Antonio Ponce Aguilar

El Coronel Esteban Cantú en el Distrito Norte de Baja California. 1911-1920
Capítulo IV: 
Manuel Gordillo Escudero, jefe político del distrito. Cantú y el bandolerismo de la frontera

El General Manuel Gordillo Escudero fue nombrado Jefe Político del Distrito Norte de Baja California el 29 de junio de 1911, en sustitución del Coronel Celso Vega1, y a su llegada a Ensenada, después de recibir el gobierno del jefe interino Coronel Miguel Mayol2, de inmediato llamó a Cantú telegráficamente. Cantú salió de Mexicali a caballo, atravesó la sierra de Juárez a la altura de Picachos por el Cañón de los Muertos, cabresteando en ocasiones su caballo por lo quebrado del terreno y llegó a Tecate ya por la noche, al día siguiente hizo rumbo al sur para llegar a Vallecitos; y al otro día, a eso de las tres de la tarde arribó a Ensenada3.

Desfile del 16 de septiembre en Ensenada, a mes y medio de la llegada del General Gordillo a la capital del Distrito.

Obsérvese la importancia de las bestias de carga en el equipo de la tropa.

Gordillo recibió con afecto a su antiguo subordinado4, quien le dio un informe pormenorizado de lo que sucedía a lo largo de la línea fronteriza, sobre todo en la región de Mexicali. El general le comunicó a Cantú que tenía una licencia por 30 días a su favor para que se fuera a Monterrey, pero antes tendría que acabar con las partidas de bandoleros que asolaban los ranchos de las sierras de Juárez y San Pedro Mártir. Para ese objeto, debería tomar el mando de 135 voluntarios, aunque sus cabalgaduras no estaban en muy buenas condiciones. Éste, según Gordillo, era el comienzo de un proyecto en el que se contemplaba un cuerpo auxiliar de caballería de 600 plazas. Pareciera que el general vislumbraba planes a largo plazo en el Distrito Norte, y tal vez no se imaginaba que un año y medio después, las intrigas y acusaciones en su contra lo obligarían a renunciar a su puesto.

El mayor se regresó a Mexicali, y algún tiempo después recibió un telegrama del General Gordillo ordenándole que se dirigiera a un hotel de San Diego, California, en donde se alojaba el General Francisco Vázquez de quien recibiría las últimas órdenes. Este militar sería nombrado Jefe Político y Comandante Militar del Distrito Norte de la Baja California durante la presidencia de Victoriano Huerta.

De inmediato, Cantú se dirigió a San Diego por el lado americano, pues ya conocía el difícil camino de herradura que tendría que cabalgar si se iba vía Tecate-Tijuana, y pronto estuvo frente al general, quien le hizo entrega de las órdenes por escrito y le comunicó lo importante que era acabar con el bandidaje en la frontera, comenzando con Tirso de la Toba, amigo de Ricardo Flores Magón con el que mantuvo comunicación después de la batalla del 22 de junio5. De la Toba, amigo personal de Ricardo Flores Magón, fue de los anarquistas que se dispersaron hacia el interior del Distrito Norte después de la toma de Tijuana, habiéndose dedicado al pillaje y robo, aunque las órdenes recibidas de su jefe y amigo eran tomar los pueblos del sur para no dejar morir la causa anarquista, empezando por Santa Rosalía. Por ese tiempo, según Cantú, atacó el rancho Cañada Verde al este de Tijuana, al frente de 14 bandoleros, así como Jacumba (Ver f. 9) y Las Juntas, habiendo cometido cuando menos un asesinato y la violación de dos mujeres. Sin embargo, la percepción de algunos historiadores es que De la Toba fue un liberal fiel a Ricardo Flores Magón hasta el final, que trató de prolongar la lucha de su partido haciendo campaña al sur de Ensenada.

