Antonio Ponce Aguilar

 
Capítulo III. Antecedentes del viaje de Francisco de Ulloa

…Este puede ser el último intento por encontrar algo que sacuda al mundo: el estrecho de Anián, la Isla de las Amazonas, o acaso la ruta hacia Cíbola, la ciudad de oro…

Francisco de Ulloa, primer explorador de las aguas de Baja California

A quien primero tocó vivir la formidable aventura de reconocer la totalidad del Golfo de California y parte de la costa occidental de la península, fue al capitán Francisco de Ulloa, cuya fecha y lugar de nacimiento se desconoce, aunque es seguro que era español, hijo de un oficial en el ejército de Carlos I de España. No se sabe la fecha de su viaje a México, y tampoco se tiene información de cómo y cuándo pasó a formar parte de las tropas de Cortés, aunque no sería remoto que hubiera participado en las expediciones promovidas por el conquistador en 1532 y 1533 al Océano Pacífico, de las que ya se ha hablado. Su aparición histórica se da en el escenario del viaje encabezado por el conquistador a lo que se consideraba la isla de California, en 1535, aunque no hay seguridad si iba acompañando al marqués, o si llegó después en una embarcación que llevaba ayuda a los colonos establecidos en La Paz, antes Santa Cruz. Lo cierto es que desde las primeras menciones que hacen de él los historiadores de la época, como Bernal Díaz del Castillo y Francisco López de Gómora, queda clara una notable relación de amistad y lealtad entre ambos.

Por unos escritos dejados por su hijo Alfonso de Ulloa1, se sabe que el capitán de Cortés aparentemente dejó sus funciones de padre, y posiblemente de esposo, cuando su hijo era aún de corta edad, además, pareciera que el joven Alfonso trató de dar la impresión de que su padre era de estirpe noble, y con fuertes lazos de amistad con Hernán Cortés, esto último confirmado por hechos históricos acaecidos después, como la batalla de Argel.

Francisco de Ulloa, por órdenes del conquistador, zarpó de Acapulco el 8 de julio de 1539, y envió su único informe del viaje realizado, desde Isla de Cedros, el 5 de abril de 1540. Aunque no se ha encontrado el documento con las instrucciones dadas al capitán Ulloa por el conquistador, se puede inferir por algunas expresiones vertidas por ambos, que uno de los principales objetivos del viaje era simplemente adelantarse a Nuño de Guzmán en el descubrimiento de nuevos territorios, tomando posesión de ellos para España, a nombre del conquistador, con el registro del notario Pedro de Palencia, y lograr así obtener ventaja política y territorial sobre su adversario, además del oro que pudiera encontrarse.

Aparte de esto, en las cartas enviadas por Cortés al rey, expresa claramente que se irá en búsqueda del estrecho de Anián, que supuestamente comunicaba al Mar del Sur u Océano Pacífico, con el Océano Atlántico. Por otra parte, el conquistador tenía prisa en realizar la exploración, porque no sólo Nuño Beltrán de Guzmán era su enemigo en este ámbito, sino que ahora el competidor más difícil para Cortés era el mismo virrey Don Antonio de Mendoza y Pacheco, quien tenía la mira puesta en el amplísimo territorio al noreste de la frontera novohispana. Pero el viaje de Ulloa terminaría en su misteriosa desaparición, cuando menos por un tiempo, como se verá en capítulos posteriores.

Nuño Beltrán de Guzmán, conquistador español nacido en Guadalajara, España, en 1490, murió en 1544 estando preso en el Castillo de Torrejón.

