…Hemos encontrado escenarios naturales nunca vistos que sorprenderían al rey y al marqués, pero no hemos encontrado ciudades ni riquezas…
Lo isla de Tiburón es confundida con tierra firme
El viernes 19 de septiembre de 1539 la flotilla zarpó del Puerto de los Puertos, costeando como siempre con rumbo noroeste, y a unos 95 Km. navegados encontraron una isleta deshabitada, la cual viene siendo la actual isla de San Pedro Nolasco, a la cual Ulloa ubica a los 30° de latitud, aunque debiera ser 27° 57’. La isla es estéril y se encuentra deshabitada, salvo por numerosos lobos marinos. Pasada esta isla, Preciado afirma que se llegó a ver la costa hacia el oeste, lo cual fue percibió con más claridad mientras más al norte se navegaba; unos afirmaban que debían ser islas, pero otros no dudaban en señalarlas como continuación del territorio de Santa Cruz. Según las versiones de Ulloa y Preciado, aparentemente los navegantes no percibieron la desembocadura del río Sonora.
El color blanco de los puntiagudos islotes se debe a los desechos de las aves que por siglos se han
posado en ellos. Ulloa nombró aquellos islotes Los Diamanes.Fotografía de Google Earth.
Cuando llegaron a la altura de Isla de Tiburón, Ulloa registró lo siguiente: … y andadas diez e siete leguas de este, Puerto de los Puertos hallamos una ysleta pequeña y despoblada, que está una legua o dos de la tierra firme, en altura de treinta grados largos, y siguiendo la dicha via y treinta leguas adelante de esta ysleta venimos a envocar en un estrecho que haze la tierra firme y una isla despoblada que terna quatro leguas de ancho y doze en largo; ay gran hondura entrella y la tierra firme; está en altura de treinta e un grados; tiene a la boca dos isletas pequeñas; pusimosles por nombres el estrecho de San Miguel, porque se paso en su dia, y pasado este estrecho y siguiendo la dicha via y andadas treinta leguas metidos a la mar en altura de treinta e dos grados y tres quartos, seis o siete peñascos blancos y altos y puntiagudos, a cuya cabsa le pusimos por nombre los Diamantes, y quatro o cinco leguas andadas dellos comenzamos a ver el agua blanca y a manera de agua de rio…1 Lo Diamantes eran las islas llamadas actualmente de
San Jorge, cuyo color blanco se debe al guano que allí depositan las aves marinas. Cabe mencionar que el capitán atribuye una latitud de 32º 45’ N. al referido lugar, equivocándose por exceso en más de un grado. A esta altura, los navegantes tal vez alcanzaron a contemplar hacia el oeste, un islote blanco que después se conocería como Roca Consag, en honor al misionero jesuita que exploró la región más de doscientos años después de los hechos que se narran.
Tomado de
WikipediaPreciado, por su parte, escribió lo siguiente refiriéndose al mismo asunto : …Al siguiente día seguimos nuestro viaje comenzando a navegar antes del alba hacia el noroeste, y llegamos a la mitad de un estrecho o boca que tenía 12 leguas de ancho2, de una tierra a la otra, estrecho el cual tenía dos islas a la mitad estando 4 leguas distantes una de la otra….Este estrecho (hasta donde podíamos percibir) era muy hondo, pues no pudimos encontrar fondo: y aquí vimos la tierra extendiéndose a lo lejos de una costa a la otra, y en la costa occidental de la bahía de Santa Cruz, la tierra era más alta con montañas muy desnuda. Al siguiente día pasamos en nuestro camino hacia el norte, y navegamos unas 15 leguas, y a la mitad de nuestro camino encontramos un circuito o bahía de 6 leguas hacia la tierra con muchas ensenadas o arroyos, y al siguiente día proseguimos nuestro curso navegando unas 10 leguas…3
Debe aclararse que la mayor parte de los historiadores, al llegar a esta parte de la narrativa que hacen Ulloa y Preciado, consideran que los navegantes pensaron que Tiburón no era isla, sino una saliente de tierra continental hacia el oeste, y que el actual Estrecho del Infiernillo era una bahía cerrada, por lo que reorientaron un poco su rumbo hacia el oeste, primero hacia las islas San Esteban y San Lorenzo, y luego hacia el norte. Todo parece indicar que aquellos navegantes, al mencionar la isla deshabitada que formaba un canal con la tierra firme, se referían a la Isla Ángel de la Guarda, la supuesta “tierra firme” que tenían a su derecha era la actual Isla de Tiburón, las dos islas pequeñas que estaban a la entrada del canal eran San Lorenzo y San Esteban, y el canal, al que bautizaron San Miguel por haberlo pasado el día 29 de septiembre, fecha de la fiesta de ese santo, era el espacio del Golfo de California que separa la Isla Ángel de la Guarda de Isla Tiburón. Las dimensiones que Ulloa y sus pilotos asignaron a Ángel de la Guarda, a la distancia entre San Lorenzo y San Esteban y al ancho del canal son muy aproximadas a las medidas reales. Debe mencionarse, además, que los canales entre las islas San Esteban y Tiburón, y entre San Esteban y San Lorenzo, tienen 100 brazas de profundidad.