El anarquista fue perseguido por las guerrillas y voluntarios que se habían reunido en Tecate, pero logró escapar. Además de este bandolero, por el rumbo de Ensenada merodeaba Emilio Guerrero, robando ganado en los pequeños ranchos y cometiendo otras graves tropelías, todo lo cual producía un ambiente de inseguridad en el Distrito. Las órdenes escritas y verbales que dio Vásquez a Cantú eran, en síntesis, acabar con esas bandas para lo cual podría ponerse al frente de los grupos de voluntarios que se habían formado en Tecate.

Paisaje al norte de Sierra de Juárez, cerca del rancho El Topo.

Cantú se regresó en el ferrocarril San Diego-Arizona, que entonces se encontraba en construcción hasta Valle Redondo, al oeste de Tecate; aquí tuvo que conseguir con el mayordomo de los trabajadores del ferrocarril un caballo ensillado, violento y muy sobrado6, para poder seguir su camino a Tecate. Amablemente, el capataz no le puso plazo a Cantú para la devolución del caballo, y sólo le encargó que se informara, si le era posible, sobre cuatro mulas cada una con un valor de doscientos dólares, que le habían robado y que eran propiedad de la compañía.

Ya era de noche y se había desatado una fuerte lluvia7, lo que dificultó la marcha del jinete. Al amanecer, algo extraviado en aquel terreno desconocido, cabresteando su caballo que inquieto trataba constantemente de volver a su querencia, el mayor tuvo la fortuna de llegar casualmente a la casa de un señor Gilbert, en donde fue hospitalariamente recibido. Allí pasó la noche, y al siguiente día, después de desayunar y atender a su cabalgadura, el mayor salió rumbo a Tecate a donde llegó a la una de la tarde. En el pequeño poblado, Cantú fue informado que 30 voluntarios del lugar habían salido hacia el rancho El Topo, en Sierra de Juárez, en persecución de los bandoleros de que se ha hablado. A las cuatro de la mañana del siguiente día, el mayor, acompañado de dos hombres, partió al lugar señalado.

A las seis de la tarde, después de haber cabalgado 145 kilómetros, en buena parte por terreno nevado y difícil, los tres hombres llegaron a El Topo, en donde estaban los 30 hombres armados y montados, además de otros cinco voluntarios, aunque sus bestias se encontraban en pésimas condiciones por la falta de forraje. Era un hermoso lugar, típico de la Sierra de Juárez, con abundancia de pinos y encinos, y algunas ciénegas, además de los clásicos cerros de roca granítica. Después de identificarse y asumir el mando del grupo, supo el mayor que hacía poco aquella gente había tenido un encuentro con los forajidos, del cual había resultado un voluntario herido levemente de un balazo en la pantorrilla. Esa noche se dispusieron centinelas en lugares estratégicos para evitar una mala sorpresa, relevándose cada hora debido al intenso frío.

Antes del amanecer del día siguiente, después de compartir por igual un frugal desayuno, al hacer un breve reconocimiento del terreno se comprobó que las huellas de los fugitivos iban hacia el norte, por lo que iniciaron la marcha antes del alba. Las malas condiciones de la caballada y lo quebrado del terreno obligó a que la mayor parte de los voluntarios se rezagara, por lo que llegaron a la línea fronteriza a la altura de Jacumba sólo 14 jinetes, incluido el mayor.

En el poblado norteamericano se encontraba un pequeño grupo de soldados de San Diego, bajo el mando de un sargento primero de artillería, quien al percatarse de la presencia de la pequeña fuerza nacional, le mandó un recado al comandante mexicano pidiéndole 15 hombres armados para perseguir a los fugitivos que habían penetrado a su país. Cantú no podía mandar soldados mexicanos al otro lado de la frontera, pero sí lo hizo con 15 de los voluntarios de Tecate, habiéndose seleccionado a los mejores tiradores. La pequeña fuerza de soldados americanos y voluntarios de Tecate alcanzaron a los malhechores en el lugar llamado Mountain Springs, en donde éstos, después de una nutrida balacera, tuvieron que huir dejando tres muertos en el campo.

