…Si se llegara a descubrir la tumba de Francisco de Ulloa, su epitafio podría decir: Aquí yacen los restos de un navegante que a pesar de El Engaño, abrió una puerta al Mar del Sur…
Ulloa se desvanece en la historia, Cortés muere en España y sus restos yacen en México
El español Alfonso de Ulloa, quien es recordado por su labor divulgativa de la cultura de su patria en Italia allá por la mitad del siglo XVI, escribió en su traducción del Diálogo de las empresas militares y amorosas de Paulo Jovio, la siguiente expresión dirigida a su padre: …Francisco de Ulloa, cavallero nobilissimo…la tierna edad en que me dexastes…1; y también refiere el nombre de su progenitor en las dedicatorias de divesos trabajos2. Además, al mencionar la batalla de Argel, en la que participó su padre, dice en parte: …e li facevan compagnia Francesco Ulloa mio padre, e molti altri cavalieri …3, lo cual se traduce como “y les hizo compañía Francisco de Ulloa, mi padre, y muchos otros caballeros…”; lo que puede considerarse prueba de que el fiel capitán de Cortés, estuvo al lado del conquistador en el mencionado encuentro en octubre de 1541, esto en concordancia con lo establecido en la documentación del juicio del que se habla anteriormente..
Aparte de lo dicho, hay que agregar la posibilidad de que Ulloa aún viviera en 1543, tomando en cuenta la investigación que en España se llevó a cabo ese año, en relación con el paradero de una joven hija de Antón Cordero, uno de los pilotos en la expedición marítima de Francisco de Ulloa a Baja California, se interrogó a Hernán Cortés y el conquistador expresó que Ulloa se había llevado a la muchacha, y si las autoridades deseaban información sobre este hecho, que le preguntaran al propio Ulloa. Puede suponerse entonces que Cortés debió saber que el capitán Ulloa estaba vivo en ese año de 1543, lo que se suma a las informaciones ya mencionadas de Alfonso de Ulloa para echar por tierra lo dicho por Bernal Díaz del Castillo, acerca de su supuesto asesinato en la Nueva España en 1540, apenas regresado de su viaje por el Mar del Sur. Aun así, las circunstancias de la muerte del gran navegante se deconocen hasta hoy.
Respecto a los principales acontecimientos vividos por Hernán Cortés en los años previos a su muerte, se pueden resumir diciendo que en sus últimos dos viajes a España, en 1528 y 1530, lo hizo motivado por tres razones prncipales: informar al monarca de sus descubrimientos y conquistas y el valor de las mismas; pedir recompensa, lo que en justicia merecía, por haber obtenido para la corona el imperio azteca, el más grande del Nuevo Mundo; y defenderse de las acusaciones que muchos personajes de la Nueva España y también en Europa hacían en su contra, empezando con quien fue gobernador de Cuba Diego de Velázquez, luego Nuño de Guzmán, y después el virrey Antonio de Mendoza y Pacheco. Sobre todo se acusó a Cortés por actos de
rebeldía y acaparamiento de riquezas y poder, aunque en la mayor parte de los casos, todo era resultado de la feroz lucha entre los conquistadores de la época por descubrir, antes que los demás, las míticas ciudades de Cíbola y los tesoros en oro y plata que pudiera haber en ellas.
Cortés logró neutralizar y desmentir, hasta cierto grado, las acusaciones que sus enemigos le hacían ante Carlos I de España, y aunque éste no accedió a otorgarle el cargo de Gobernador del nuevo territorio, si le concedió el de Capitán General de la Nueva España, además del marquesado del Valle de Oaxaca, con extensísimo territorio y numerosos vasallos, así como otros pueblos. Para entonces, el conquistador era prácticamente un anciano, con la salud deteriorada, y empecinado en dos cosas fundamentales en su autoestima: que el rey reconociera su enorme contribución a la corona española por las conquistas y las riquezas descubiertas en el Nuevo Mundo, y demostrar a todos que aun era el gran conquistador, el más capaz para ayudar al imperio. Como lo expresa López de Gómora, ….Hizo el emperador muy buen acogimiento a Fernando Cortés, y aun le fue a visitar a su posada, por más le honrar, estando enfermo y desahuciado de los médicos. Él dijo a su majestad cuanto traía pensado, y le dio los memoriales que tenía escritos…El emperador, conociendo sus servicios y valor de persona, le hizo maqués del valle de Huxacac…y capitán general de la Nueva España, de las provincias y costa de la Mar del Sur, y descubridor y poblador de aquella misma costa e islas, con la docena parte de lo que conquistase, en juro de heredad para sí y para sus descendientes …4. Lo dicho aquí pareciera contrario a la opinión de algunos autores que consideran que Carlos I de España fue ingrato y mal agradecido con Cortés, lo cual era una idea obsesiva en la mente del conquistador, quien una vez escrbió al monarca lo siguiente, refiriéndose al olvido de sus hazañas en el Nuevo Mundo: ¿Es que Su Majestad no tiene noticia de ello, o es que no tene memoria?
