Antonio Ponce Aguilar

 
Capítulo I. Los primeros Exploradores del Golfo de California y Norte de la Península.

…Que los astilleros de Zacatula y Tehuantepec trabajen a su máxima capacidad…Debemos ganar la vanguardia en las exploraciones que van hacia el norte y oeste, por el Mar del Sur; nuestros barcos serán los mejores, y nos permitirán descubrir la ruta a las ciudades más ricas antes que nuestros rivales, incluyendo al mismo virrey…1

El contexto social en Baja California de mediados del siglo XIX hasta la primera década del siglo XXI

Por múltiples razones, la península de Baja California, desde la época en que se empezó a colonizar tanto en el sur como en el norte, ha sido percibida por exploradores y gobernantes de forma distorsionada o alejada de la realidad, ya porque se exageren sus riquezas naturales y potencialidades económicas, como lo hicieron los primeros viajeros españoles, aunque por poco tiempo, o porque se piense que su aislamiento geográfico, la poca población y la escasez de agua no justifican incluir esta tierra en los planes de desarrollo de los diversos gobiernos.

Cuando se habla de las primeras exploraciones al norte de la Península, se piensa siempre en los viajes que se hicieron por mar y tierra hasta las bocas del Río Colorado. Los hombres que desde el siglo XVI realizaron tales epopeyas, son poco recordados o francamente desconocidos, aunque sin duda ellos hayan favorecido el inicio de la colonización y ulterior desarrollo del actual Estado de Baja California. En este libro se pretende dar a conocer las fascinantes historias de aquellos hombres que, arriesgando sus vidas, buscaron con pasión las desconocidas fronteras del noroeste de la Nueva España, que estaban más allá del horizonte.

Aun después de los viajes exploratorios de los navegantes españoles en los siglos XVI, XVII y XVIII, la escasa comunicación marítima de la península con el resto del país trajo como consecuencia un tremendo atraso social en la región. Las misiones establecidas en la península primero por los jesuitas y después por los franciscanos y dominicos, fueron antecedentes de pequeños centros de población, en los cuales, cuando menos al principio, se logró una ligera mejoría en el bienestar de los nativos; sin embargo, las constantes guerras intestinas que se sucedieron después de la independencia favorecieron nuevamente la pobreza y el retraso. Adelantando los acontecimientos 200 años, y para dar a conocer el gravísimo estancamiento general que prevalecía en La Frontera2, el 8 de julio de 1856, el Comandante Militar y Subjefe Político Francisco de Paula Ferrer, envió al Gobierno Superior de la República un informe en el que describió el verdadero estado en que se encontraba el territorio que gobernaba, algunos de cuyos párrafos se transcriben enseguida:

…Desde San Ignacio hasta El Rosario, es poco menos que un desierto, y se hacen diez jornadas cuando no se lleva carga. No se hallan víveres en ninguna parte. En El Rosario habitan cuatro familias a las cuales he tenido que facilitar cebada para que no murieran de hambre… Desde este pueblo (Santo Tomás) a la línea, no hay un solo habitante que sepa leer y escribir, pero ni aun firmar…La miseria de esta frontera es tan general, que no he tenido posibilidad de asignar ni una corta cantidad al mes para una escuela, y el día que hay algún preso, es necesario ponerlo en el cuartel y mantenerlo del rancho de la tropa…3. Debe considerarse que el informe de Ferrer se refiere a la porción geográfica de San Ignacio a La Frontera, pero en los poblados del sur también se sufría una situación de pobreza generalizada, aunque no tan marcada como en el norte.

  • Pen. de Baja California.
  • Golfo de California o Mar de Cortés, antes Mar Bermejo.
  • Desembocadura del Río Colorado.
  • Océano Pacífico, antes Mar del Sur.
  • Tijuana.
  • Cabo San Lucas.
  • California.
  • Isla de Cedros.
  • Sonora.
  • Sinaloa.
  • El litoral de la península mide más de 3600 Km., y su máxima longitud es de 1250 Km.. Es la península de Baja California una lengüeta desértica en su mayor parte que se proyecta hacia el sur sureste por el Océano Pacífico, desde el noroeste de la República Mexicana; sus extremos son Tijuana, en el norte, y Cabo de San Lucas en el sur.

    Elaborado por el autor sobre un mapa de Google Earth.

