herbert R. Fay, editor del San Diego Union, no encontró elogios suficientes para el gobierno de Cantú, según lo publicado en el mencionado periódico el 13 de agosto de 1917.

Hay que agregar a lo dicho las publicaciones amarillistas de la prensa en ambos lados de la frontera que mencionaban con frecuencia supuestos planes de diversas personas, incluyendo al mismo Coronel, para independizar la Baja California. Por ejemplo, el 30 de diciembre de 1917 un residente de California de nombre Fielding Jonson Stilson, hijo de un rico corredor de bienes raíces de Los Ángeles, primo del Secretario de Estado Robert Lansing y miembro prominente de la sociedad, hizo público el supuesto hecho de que la Baja California había sido independizada de la República Mexicana por Cantú, y que él, Stilson, se aprestaba a viajar a Washington en representación de aquel territorio para negociar su anexión a los Estados Unidos. En publicaciones de El Universal y Excélsior del 7 de enero de 1918, el Coronel negó enfáticamente el rumor.

Según Richard Werne, *…Cantú mostró nuevamente la consideración que guardaba a los intereses de los Estados Unidos cuando envió tropas mexicanas para romper una huelga en contra de la Imperial Valley Development Company...*Esta afirmación del investigador norteamericano se apoya en la cita 38 que hace en su obra, que dice textualmente: Calexico Chronicle (17 abr. 1914; 29 mayo, 12 nov. 1915; 4 ene. 1916; San Diego Union 28 abr. , jun. 1917.). La fecha de 1914 correspondería a una etapa en la que Cantú aún no asumía el gobierno del Distrito, por lo que debe ser referente a otros asuntos mencionados en esa página; por otra parte, en 1914 era Jefe Político el general huertista Francisco Vázquez, con el cual Cantú no tenía buenas relaciones, por lo que resulta difícil asumir que se hubiera atrevido a mandar tropas al vecino país sin una orden superior.

Si el hecho ocurrió realmente, debe haber sido cuando ya Cantú tenía el mando militar y político en el Distrito Norte. De haber sucedido las cosas como las menciona Werne, el Coronel mostraría con estas acciones el rostro que volteaba su mirada al pasado, hacia el lado oscuro del régimen porfirista, siempre represivo con los trabajadores que exigían mejores salarios, actitud que nunca se le conoció localmente. Si lo narrado fue un hecho real, pudo haberse tratado de un acto casi simbólico, con el cual el Coronel expresaría a los americanos su apoyo y amistad, pues resulta extraño que éstos no contaran con la capacidad policíaca para llevar a cabo la acción. De cualquier forma, queda la duda sobre un hecho que para muchos empaña notablemente la imagen del Coronel.

Cantú y el espionaje alemán desde Baja California

La astucia de Cantú en su trato con los estadounidenses se puso de manifiesto muchas veces, pero el ejemplo que se narra enseguida es uno de los casos más ilustrativos.

Desde 1914 barcos de guerra europeos, sobre todo ingleses y alemanes, navegaban cerca de las costas de Baja California, como lo señaló un reportaje del “Union” de San Diego el 5 de noviembre de 1914 que decía: Crucero británico busca barco alemán. El reportaje se refería a que la nave “Newcastle” estaba tratando de interceptar a la embarcación alemana “Lasbek”, uno de once barcos extranjeros que tal vez realizaban acciones de espionaje y reconocimiento desde el Golfo de California hasta el Océano Pacífico en la latitud de Oregon. Por aquel tiempo, siendo Jefe Político del Distrito Norte el Mayor Baltasar Avilés, un norteamericano de origen holandés pero nativo de Alemania, llamado Peter Harry Vondenburg o Vondenberg, estuvo por un tiempo bajo arresto debido a que el cónsul británico en Ensenada lo acusó de ser agente secreto alemán.

La denuncia señalaba que Vondenburg, junto con dos ayudantes alemanes, operaba desde El Álamo una estación de radio inalámbrica por medio de la cual informaba a los barcos alemanes sobre los movimientos de los cruceros británicos. La aprehensión se llevó a cabo por las autoridades mexicanas debido a la denuncia del cónsul británico en Ensenada. Todo se debió a que Vondenburg, quien supuestamente se dedicaba a la minería en El Álamo, encargó sofisticado equipo de radio a un comercio especializado en Los Ángeles, el hecho llamó la atención y lo conocieron los ingleses en aquella ciudad, hicieron la denuncia en Ensenada, las autoridades locales estuvieron vigilando el poblado minero y poco después efectuaron la detención del extranjero.