La flotilla navegó hacia el norte, dobló el punto más al noroeste de isla de Tiburón, dirigiéndose al este, rumbo a la costa de Sonora, y luego al noroeste, contemplaron los viajeros la amplia bahía Sargento, después el cerro y punta de Tepopa, y continuaron costeando hacia el noroeste. Cabe mencionar que 181 años después, el Estrecho del Infiernillo sería navegado por el misionero jesuita Juan de Ugarte en la balandra “El Triunfo de la Cruz”, y la pequeña embarcación “Santa Bárbara”, aunque la balandra tuvo dificultades en ciertas partes del sinuoso estrecho para poder llegar a su extremo norte en donde harían aguada, a pesar de que eran guiados adelante por balseros seris que trataban de llevarlos por el mejor rumbo.
Los extraños paisajes vistos, incluyendo montañas hacia el oeste, más allá del mar.
Siguiendo su navegación, la flotilla aparentemente se alejó un poco de la tierra firme que tenía hacia el este, y señala Ulloa que unas 4 ó 5 leguas después de Los Diamantes, poco más de 20 Km., se fueron percibindo algunos fenómenos marinos, los cuales les causaron sorpresa y admiración, y que se mencionan enseguida: el agua del mar era blanquecina, como agua de río; se veía tierra rumbo al suroeste a unas 8 ó 9 leguas de distancia, pero al navegar hacia ella el calado disminuía a unas 4 ó 5 brazas, lo que hacía riesgosa la navegación; además, ahora el mar se veía de color rojizo y su consistencia era lodosa**.** Por su parte, Preciado escribió en su narración cómo percibieron el paisje después de haber pasado las rocas que llamaron Los Diamantres:…Al siguiente día seguimos adelante otra vez por la costa hacia el noroeste, y navegamos ocho leguas, y vimos otra tierra que se extendía hacia el noroeste, y estaba llena de montañas altas. Y continuando todavía con este curso buscamos muy diligentemente para ver si había algún pasaje entre ambas tierras, porque hacia adelante no vimos ninguna tierra. Y nvegando así, siempre encontramos más fondo bajo, y el mar espeso, negro y muy lodoso, y llegamos a una profundidad de cinco brazas de agua, y viendo esto determinamos pasar a la tierra que habíamos visto en el otro lado, y aquí también encontramos poca profundidad y menos, por lo cual navegamos toda la noche en cinco brazas, y percibimos el mar moverse hacia la tierra con tanta furia que era cosa de marvillarse grandemente, y con la misma furia regresaba otra vez con la baja marea, durante cuyo tiempo hallamos 11 brazas de agua, y el flujo y reflujo continuaba de seis a seis horas.
Al siguiente día el capitán y el piloto subieron a lo más alto del barco, y vieron toda la tierra llena de arena en el gran círculo comprendido, y uniéndose con la otra costa…y parecía que había una entrada del mar en las bocas de ciertos lagos, por las cuales el mar entraba y salía. Hubo diversas opiniones entre nosotros, y algunos pensron que la corriente entraba en esos lagos, y también que algún gran río allí podría ser la causa de ello…4
En estas condiciones, sobre todo considerando lo bajo del fondo marino, los naveganes no pudieron continuar hacia la tierra que se avistaba al poniente5, y anclaron para buscar la mejor ruta, lo cual no se logró, ni tampoco aproximarse a la tierra, a más de dos leguas de distancia, un poco má de 10 Km.. Ya tarde ese mismno día, quizá el 26 ó 27 de septimbre, se dirigieron hacia tierra firme en el este para ver si les era posible encontrar entre ésta y la otra tierra una ruta con la suficiente profundidad para seguir hacia el norte, hasta que por fin encontraron un canal suficientemente profundo, 8 brazas, en el cual se presentaban las mareas, las mayores que habían visto, con rigurosa puntulidad6; señala Ulloa que cuando la marea bajaba quedaba seco el fondo marino, y cuando subía cubría más de dos leguas, lo que serían más de 10 Km. que había entre donde estaban y la tierra firme7; por ser ya tarde, anclaron en ese lugar para reiniciar la exploración al siguiente día.