    Aunque la descripción de miseria que proporciona el informe de Ferrer sobre la Baja California pudiera ser algo exagerada4, hay que admitir que sí había mucha pobreza y un grave atraso social en la escasa población de La Frontera, lo que confirman gobernantes y viajeros de la época5.

    ¿Qué fue entonces lo que favoreció el lento paso hacia el progreso en la pequeña sociedad que poblaba la inhóspita región? Es obvio que hubo personajes cuyas acciones iniciaron el progreso político y económico del norte bajacaliforniano, que a la postre convertiría la región en lo que es actualmente, un polo de desarrollo con ciudades como Tijuana, Mexicali y Ensenada, a las cuales llegan personas de muchas partes del país6. Pero aparte de gobernantes, colonizadores y líderes destacados, está la existencia de un sistema geográfico tal vez único en el mundo por sus especiales características: al norte de la península, el Río Colorado y su delta, un río que muy cerca de su desembocadura se encuentra sobre el nivel del mar, una cercana zona para riego abajo del nivel del mar, tierra para siembra rica en excelentes nutrientes para el cultivo de una infinidad de vegetales, y una temperatura quizá incómoda para los seres humanos pero excelente para la agricultura. Por otra parte, hacia el sur va predominando el desierto que en algunos lugares se convierte en oasis productivos, hasta llegar al extremo meridional, con polos turísticos en Los Cabos y otros lugares, así como una actividad pesquera cada vez más moderna a lo largo de los más de 3 600 Km. de litoral peninsular.

    Es claro, entonces, que desde la antigüedad, los elementos para el desarrollo estaban ahí, y sólo faltaba que líderes y gobernantes capaces fueran aplicando los proyectos para la colonización de la región, lo que eventualmente se hizo con relativo éxito. Pero todo esto fue posible, en buena parte, gracias al conocimiento que se pudo tener de tan peculiar medio geográfico, incluyendo los litorales, ensenadas, puertos, islas y regiones costeras, la localización de los arroyos, aguajes y veredas que los aborígenes enseñaron a los misioneros. En otras palabras, fue necesario que primero, una casta especial de exploradores formara una punta de lanza que abriera paso por la lejana frontera, para facilitar, siglos después, su colonización y progreso.

    Al frente de esa constelación de exploradores y navegantes está Francisco de Ulloa; después de que abrió la puerta del Mar del Sur para que colonos, gobernantes y exploradores fueran generando pequeños saltos hacia la modernidad, especialmente a fines del siglo XIX y principios del XX. Como ejemplo puede citarse la personalidad de un gobernante, el Coronel Esteban Cantú, quien dispuso la construcción de la primera carretera que unió las poblaciones de Mexicali, Tijuana y Ensenada, y creó un sistema escolar en el que todos los niños tenían acceso a la escuela primaria, entre otras cosas.

    Los logros mencionados en el párrafo anterior fueron posibles, en gran parte, por la existencia de puertos como San Felipe y La Paz en el Golfo de California, y Ensenada en la costa occidental de la península. Los desiertos al oriente del Valle de Mexicali y norte de Sonora seguían siendo barreras casi infranqueables, y las vías marítimas, cuando menos en un principio, fueron vitales para el progreso de la región.

    Hernán Cortés, promotor de las primeras exploraciones en el Océano Pacífico o Mar del Sur, motivadas en parte por fantasías literarias

    Después de que Vasco Núñez de Balboa descubriera el Océano Pacífico o Mar del Sur en 1513, Hernán Cortés conquistó el Imperio Azteca en 1521 y encontró en la Gran Tenochtitlán importantes cantidades de oro, hecho que definió de alguna forma el rumbo de sus más importantes acciones en la Nueva España, lo cual ocurrió con la mayor parte de los conquistadores y gobernantes, incluyendo entre estos al primer virrey Antonio de Mendoza y Pacheco.

    El tema de las guerreras amazonas era frecuente en los libros del siglo XVI. Esta ilustración de la “Universal Cosmography” de André Thevet, editada en 1575, muestra una supuesta batalla en tierra firme de América librada contra un ejército de hombres. Tomado de Scientific American, Dec. 1992, p. 104.