Adelantando un poco los acontecimientos, y con el objeto de resaltar la animadversión entre Cortés por un lado, y el virrey Mendoza y Nuño de Guzmán por el otro, cabe mencionar que cuando en marzo de 1540 Ulloa decidió seguir hacia el norte él y 35 compañeros en el “Trinidad”, y el “Santa Águeda” regresara a la Nueva España con el informe y el mapa de los litorales demarcados hasta entonces, los tripulantes de este navío, cuando estuvieron a la altura del puerto de Santiago de Buena Esperanza, en Colima, desembarcaron sigilosamente a un hombre para que llevara la información a Cortés, y quizá también para que el marqués los protegiera de allí en lo adelante, pero antes de que pudiera iniciar su camino, fue capturado y torturado por gente al servicio de Guzmán, tratando de que les informara sobre los descubrimientos hechos por Ulloa. Se mencionan a continuación los nombres de los exploradores que viajaron por el Golfo de California y por tierra firme hasta las bocas de Colorado después de Ulloa.

El navegante que exploró el Golfo de California después del capitán de Cortés fue Hernando de Alarcón, quien por orden del Virrey Antonio de Mendoza zarpó de Acapulco hacia el norte el 9 de mayo de 1540, con objeto de llevar víveres al también expedicionario Francisco Vásquez de Coronado, quien en un viaje por tierra intentaba llegar a las siete ciudades de Cíbola. Del viaje de Alarcón quedaron importantes informaciones geográficas, pero quizá de mayor importancia fue el acercamiento que logró con los aborígenes, a quienes, a diferencia de los demás exploradores españoles, brindó un trato humanitario. Por otra parte, al llegar Alarcón al remate del Golfo sí penetró navegando río arriba quizá hasta la confluencia del Gila con el Colorado.

Después de Alarcón, el misionero jesuita Juan de Ugarte realizó en 1721 una expedición marítima por el Golfo de California hasta las bocas del Colorado, acatando disposiciones que desde 1717 habían dado los superiores del religioso, viaje en el cual se haría la demarcación detallada de la costa. Más adelante, se mencionan otros propósitos comunes en aquella época en las expediciones marítimas que se realizaron por el Mar del Sur. Los logros de Ugarte en su salida hacia el norte van unidos a la hazaña de haber construido un barco en Baja California, “El Triunfo de la Cruz”, en el que llevó a cabo la expedición al Colorado y que sirvió a las misiones durante muchos años.

En 1746, tocó al misionero jesuita Fernando Consag llevar a cabo tres viajes de exploración hacia el norte, en 1746 por mar, hasta las bocas del Colorado; después, en 1751, por tierra siguiendo una ruta por el occidente de la sierra, y en 1753 por el oriente, aunque en ninguno de estos dos últimos viajes haya llegado a la desembocadura del gran río.

Veinte años después de la expedición marítima de Consag, tocó al padre Wenceslao Linck explorar el norte de la península, y aunque no llegó a las bocas del Colorado estuvo a punto de hacerlo, conoció quizá mejor que ninguno de sus contemporáneos a los indios cochimíes y la sierra de San Pedro Mártir, y algunos de sus hombres descendieron hasta la costa oriental desafiando los peligros del desierto de San Felipe.

Ya se ha mencionado que hasta ahora no se conoce la fecha de nacimiento de Francisco de Ulloa, pero es aceptado por muchos autores que nació en la ciudad de Mérida, en Extremadura, España; el lugar y fecha de su muerte son una incógnita sin resolver, y sobre su viaje de circunnavegación de la península de Baja California son pocas las fuentes, aunque de gran valor histórico.

Benson Latin American Collection, Univ. of Texas.