El Ancón de San Andrés o desembocadura del Colorado
Según la versión de la edición de Wagner, Ulloa expresó:…El siguiente día lunes 28 de septiembre, queríamos continuar, pero al amanecer, habiendo baja marea vimos todo el mar por donde debíamos pasar, entre una tierra y la otra, cerrada por bancos de arena, y además de esto vimos entre una tierra y la otra, muchas cimas de montañas, las bases de las cuales no podíamos ver por la curvatura de la tierra. Puesto que por estas razones no podíamos seguir adelante, toqué tierra en una barra de arena cercana y tomé posesión para Su Señoría. Hecho esto, salimos de ese canal con la marea, y nos alejamos al suroeste, para pasar cerca de la tierra que vimos allí, para continuar nuestro viaje por el otro lado de ella…8 Se menciona enseguida textuelmente la narrativa del propio Ulloa refiriéndose a su llegada y estancia en la desembocadura del Colorado:
… y hallamos una canal, dos leguas de la tierra firme, de hondura de ocho bracas, por la qual entraban sus dos mareas en veinte e quatro oras por su horden y concierto de creciente y de menguante, sin discrepar punto, y con tanta corriente de creciente y menguante que era cosa maravillosa; dexaba en seco quando menguava, y henchia quando crecía, mas de dos leguas que avia desde do estavamos, a la tierra firme; surgimos en esta canal porque hera tarde para pasar adelante, y por ver otro dia de dia que cosa hera y a do iva a parar, y luego otro siguiente dia, lunes, que se contaron veinte y ocho del mes de setienbre, quesimos pasar adelante, y como aclaró el dia y hera baxa mar vimos toda la mar por do haviamos de ir, entre la una tierra e la otra, cercada de baxos, y aliende de esto vimos entre una tierra y otra muchas cabezas de cerros, y lo baxo de ellos no lo podimos ver por la longitud de la tierra, y visto que por estas cabsas no podíamos pasar adelante, salté en tierra en un baxo que estaba alli cerca y tomé la posesión por vuestra señoría, y después de tomada nos salimos fuera de aquella canal con la marea y hezimos la via del Suduoeste para la vuelta de la tierra que alli nos parescia, y para por detras de ella hazer nuestro viaje. Está este ancón y mar Bermejo en altura de treinta quatro grados; pusimosle por nombre el ancón de San Andrés y mar Bermejo, porque lo es, y llegamos a el en su dia; está ciento e quatro leguas del Puerto de los Puertos; la despusicion de la tierra de entremedias es la que sale a la mar, mala si mala puede ser, porque sesenta leguas andadas del Puerto de los Puertos son tierras muy altas y todas de piedra y peña tajada por muchas partes, y sin ninguna verdura ni cosa verde; la mar de estas tierras es bien hondable; las demás hasta llegar al ancón de Santandres y mar Bermejo son tierras muy llanas, y todas de arenales, y la mar baxa una legua y dos de costa; no se vieron en todas estas ciento y quatro leguas ninguna persona, ni señal de ella, ni creo que tal tierra puede estar poblada. Partimonos del ancón de Santandres y mar Bermejo domingo a veinte y ocho de setienbre, haziendo la vía del Sueste para la vuelta de la tierra que a el teniamos, a buscar paso por detras della para seguir nuestro viaje…9. Obsérvese que el capitán expresa en su narrativa que, al dejar la barra en la que tomó posesión del lugar, los navíos zarparon hacia el suroeste, y que cuando zarparon del ancón navegaron hacia el sureste, lo cual llevaría a la formulación de varias hipótesis respecto al lugar en el que se tomó posesión en nombre del marqués, y la ruta inicial seguida al zarpar del ancón, aunque esto no cambia lo esencial de la historia. Tanto al alejarse del lugar en el que tomó posesión, como después, cuando se retiró del ancón, menciona el capitán que se irían de allí buscando hacer su viaje por detrás de aquella tierra.