Como ya se ha mencionado, después de su regreso a Castilla en 1540, el conquistador se sumó a los aliados europeos que formaban flota y ejército para tomar Argel, junto con sus hijos Martín y Luis, y tal parece que también su fiel soldado Francisco de Ulloa, en un barco con equipo y marinería pagados por él. El desembarco se hizo el 25 de octubre de 1541, desoyendo el emperador los consejos de muchos soldados y prestigiados marinos que sabían los grandes riesgos que implicaba un mar tempestuoso; el fracaso fue total. Cuando el emperador ordenó la retirada al haber perdido gran cantidad de embarcaciones en el mar y soldados en tierra, Cortés se ofreció a quedarse con 400 hombres y tomar la ciudad, pero su idea ni siquiera fue tomada en cuenta por el emperador. Agotado y enfermo después del penoso viaje de regreso a España, envejecido ya a los 56 años de edad, Cortés murió el 2 de diciembre de 1547 en Castilleja de la Cuesta, cerca de Sevilla, probablemente de disentería. Sus restos fueron llevados a la ciudad de México, y se encuentran en un muro de la Iglesia de Jesús, en el llamado Centro Histórico.
Francisco de Ulloa fue instrumento clave para la ejecución de los planes de Cortés a fin de llevar a cabo las exploraciones del Mar del Sur, ya que realizó el primer viaje de circunnavegación de la península de Baja California, comprobó la peninsularidad de la tierra que antes era considerada isla o archipiélago, que indudablemente con sus comprobadas dotes de mando y conocimientos de marinería pudo adentrarse en aguas desconocdas del Océano Pacífico, y en su viaje llevó al máximo su obediencia y cumplimiento de las órdenes recibidas de Cortés, aun en las situaciones más adversas.

Pero si la Nueva España se interesaba por su última frontera al noroeste, motivada entre otras razones por la búsqueda de una ruta e informaciones sobre la supuesta existencia de las siete ciudades de Cíbola, al sur del Continente Americano la corona española y los gobernantes de Chile dirigían su mirada hacia el extremo meridional, buscando una hegemonía inicial estratégica sobre el estrecho de Magallanes. Por esta razón, después de varios intentos dirigidos desde España, Pedro de Valdivia, gobernador de Chile, mandó dos expediciones para los efectos mencionados, yendo como capitán de la primera Francisco de Ulloa, quien había llegado a Chile procedente de España posiblemente en 1548, llevando como pilotos a Hernán Gallego y Francisco Cortés Ojeda u Ojea; zarparon de Concepción las embarcaciones de la flotilla expedicionaria en octubre de 1553, y regresaron en enero de 1554. Debe aclararse que para algunos investigadores de la historia, en las acciones exploratorias del Golfo de California o Mar Brmejo y la penetración mrítima del Estrecho de Magallanes por el Océano Pacífico, llevadas a cabo a mediados del siglo XVI, se trata de dos personajes diferentes, de lo cual se habla más adelante.
Los navíos pudieron alcanzar los 51º 30’ de latitud sur y se tuvo un relativo éxito, aunque no se haya llegado hasta el Atlántico, aparentemente por el peligro de que los hielos del estrecho bloquearan las embarcaciones, la flotilla había navegado unos 144 Km. del estrecho, casi una cuarta parte de la longitud total. Además de tan notable viaje, Ulloa participó en importantes hechos de armas, acompañó a Francisco de Orellana en su expedición a la desembocadura del Amazonas, fue amigo y estuvo al servicio de Pedro de Valdivia, y en Chile se le reconoce como importante partícipe en la colonización y conquista de aquel país, aunque hasta hace poco tiempo se le tenía en el olvido.