Los 12 malhechores restantes a cuyo frente iba Tirso de la Toba, se dirigieron al Valle Imperial y asaltaron una tienda en Coyote Wells, poblado ubicado muy cerca de la frontera, al noreste de Tecate, para luego penetrar clandestinamente a Mexicali, en donde fueron vistos varios de ellos. Poco después, supuestamente cinco de los delincuentes fueron aprehendidos.

Ya se ha mencionado que Tirso de la Toba, militante del Partido Liberal y amigo de Ricardo Flores Magón, había sido designado por éste para que después de la rendición de los poblados fronterizos a las fuerzas federales, continuara la lucha hacia el sur de la península, empezando por Santa Rosalía, pero tal parece que el líder magonista se mantuvo también en la frontera cometiendo los desmanes mencionados8. De la Toba finalmente fue entregado a Cantú presuntamente por autoridades norteamericanas de migración, y el 16 de noviembre de 1911 el guerrillero fue presentado por el mayor Esteban Cantú para que fuera enjuiciado, Cantú dejó en lo que hoy es el poblado de Jacumé al noroeste de Picachos, hoy con el nombre de La Rumorosa, al Subteniente Luis C. Olivera al mando de 15 hombres, con instrucciones de aprehender a cualquier sospechoso que pasara por el lugar. Para los gastos que se ofrecieran durante ese tiempo, les dejó dinero con el que podrían comprar provisiones en un pequeño comercio que había del lado americano, mientras que él se dirigió a Tecate con el resto de los hombres.

Días después de estos hechos, Cantú recibió órdenes de mandar algunos soldados a Paso de Picachos, para que recibieran a 5 prisioneros que eran enviados de Mexicali a la entonces capital del Distrito, Ensenada. Se trataba de los asesinos que habían atacado el rancho de Cañada Verde, cerca de Valle Redondo, en donde habían asesinado a su dueño Pedro Arguilés, y aunque Cantú no lo dice explícitamente, deben haber sido algunos de los fugitivos aprehendidos en Mexicali después del asalto en Coyote Wells. Tocó al voluntario Fructuoso Gómez ir al frente de 10 hombres montados a cumplir con la orden, y a los cuatro días regresó a Tecate; venía sin tres de los prisioneros, y al presentarse ante el mayor, al tiempo que le mostraba tres pares de orejas le informó: Mi jefe, me incorporo con la novedad de habérseme escapado tres de los presos, pero aquí están las marcas de ellos9.

Aquí cabe aclarar que todavía hoy, es costumbre entre los vaqueros de los ranchos ganaderos que, cuando muere una res en el campo enferma o devorada por el león de montaña o los coyotes, u otro accidente cualquiera, para que cuadre el número de cabezas que se contabilizó en la última corrida con el que se tiene en ese momento y poder justificar la desaparición del animal que ya no aparece en la cuenta del hato, mostrar al dueño la oreja de la res faltante con la señal de sangre con que está registrado el ganado ante el gobierno. Ésta consiste en una marca especial hecha por un corte de cuchillo que se hace en una o las dos orejas del animal cuando es becerro, por ejemplo una media luna en el borde inferior, que principalmente se usa para identificar al animal de un vistazo cuando anda en el campo.

Es difícil saber si Fructuoso y sus hombres, en un descuido, dejaron escapar a los tres criminales y después los mataron en un encuentro, o acaso para evitar posibles problemas, les aplicaron la Ley Fuga y llevaron las orejas como prueba de que no habían logrado escapar. Nada valieron para Gómez las reprimendas severas que le hizo Cantú por lo que había hecho, pues el curtido veterano le replicó: Muy bien, mi jefe, pero si los dejo sin el castigo que merecen como traidores a México, tendríamos cinco enemigos más. La lógica del humilde soldado fue irrefutable para Cantú, quien mejor suspendió sus amonestaciones.