Acta de Posesión, 28 de Septiembre de 1539. Segunda
Yo Pedro de Palenzia, escribano publico desta armada, doy fe e verdadero testimonio a todos los señores que la presente vieren, a quien Dios nuestro Señor honre e guarde de mal, como en veinte e ocho dias del mes de setiembre de quinientos e treinta e nueve años, el muy magnifico señor Francisco de Vlloa, teniente de gobernador e capitán desta dicha armada por el ilustrisimo señor Marques del Valle de Guaxaca, tomo posesión en el ancón de San Andrés y mar Bermeja, que es en la costa desta Nueva España hazia el Norte, que esta en altura de treinta y tres grados y medio, por el dicho señor Marques del Valle en nombre del Emperador nuestro señor rey de Castilla, atual y realmente, poniendo mano a su espada, diziendo que si abia alguna persona que se lo contradijese, que el estaba presto para se lo defender, cortando con ella arboles, arrancando yerbas, meneando piedras de una parte a otra y de otra a otra, y sacando aguade la mar y echándola en la tierra; todo en señal de la dicha posesión. Testigos que fueron presentes a lo que dicho es, los reverendos padres del señor San Francisco, el padre fray Ramundo, el padre fray Antonio de Mena, Francisco de Terrazas, veedor, Diego de Haro, Gabriel Márquez. Fecho dia mes e año susodicho. E yo, Pedro de Palenzia, escribano publico desta dicha armada, la escribi segund que ante mi paso; por ende fize aqui este mió signo, que es a tal, en testimonio de verdad. Pedro de Palenzia, escribano publico.—Fraier Ramandus Amiliíis.— Frater Antonias de Mena.—Gabriel Márquez.— Diego de Haro.—Francisco de Terrazas.
Las contradicciones cronológicas se repetían en los registros de Ulloa, al escribir que llegaron al Ancón de San Andrés el lunes 28 de septiembre y se fueron de él el domingo 28. La descripción un tanto confusa que hacen Ulloa y Preciado sobre su arribo al delta del Colorado, permiten aún así suponer que arribaron por el canal que se forma en Boca de En Medio o Boca El Abrigo. De lo expresado por Ulloa se percibe que el capitán no sabía con seguridad que el lugar en que habían anclado era la desembocadura de un gran río, lo cual puede explicarse tomando en cuenta varias razones, como las que se mencionan enseguida: que al bajar la marea quedaba seca lo que parecía la ruta a seguir, y al subir se cubrían de agua unos 10 Km., aunque observándose bancos de de arena; apenas terminaba el verano, la temperatura era muy elevada y no se percibía una clara corriente del río por ser época de su estiaje; es casi seguro que se veían hacia el suroeste, norte y noroeste, las cimas de la cordillera bajacaliforniana que penetran hacia California, quizá incluyendo San Pedro Mártir y Sierra de Juárez en territorio mexicano, y Monte Tule, Piedras Grandes y Red Hill en los Estados Unidos. Ulloa y sus hombres no sabían “qué cosa era y a do iba a parar”.