Aunque los acusados alegaron que se trataba de equipo para detectar minerales valiosos, esto no fue aceptado por las autoridades, pues según reportes del “San Diego Union” del 1º de noviembre de 1914, la instalación consistía en mástiles formados por dos tubos ensamblados, con altura de 120 pies, con alambrado semejante al de una antena, tableros con interruptores, y una planta de 250 caballos de fuerza para producir electricidad. Aunque Vondenburg permaneció preso en Ensenada por un tiempo, esperando ser enjuiciado por espionaje, quedó en libertad poco después, yéndose a vivir a San Diego.

La estación de radio, según informes del 25 de noviembre del “Union”, fue incautada por el gobierno mexicano para incorporarla a una red de 6 estaciones que operaban en la costa del Pacífico en Baja California. Vondenburg murió el 26 de marzo de 1945 en San Diego, y nunca admitió haber participado en acciones de espionaje.

Lógicamente, el nerviosismo de Washington continuó y con más fuerza en 1917, poco antes de que la nación entrara a la Primera Guerra Mundial, pues se acrecentaba el peligro de que la Baja California se convirtiera en una plataforma ideal para que Alemania lanzara un ataque sobre las ciudades de San Diego y Los Ángeles después de desembarcar tropas en la península. Los americanos no olvidaban el episodio del telegrama Zimmerman, cuando el 19 de enero de 1917 el gobierno alemán pidió a su embajador en México, siendo presidente Venustiano Carranza, que solicitara al gobierno su ayuda para luchar contra los Estados Unidos, a cambio de lo cual el país recuperaría una buena parte del territorio perdido en 1847120, y aunque se interceptó el mensaje y Washington supo de su contenido, se tenía conciencia del peligro latente de que espías alemanes actuaran desde la Baja California y otras partes cercanas a su frontera. En ese año, se detectaron en Los Ángeles señales de radio emitidas por una estación inalámbrica en algún lugar del noreste de Baja California, por lo que el Teniente Joseph K. Hutchinson, adscrito al Departamento de Inteligencia Naval de los Estados Unidos intentó localizar la emisora clandestina. Al fracasar en sus primeras tentativas, tuvo que pedir directamente la ayuda de Cantú, aunque éste ya había entregado a las autoridades norteamericanas algunos agentes alemanes que trabajaban para su país en el Distrito Norte.

Teniendo las cartas a su favor, el Coronel pudo negociar con los americanos, comprometiéndose a entregar a todo agente secreto extranjero que se encontrara en Baja California, así como buscar e incautar cualquier radioemisora alemana que funcionara en el territorio, y a cambio, el gobernante mexicano obtuvo del gobierno norteamericano algunas importantes concesiones de tipo aduanal, así como la cancelación de la sentencia que pesaba sobre su cuñado Fred Dato, por tráfico ilegal de armas a través de la frontera.

Durante la Primera Guerra Mundial, el Coronel Cantú tomó muy en serio el peligro de actividades de sabotaje que pudieran realizar agentes extranjeros en las obras de riego del Valle de Mexicali, lo que hubiera sido desastroso no sólo por los daños en sí que se pudieran causar, sino por la segura intervención que tendría lugar de parte de los norteamericanos, en un grado desconocido, cuyos intereses hubieran sido los más afectados. Prueba de ello es la comunicación que Cantú envió al Presidente Municipal de Mexicali en abril de 1917, y que se transcribe enseguida:

GOBERNADOR Y COMANDANTE MILITAR DEL

DISTRITO NORTE DE LA BAJA CALIFORNIA REPÚBLICA MEXICANA

CORRESPONDENCIA PARTICULAR

Ensenada, B.C., abril 6 de 1917.

Sr. D. Francisco Bórquez, Mexicali.

Muy estimado amigo:

Pudiendo existir el peligro, aunque remoto, de que las actuales complicaciones de los Estados Unidos con otros países, dieran lugar á un atentado en las obras de regadío derivadas del río Colorado, sírvase Ud. disponer que la policía de su mando , aumente en lo posible la vigilancia de los canales, y de preferencia en las cabezas de las compuertas.

Soy de Ud. Atto. S. S. y amigo:

Esteban Cantú (rúbrica)

P.D.