Es necesario aclarar que se ha dado una especie de debate histórico, en el cual se discute si el Francisco de Ulloa que incursionó en Chile a mediados del sglo XVI, sea el mismo personaje que en 1539-40 circunnavegó la penínsla de Baja California. La discusión, si es que existe en México, es limitada y con muy pocas fuentes, y cuando se toca el tema, siempre someramente, se expresa la poca o nula probabilidad de que se trate del mismo navegante. Sin embargo, importantes historiadores chilenos aceptan la posibildad de que el extremeño paisano y amigo de Cortés, sea el mismo que navegó hasta el Estrecho de Magallanes en la primera expedción ya mencionada, y que también fue protagonista en hechos importantes en las historias de Chile y Perú. Los hechos en que se apoya esta idea son primordialmente dos, prmero, que hay una clara similitud en el estilo de las narrativas de las bitácoras que se escribieron, una en el viaje al estrecho de Magallanes, y la otra, en el viaje a los mares de Baja California, y segundo, que cronológicamene no existe ninguna incompatiblidad entre las fechas de las acciones que tuvieron lugar en la Nueva España, y las acontecidas en Chile.
Dos de los autores más reconocidos que piensan que el Francisco de Ulloa de la navegación por las aguas de Baja California es el mismo que penetró por el oeste del Estrecho de Magallanes a mediados del sglo XVI, son Francico Esteve Barba y Edward J. Goodman, el primero, filósofo, historiador, maestro y bibliotecario español, autor de numerosas obras entre las que destaca “Descubrimiento y conquista de Chile”; y el segundo, profesor emérito de historia en la universidad jesuita Xavier University de Cincinnati, Ohio, autor entre otros libros, de “The explorers of South America” . Ambos, en sus respectivas obras, dan como un hecho que Francisco de Ulloa, el amigo y servidor de Cortés, encabezó la primera exploración al Estrecho de Magallanes. Goodman dice textualmente: …Todavía preocupado sobre su reclamación del territorio al sur del estrecho, Valdivia organizó otra expedición en 1553 bajo [las órdenes de] Francisco de Ulloa, un teniente de Cortés que había explorado la costa de México al norte de Acapulco en 1539...5; mientras que Esteve Barba expresa: …Ulloa pareció a Villagrán el más indicado para realizar la expedicón, ya que como teniente de Cortés había hecho varios descubrimientos por mar hacia el norte de Acapulco en 1539. Llevaría como segundo al cosmógrafo Cortés Ojea…6
Por otra parte, autores hay que proponen una hipótesis no descabellada, pero que para otros no logra rebasar los límites de la especulación, que se refiere a la posibilidad de que el marqués, despué de fracasar en sus expediciones a las aguas de California, con sueños de conquista, haya drigido su mirada a la región austral del continente, de la cual enseguida se esbozan sus supuestas bases.
Primero, la frustración que afectó a Cortés, resultante del fracaso en las expediciones marítimas que mandó a la península de Baja California, en búsqueda del estrecho de Anián y las siete ciudades de Cíbola, fue un sentimiento que lastimó el ego del marqués hasta su fin, y sólo basta recordar el patético ofrecimiento que hizo al emperador Carlos I, para que le concediese autorización a fin de tomar Argel, solo, al frente de 400 hombres, en la famosa batalla de 1541 que se convirtió en etrepitosa derrota para los españoles y sus aliados; lo penoso para el conquistadr de Tenochtitlán fue el hecho de que el monarca ni siquiera se dignó tomar en serio el plan de Cortés.
Segundo, Cortés, al igual que todos los hijosdalgo del siglo XVI, aparentemente se ceñían en sus acciones en el Nuevo Mundo, a la capitulación que hubieren logrado de la corona española, que les daba seguridd jurídica en sus exploraciones y conquistas; sin embargo, por abajo del agua, muchos maniobraban de mil formas para explorar otras opciones fuera de las establecidas en la capitulación otorgada. Considerado lo anterior, podría suponerse que, cuando en 1535 el marqués fue requerido por el virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza, para que interviniera en auxilio de Francisco Pizarro en Perú, para poder romper el sitio con el cual los incas asediaban a los españoles, viera en esto la posibilidad de introducirse en el escenario militar de conquista en la zona meridional del cotinente.
Debe reiterarse que lo anterior quedaría sólo en el terreno especulativo.