El lugar en el que anclaron, cerca de una barra arenosa, debe haber estado al sur de Isla Gore, hacia el canal de Boca de Enmedio, aunque también pudiera haber sido al sur de isla Pelícano, en el caso de que hayan llegado navegando por la Boca El Abrigo; por Boca La Baja resulta difícil que hayan penetrado, por lo alejada de la ruta costera que traían; y cuarto, Ulloa y su piloto mayor subieron a las gavias y desde allí vieron con claridad que las costas de tierra firme al oriente y occidente se iban aproximando hasta juntarse. Aunque todo esto hacía muy difícil para aquellos marineros asegurar que se encontraban en la desembocadura de un gran río, esta idea quizá tenía la misma probabilidad de que se tratara de lagunas litorales. Sin embargo, el término “ancón” significaba en aquella época estuario de marea, por lo que emplearon el término pensando en su real significado, y casi todos convinieron en que se trataba de un río. Además, el percibir sedimentos rojizos en los litorales cercanos, reforzaba la idea de que era una corriente fluvial que los arrastraba y depositaba en aquellas costas. Por otra parte, un paso marítimo no deposita sedimentos, por lo que aparentemene se reforzó la idea de que no era un paso o estrecho que llevara a las ciudades tan buscadas por el virrey Mendoza y Nuño de Guzmán
El regreso de la flotilla hacia el sur, difícil decisión. Llegada al Puerto de los Lobos, hoy bahía de San Luis Gonzaga
Es seguro que no fue fácil para el capitán decidir el regreso hacia el sur, pues al igual que otros muchos navegantes intentaba, entre otras cosas, ubicar el mítico Estrecho de Anián, paso marítimo legendario que supuestamente debía comunicar el Océano Pacífico septentrional con el Atlántico, facilitando así la relación entre Europa y Asia; sin embargo, el remate del Golfo de California en el Ancón de San Andrés cancelaba la esperanza de encontrar el famoso estrecho, que algunos identificaban como un paso entre la “isla” de California y tierra firme.Ya se ha dicho que en aquel lugar, cerca de un bajo, y puesto que no podían seguir adelante, Ulloa saltó a tierra y tomó posesión del sitio en nombre del marqués; después, aprovechando la marea, salieron de aquel canal haciendo rumbo al suroeste procedentes quizá de la Boca de En Medio o la del Abrigo, señaladas en el mapa 8 con los números 2 y 3, respectivamente. Navegando después hacia el sur paralelamente a la costa nororiental de la península, según el capitán a unas 36 leguas del Ancón de San Andrés, casi 200 Km.10, los expedicionarios vieron lo que consideraron una señal de humo que se elevaba a considerable altura. Desde que dejaron el Puerto de los Puertos, o Guaymas, no habían visto ningún ser humano, y relacionaron esta ausencia de gente con lo estéril de la tierra, sin algún paisaje verde, lo cual hizo que el capitán comentara cuando estuvieron en el Ancón de San Andrés*:… hasta llegar al ancón de Santandres y mar Bermejo son tierras muy llanas, y todas de arenales, y la mar baxa una legua y dos de costa; no se vieron en todas estas ciento y quatro leguas ninguna persona, ni señal de ella, ni creo que tal tierra puede estar poblada… **11. Esta vez, esperanzados en encontrar habitantes en la región, tomaron cuidadosa nota de la ubicación de la columna de humo, como a cuatro leguas de donde estaban.

Al siguiente día, aparentemente el 2 de octubre, navegaron hacia el lugar indicado, y encontrron una gran bahía con una isleta a su entrada, anclaron, y el capitán con varios hombres descendieron en una lancha y remaron hacia la costa, dirigiéndose al lugar en donde el día anterior habían visto la supuesta señal de humo y desembarcaron. Se encontraban en la búsqueda de alguna persona y de la señal que tanta curiosidad les había causado, cuando Ulloa y sus acompañantes vieron que de lo alto de una colina, se desprendía hacia abajo una gran cantidad de arena, lo que generaba polvo que se elevaba muy alto. Así se dieron cuenta que no de trataba de una señal de humo, ni persona alguna que la produjera; de hecho, confirmaron que la tierra era estéril, con montañas rocosas y sin una sola mancha de vegetación, por lo que les pareció imposible que la zona estuviera poblada por seres humanos.

Elaboración sobre un mapa de Google Earth.
El resto del día lo pasaron los exploradores reconociendo la bahía y ponderando sus cualidades como muy buen puerto. Al encontrar miles de pinnípedos en la bahía, el capitán la bautizó como el “Puerto de los Lobos”, hoy nombrada bahía de San Luis Gonzaga. Según Preciado, ese día los marineros se dedicaron por un tiempo a cazar lobos marinos, de los cuales aparentemente aprovechaban su hígado y la grasa.