La única consecuencia de esto fue que, unos 10 días después, la prensa americana se ocupó del hallazgo de varios cadáveres desorejados cerca de Jacumba, el poblado americano a la altura de Jacumé. Cantú fue llamado a Ensenada para que declarara al respecto, pero el mayor, a pesar de la insistencia en los interrogatorios, sólo dijo que su tropa nunca cruzaba la frontera, lo cual era cierto, y que posiblemente se trataba de venganzas entre forajidos. Por ese tiempo también fue aprehendido Emilio Guerrero en la zona de Ensenada, y enviado vía marítima a la Ciudad de México. Fueron éstos quizá los últimos bandoleros que se aprehendieron o se ejecutaron en la región fronteriza por los voluntarios y tropas del Mayor Esteban Cantú, quien siempre señaló la filiación magonista de casi todos.

El Coronel Cantú condecorando a Alberto Rodríguez, alias ‘El Cachora’, famoso por haber causado la muerte del comandante magonista Simón Berthold. El acto fue años después de los hechos.

Sin caer en el extremo de considerar la conversión de todos los exmagonistas en forajidos, sí es muy difícil deslindar a algunos líderes de la causa anarquista, como Guerrero10 y de la Toba, de la oleada de latrocinios y crímenes que se cometieron antes y después del 22 de junio de 1911 en algunos ranchos y pequeños poblados del Distrito Norte y aun en poblados del sur de California. De esta forma, se robusteció en Cantú la percepción de que el magonismo había sido una causa nefasta en la que primero, el filibusterismo constituía su característica esencial, y después de derrotado, la criminalidad que había quedado como remanente. Lo cierto es que la estrategia del maltrecho movimiento anarquista dirigido desde Los Ángeles por Ricardo Flores Magón al pretender mantener viva en la Baja California una revolución que nunca se había dado plenamente, fracasó en definitiva al darse las aprehensiones de que se ha hablado.

De 1907 a 1911, el comerciante Manuel Labastida había sido presidente municipal de Ensenada por dos veces consecutivas, gracias al apoyo del Jefe Político Coronel Celso Vega. Cuando en junio de 1911 el General Manuel Gordillo Escudero asumió la jefatura política del Distrito Norte, Labastida, por venir del depuesto régimen porfirista y en una débil posición frente a sus enemigos políticos locales, entre los que destacaba el señor David Zárate Zazueta, renunció a su cargo y Zárate fue electo como presidente municipal en unas reñidas elecciones, habiendo tomado posesión del cargo en febrero de 1912. Desde 5 ó más años antes, los ediles ensenadenses habían sostenido una lucha frontal con el jefe político, a quien acusaban de corrupto y de negar al ayuntamiento los ingresos que legalmente les correspondían, especialmente los que se recababan en las cantinas y casinos locales; además, un buen sector de la población exigía que el presidente municipal fuera una persona residente del Distrito. Fue en estas condiciones que, aunque Gordillo Escudero había realizado algunas acciones administrativas que beneficiaron sobre todo a la población de Mexicali, Zárate lo acusó de intervenir en los asuntos de los ayuntamientos.

Las denuncias contra Gordillo llegaron hasta Madero procedentes no sólo de Ensenada, sino también de Mexicali, sobre todo de los chinos que formaban importante sector de la población. Eran tantas las quejas, que la Secretaría de Gobernación tuvo que mandar al Distrito Norte al agente Francisco Portillo, con todas las facultades para que investigara cada una de las protestas. Uno de los asiáticos llamado Mar Hung, encargado de una casa de juego, se quejó de que lo arrestaron porque, según las autoridades, en su establecimiento se llevaban a cabo algunos juegos no autorizados por el gobierno, como “tan fan”, dominó chino y lotería con dinero.