La vigilancia, por supuesto, debe estrecharse sobre personas desconocidas y sospechosas16.

Respecto a las estaciones transmisoras inalámbricas mencionadas, se ha dicho que las investigaciones realizadas no dieron resultado alguno y jamás se encontró la radiodifusora alemana17, aunque también existe la versión de que sí se incautó una estación inalámbrica instalada en el desierto del Río Colorado por el barón Valdemar Von Mechow, cuyo equipo se aprovechó en Mexicali. En 1919, un extranjero de nombre C. Von Mechow formaba parte de la Cámara Agrícola Nacional de Baja California de Mexicali, y lo más probable es que se trate de un pariente del personaje mencionado antes. Lo dicho implica la posibilidad de que algunos de estos extranjeros disfrutaran de la aceptación social y del Gobierno del Distrito.

Desde mediados del siglo XIX, las tendencias anexionistas que se daban en el país del norte, derivadas en buena parte de la doctrina del Destino Manifiesto18, fueron nubarrones amenazantes a los cuales se tuvieron que acostumbrar los gobiernos mexicanos.

Por otra parte, en toda la administración de Cantú algunos ciudadanos norteamericanos llegaron a pensar que el gobernante les enviaba claras señales de que pensaba separar la Baja California del resto de la nación para después pedir su anexión a los Estados Unidos. Pero la mayoría de los políticos en Washington consideraban tal situación completamente irreal, por decir lo menos.

Desde 1848, el presidente de los Estados Unidos James K. Polk trató de que la Baja California se anexara a su país junto con la Alta California. La adquisición de la Baja California por los Estados Unidos no era tema nuevo en 1915, ya que después de 1848 hubo serios intentos filibusteros de grupos armados provenientes del norte, como sucedió en 1853 con la invasión de WilliamWalker; y después, durante el gobierno del general Porfirio Díaz, la conspiración de gente de San Diego y directivos de la Compañía Inglesa que planearon apoderarse de la Baja California siendo jefe político Luis Emeterio Torres. Además, algunos políticos yanquis hicieron peticiones formales a su gobierno para comprar a México la península, como James Gadsden, quien al negociar el Tratado de La Mesilla, quiso sin éxito que se incluyera la Baja California; y más recientemente, el senador por Arizona Henry F. Ashurst, quien en 1919 fue líder de una resolución del Senado por la que se pedía al presidente que iniciara las gestiones a fin de comprar la Baja California y parte de Sonora. La petición de Ashurst fue sólo una de varias que por aquel tiempo se hicieron con el fin mencionado, aunque no pasaron más allá del Comité de Relaciones Exteriores.

Aunque el presidente de los Estados Unidos Woodrow Wilson era un demócrata y trataba de seguir una política antiimperialista, la verdad es que fuerzas del ejército de los Estados Unidos siempre estuvieron esperando cualquier pretexto para penetrar a territorio nacional, con el fin supuesto de proteger el sistema de riego de las compañías americanas, ya que por aquel tiempo no existía el canal “All American” por el cual se surte de agua el Valle Imperial. El agua del Río Colorado era llevada a la importante región agrícola norteamericana por el cauce del Río Álamo en territorio nacional, así es que cualquier movimiento armado en la península ponía en grave riesgo el sistema agrícola de esa región. Además, los fantásticos beneficios económicos que obtenía la “California-Mexico Land and Cattle Company”, cuyos directivos más importantes eran Harrison Gray Otis y su yerno Harry Chandler, podían acabarse de un golpe en caso de cualquier tipo de revuelta que dañara las obras de riego en el Valle de Mexicali, en donde la compañía detentaba miles de hectáreas de tierras de riego.

La “Golden West League” fue una de las muchas organizaciones norteamericanas que buscaban el dominio territorial sobre México, y en 1917 enviaron una invitación a Cantú para que asistiera a una reunión que se llevaría a cabo en San Diego. Creyendo que la reunión sería para mejorar las relaciones entre los dos países, autorizados por el Presidente de la República Venustiano Carranza asistieron a la reunión el licenciado Manuel R. Luján, y los ingenieros Ramón Guerrero y J. Guerrero Romero. Iniciada la plática, un norteamericano tomó la palabra y propuso al gobierno de México la compra de la Baja California por veinte millones de dólares, lo que provocó que los asistentes mexicanos se levantaran de sus asientos y abandonaran el lugar.