Aquí es necesario aclarar que, hasta el tiempo actual, hay cierta confusión respecto al nombre y ubicación de las diversas formaciones geográficas del área que se menciona. Los nombres que suelen usarse son: la Isla Willard, que también se nombra Isla San Luis; Bahía Willard, formada entre tierra firme y la isla Willard o de San Luis; y la Ensenada de San Francisquito, también conocida con el nombre de Bahía de San Luis Gonaga. Myers, uno de los especialistas del tema, llama Bahía de San Luis Gonzaga a la que se extiende desde Punta Willard hasta Punta Final, la ensenada que se forma entre Isla San Luis y Punta Final es la Ensenada de San Francisquito; la bahía circular que se forma entre tierra firme y la isla, al noroeste de San Francisquito, Bahía Willard. Puede decirse que la bahía de San Luis Gonzaga contiene, al noroeste, a Bahía Willard, y al sureste a la Ensenada de San Francisquito; los navegantes habían penetrado en la bahía circular que queda en el extremo norte de San Luis Gonzaga.
Encuentro con indios cochimés del centro peninsular
Esa noche, saliendo de la boca de la bahía y en espera de un buen viento que les permitiera continuar su viaje, los marinos del “Santa Águeda” vieron una lumbrada a unas dos leguas al sur de donde estaban, un poco al norte del actual Calamajué, donde permanecieron anclados, y al romper el alba del día 3 de octubre de 1539, el capitán y algunos hombres se dirigieron en un bote a aquel sitio; antes de desembarcar vieron en la playa a un indio viejo, otro joven y tres o cuatro muchachos. Al ver aproximarse a los marineros, el nativo joven pidió a uno de los muchachos su arco y algunas flechas, y al tener las armas en sus manos, tendió el arco con la intención evidente de comprobar si estaba listo en caso que fuera necesario usarlo.
Cuando Ulloa y sus hombres se acercaron más, el pequeño grupo de nativos no intentó huir, ni mostraró señales de temor, lo que sorprendió a los expedicionarios al grado que el capitán pensó que podría tratarse de una emboscada. Fue por esto que ordenó que desembarcaran en otro sitio desde el cual podían ver el paraje en donde estaban los indígenas, incluyendo algunos matorrales que pudieran ser abrigo para más nativos armados. Los intrusos no vieron más indios y avanzaron hacia el pequeño grupo, que permaneció impávido hasta que los europeos estuvieron a unos 20 ó 30 pasos de distancia, entonces, el más anciano de los indios se dirigió a la gente encabezada por Ulloa, y colocó su mano ante sus ojos como protegiéndose contr el sol. En ese momento los demás nativos escaparon hacia lo alto de una colina, y aunque el viejo quiso seguirlos, Ulloa y sus hombres lo retuvieron con el propósito de interrogarlo. Así se hizo, pero el intérprete indio que el capitán traía desde la Bahía de Santa Cruz no entendió el lenguaje del viejo; los españoles no sabían que los hombres que habían contactado eran de la nación cochimí, de lenguaje muy diferente a los nativos del sur de la península, de filiación guaycura.
De los indios cochimíes que vieron, Ulloa expresó que se trataba de gente totalmente desnuda, …*estavan trasquilados, las trasquilas de dos o tres dedos en largo; tenian un cercadillo de unas mantillas de yerbas, sin ninguna abertura en lo alto, en que estaban aposentados, diez o doze pasos de la mar; no les hallamos dentro ningun genero de pan, ni cosa que se le paresciese, ni ningún otro mantenimiento, sino pescado, de que tenian alguno que avian muerto con unos cordeles que tenian bien torcidos y con unos anzuelos gordos de huesos de tortuga vueltos con fuego, y con otros mas pequeños de unas espinas de yerbas; tenian el agua que bebian en unos buches; creímos que debían de ser de lobos marinos**…12 ***Los españoles encontraron una balsa de cañas atadas en 3 haces, el central más largo, y todos amarrados entre si. Había también un remo delgado y corto, pues apenas mediría algo más de media braza, y dos más, uno en cada extremo de la balsa. Ulloa expresó en esta parte de su narrativa:… parescionos que hera gente sin ningún asiento, y de poca razón…13, pensamiento que reflejaba la mentalidad del capitán español, en la cual, como en la mayoría de los europeos de la época, predominaba una postura simplista sobre el tema de etnias e intelecto.
Después de devolver al anciano cochimí las pertenencias de su gente y regalarle algunas baratijas, le permitieron que regresara con los suyos, luego Ulloa y sus hombres volvieron al “Santa Águeda”, mientras que veían a dos de los muchachos cochimíes regresando a la playa para poner en resguardo la balsa que usaban. Ulloa termina la narración de este encuentro señalando que en el paraje del campamento indio había conejos, liebres y coyotes, lo que sugiere que la alimentación de los indios playanos debió haber sido no sólo de mariscos, sino también de los animales mencionados.