Un lector que conozca la historia de Baja California, encontrará un cierto desinterés de los historiadores por la vida y logros de Ulloa, y no sólo en los modernos2, pues el mismo Bernal Díaz del Castillo, en el capítulo CVI de su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Dice: …Y de allí a pocos meses, como Cortés estaba algo más reposado, envió otros dos navíos bien bastecidos, así de pan y carne como de buenos marineros, y sesenta soldados, y buenos pilotos, y fue en ellos por capitán Francisco de Ulloa, otras veces por mí nombrado, y que estos navíos que envió fue que la Audiencia Real de México se lo mandaba expresamente que los enviase para cumplir lo que había capitulado con Su Majestad, según dicho tengo en los capítulos pasados que de ello habla. Volvamos a nuestra relación. Y es que salieron del puerto de la Natividad por el mes de junio de mil quinientos treinta y tantos años, y esto de los años no me acuerdo; y le mandó Cortés al capitán que corriese la costa adelante y acabasen de bojar la California, y procurasen de buscar al capitán Diego Hurtado, que nunca más apareció. Y tardó en el viaje en ir y venir siete meses, y de que no hizo cosa que de contar sea, o se volvió al puerto de Jalisco. Y de ahí a pocos días, ya que Ulloa estaba en tierra descansando, un soldado de los que había llevado en su capitanía le aguardó en parte que le dio de estocadas, donde le mató. Y en esto que he dicho paró los viajes y descubrimientos que el marqués hizo, y aun le oí decir muchas veces que había gastado en las armas sobre trescientos mil pesos de oro…3. Para el soldado historiador de Medina del Campo, Ulloa no hizo cosa que de contar sea…, tal vez porque no logró encontrar al capitán Diego Hurtado de Mendoza4.

Sin embargo, se verá más adelante que con justicia, puede decirse que el capitán Francisco de Ulloa, con su viaje, aportó informaciones para acabar con el mito de la insularidad de California, llegó a las bocas del río Colorado, lugar que nombró “Ancón de San Andrés”, fue el primer europeo en poner pie en costas de Sonora, hizo una demarcación de la costa del Golfo de California y costa suroccidental de la península, así como un mapa que se ha perdido, y registró importantes informaciones etnográficas basado en experiencias con los indios cochimíes y guaycuras; finalmente, cuando las circunstancias lo exigieron, se ha dicho que mostró su carácter al ceder el mejor barco de la flotilla, el “Santa Águeda”, a uno de sus hombres de confianza para que se regresara de Isla de Cedros a Acapulco con la información de la expedición destinada a Cortés, mientras que él continuó su viaje con un destino incierto y lleno de peligros, en el “Trinidad”. Debe aclararse que éste era el mejor barco para navegar contra el viento, más ligero y maniobrable, mientras que el “Santa Águeda” era más pesado, y su velamen no era el indicado para la navegación mencionada, condición ésta que se había dado frecuentemente en el viaje de la flotilla hacia el norte por la costa occidental de la península.

Fuentes históricas. El temperamento de Preciado

Las fuentes históricas que permiten conocer lo sucedido en la expedición de Ulloa a la Baja California en 1539-1540 son, principalmente, las que enseguida se mencionan:

La primera y más importante debe ser el relato del viaje del propio Ulloa escrito de su puño y letra, fechado en la Isla de Cedros el 5 de abril de 1540, pero el documento original nunca se ha encontrado, ni un mapa elaborado por el piloto Pedro de Bermes, por fortuna sí se tienen 7 actas de las tomas de posesión de los territorios descubiertos. El informe, el mapa y demás documentos fueron enviados en el “Santa Águeda” al conquistador por conducto de Francisco Terrazas. Éste viajaba en la expedición con el cargo de veedor, el “Santa Águeda” llegó a Acapulco a mediados de mayo de 1540; Terrazas fue acompañado en su regreso hasta Acapulco y México por Francisco Preciado, y se entregaron los documentos a Cortés. Es necesario mencionar que Francisco López de Gómara, sacerdote y biógrafo del conquistador, en forma que se desconoce, tuvo acceso al contenido del informe y escribió algunos datos del viaje de Ulloa en su obra “La conquista de México”, editada en 1552.