El gobernador de Texas, W. P. Hobby, pidió al Secretario de Estado norteamericano Robert Lansing que interviniera en un acto de sabiduría, de justicia y de humanidad por parte de nuestro gobierno, y el 13 de enero de 1919 se introdujo una resolución en el Senado de California solicitando la compra de Baja California para poner todo el Río Colorado bajo el control de los Estados Unidos.19

El profesor Cristóbal Aguillón escribió en 1937 en la revista Tesis un artículo en el que decía lo siguiente:

…Uno o dos años después de la incursión floresmagonista, mis servicios como intérprete fueron solicitados por una comisión de personas de alto relieve político, venida de Washington con la proposición que lógicamente se desprendió de los hechos de la invasión filibustera: “Que el señor Coronel Cantú, con todo género de facilidades y con seguro reconocimiento a las veinticuatro horas, proclamara la República de la Baja California y se declarara Presidente…”.

Mi comisión de intérprete me fue repugnante y grandemente difícil, por conocer el acendrado patriotismo del señor Coronel Cantú, y con todo género de suavidades y precauciones, aproveché la oportunidad para transmitirle la dolosa proposición de los ansiosos y elevados personajes políticos.

Escuchó el Coronel contraído el ceño y endurecida la cara, moviendo la cabeza de alto abajo, con acompasada gravedad. Terminé y hubo un silencio en que me oí el ruido del corazón. Rompí el siglo de aquel segundo de vileza o de gloria para la Patria, preguntando:

- ¿Qué les digo, señor Coronel?

- ¡Dígales que !

- Señor, no hay en inglés esas palabras.

- Pues a ver cómo halla las más apropiadas20.

Y la entrevista concluyó.

Lo dicho hasta aquí demuestra que durante la administración de Cantú, éste tuvo que soportar la presión política proveniente del norte tendiente a la anexión de Baja California a los Estados Unidos, no promovida por el gobierno, sino por grupos de inversionistas y políticos que tenían enormes intereses en Baja California. Sin embargo, si se exceptúan las balaceras que algunos hombres mandados por la “Colorado River Land Company” hicieron contra Cantú y sus hombres, de lo cual ya se habló, el Distrito Norte no sufrió agresión armada alguna proveniente del norte, ni durante la ocupación de Veracruz o durante el tiempo que duró la expedición punitiva de Pershing, lo que se logró en buena parte por la astucia política de Cantú, aunque debe señalarse que al ocupar los americanos el puerto jarocho en abril de 1914, se cerró la frontera local por breve tiempo. Como lo expresa Werne:

Si los Estados Unidos consideraron que no era necesario tomar bajo su control las obras de irrigación de valle de Mexicali, fue gracias a los esfuerzos del coronel Esteban Cantú Jiménez, comandante de la guarnición de Mexicali y más tarde gobernador del distrito norte de la Baja California21.

Por otra parte, no han faltado testimonios de mexicanos que refieren la intención del coronel de independizarse del resto del país. El 7 de enero de 1918, el cónsul mexicano en Los Ángeles dirigió al Secretario de Relaciones Exteriores un comunicado en el que le informaba que muy pronto, la Baja California se separaría de la República Mexicana y de inmediato sería reconocida por Washington.

Según el citado autor norteamericano, Cantú admitió en una ocasión ante un agente de la Oficina de Investigaciones del Departamento de Justicia de los Estados Unidos llamado P. M. Godchaux que pensaba iniciar una revolución en contera de Carranza aliándose con Villa y Peláez22, aunque el mismo autor afirma que lo más probable es que Cantú jamás habría pensado realmente en promover esa revolución.

En otro caso, Sydney Smith, cónsul norteamericano en Ensenada en 1919, aseguró que Cantú le había dicho que se separaría de México de inmediato siempre que los Estados Unidos lo apoyaran. Aunque este dicho de Smith fue corroborado por el vicecónsul británico Madden, y aún suponiendo que así hubiera ocurrido, el coronel pudo haber soltado esas expresiones por dos motivos, para aparentar ante Washington que no sostenía una relación indisoluble con Carranza; y con el fin de obtener de los americanos un trato favorable a su gobierno en momentos en que su agresividad contra México estaba exacerbada.