    No hay que olvidar que en el contexto histórico y cultural de aquel tiempo, aún persistían raíces profundas del medioevo con sus tendencias a una percepción del universo frecuentemente fantasiosa, lo que por un lado complicó en cierta forma las investigaciones geográficas, aunque por el otro impulsó los viajes a lo desconocido buscando no solo nuevas tierras, sino también ciudades maravillosas, grandes riquezas y pasajes marinos que acortaran los viajes y distancias entre América y Asia, como el Estrecho de Anián, que supuestamente comunicaría el Mar del Sur u Océano Pacífico con el Océano Atlántico o Mar del Norte. Como frecuentemente ocurre, las fantasías literarias se entremezclaban a veces con la realidad y era difícil separar una cosa de otra, como por ejemplo, lo sucedido con el conquistador español Francisco de Orellana, quien aseguraba haber luchado con un ejército de fieras guerreras en el río que después se nombró de Las Amazonas.

    Hernán Cortés Monroy Pizarro Altamirano, conquistó el imperio azteca, y luego se apasionó con la Baja California, que nunca pudo colonizar.

    En 1510 se publicó en España la novela de caballerías “Las Sergas de Esplandián”, cuyo probable autor, Garci Rodríguez de Montalvo, la integró como quinto libro a la obra “Amadís de Gaula”. En la primera parte del Amadís se menciona a Calafia, reina de las amazonas7, que vivía en la isla California, muy rica en oro. Esta novela de aventuras heroicas, con cinco ediciones de 1510 a 1561, alcanzó gran popularidad en la sociedad de la época, y en su texto eran comunes las acciones de monstruos, gigantes y héroes perfectos. En una parte de la novela dice: … Sabed que a la diestra mano de las Indias muy cerca de aquella parte del Paraíso Terrenal hubo una isla llamada California. la cual fue poblada de mujeres negras, sin que ningún hombre entre ellas hubiese, que casi como las amazonas era su manera de vivir. la ínsula en sí, la más fuerte de rocas y bravas peñas que en el mundo se hallaba, sus armas eran todas de oro… que en toda la isla no había otro metal alguno… y algunas veces que tenían paces con sus contrarios… había ayuntamientos carnales, de donde se seguía quedar muchas dellas preñadas, si parían hembra, guardábanla, y si parían varón luego era muerto… Con el ejemplo anterior y los que siguen, queda claro que la permisible irracionalidad de la literatura novelesca de la época, influía más que el pensamiento científico, con el cual, en ocasiones, no se encontraba un límite definido.

    Otra falacia propagada en aquel tiempo por algunos navegantes fue la de la existencia de unas islas en el Océano Pacífico llamadas Islas Armenias, que podrían servir de escala a los galeones que viajaban a América procedentes de las Islas Filipinas, además de que una de ellas se llamaba Rica en Oro y la otra Rica en Plata, lo que da una idea de los intereses y motivaciones de aquellos pilotos y cartógrafos. Francisco Gali, en 1585, llevó a cabo un viaje por el océano Pacífico por orden del virrey de la Nueva España don Pedro Moya de Contreras, y en el informe rendido por Gali se mencionaron las referidas islas, lo que impulsó al virrey a que se llevaran a cabo más exploraciones.

    Pero quizá desde la conquista de Tenochtitlán, Hernán Cortés sabía de una creencia religiosa de los aztecas, en la que se hablaba de un lugar rumbo al poniente, hacia donde el sol se esconde, habitado por las almas de mujeres transformadas en diosas por haber muerto en su primer parto. Las almas de estas mujeres o Cihualpipiltin, se iban a morar en el Paraíso del Sol, cuya región occidental era llamada Cihuatlampa, lugar que parece identificarse con el poblado real de Cihuatlán, en la costa de Jalisco8. Esto ayudó a forjar en la mente de Cortés y demás aventureros que se adentraron por el Mar del Sur, la imagen de una isla abundante en perlas y oro que deberían conquistar, aunque en ninguna parte de los códices que refieren la existencia de Cihuatlampa se habla de aquellos bienes, lo que sí es cierto es que en el poblado indígena antiguo habitaban muy pocos hombres y un gran número de mujeres. Cortés y muchos aventureros tuvieron la esperanza de que la referida “isla” fuera lo que hoy se nombra Baja California.