Afortunadamente, del informe de Ulloa escrito por él en marzo y abril de 1540, se encontró una copia a principios del siglo XX en el Archivo General de Indias de Sevilla5, el cual fue editado en 1916 en España por Manuel Serrano y Sanz, y luego en México por Julio Le Riverend, publicaciones que no atrajeron gran atención. Esto podría deberse al desinterés general por el tema entre la comunidad de historiadores y eruditos mexicanos y españoles; a que falta el mapa que en el informe original de Cortés se anexaba, y, además, no aparecen por ningún lado las acciones que se realizaron para lograr el hallazgo en el Archivo de Indias. El documento está mal conservado, y aunque en la edición consultada para este trabajo, el editor, la Sociedad de Bibliófilos Españoles, presenta una prolongada introducción, ésta se refiere a las nueve narrativas de las diez que forman el volumen, en el cual la de Ulloa se incluye como la última, sin ninguna introducción o prefacio específico para ella. Aun así, la edición mencionada es, aparentemente, una copia fiel del original mismo, por lo que en este trabajo se tomará como referencia básica, y en las notas bibliográficas se le citará como “Ulloa”, o “Edición Madrid, Sociedad de Bibliófilos Españoles”. Quien firma esta edición es el connotado erudito americanista que se menciona antes, Manuel Serrano y Sanz.

El informe de Ulloa encontrado en el Archivo de Indias de Sevilla, fue traducido del español al inglés por Irene Aloha Wright, colaboradora del bibliófilo Henry Raup Wagner, y se encuentra en línea, pero hasta la fecha no ha sido “retraducido” al castellano; Wright trabajó varios años en Sevilla, lo que explica su acceso al documento; la traducción fue publicada por Wagner en 1929 en la “California Historical Society”, incluyéndolo en “Spanish Voyages to the Northwest Coast of America in the Sixteenth century”. En las citas bibliográficas de este lbro que aludan al informe de Ulloa en el texto de Wagner, se dice “Wagner, Edit.”. El documento escrito por Wagner titulado Francisco Ulloa Returned y publicado en "California Historical Society", menciona el regreso de Ulloa basado en la documentación del pleito judicial entre el marqués y Juan Castellón, de lo que se habla al final de este libro6. Por su parte, Bernal Díaz del Castillo también señala el regreso del capitán a la Nueva España, aunque yerra al afirmar que murió asesinado.

Fuente complementaria muy importante es la narración del viaje escrita por Francisco Preciado, hombre de confianza de Ulloa, quien escribió en forma de diario su propia versión de la expedición, coincidiendo con la del capitán en lo fundamental. Debe señalarse que la autoría del diario atribuida a Preciado se debe a que el italiano Juan Bautista Ramusio, de quien se habla párrafos adelante, escribió una traducción del documento, y en ella aclara: “…Esta relación se tomó de la que trajo Preciado…”. Aunque hay cierta vaguedad en la expresión anterior, los historiadores dan por hecho que el citado diario es obra de Preciado porque el nombre de éste se repite más veces, sólo después que el de Ulloa; y que en el relato, escrito en la primera persona del plural, tal vez por descuido, en lo escrito el sábado 27 de diciembre dice: …y en verdad a mí,…con ojos diligentes verdaderamente me parecía…; y en lo registrado el 22 de febrero expresa …encontramos muchas nueces de pino abiertas, las cuales (en mi opinión), los indios habían reunido para comer…, lo que aparentemente, al escribir una parte en la 1ª, persona del singular, descubre, involuntariamente, que es él, Preciado, quien está hablando7.

Otra referencia histórica al viaje de Ulloa se encuentra en el libro de Antonio de Herrera y Tordesillas titulado “Historia General de los hechos de los castellanos en las islas y tierra firme del mar Océano que llaman Indias Occidentales”, editado por primera vez en Madrid en 1601. La exploración de Ulloa se relata en el libro IX, década VI, de la página 201 a la 204, de la edición de 1726 hecha en Madrid. La narrativa está muy abreviada, y realmente no aporta datos diferentes a los relatos ya mencionados, aunque en algunas partes permite confirmar el significado de alguna expresión que pudiera resultar un tanto confusa en los relatos de Ulloa y Preciado.