De confirmarse la identidad del Francisco de Ulloa, personaje de la historia de Chile, con el que navegó por los mares de California, se le podría ubicar en el selecto grupo de protagonistas de la historia universal que son paradigmáticos del valor, la audacia, y el deseo de buscar y conocer lo que hay más allá del horizonte, pues fue soldado, marinero y político; navegó por el Mar Bermejo, conoció la desembocadura del río Colorado, dobló el Cabo del Engaño, peleó en la batalla de Argel al lado de Cortés, participó en la expedición de Orellana al Amazonas, y se desempeñó como encomendero e influyente político en Chile.
Aún con todo lo dicho, los descubrimintos de Francisco de Ulloa quizá sean poco valorados, pero a él se debe que un flujo de navegantes y exploradores siguieran sus pasos y colonizaran las dos vastas entidades que hoy son vanguardia en sus respecivos países, las dos Californias, y que muy prbablemente la conquista y colonización de Chile haya incluido acciones en las que intervino de manera importante el enigmático navegante. No es exagerado afirmar que gracias a las expediciones cortesianas, y específicamente la llevada a cabo por Ulloa, la Baja California es una entidad mexicana.
Finalmente, sobre el destino de los primeros auténticos exploradores y colonizadores de la península de Baja California, los primitivos californios, debe señalarse que después de la expulsión de los jesuitas y la salida de los franciscanos y los dominicos, así como la secularización de las misiones, el proceso de su extinción que se había inicado desde antes de la mitad del siglo XVIII a causa de epidemias, sobre todo de viruela y sífilis, se aceleró, y citando datos de Robert H. Jackson, en las misiones peninsulares investigadas de 1755 a 1804, un período de 49 años, la población indígena bajó de 5974 a 2815 personas7. Sin embargo, el final de aquellos grupos étinicos no se dio de forma total y absoluta, pues el innegable mestizaje que ocurrió entre los europeos y las mujeres indígenas permitió la conservación genética parcial de los primitivos californios en muchos habitantes de Baja California Sur.
Respecto a los habitantes de Isla de Cedros, descendientes de aquellos aguerridos nativos que casi doscientos años antes habían hecho frente a los marineros y soldados de Ulloa, una comisión representativa de estos aborígenes, viajó en 1732 a tierra firme hasta la misión de San Ignacio, en donde pidieron al misionero jesuita Segismundo Taraval, que acababa de establecerse en ella, que fuera hasta su isla a la cual llamaban Huamalgua, Isla de las Neblinas, con el fin de conducir a todos sus habitantes hasta San Ignacio, ya que deseban vivir como otros indios cochimíes dentro del cristianismo8. Así se hizo sin mayores dificultades, usando balsas de troncos para llegar a tierra firme. Se cerró así el ciclo vital de los aborígenes de Cedros, quienes se icorporaron a la misión de San Ignacio, que llegaría a ser una de las más progresistas de la península.
De todo lo narrado, destaca en dos hombres el porfiar en su fortuna9, como nadie lo hizo en la exploración de Baja California, con una tenacidad jamás igualada. Esos hombres son Francisco de Ulloa y Hernán Cortés; sea este modestísimo trabajo un intento por dar a conocer sus exploraciones de las aguas siempre sorprendentes de los mares californios.
ANTONIO PONCE AGUILAR

Arróniz, Othón, en un artículo publicado en el Bulletin Hispanique. Annee 1968, Vol. 70, Número 3, p. 437 ↩︎
Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico Español, Madrid. 2013, XLVIII,l 595, José Solís de los Santos. ↩︎
Ibíd., p. 438. ↩︎
Francisco López de Gómara, Historia de la Conquista de México, Fundación Biblioteca Ayacucho, 2007; República Bolivariana de Venezuela, pp. 367, 368. ↩︎
Goodman, Edward J.. The Explorers of South America, University of Oklahoma Press. New York, Macmillan, 1972, pp. 40-41. ↩︎
Esteve Barba, Francisco. Descubrimiento y conquista de Chile. Salvat Editores, 1946, p. 425. ↩︎
Jackson, Robert H.. Indian Population Decline: The Missions of Northwestern New Spain, Albuquerque, 1994. ↩︎
Ponce Aguilar, Antonio. Misioneros jesuitas en Baja California, p. 190. Op. cit. ↩︎
Expresión de doña Juana de Zúñiga dirigida a Cortés rogándole que regresara a México de California, dejando ya una empresa en la que tanto dinero y esfuerzos había empeñado, con riesgo de su vida. Expresión muy parecida anotó Ulloa en la página 231 de su diario donde registra: …Partimos este día …a tornar a porfiar nuestra porfía… ↩︎