    La conexión mítica de la Isla de las Amazonas con algún lugar en territorio novohispano la explica muy bien Le Clesie conforme con lo que se transcribe enseguida: Cuando, durante su primer viaje, Cristóbal Colón llega a las islas de América, no solamente va en busca de un nuevo paso hacia las Indias y la China. Como otros navegantes del Renacimiento, busca el país de las Amazonas, esta isla donde, según el cuento, viven mujeres guerreras, de pelo largo y con un solo seno para manejar el arco, y que custodian un reino fabuloso donde abundan el oro y las riquezas. Este es el mito que guía a los conquistadores hacia el nuevo mundo, donde los peligros y los misterios parecen prometer tantos tesoros de leyendas. Es el mito de las amazonas que, después de la conquista de México Tenochtitlan, atrae al temible Ñuño de Guzmán hacia el oeste de México, en busca de Cihuatlán, el país de las mujeres y por supuesto, al antiguo mito mediterráneo de las amazonas parece contestar el mito azteca de Cihuatlampa, el lugar de descanso de las Mocihuaquetzque, las mujeres muertas en el parto, y que dirígense a la casa del sol, al occidente. 9

    Fue así como en las mentalidades de Cortés y otros exploradores españoles de ese tiempo, coincidieron elementos de la novela Las Sergas de Esplandián, la “isla” con perlas descubierta por Fortún Jiménez, ubicada al occidente de la Nueva España, y la tradición mexica de las mujeres fallecidas en su primer parto que vivían en una isla hacia el poniente llamada Cihuatlampa, lugar que en 1528 el conquistador mencionó al rey de España en una carta en la cual refirió la abundancia de perlas y oro en aquel lugar.

    Otras expediciones, pero ahora al norte y noreste de la Nueva España, fueron motivadas por el mito de las siete ciudades de Quivira y Cíbola. El mito de estas fantásticas ciudades se originó en 1150, cuando los moros capturaron Mérida, en España, y según la leyenda, siete obispos huyeron de la ciudad no sólo para salvar sus vidas, sino también para impedir que los infieles se apoderaran de reliquias muy estimadas por la iglesia; años después, aquellos religiosos supuestamente se establecieron más allá de la frontera del mundo conocido entonces, y fundaron las ciudades de Quivira y Cíbola en la tierra descubierta por Cristóbal Colón, de las cuales se decía que llegaron a tener muy grandes riquezas sobre todo en oro10.

    Hernán Cortés fue uno más de los hombres del siglo XVI que fue seducido por la promesa implícita de las novelas y leyendas como las que se han mencionado, de que las grandes riquezas, y por lo tanto el poder, estarían esperando a que personajes audaces y valerosos hicieran los descubrimientos necesarios.

    Después del descubrimiento de La Mar del Sur u Océano Pacífico por Vasco Núñez de Balboa el 25 de septiembre de 1513, Hernán Cortés, con su carácter de Gobernador y Capitán General de la Nueva España, decidió llevar a cabo una serie de exploraciones por el referido mar, al occidente de la Colonia. No menos de tres expediciones marítimas se llevaron a cabo por órdenes del conquistador, desde 1522 se empezaron a levantar los astilleros en los puertos de Zacatula y Tehuantepec para construir las embarcaciones que se emplearían en las expediciones, se trajeron los materiales y equipos necesarios desde lugares tan lejanos como Veracruz, pero un incendio destruyó todo y Cortés se vio obligado a reiniciar su proyecto con el consecuente gasto de tiempo y dinero. Se iniciaba así, con un mal augurio, la cadena de problemas que dificultarían, pero no impedirían, las diversas exploraciones.

    En 1525, Cortés mandó a su sobrino Francisco Cortés de San Buenaventura a explorar el Mar del Sur, navegante que más bien es recordado por sus exploraciones terrestres en Jalisco, Colima y Nayarit, y por haber muerto a flechazos por los nativos junto con otros 16 españoles después del naufragio de su navío el “San Miguel”.

    Cortés se va a España, y obtiene de la reina una capitulación a su favor para explorar el Mar del Sur.

    Después de recibir la noticia del fallecimiento de su padre, el 17 de marzo de 1528 Cortés se embarcó para España con dos objetivos en mente: asegurar el aspecto legal de sus exploraciones en el Mar del Sur para no tener más dificultades con la corona, y confirmar su fidelidad al monarca y aclarar las intrigas que en su contra hacían llegar sus enemigos hasta Europa. Con el término capitulaciones se definían los documentos que establecían un marco jurídico por el cual se daba orden y estructura legal a las acciones del numeroso grupo de exploradores y conquistadores que viajaban al nuevo continente en busca de fama y riquezas.