De Francisco Preciado se sabe que nació en Molina de Aragón, su padre Juan Preciado, al servicio de los Reyes Católicos, peleó en la guerra de Granada, y él participó en la guerra contra los moros, llegó a la Nueva España quizá en 1530, avecindado en Colima, se casó, tuvo tres hijas y un varón8, hijo éste de su primera esposa Luisa Gómez, y acompañó a Cortés como soldado durante su estancia en La Paz, llamada entonces Santa Cruz. Al relato que escribió le dio fin estando en el puerto de Santiago de Buena Esperanza, en la bahía de Manzanillo, el 17 de mayo de 1540. Preciado fue uno más de los muchos aventureros conquistadores que llegaron a la Nueva España con la esperanza de hacer fortuna, lo cual logró gracias a las posesiones de su segunda esposa doña Elvira de Arévalo. Muy pronto, Preciado se convirtió en un rico encomendero dueño de extensas plantaciones de cacao en Epatlán y Alimanci, con sus respectivos esclavos indios, pero su temperamento agresivo y belicoso lo tuvo siempre en situaciones de conflicto y pleito con todo tipo de personas, de lo que a continuación se dan ejemplos.

El visitador del rey Licenciado Lorenzo Lebrón de Quiñones lo acusó de no pagar el tributo a la corona, y de haber dejado casi morir de hambre a no menos de 1500 indios que trabajaban en sus plantaciones; Preciado quiso sustraerse a la exigencia del visitador refugiándose en la iglesia de la villa, pero aun así fue aprehendido por el alguacil, y tal parece que se le obligó a pagar el adeudo. Preciado era agresivo y violento, lo que lo llevaba constantemente a verse envuelto en pleitos con otros hombres de igual carácter, como es el caso de Francisco López, arráez de un barco que se encontraba fondeado en Salagua, quien tuvo un encuentro con Preciado al que hirió gravemente a cuchilladas. También tuvo dificultades con el cura Alonso Sánchez de Miranda, a quien insultó sin aparente motivo, por lo que el sacerdote pidió su aprehensión y castigo. Finalmente, Francisco Preciado fue asesinado a estocadas por un tal Garcí Garcés de Mancilla en 15579, según datos de una carta fechada el 23 de agosto de 1557 enviada desde Colima por Bartolomé Sánchez a su compadre, Juan de Arana.

El paradero de la versión original de Preciado se desconoce, pero, como ya se ha mencionado, su traducción al italiano fue escrita por Giovanni Battista Ramusio10 y editada en 1556, narrativa que coincide en lo esencial con la de Ulloa. Esta versión italiana, a su vez, fue traducida al inglés en 1600 por Richard Hakluyt incluida en la obra The Principal Navigations, Voiages, Traffiques and Discoveries of the English Nation…; esta narración de Preciado en inglés no se ha retraducido al español. Resulta significativo que después de las ediciones de Ramusio y Hakluyt, aparecieron versiones de los hechos en inglés, italiano y neerlandés, aunque no en español. Las citas bibliográficas que en este libro se hagan de la versión de Preciado sobre el viaje de Ulloa dicen: Hakluyt, Edit..

Se ha mencionado el carácter conflictivo y hasta belicoso de Preciado, pero esa condición no se refleja en su prosa, que no sólo es amena y sencilla, sino que supera a la de Ulloa en ciertos aspectos, como en la minuciosidad y detalles de la narrativa referentes a algunas partes del viaje. Por otra parte, muestra respeto por su capitán a pesar de que relata la rapidez y hasta indiferencia con las que Ulloa pasó por lugares que aparentemente merecían mayor atención y no fueron explorados, y exalta la valentía del capitán en los encuentros que tuvieron con los indios.