Portillo descubrió que Hung había hecho secretamente pagos mensuales de doscientos pesos al jefe político. Además, se supo que éste lo había hecho firmar un documento en el cual declaraba que jamás había hecho un depósito de $650.00 pesos, cosa que en realidad sí había ocurrido. Portillo hizo su reporte a Gobernación en septiembre de 1912, y poco después el general fue llamado a la ciudad de México. Aunque tal parece que Madero no dio entrada a las acusaciones, el 21 de diciembre de 1912 se le aceptó su renuncia como Jefe Político del Distrito Norte de la Baja California.

Cantú tendría que esperar dos años más para que se dieran las condiciones en las que el camino al gobierno del Distrito Norte le quedara completamente despejado.

En el invierno de 1911-1912, el mayor Esteban Cantú tuvo que perseguir a gavillas de criminales por el norte de la Sierra de Juárez, sobre terreno nevado como el que se observa en esta fotografía de la región.


  1. Las autoridades militares de la Ciudad de México mandaron un telegrama al Coronel Celso Vega que a continuación se transcribe: México, junio 23 de 1911. Al Coronel Celso Vega, Tijuana, B.C.. Enterado su mensaje relativo toma Tijuana. Diga Ud. si no recibió telegrama relativo a que viniera a esta plaza. General Gordillo Escudero en camino para esa región, desembarcará en Yuma, para entrar por Algodones, comuníquese con él, poniéndose a sus órdenes. S. Rascón. ↩︎

  2. El Coronel Mayol había llegado a Baja California el 8 de marzo de 1911 enviado por el Presidente Porfirio Díaz para proteger las obras de riego que las empresas extranjeras tenían en el Valle de Mexicali, con el fin de no dar pretexto a una intervención del ejército norteamericano en el caso de que fueran afectadas durante la intervención magonista. ↩︎

  3. Cantú hace referencia a este viaje en la página 23 de sus Apuntes Históricos, y aunque no lo menciona, es probable que haya ido acompañado cuando menos por un guía, y tal vez su asistente, todos montados, y cuando menos con una mula cargada con las provisiones. Esto queda de manifiesto cuando Cantú relata: ...dos grandes rocas no daban más espacio que un metro, de manera que las bestias pasaban con dificultad..., de lo que puede inferirse que eran varias las cabalgaduras. Debe recordarse que Cantú no conocía el camino de Mexicali a Ensenada. Queda claro que la primera jornada fue la más rendidora para Cantú, quizá porque las bestias estaban descansadas y emprendieron la marcha antes del amanecer. ↩︎

  4. Debe recordarse que Cantú sirvió bajo las órdenes del General Gordillo Escudero durante toda la campaña de Ojinaga en Chihuahua. ↩︎

  5. Ricardo Flores Magón le envió una carta a Tirso de la Toba el 24 de junio de 1911 diciéndole que Pryce había huido con fondos del partido; en la misiva, le pedía que se fuera a los poblados al sur de Ensenada para seguir combatiendo contra el gobierno. ↩︎

  6. La expresión se usaba para designar una bestia que, aunque domada, era de temperamento inquieto y con disposición a reaccionar al menor estímulo. ↩︎

  7. Aunque Cantú no expresa fecha, la época en que se desarrollaron estos hechos debe haber sido el invierno, o a fines de 1911 o principios de 1912, dadas las condiciones del clima que menciona. ↩︎

  8. Desde 1906, Tirso de la Toba había realizado actos delictivos al traficar con chinos que deseaban ingresar al Distrito Norte, habiendo asesinado a uno de ellos, por lo que tuvo que huir a California. Nota publicada en el San Diego Union del 23 de mayo de 1911. ↩︎

  9. Cantú, op.cit., p. 26 ↩︎

  10. Emilio Guerrero se incorporó al magonismo al frente de un grupo de 30 indios kiliwa y pai-pai. ↩︎