    Isabel de Portugal, esposa de Carlos I de España.

    En 1529, el conquistador obtuvo de la reina doña Isabel, en ausencia de su esposo Carlos I que se encontraba en Flandes, una capitulación fechada el 27 de octubre del año citado, en la que se establecía esencialmente que Cortés podría, con el capital necesario aportado por él u otra persona que privadamente quisiera hacerlo, llevar a cabo exploraciones y conquistas por el Mar del Sur, así como la colonización de los territorios correspondientes. En el documento quedaba claro que, aunque Cortés recibía el título de alguacil mayor y gobernador de los territorios conquistados con carácter vitalicio, no tendría salario alguno, aunque sí se le otorgaría provisionalmente a él y a sus descendientes, a perpetuidad, la doceava parte de los beneficios que se lograran y el resto para la corona. Cortés, en el año mencionado de 1529 recibió el título de Marqués del Valle de Oaxaca11 del rey Carlos I, además de que ya ostentaba el nombramiento de Gobernador y Capitán General de la Nueva España que se le había otorgado por sus servicios. La corona, temiendo que la popularidad y poder de algunos conquistadores los llevara a actitudes de rebeldía o insubordinación, prefería evidentemente otorgarles cargos honoríficos en lugar de nombramientos o títulos que llevaran aparejadas facultades reales de fuerza política.

    En mayo de 1532, el día de la celebración de Corpus Christi, el marqués mandó la primera exploración por el Golfo de California en una flotilla integrada por el “San Miguel” y el “San Marcos”, embarcaciones que zarparon de Acapulco bajo el mando de su primo Diego Hurtado de Mendoza (Mapa No. 2). Los exploradores trataron de hacer aguada en el puerto de Xalisco, hoy San Blas, en el actual Nayarit, pero se los impidió gente de Nuño Beltrán de Guzmán, enemigo de Cortés, por lo que el agua tuvo que racionarse. En estas condiciones, después de navegar unos 900 Km., una parte de la tripulación se amotinó y el capitán se vio obligado a entregar uno de los barcos a los rebeldes; quienes en su intento de regresar a la Nueva España desembarcaron para buscar agua en la Bahía de Banderas, pero fueron atacados por los nativos quienes mataron a flechazos a todos los españoles excepto dos, que lograron llegar a salvo hasta un lugar guarnecido por la gente de Nuño de Guzmán, y poco después Cortés supo de aquella tragedia. Por su parte, Hurtado de Mendoza continuó su navegación hacia el norte por el Golfo de California, aparentemente llegó hasta poco al norte del río Fuerte, y es casi seguro que murió junto con sus hombres fieles a manos de los indios de aquella costa.

    Según Bancroft, Diego de Guzmán, pariente de Nuño, a su regreso de un viaje que hiciera en 1533 hasta el río Yaqui, en Sonora, encontró restos de la expedición de Hurtado de Mendoza, y supo por los indios que el capitán español y 30 o 40 hombres, después de saltar a tierra en lo que hoy es el norte de Sinaloa, ascendieron por el río Fuerte hacia unas aldeas, pero fueron asesinados por los nativos mientras dormían. Unos cuantos marineros que se habían quedado en el barco también murieron a manos de los indios. El barco fue llevado a la boca del río Sinaloa, antes Petatlán, en donde fue destruido12.

    Preocupado por no conocer el paradero de Hurtado de Mendoza, el conquistador mandó una segunda expedición marítima en otras dos embarcaciones, el “Concepción” bajo el mando del capitán Diego Becerra de Mendoza, su pariente y compañero en la conquista de México, siendo su piloto Fortún Jiménez; y el “San Lázaro”, cuyo capitán era Hernando de Grijalva, llevando de piloto al portugués Martín de Acosta. Las embarcaciones zarparon del actual Manzanillo, antes Santiago de Buena Esperanza, el 31 de octubre de 1533. Los expedicionarios iban con la encomienda de “…vengar a los muertos, buscar y socorrer los vivos, y a saber el secreto y cabo de aquella costa13…”, aunque como siempre, las riquezas que pudieran encontrarse eran el mejor estímulo, sobre todo cuando a fines de 1532 se supo en la Nueva España que Francisco Pizarro había encontrado grandes cantidades de oro en Perú. Una tormenta separó a los dos barcos desde su primera noche de navegación, y nunca volvieron a reunirse, después de esperar en vano tres días al “Concepción”, Grijalva siguió solo hacia el oeste, y el 21 de diciembre de 1533, descubrió a más de 600 Km. de la costa la isla que llamó Santo Tomás, hoy Isla Socorro del archipiélago de las Revillagigedo, y la isla Los Inocentes, hoy San Benedicto, del mismo grupo insular. En los primeros días de febrero de 1534 Grijalva regresó a Acapulco.


