A pesar de que el Coronel, al dejar el gobierno del Distrito aconsejó al pueblo preferir las soluciones políticas a las militares y violentas para dar solución a los problemas nacionales y locales, al poco tiempo tomó parte en actividades subversivas y de ataque a las poblaciones del Distrito, lo que de alguna forma ensombreció su trayectoria pública. De esas actividades se habla en los siguientes párrafos1.
Cuando Cantú entregó el gobierno del Distrito Norte de la Baja California el 18 de agosto de 1920 a Luis M. Salazar y se fue a los Estados Unidos, hubo algunos problemas administrativos, sobre todo por falta de fondos en la Tesorería, pero no se llegó a alterar el orden social durante los 8 meses siguientes. El General Álvaro Obregón había tomado posesión de la Presidencia de la República el 1º de diciembre de 1920, y a partir de entonces se organizaron en territorio norteamericano algunos planes de ataques en contra de las poblaciones fronterizas del Distrito, algunos de ellos bajo la dirección intelectual de Esteban Cantú.

General Cándido Aguilar

Gral. Francisco J. Mújica
En 1921 sucedieron algunos ataques armados a diversos poblados, sobre todo a Tijuana, llevados a cabo por pequeños grupos que lanzaban vivas a Cantú y que fácilmente fueron sometidos por las tropas del General Rodríguez. Además, desde los Estados Unidos, Cantú criticó en varias ocasiones al Gobierno de la República y del Distrito Norte negándoles legitimidad; y tanto la prensa americana como reportes del cónsul mexicano en Los Ángeles acusaron al coronel de reclutar gente para atacar al gobierno establecido en Baja California. Las principales acciones de este tipo y otros actos por el estilo reportadas casi siempre en el periódico “Calexico Chronicle” fueron las siguientes:
En el periódico de Calexico ya mencionado, el 27 de abril de 1921 se publicó que Cantú y Cándido Aguilar estaban organizando un ataque al Distrito Norte. Quizá no es coincidencia que el nombre de Cándido Aguilar aparezca entre los conjurados amigos de Cantú si se toma en cuenta que era yerno de Carranza, y decidido partidario del proyecto constitucional del Primer Jefe en 1917 por su franca moderación política, el cual a la postre fue derrotado por al ala radical de los constituyentes encabezados por Francisco J. Mújica y admiradores de Obregón. Las posiciones de los personajes mencionados adquieren sentido al tomar en cuenta que Cantú también era de tendencias políticas moderadas, partidario de Carranza y enemigo de Obregón.
El dos de mayo del mismo año hubo un tiroteo en Tijuana provocado por unos diez hombres armados que lanzaban vivas a Cantú, los cuales fueron dominados por las tropas locales. Al siguiente día se repitió el incidente, habiéndose apresado a Ramón Estrada y a otro insurrecto.
El 4 de mayo un ataque semejante a los narrados se dio en el poblado de Tecate, con una baja fatal para los agresores, algunos de los cuales escaparon a territorio americano.
El día 7 fue descubierta cierta cantidad de dinamita en los baños del centro de vicio “El Tecolote”, de Mexicali, y varias personas fueron arrestadas identificándoseles como partidarios del Coronel Cantú.
En la prensa americana se publicó que un ex capitán del ejército norteamericano encabezaría un ataque filibustero que se haría sobre las poblaciones del Distrito.
El 22 de octubre se decomisaron del lado norteamericano en la aduana de San Ysidro tres camiones con 250 rifles y 88 000 cartuchos.
El 9 de noviembre fueron arrestados en Tijuana unos 28 hombres acusados de ser parte de una conspiración en contra del gobierno.
El 13 de noviembre de 1921 atacaron Tijuana varios supuestos partidarios de Cantú procedentes de los Estados Unidos, 6 de los invasores resultaron muertos y el resto huyó al sur del territorio. Los fugitivos fueron alcanzados más allá de Santo Domingo y varios capturados.
El 17 de noviembre penetró a Tecate otro grupo subversivo, pero fueron dispersados dejando en el campo 14 muertos.