Es difícil saber con certeza hasta donde pudo o quiso llegar el gobernante del Distrito, si es verdad que alguna vez pensó en la separación de la Baja California del resto del país, pues los rumores nunca pasaron de eso. Por otra parte, resulta casi imposible creer que el gobierno norteamericano, en un inusitado desplante de moralidad política internacional, hubiera respetado la soberanía de México si Cantú hubiera sido un traidor que le ofreciera la apetecida península en bandeja de plata.

Lo que pudo haber sucedido es que todos esos reportes inculpando al Coronel se debieran, por un lado, a la enemistad que siempre se dio entre él y el cónsul de México en Los Ángeles; y por otro, que el gobernante del Distrito fuera poco cuidadoso en las expresiones que dirigía a funcionarios y prensa del extranjero, lo que era aprovechado por éstos para hacer públicos los rumores mencionados. Por otra parte, resulta inexplicable que el gobierno de Carranza y después con de la Huerta, no se hubiera tomado una actitud condenatoria o de sanción contra Cantú en caso de haber tenido sustento las acusaciones que tantas veces se hicieron en su contra.

Lo que sí fue un hecho, es la publicación de una carta abierta de Cantú, fechada el 2 de febrero de 1919, dirigida al pueblo de los Estados Unidos a raíz de la tentativa de Ashurst para comprar la península, la cual mandó que se publicara en los periódicos norteamericanos, que decía en parte:

Tengo fundamento para decir que la perversa propaganda de que hablo ha extendido su acción hasta dentro de los límites de este distrito, aprovechándose de la dudosa fidelidad y simpatía de la población extranjera, especialmente de los chinos y tratando de crear en ellos un sentimiento favorable a la anexión. Con esta mira procuran deslumbrarlos con el tentador argumento de una prosperidad mucho mayor, incentivo que puede hacer mella en un extranjero, pero que nunca ha conmovido la firme lealtad de los mexicanos hacia su país natal…

Ni el más depravado mexicano daría cabida al propósito de vender una sola fracción de nuestro suelo y quien se atreviera a proponer en México semejante cosa, sería reo de alta traición…. Hay que descartar la anexión por cualquiera de otros medios, pues sería moralmente imposible, dadas las declaraciones internacionales del señor Presidente Wilson, que serán salvaguardia eficaz de la autonomía de todas las naciones, dadas las repetidas manifestaciones del mismo Magistrado, de otros altos funcionarios de los Estados Unidos y de la prensa americana, de que su país ya nunca buscará mayor crecimiento territorial y por último, en vista de la reciente declaración del Departamento de Estado, en que explícitamente niega su sanción al proyecto de anexión de la Baja California y parte de Sonora…23

Conociendo las opiniones actuales y de aquella época de personas reconocidamente contrarias y críticas severas del régimen de Cantú, es lógico inferir que el gobernante del Distrito nunca haya pensado en la anexión de la Baja California a la Unión Americana. El General Plutarco Elías Calles, del grupo sonorense y enemigo acérrimo de Cantú, dijo en una entrevista que no creía que el gobernante del Distrito Norte hubiera pensado en la anexión de la Baja California, porque si así sucediera, el astuto coronel no tendría nada que ganar, pues seguramente sería reemplazado24. Por su parte, Richard Werne, investigador norteamericano que calificó a Cantú como cínico y corrupto, expresó: …El primero en repudiar tal propuesta [refiriéndose a la solicitud de Ashurst para que su gobierno comprara la Baja California] fue Esteban Cantú, quien con su esfuerzo ayudó a consolidar la opinión en contra de la anexión en Baja California…25

La idea de no provocar la ira de los vecinos del norte no era exclusiva del gobernante del Distrito Norte de la Baja California; pero fue en la frontera local en el área de Mexicali, en donde el equilibrio político entre los dos países mostraba una fragilidad peligrosa, y además de Cantú, sus propios enemigos consideraban que el gobernante estaba poniendo en peligro a todo el país en el caso de que se dieran hechos de armas en la región, por el posible daño que esas acciones podían causar sobre las obras de irrigación de las compañías norteamericanas26. Hay que admitir que el peligro de una intervención extranjera siempre fue real, y los soldados americanos estaban listos para entrar a territorio nacional en caso necesario, acampados a corta distancia al norte de la línea fronteriza.