    1. Orden que, palabras más, palabras menos, seguramente dio Hernán Cortés a sus hombres de confianza cuando se preparaba para aventurarse por el Océano Pacífico o Mar del Sur en busca de una ruta a las siete ciudades de Cíbola, o a la Isla de las Amazonas, o del estrecho de Anián. ↩︎

    2. Nombre con que se designó por algún tiempo en el siglo XIX la región comprendida en la península de Baja California desde El Rosario hasta la línea fronteriza con los Estados Unidos. ↩︎

    3. Lssépas, Ulises Urbano. Historia de la colonización de la Baja California y decreto del 10 de marzo de 1857. SEP, UABC., 1995; p. 317, 318. ↩︎

    4. Los datos de población que se llegaron a recabar casi nunca incluían ranchos ubicados en la sierra, casi siempre de muy difícil acceso, los cuales frecuentemente eran autosuficientes en alimentación gracias a su modesta producción agrícola y ganadera. ↩︎

    5. Alric, Henry J. A. Apuntes de un viaje por los dos océanos, el interior de América y de una guerra civil en el norte de la Baja California. SEP, UABC, 1995, p. 82. ↩︎

    6. Consultar Datos de El Colegio de la Frontera Norte e INEGI sobre saldos netos migratorios a nivel de entidad federativa del 27 de marzo del 2014, por los investigadores Dr. Rodolfo Cruz Piñeiro et al. ↩︎

    7. En los primeros capítulos de la famosa novela se relata cómo Armato, rey de Persia, llamó a todos los príncipes paganos para que le ayudaran a tomar Constantinopla, que estaba en manos de los cristianos. Entre la multitud de guerreros que acudieron al llamado del rey persa, iba la tribu de las amazonas con su reina Calafia y sus grifos devoradores de hombres. Dice la novela que, en un momento dado de la guerra, Calafia, señora de la gran Isla de California, célebre por su gran abundancia de oro y joyas, decide enfrentarse a Amadís y Esplandián en combate personal, pero la reina sucumbe a la habilidad de Amadís y la gallardía de Esplandián, y cae cautiva de los dos héroes cristianos. Aunque enamorada en principio de Esplandián, éste le designa un esposo que acepta la ya cristianizada reina. Al perder a tan poderosas aliadas, el rey persa no puede apoderarse de Constantinopla, que es salvada así para los cristianos. Fueron muchos los escritores, sobre todo novelistas y exploradores, que mencionaron a Calafia y sus amazonas, pero nunca se ubicó de manera precisa su isla o país, Colón reportó que vivían en ciertas islas del Caribe, y Francisco de Orellana trató de convencer al mundo de la época que no sólo las había visto, sino que había librado combate contra ellas, por lo tanto, aunque él fue el primer europeo en navegar el gran río sudamericano, a éste se le nombró Amazonas en lugar de Orellana. ↩︎

    8. Ambos términos significaban poniente en náhuatl. ↩︎

    9. México mítico, Le Clasie, Jean Marie, p. 65, El Colegio de Michoacán, 1985, Vol. 6 No. 22. ↩︎

    10. Ponce Aguilar Antonio, De Cueva Pintada a la modernidad, libro en línea, p. 98. ↩︎

    11. El marquesado abarcaba lo que hoy es buena parte de los estados de Oaxaca, Morelos, Veracruz, Michoacán y la Ciudad de México. ↩︎

    12. Myers, Paul A. North to California. The Spanish Voyages of Discovery. 1533-1603, Llumina Press, p. 130. ↩︎

    13. López de Gómara, Francisco; Historia de la Conquista de México, p. 374, Biblioteca Ayacucho, República Bolivariana de Venezuela; 2007. ↩︎