Un personaje poco mencionado en los relatos de la expedición es Francisco de Terrazas11, quien fue fiel soldado y hombre de confianza de Cortés, y que viajó en la flotilla comandada por Ulloa, en la que tuvo el cargo de veedor. Se sabe que nació en Llerena, que sus padres fueron Alfonso Vera y Catalina Terrazas, y que llegó a la Nueva España acompañando a su padre en 1529. Cabe aquí mencionar que, al igual que muchos de los participantes en la expedición, Terrazas era extremeño12, al igual que el marqués, quien con su fama arrastró una cascada de hidalgos hacia el Nuevo Mundo, en pos de riquezas.

Los padres franciscanos que iban en la expedición de Ulloa eran Antonio de Melo o Meno, Raimundo Anyelibus o Amilinus, y Pedro de Ariche. Melo regresó a la Nueva España en el “Santa Águeda”, y sus dos compañeros se fueron con Ulloa en el “Trinidad”, posteriormente, Fr. Raimundo se iría con Alarcón en su expedición por orden del virrey Antonio de Mendoza. Estos religiosos no tuvieron la oportunidad de evangelizar a los nativos encontrados, aunque Fr. Raimundo sí bautizó a un indio muy viejo e incapacitado que encontraron abandonado en Isla de Cedros. Sí debe mencionarse, sin embargo, que siempre auxiliaron a la tripulación con los servicios religiosos acostumbrados, y cuando fue necesario, Fr. Raimundo y Fr. Antonio llegaron a acompañar a los soldados en algunos desembarcos.

El aparente desinterés sobre el periplo de Ulloa de parte de los historiadores españoles y mexicanos, contrasta con la minuciosidad, por decir lo menos, de Wagner, Myers y otros. A continuación, se narran los acontecimientos más relevantes acontecidos durante el viaje de Francisco de Ulloa alrededor de la península entre 1539 y 1540, teniendo como fuentes principales de información las ya mencionadas.

Los preparativos

Tan complicado como reunir los materiales y equipo necesarios para la magna expedición que ocupaba a Cortés, o quizá más aún, era contratar la marinería y puestos de mando para una expedición marítima como la que se proyectaba, lo que el marqués sabía muy bien, pues le había tocado resentir las experiencias del motín, la traición y la incapacidad profesional, sobre todo de parte de algunos capitanes y pilotos que habían participado en las diversas expediciones organizadas por él para la exploración del Mar del Sur, particularmente en la costa noroccidental de la Nueva España y el Gofo de California. Por otra parte, quien mandaba la expedición, en este caso el conquistador, invertía una gran cantidad de dinero de su bolsillo, arriesgaba la vida de sus hombres y la suya propia, y el éxito no estaba garantizado.

Fue en estas condiciones que Cortés, el 18 de noviembre de 1538, contrató ante notario público en Cuernavaca, a Juan Castellón para que se encargara de ir al puerto de Tehuantepec, en donde se encontraba su barco el “Trinidad”, con el fin de que lo equipase para dirigirse primero a Santa Cruz, desde donde exploraría después las aguas del Mar del Sur entre California y la tierra firme de la Nueva España13, siempre en busca de una tierra adecuada para ser colonizada por españoles, a lo cual dedicaría todo su esfuerzo. Castellón fungiría como capitán y piloto del “Trinidad”. Todo indica que, cuando menos en principio, la expedición se planeó para hacerse con una sola embarcación, la ya mencionada. Para marzo de 1539 todo parecía estar listo para iniciar el viaje, el alcalde de Tehuantepec y Castellón elaboraron un inventario de lo que había en el navío, y se embarcaron Pablo Blasco, maestre o patrón de la embarcación, 10 marineros y 3 esclavos negros, 2 de Cortés y el otro perteneciente a Castellón; aparte de los víveres, llevaban en el barco una lancha, 26 barriles con el agua potable y una manguera de cuero para usarla en las operaciones de aguada que se hicieran; contaban, además, con 8 cañones, lanzas y escudos o rodelas en prevención de cualquier encuentro violento con los nativos que amenazaran la vida de los expedicionarios.