Se ha dicho que durante el gobierno de Cantú, muchos mexicanos de diversa filiación política y clase social emigraron al Distrito Norte de la Baja California en busca de un lugar en el que se pudiera trabajar en paz. Sobre todo llegaban campesinos ex combatientes de alguna de las muchas facciones revolucionarias, empleados desocupados y profesionistas, y casi todos al poco tiempo se ubicaban en alguna actividad productiva.

El propio Venustiano Carranza llegó a enviar a algunas personas a quienes Cantú concedió puestos en su administración27, lo cual fue visto con celo y desconfianza por los políticos de Ensenada, pues con razón veían a los recién llegados como advenedizos que de alguna forma les impedían el acceso a los puestos de la administración. Respecto a los puestos que se concedieron a recomendados del Presidente Carranza es casi seguro que las motivaciones del gobernador no eran puramente filantrópicas, o el aprovechar la innegable capacidad de funcionarios y empleados de confianza que venían del interior, sino también el tener a su servicio a personas capaces y agradecidas que le fueran fieles y serviciales.

La paz en el Distrito Norte tuvo una continuidad casi absoluta de 1915 a 1920, período del gobierno de Cantú. Sin embargo, en las postrimerías de ese período se suscitaron algunas tentativas revolucionarias o subversivas, aunque no de gravedad.

El 7 de septiembre de 1919, el destacamento militar de Los Algodones se amotinó, poniendo como pretexto lo lesivo que resultaba para los mexicanos la inmigración sin límite de chinos, además de manifestar su adhesión a Francisco Villa. Como resultado de este movimiento rebelde resultaron asesinados el Capitán José Torres y tres soldados, además de que los levantados robaron un buen número de caballos y armas.

Con relativa facilidad, los líderes fueron aprehendidos y el motín aplastado por las tropas del Distrito, sumariamente fueron juzgados, condenados a muerte y ejecutados los conjurados Refugio Acero y José Beltrán. De los interrogatorios, se supo que Acero era miembro activo de la I.W.W., y como buen anarquista no reconocía a ningún gobierno; además, un traficante de armas de apellido Tribolet también fue aprehendido, y todo esto causó el temor en las compañías agrícolas extranjeras de que sus bienes pudieran ser afectados en el caso de un levantamiento generalizado. La pública ejecución de los cabecillas rebeldes fue poco tiempo después motivo para que los enemigos de Cantú lo atacaran, calificando el hecho de cruel asesinato, aunque la acción se enmarcaba claramente dentro de las leyes militares de aquella época y se justificaba plenamente.

Ante la crisis que surgía, Cantú no tuvo más remedio que prohibir la entrada de más chinos al Distrito y calmar así los ánimos en la población, aunque en la práctica se siguió permitiendo la entrada de asiáticos hasta el final de su gobierno. El pretexto siempre fue la falta que hacían aquellos brazos para seguir obteniendo grandes cosechas en el Valle de Mexicali, aunque aparejado a esto se encontraba el propósito de no renunciar al ingreso económico que la entrada de chinos significaba para el gobierno. Por otra parte, era un hecho que si disminuía la producción de algodón, las industrias derivadas como las plantas despepitadoras, bajarían en su capacidad y se afectaría a muchos trabajadores mexicanos que allí laboraban.

En la primavera de 1920, fueron arrestadas algunas personas en el Valle de Mexicali, cerca del Río Colorado, acusados de conspirar para derrocar al gobierno del Distrito, con documentación comprometedora aparentemente expedida por Francisco Villa, en la cual se nombraba a un hombre de apellido Borboa como el nuevo gobernador. A petición de don Venustiano Carranza, dos de los detenidos fueron enviados a la Ciudad de México supuestamente para que se les sometiera a una mayor investigación o juicio, pero extrañamente, los inculpados fueron liberados al poco tiempo. Este episodio nunca fue aclarado, y quedó la duda sobre la posible participación de Villa o Carranza en algún plan para quitar del gobierno al Coronel.

Por otra parte, en más de una ocasión Carranza mandó oficialmente a personas que deberían sustituir a Cantú como gobernador del Distrito Norte, pero el coronel los recibía amablemente y en principio aceptaba sus pretensiones; sin embargo, los obsequiaba generosamente, les prodigaba todo género de atenciones y paseos, y al poco tiempo los enviados desistían de los propósitos iniciales de su viaje y se regresaban a la ciudad de México sin causar mayores problemas.