Los marineros del “Trinidad” no participaron en estos hechos debido a que, por la distancia a que se encontraban, no se habían percatado de la lumbrada en la playa que atrajo la atención de Ulloa en el “Santa Águeda”, y antes del amancer siguieron su rumbo hacia el sur pensando que los de la nave capitana hacían lo mismo, por lo que ambas embarcacions se perdieron de vista una de la otra; Ulloa pensó que los del “Trinidad” se regresarían al darse cuenta que la nave mayor no los acompañaba, pero no fue así, lo que seguramente causó molestia en el capitán. Al siguiente día, el “Santa Águeda” siguió costeando hacia el sur, buscando al navío extraviado que podría estar en cualquier ensenada o caleta, aunque por dos días con sus noches, estuvo el tiempo con tanta niebla que hubiera sido imposible verlo. Por fin, al tercer día ya con buena visibilidad, el capitán lo tuvo a la vista, se situó cerca de él e hizo las advertencias necesarias sobre lo sucedido.
Llegada al Puerto de San Marcos, hoy bahía de Los Ángeles
Siguiendo hacia el sur, según Ulloa a 10 leguas del Puerto de los Lobos, hoy Bahía de San Luis Gonzaga, las embarcaciones pasaron cerca de la isla Ángel de la Guarda, a la que calcularon 15 leguas de largo y 6 de ancho14, y luego a una gran bahía, hoy nombrada Bahía de Los Ángeles, que entonces fue bautizada como puerto San Marcos por haber llegado en su día, afirma el capitán15, quizá el 6 ó 7 de octubre16; allí anclaron, desembarcaron, y Ulloa tomó posesión del territorio en nombre de Cortés; no encontraron agua, la que ya necesitaban, y en ese momento tampoco gente, aunque sí restos antiguos de presencia humana; la isla frente a la bahía era la hoy conocida como Ángel de la Guarda. Ulloa registró que la tierra era parecida a la que hasta entonces se había reconocido en el viaje, y el fondo del mar profundo. El capitán dio a la bahía una latitud de 30° 30’ N., la cual es realmente de 28° 55'.
Acta de Posesión, seis de Octubre de 1539. Tercera
Yo Pedro de Palenzia, escribano publico desta armada, doy fe e verdadero testimonio a todos los señores que la presente vieren, a quien Dios nuestro Señor honre e guarde de mal, como en seis dias del mes de otubre de quinientos e treinta e nueve años, el muy magnifico señor Francisco de Ulloa, teniente de gobernador e capitán desta armada por el ilustrisimo señor Marques del Valle de Guaxaca, tomo posesion atual, realmente por el dicho señor Marques, y en nombre del Emperador nuestro señor y rey de Castilla, en la baya de San Marcos, qu’ esta al Sueste del ancon de San Andres, del mar Bermejo, y en altura de treinta grados y medio, poniendo mano a su espada, diziendo que si abia alguna persona que se lo contradixese, que el estaba presto de se lo defender, cortando con ella arboles, arrancando piedras e yerbas, de una parte a otra y de otra a otra, sacando agua de la mar y echándola en la tierra, todo en señal de la dicha posesión. Testigos que fueron presentes a lo que dicho es, los reverendos padres del señor San Francisco y el padre fray Remundo y el padre fray Pedro de Aroche y Francisco de Terrazas, veedor, y Martin de Espinosa y Pedro de Busto y Juan Montano. Fecha mes e año susodicho. E yo, Pedro de Palenzia, escribano publico desta dicha armada, según que ante mi paso, por ende fize aqui este mió signo, que es a tal, en testimonio de verdad. Pedro de Palenzia, escribano publico.— Martin de Espinosa.—Pedro de Basto.—Juan Montano. —Frater Ramundus Amilius.—Francisco de Terrazas.
Seguramente para Ulloa resultaba frustrante no haber encontrado por ningún lado aborígenes que le proporcionaran informes sobre poblaciones y grupos humanos que mostraran una cultura superior a lo que hasta entonces había visto; y aunque el objetivo explícito del viaje del capitán no era localizar las míticas ciudades de Cíbola y Quivira17, buscadas desde hacía años por muchos exploradores y que cada vez más parecían una fantasía, la idea de encontrar las míticas urbes tal vez se desvanecía en la mente de Ulloa, quien a estas alturas se hubiera considerado afortunado con encontrar una aldea que mostrara un mínimo grado de civilización, según las ideas europeas de aquel tiempo.