Las órdenes dadas por Cortés respecto a la embarcación se habían cumplido, y aunque quizá el número de marineros no era suficiente para un barco como el “Trinidad”, de 70 toneladas, 3 mástiles y una longitud de unos 20 metros, Castellón se debe haber sentido contento cuando llegó a Acapulco por haber cumplido hasta ese momento con las obligaciones contraídas; sin embargo, su satisfacción duraría poco al conocer los cambios ordenados por el marqués. El conquistador había decidido elevar la apuesta del viaje exploratorio, al mandar no solo al “Trinidad”, sino a otras dos embarcaciones, el “Santo Tomás” y el “Santa Águeda”. Además, Francisco de Ulloa, hombre de absoluta confianza del marqués a quien había acompañado en Santa Cruz, sería el capitán general de la flotilla.

Ulloa llegó a Acapulco el 6 de julio de 1539, por disposición de Cortés nombró a Castellón piloto mayor de la expedición y capitán del “Santa Águeda”, en lugar del “Trinidad”; se agregaron a la tripulación de los navíos 60 soldados y 3 frailes franciscanos, y apenas 2 días después, el 8 de julio de 1539 zarparían hacia el noroeste. Los inesperados cambios produjeron disgusto en Castellón, lo cual lo llevaría posteriormente a formular una querella contra el marqués por incumplir el contrato firmado; se sentía lesionado en sus intereses al privarlo del mando de la expedición y quitarle la capitanía del “Trinidad”. El piloto tenía motivos válidos para su molestia, pero en todo esto se impuso el mando del marqués, aunque después habría consecuencias. Hay historiadores que consideran el cambio mencionado como una maniobra acordada por Cortés y Ulloa con el fin de reducir las posibilidades de un motín u otra conducta indebida de parte de Castellón y su marinería, al separarlo de una tripulación a la que ya conocía.

Finalmente, la flotilla preparada por Cortés estaba formada por los navíos “Santa Águeda”, de 120 toneladas inglesas de capacidad y 3 palos, bajo el mando de Juan Castellón, también con el cargo de piloto mayor de la expedición; el “Trinidad”, de 35, cuyo piloto era Francisco de Bermes, y el “Santo Tomás” de 2014, a cargo del piloto Manuel Alfonso, con un reducido número de tripulantes, quizá cuatro. Aunque el “Santa Águeda” era la nave capitana, por sus dimensiones y tonelaje, el “Trinidad” era más maniobrable, y a diferencia del navío mayor, gracias a su velamen podía navegar contra el viento. Es pertinente recordar que desde tiempos de Enrique el Navegante, armadores árabes y europeos diseñaron la carabela, con un velamen cuya principal innovación era la forma triangular y su ligereza, lo que le facilitaba su navegación de cara al viento.

Algunos de los nombres de quienes integraban la expedición, varios ya mencionados antes, y muchos de los cuales habían acompañado a Cortés en Santa Cruz, son los siguientes: Fr, Antonio de Meno o Melo; Fr. Raimundo Anyelibus o Amilinus, quien regresó en el “Santa Águeda”; Fr. Pedro de Ariche, que aparentemente regresó en el “Santa Águeda”, Francisco Preciado, el otro autor del diario del viaje, el cual fue traducido por Ramusio; Francisco de Terrazas, en calidad de veedor; Juan de Montaño15; Gonzalo Hidalgo de Montemayor; Martín de Espinosa, Juan Castellón o Castillón16, piloto mayor; Pedro de Bermes, piloto; Manuel Alfonso, piloto del “Santo Tomás”; Pedro de Palencia, notario público de la flotilla; Gonzalo Hidalgo, Diego de Haro, Pedro Busto, Gabriel Márquez, Martín Sánchez; Pablo Blasco, capitán del “Trinidad”, y 3 esclavos de raza negra, uno de los cuales fue desembarcado del “Santo Tomás” por Alfonso, en Santiago o en Acapulco, de lo cual se vuelve a hablar más adelante.