La desconfianza de Cantú y el trato hacia los frecuentes visitantes y enviados por el gobierno de Carranza al Distrito Norte, se pone de manifiesto con el siguiente caso. En 1918 el señor Pastor Rouaix28, Ministro de Fomento del régimen carrancista, llegó a Ensenada en visita oficial. Aunque fue recibido con toda cordialidad, la vigilancia que se ejerció sobre él por órdenes del Coronel hizo imposible al ilustre visitante que pudiera hablar a solas con cualquier persona. En una recepción ofrecida a Rouaix, Cantú aprovechó la ocasión para que el ministro lo viera en estrecha plática con el cónsul americano en Ensenada, tal vez tratando de que el enviado carrancista se diera cuenta que había nexos amistosos y muy cercanos con las autoridades de los Estados Unidos. Cuando la Cámara de Comercio de San Diego le ofreció una recepción a Rouaix y el gobernador también fue invitado, éste no asistió personalmente y se concretó a mandar a un representante, y a la hora de los discursos, así como los acompañantes del ministro no mencionaron a Cantú en ningún momento, el representante del Coronel no mencionó a Carranza y se limitó a reiterar las buenas relaciones que había entre California y el Distrito Norte. La actitud cautelosa en extremo del Coronel quizá se acentuaba en este caso por tratarse de un emisario representativo de la revolución auténtica y contraria en lo político a cualquier remanente porfirista

José Pastor Anselmo Rouaix Méndez

La señal al gobierno federal era: “estoy bien situado en la región con mis amigos los norteamericanos, quienes me prodigan su amistad”, y el mensaje a éstos sería: “no temo al gobierno del centro, prácticamente soy independiente…”. Tal vez el coqueteo de Cantú con los norteamericanos al mostrar su alejamiento de Carranza le pudo haber sido contraproducente, si se toma en cuenta que el Presidente Wilson y su Secretario de Estado simpatizaban abiertamente con el constitucionalismo.

Con todo y eso, el Coronel Cantú le fue fiel a Carranza hasta el final, y cuando el 20 de mayo de 1920 el presidente fue asesinado y asumió el poder don Adolfo de la Huerta, Cantú se mostró públicamente indignado por el crimen, actitud que muchos gobernadores se reservaron.

El gobierno de Cantú nunca reconoció el Plan de Agua Prieta, y cuando el presidente de la Huerta llamó al Coronel, éste se negó a ir personalmente y mandó en su lugar al comerciante sonorense Baldomero Almada. La razón que tuvo Cantú para seleccionar a este hombre se desconoce con certeza, pues no era precisamente un amigo personal de su absoluta confianza, y su único mérito era la amistad que tenía con Álvaro Obregón. Para sorpresa de todos, el 1º de junio de 1920 se supo que Baldomero Almada había sido nombrado por de la Huerta como el nuevo gobernador del Distrito Norte de la Baja California. Sobre la presencia de Almada en Baja California se hablará más adelante en el capítulo “La caída de Cantú”.


  1. “El Partido Norte de Baja California”, Adalberto Walther Meade, UABC., p. 172. ↩︎

  2. Lo que sería la ciudad de Mexicali se conoció primero como Laguna Camarón, después como El Río y finalmente Mexicali. Según lo expresado por el Coronel Esteban Cantú en 1933 al referir relatos de antiguos residentes del lugar, al irse formando los poblados fronterizos de Caléxico y Mexicali, se integró una comisión México-americana para asignarles nombres, y el entonces jefe político Coronel Agustín Sanginés, nombró al Comisario de Policía de Los Algodones Manuel Vizcarra para que representara a México en la referida comisión, y posiblemente Vizcarra llevó la propuesta sugerida por el propio Sanginés para que el nombre del poblado mexicano fuera Mexicali. ↩︎

  3. Si se toma en cuenta que según el informe del Jefe Político Interino del Distrito, Eulogio Romero, en octubre de 1904 Mexicali todavía era un juzgado de paz, y que en julio de 1905 Gustavo Terrazas fue nombrado Subprefecto en Mexicali, puede decirse que se dio a Mexicali el rango de Subprefectura entre las fechas mencionadas. ↩︎

  4. Samaniego, op.cit.; pp. 66-67. ↩︎

  5. Tomás Ojeda, viviendo en San Diego, formó el Club Constitucionalista General Maclovio Herrera para desconocer a Cantú, pero cambió de parecer al presentársele la oportunidad de incrustarse como colaborador del ayuntamiento de Mexicali. Ibid., pp. 34-35. ↩︎