El 20 de diciembre de 1921, en periódicos norteamericanos y nacionales Cantú atacó a Álvaro Obregón y a la Constitución de 1917, y expresó que debería restablecerse la de 1857 sin perjuicio de que se adoptaran los cambios inherentes a la evolución de la sociedad. En el punto ocho de la publicación dice:
…Que el reciente movimiento armado en la Baja California [se refería a las penetraciones armadas de que se habla en párrafos anteriores], no fue de filibusteros, sino de ciudadanos mexicanos patriotas que son de los que ven clara la ruina del país y claros los graves peligros que amenazan a la república…
En el punto 9 expresó:
…Desde que se inició el movimiento de la Baja California que, repito, fue obra de amigos míos, todos mexicanos de sangre y corazón, el obregonismo, en declaraciones oficiales y en su prensa, se preocupó en todo, de calificarlos de filibusteros ante el fundado temor de la repercusión tardada pero inevitable que habrá de tener en toda la extensión el esfuerzo de un puñado de patriotas verdaderos en pro de la vindicación de México como pueblo civilizado…2
Aun suponiendo que el amarillismo de la prensa haya exagerado las informaciones sobre la magnitud y número de los ataques y penetraciones desde el norte a territorio del Distrito, la participación de Cantú en cuando menos algunas de las acciones que se han narrado es innegable e indefendible, y sólo en beneficio de una percepción realista de lo acontecido se hacen las siguientes consideraciones:
Primero: La inconformidad de Cantú con los movimientos políticos que se desarrollaron desde los asesinatos de Madero y Carranza, especialmente el ascenso meteórico de los sonorenses al poder, fueron factores que tal vez lo impulsaron a explorar las posibilidades de que el pueblo mexicano se rebelara contra Huerta y después Obregón, para lo cual participó de alguna forma en los pequeños ataques a los pueblos del Distrito de los que se ha hablado, los cuales no lograron su objetivo.
Segundo: Los cónsules mexicanos en las ciudades de California, sobre todo el de Los Ángeles, con frecuencia denunciaron supuestas conspiraciones y proyectos separatistas de Cantú cuando éste gobernaba el Distrito Norte, las cuales resultaron a la postre falsas. Las razones de ese proceder no son claras, aunque podría pensarse que como empleados de la Secretaría de Gobernación, y dada la autonomía de Cantú, pudieron tratar de desacreditar a éste por todos los medios posibles considerándolo enemigo del poder ejecutivo del que ellos dependían.
Tercero: El propio Coronel admitió ser amigo de personas que intervinieron en las conspiraciones e intervenciones contra el gobierno del Distrito, pero nunca precisó ni se ha comprobado en qué medida ayudó, si es que lo hizo concretamente, a la realización de los ataques a Tijuana y Tecate.
Cuarto: La verdad es que desde años atrás, varios exiliados políticos mexicanos llegaron, en diversas épocas y circunstancias, a ampararse en el ambiente mexicano que ya se daba en el área de Los Ángeles por el gran número de emigrados nacionales que vivían allí, para conspirar contra el gobierno en turno que tuviera México o simplemente lanzar denuestos contra el mismo, y el propio Adolfo de la Huerta en un momento dado fue uno de ellos.
Quinto: el número de personas que a lo largo de poco más de un año participaron en esos actos rebeldes achacados a Cantú, puede decirse que fue relativamente reducido, pues según los datos citados es seguro que no llegaron a 100.
Ya para el inicio de 1922 y con los refuerzos militares que arribaron a la Baja California, los problemas de ataques armados a los poblados del Distrito, cualesquiera que fuera su origen, se acabaron. La intervención de Cantú en apoyo de los atacantes de los poblados fronterizos en 1921 ha sido considerado por algunos historiadores como un baldón en la vida del Coronel, por realizar acciones que de alguna manera pusieron en peligro la integridad nacional en el Distrito Norte, aunque ubicadas en el contexto histórico real de la época y valoradas de acuerdo con las consecuencias concretas que tuvieron en el gobierno local, prácticamente carecen de significación. Finalmente, ya perdidas las esperanzas de influir de alguna forma para que el gobierno de Huerta y después de Obregón fueran rechazados por el pueblo mexicano, Cantú se resignó a llevar una vida pacífica, olvidando todo lo que pudiera significar el caudillaje de un movimiento armado rebelde en contra del gobierno. El suyo es un raro ejemplo en la historia de la revolución mexicana de un militar rebelde que es “perdonado” por los regímenes triunfantes, y que puede regresar del exilio a su país para morir en la tranquilidad de su hogar.