En esta situación, encontrándose en espera de un viento favorable para zarpar hacia el sur, los navegantes vieron en tierra dos lumbradas bastante separadas una de otra, al siguiente día se dirigieron al lugar de su aparente ubicación, en donde encontraron un espacio limitado por estacas, así como varios nativos. Poco antes de desembarcar, la gente de Ulloa vio a dos hombres desnudos, altos y de buena apariencia, con arco y flechas en sus manos, quienes aparentaron agazaparse tras las estacas, en espera de los intrusos; durante este tiempo los niños y mujeres se pusieron a salvo en una colina cercana en donde había dos habitáculos como los que ya se han descrito, y al desembarcar Ulloa y su gente, los nativos ya habían huido, y en sus rústicas habitaciones sólo encontraron la especie de odres con agua para beber costumbrados por los cochimíes playeros, y huellas de unas diez o doce personas, incluyendo niños, había también una balsa chica empleada seguramente para la pesca. Al encontrar los explordores una olla de barro semejante a las que hacían los nativos de la bahía de Santa Cruz, pensaron con razón que aquella tierra y su gente formaban sólo una con la extinta colonia. Al explorar un poco el paraje circundante, pudieron comprobar que no había nada novedoso o de interés, y sólo encontraron algunas veredas estrechas a lo largo de la costa, así como muchas huellas de liebres y coyotes. Los exploradores regresaron entonces a sus embarcaciones, para seguir su rumbo al sureste al siguiente día, miércoles 8 de octubre de 1539, con poco viento y calmas frecuentes.
Ulloa, Bibliófilos Esp., Edit., pp. 188-189. ↩︎
Doce leguas equivalen a poco más de 68 Km., considerando la legua de 5.7 Km, distancia semejante a la que hay entre Isla Tiburón y tierra firme en Baja California. ↩︎
Hakluyt, Edit., op. cit., p. 476. ↩︎
Hakluyt editor, versión de Preciado, op. cit., p. 477. ↩︎
El ver cumbres de montañas que contemplaron hacia el oeste y suroeste, hizo pensar a algunos de los expedicionarios que esas tierras eran continuación de la tierra firme en que se ubicaba el puerto de Santa Cruz, lo cual era cierto. ↩︎
Hoy se sabe que las mareas en el Alto Golfo son las mayores del mundo, con fluctuaciones en la boca del río de más de 9 m., creándose áreas intermareales de hasta 5 Km.. ↩︎
Wagner, op. cit., p. 19. ↩︎
Ibídem, p. 20. ↩︎
Ulloa, Bibliof. Esp. Edit., pp. 189-190, op. cit.. ↩︎
Ulloa se quedaba corto en el cálculo, pues la distancia es de unos 250 Km.. ↩︎
Ulloa, Biblióf. Esp., Edit., p. 190. ↩︎
Ulloa, Biblióf. Esp., op. cit., p. 193. ↩︎
Ibíd., p. 193. ↩︎
La isla Ángel de la Guarda mide 69 Km de largo y 29 de ancho, y Ulloa, en leguas, calculó 15 y 6, respectivamente, equivalentes a 85 y 34 Km., datos que se pueden considerar bastante aproximados. ↩︎
El nombre San Marcos que consideró Ulloa pudo haber sido el del papa, cuya celebración es el 7 de octubre. ↩︎
La toma de posesión firmada por el notario público Pedro de Palencia tiene fecha 6 de octubre de 1539. ↩︎
Según una leyenda, en el año 713, cuando los moros se lanzaron a la conquista de Mérida, España, los 7 obispos portugueses de la ciudad huyeron con sus tesoros y reliquias sagradas en busca de un lugar en el que pudieran estar a salvo de los infieles. Finalmente se establecieron en un lugar del Nuevo Mundo, en donde fundaron 7 ciudades en las que abundaba el oro. La idea de encontrar las míticas ciudades se convirtió en obsesión para muchos soldados, gobernantes y exploradores, incluyendo a Hernán Cortés y al virrey Antonio de Mendoza. ↩︎