  6. El único mineral cuya explotación resultaba costeable en el municipio de Ensenada era el mármol. ↩︎

  7. Ibid., p. 65. ↩︎

  8. SINER, octubre diciembre del 2000. ↩︎

  9. Cuando en abril de 1914 el puerto de Tampico aún estaba ocupado por tropas huertistas, ocurrió el siguiente incidente: los norteamericanos tenían barcos de guerra fondeados en el puerto supuestamente para proteger los intereses de sus connacionales. En cierta ocasión, unos marineros norteamericanos ebrios, pasaron por una zona restringida del puerto y fueron arrestados, por lo que el comandante naval yanqui, furioso, quiso que el oficial mexicano responsable, como disculpa, saludara a la bandera de las barras y las estrellas con una salva de 21 cañonazos, petición que fue rechazada; este fue el antecedente de lo que ocurriría en Veracruz. Aquí, el Contralmirante Fletcher de la flota extranjera, supuestamente para evitar el desembarco de armas de un barco alemán destinadas a Huerta, ocupó con sus hombres el puerto a pesar de la heroica resistencia ofrecida por el pueblo, ya que las tropas huertistas abandonaron la plaza. Romero Flores, Jesús. La historia de la Revolución Mexicana, pp. 113-114. ↩︎

  10. Según algunos historiadores (Javier Hernández, El Sol de Tijuana, miércoles 2 de octubre de 1996) José Cantú fue de los firmantes del Plan de Guadalupe, pero este documento no incluye su nombre entre los muchos firmantes del Plan. Tal vez se trate de una confusión con otros oficiales de apellido Cantú que sí lo firmaron, como el Capitán Primero F. Cantú; Teniente Jesús R. Cantú; y Subteniente A. Cantú. “La Revolución Mexicana”, Tomo III, Investigación y compilación de Graziella Altamirano y Guadalupe Villa, SEP, 1985; pp. 327 y 328. ↩︎

  11. Werne, op cit., citando al Calexico Chronicle del 13 de febrero de 1916. ↩︎

  12. “Compendio Histórico-Biográfico de Mexicali, 1539-1966. Celso Aguirre Bernal, Anaya Editores, 1994, México, D.F.. p. 121. ↩︎

  13. Aguirre Bernal, op.cit., p. 131. ↩︎

  14. “Calexico Chronicle”, 18 de marzo de 1916. ↩︎

  15. San Diego Union, June 24, 1917, 1:7-8. Frienship Day celebrated. ↩︎

  16. Arch. Hist. del Edo. de B.C.. ↩︎

  17. Werne, op.cit., p. 17. ↩︎

  18. Desde 1845 el periodista norteamericano John L. O´Sullivan propuso la doctrina del “Destino Manifiesto”, según la cual los Estados Unidos tienen el destino de ejercer su gobierno y dominio sobre los pueblos de piel morena. Aunque la idea fue poco después rechazada por el gobierno norteamericano, muchos grupos se organizaron con el fin de hacer efectivo el principio mencionado, aunque poco a poco ha ido perdiendo simpatizantes. ↩︎

  19. Werne, op.cit., pp. 27-28. ↩︎

  20. Aguirre Bernal, op. cit. p. 180. ↩︎

  21. Werne, op.cit., p. 3. ↩︎

  22. Werne, op.cit., p. 10. ↩︎

  23. Cantú, Apuntes…, op.cit., p. 31. ↩︎

  24. Excélsior, 4 de agosto de 1920. ↩︎

  25. Excélsior, de 28 enero 1919. ↩︎

  26. El Heraldo de México, 5, 7 de agosto de 1920. ↩︎

  27. Marco Antonio Samaniego, op.cit., p. 75 ↩︎

  28. El ingeniero Pastor Rouaix nació en Tehuacán, Puebla, pero buena parte de su vida la pasó en Durango, en donde fue Gobernador del Estado dos veces; tuvo participación en la toma de Torreón con la División del Norte, fue Secretario de Fomento y Colonización en el gobierno de Venustiano Carranza en su período de 1913-1914 elaboró la primer ley agraria del país, expropió latifundios y bienes de la Iglesia; fue diputado al Congreso Constituyente de 1917 por su tierra natal, e intervino en la redacción del artículo 27 y el 123. ↩︎