… Dios sólo sabe qué cosas nunca vistas nos esperan al navegar por el occidente de esta tierra extraña y fascinante…
La flotilla dobla Cabo San Lucas. “El Trinidad” se pierde dos veces
Después de tantos retrasos, los dos navíos pudieron zarpar el martes 4 noviembre, y en dos días llegaron al extremo sur de la península, punto en el cual Ulloa calculó una latitud de 23° N., la cual, sorprendentemente, es muy aproximada a lo real, pues Punta Palmilla en San José del Cabo está precisamente a esa latitud, y el punto más meridional de Cabo San Lucas se encuentra a 22° 52´ de latitud norte. Aquí los viajeros vieron que la tierra era alta y el paisaje verde, y por la noche percibieron algunas lumbradas. Debe aclararse que antes que Ulloa, sólo un hombre mandado por el marqués había doblado Cabo San Lucas, aunque solo navegó 150 kilómetros hacia el norte por la costa ocidental de la península. Aquí es pertinente mencionar que en la narración de Preciado, refiriéndose a esta etapa de la expedción y cuando aun viajaban hacia el sur, dice: …Cada noche vimos lumbradas, que mostraban que el país está muy poblado. Así procedimos con nuestra viaje hasta el diez del dicho mes de noviembre….Aquí estábamos a 54 leguas de distancia de California, poco más o menos, siempre hacia el suroeste, viendo en la noche tres o cuatro lumbradas1, siendo ésta la primera vez que la palabra California se escribe en un informe
sobre las exploraciones del Mar del Sur, identificando “California” con Cabo San Lucas. Este tema lo toca el jesuita Miguel del Barco reiterando la identidad de los términos California y Cabo San Lucas2; para concluir el tema, debe mencionarse que cuando Preciado regresaba a la Nueva España prcedente de Isla de Cedros en el “Santa Águeda”, al llegar al extremo sur de la península, fue sorprendido al igual que todos los marineros, por unas 500 ballenas que pasaban cerca de la embarcación, episodio que fue motivo para que al Cabo San Lucas también se le llamara Punta Ballenas.3

Fotografía antigua de Cabo San Lucas. Fotografía de James R. Stewart. University of California
El viernes 7 de noviembre de 1539, conforme a los registros de Preciado, después de doblar Cabo San Lucas, la flotilla navegó hacia el norte, con objeto de explorar el litoral occidental de la península, costeando lentamente debido a las calmas frecuentes y vientos suaves, por lo que navegaron unos 80 Km. en 5 días, lo cual, de ser cierto, el 11 ó 12 de noviembre las embarcaciones estarían apenas al norte de Todos Santos, a la altura del Trópico de Cáncer. La costa ofrecía a la vista bellos paisajes, y por las noches se veían numerosas lumbradas, indicadoras de una población numerosa de indígenas. Esa noche del martes o miércoles, las embarcaciones se perdieron mutuamente de vista, y por la mañana, Ulloa consideró que el “Trinidad”, en el que venía Preciado, debería estar rezagado, por lo que ordenó permanecer cerca de la costa en su espera. Para empeorar las cosas, se nubló el cielo al grado de que se limitaba grandemente la visión, y aun así el capitán dispuso zarpar en búsqueda del barco extraviado, con la intención de prender faroles por la noche, esperando que los marineros del “Trinidad” vieran las luces o viceversa. Se procedió conforme a lo planeado pero no vieron nada, esa noche aumentó la fuerza del viento, lo que preocupó más a todos considerando que los barcos podrían separarse más en poco tiempo y perderse definitivamente.
Al amanecer del día siguiente y no encontrar la embarcación perdida, Ulloa decidió regresar hacia el sur en su búsqueda4, a pesar de la opinión contraria de algunos, y a los 10 Km. de navegación la avistaron en la lejanía, se aproximaron mutuamente, y hubo alegría en las tripulaciones de ambas embarcaciones. A causa de un viento contrario, ese día, aparentemente el jueves 13 de noviembre anclaron cerca de la costa, en parte debido al tiempo contrario para la navegación. Hay que señalar que el capitán llamó severamente la atención a los tripulantes del “Trinidad” por su negligencia en la navegación, a lo cual los increpados trataron de diculparse diciendo que una fuerte corriente los había arrastrado unas tres leguas impidiéndoles seguir cerca del “Santa Águeda”. Ulloa dejaba claro que eran inaceptables descuidos como éste, que había estado a punto de convertir en fracaso la expedición.