Cabe aclarar que, aunque la esclavitud era lícita en la Nueva España sólo con los indios vencidos y capturados en la guerra, tal condición sí era practicada con personas de raza negra, casi siempre originarios de África, los que estaban destinados al desempeño de los trabajos más duros, aunque en el caso que nos ocupa, frecuentemente eran sirvientes u obreros con experiencia como herreros y carpinteros, de mucha utilidad en los astilleros y expediciones marítimas17, lo que ya se ha mencionado.


  1. Arroniz, Othón, Alfonso de Ulloa, servidor de don Juan Hurtado de Mendoza, artículo publicado en Bulletin Hispanique/Année 1968, Vol. 70, Número 3, pp. 437-457. ↩︎

  2. Luis Navarro García, “Congreso de historia del descubrimiento. (1492-1556) Actas”. Tomo II, pp. 193,194. ↩︎

  3. Díaz de Castillo, Bernal; op. cit. Cap. CVI. ↩︎

  4. Diego Hurtado de Mendoza, primo de Cortés, había salido en busca del Estrecho de Anián, mítico paso entre el Mar del Sur u Océano Pacífico y el Océano Atlántico, además de nuevos territorios, siempre teniendo en consideración que por acuerdo del emperador, un doceavo de las riquezas encontradas se entregarían en perpetuidad a su descubridor y sus descendientes, Hurtado de Mendoza debe haber naufragado, pues nunca se supo lo sucedido con su barco, el “San Marcos”, aunque sí se tuvo noticia del otro navío que formaba la flotilla, el cual cayó en manos de la gente de Nuño de Guzmán, el peor enemigo de Cortés en la Nueva España. ↩︎

  5. Archivo de Indias, est. 1, caja 1, leg. 20, Núm. 5. ↩︎

  6. California Historical Society Quarterly, September 1940, V. XIX, pp. 241-243, San Francisco. ↩︎

  7. Hakluyt Edit…, op. cit., pp. 493, 502. ↩︎

  8. Casado por el año de 1540 con la rica viuda Elvira de Arévalo tuvo a Ana, Isabel y María de Arévalo. A su hijo Juan lo tuvo en España en donde había estado casado y había procreado dos mujeres y tres varones incluido Juan. Prosas literarias e históricas. Felipe Sevilla del Río, Universidad de Colima, 2005, pp. 150-151, con datos tomados de fuentes oficiales y eclesiásticas. ↩︎

  9. Ibíd., pp. 151-154. ↩︎

  10. Terzo volume della navigatione et viaggi.., editado en 1556. ↩︎

  11. No debe confundirse al veedor en la flotilla de Ulloa Francisco de Terrazas con dos homónimos casi de la misma época, que fueron padre e hijo, y que además tuvieron una relación con Hernán Cortés. El más joven es recordado por haber sido el primer poeta mexicano, una de cuyas obras, Nuevo Mundo y Conquista, es un valioso poema épico del que se conservan 75 octavas. Miguel de Cervantes elogió su obra. ↩︎

  12. Llerena es parte de Extremadura, en España. ↩︎

  13. Wagner, Henry Raup. “Francisco de Ulloa Returned”, California Historical Society Quarterly, Vol. 19, p. 240, University of California Press, Vol. 19, p. 240, 1940. ↩︎

  14. “Congreso de historia…”; Actas. Tomo II, op. cit., p. 209. ↩︎

  15. Soldado español que nació en Portugalete, tal vez en 1505; se distinguió por su valor en la expedición de Ulloa al participar en los enfrentamientos que se dieron con los nativos, de acuerdo con lo que dice Preciado en su narrativa. ↩︎

  16. Ramusio llama al piloto mayor en alguna parte de su obra Francisco o Francesco, mientras que Hakluyt usa el nombre Juan; Antonio de Herrera también prefiere el nombre Juan. ↩︎

  17. Dos de los esclavos negros pertenecían a Cortés, y uno a Castellón. ↩︎