Aún así, lejos estaba el capitán y los marineros de imaginar que días después, enfrentarían posiblemente los más violentos ciclones de la temporada en el sur de la península, y aunque el viernes 14 de noviembre de 1539 levaron anclas para continuar el viaje, a partir del domingo 16 las embarcaciones fueron golpeadas durante varios días por tormentas sucesivas con vientos norte, que los arrojaron mar adentro, en donde permanecieron del lunes al miércoles e impidieron su aproximación a tierra firme, los navíos fueron separados por las tormentas, y otra vez, aunque el viento había calmado un poco, se perdieron mutuamente de vista; esto ocurrió posiblemente el jueves 20 o el viernes 21 de noviembre de 1539. La desesperada situación por la que pasaban los navegantes hizo que Ulloa escribiera, refiriéndose al “Trinidad”:
…y esta noche a media noche nos torno a dar otro temporal tan recio como los pasados; cabsome harta pena por no thener las naos juntas para hazer todos vna via, porque la noche hazia escura e tempestuosa, e a esta cabsa nos hera forgado correr cada una por todo el tiempo nos diese lugar, y asi lo ficimos, e quando amanescio me torno a hallar sin la otra nao; cabso mucho mas pena que las otras vezes, porque me parescio demasiada fortuna perderla tantas vezes, e también porque temia haberle sucedido desastre de los que en semejantes tiempos suelen suceder; anduvimos este dia barloventeando por la mar el tiempo que el tiempo nos duró, por ver si la via, para que ella nos viese, e viendo que no la podiamos ver ni hallar, nos venimos a la costa para ver si la hallábamos en ella, la qual no estaba ni acudió a ella, e viendo que no venia ni parecia seguimos nuestro viaje por la misma costa, sábado, que se contaron veinte e dos del dicho mes, para ir a ponernos en cierta altura a do yo les habia dicho que nos fuésemos sy por alguna cabsa nos apartásemos…5
Queda claro entonces que después de fracasar en la búsqueda de la embarcación perdida, el capitán tenía todavía una posibilidad de reencontrarse con ella, pues tiempo atrás había acordado con el piloto del “Trinidad” que de ocurrir una situación como la que ahora los afectaba, navegarían cada quién por su cuenta hacia un punto predeterminado de la costa en el cual se esperarían hasta por 15 días, ésta era su última esperanza, y a ella se aferró tenazmente. ¿Por qué el capitán escogió precisamente las coordenadas del punto mencionado para la cita de las embarcaciones en caso de extravío? Algunos investigadores6 han considerdo como algo muy probable que, en algún momento de la estancia de soldados, marineros y colonos en la bahía y puerto de Santa Cruz en 1535 y 1536, en sus exploraciones de la región hubieran llegado al sur de Bahía Magdalena y determinado su situación geográfica aproximada. Si Ulloa supo directa o idirectamente de esto y la ponderación que se había hecho del lugar, pudo haber anotado los datos para su localización, y usarlos en un momento dado, o simplemente registrarlos para visitar el punto cuando navegaran por la costa occidental de la península7.
El sábado 22 de noviembre el “Santa Águeda” siguió costeando hacia el norte, buscando el punto de la cita planeada …si por alguna causa nos apartásemos…, hasta que el 27 de noviembre al amanecer, unos 7 u 8 días después de que se había separado del otro barco, llegó a una gran bahía, que era el sitio acordado previamente para reunirse en caso de extravío; se encontraba según cálculo del capitán, a los 25° de latitud, y debió haber sido apenas afuera de la entrada a la actual Bahía de las Almejas, en la parte sur de Bahía Magdalena, y en ese lugar encontró a la otra embarcación, posiblemente muy cerca de la actual Punta Tosca, a una latitud norte real de 24º 20' aproximadamente.
Las embarcaciones se reencuentran en el complejo lagunar Bahía Magdalena-Las Almejas; lo acontecido en ese lugar
Es pertinene señalar que la flotilla llegó al complejo lagunar Bahía Magdalena-Bahía Las Almejas por el canal de Rehusa, tomando en cuenta lo siguiente: las bocas de Santo Domingo, La Soledad y Las Ánimas son entradas de bajo fondo que se encuentran al norte de la bahía, mientras que la entrada por el canal entre Punta Entrada y Punta Redonda, así como el Canal Rehusa8, entre Punta Tosca y Punta Santa Marina, son de bastante profundidad, aunque no exentas de peligros por las rocas que se encuentran en algunos lugares. Tomando en cuenta que la navegación se hacía de sur a norte, que la fuerte corriente que mencionaron los marineros del “Trinidad” y que aún hoy relatan algunos marinos y pescadores9 era una realidad, y lo que Ulloa refiere de haber subido a un cerro desde el cual contempló la bahía, cerro que sólo puede ubicarse en Isla Santa Margarita10, son hechos que refuerzan la idea de que la llegada del “Trinidad” y el “Santa Águeda” a Bahía Magdalena-Las Almejas fue por el Canal de Rehusa.
Grande fue el regocijo de todos, y allí permanecieron por ese día descansando e intercambiando sus experiencias. Los del “Trinidad” explicaron que tenían 5 días esperándolos, que habían sido llevados al lugar por una fuerte corriente marina y que habían encontrado agua de buena calidad. Esto último causó gran satisfacción en los del “Santa Águeda”, pues ya la carencia del líquido era un grave problema, permanecieron anclados parte del día contándose unos a otros las experiencias que acababan de pasar, y ese jueves 27 de noviembre, según los registros del capitán, zarparon hacia el punto de la costa en que se encontraba el agua, pero un viento norte de gran fuerza les impidió seguir y los obligó a anclar casi en el punto del cual habían salido. Todavía ese día zarparon nuevamente, pero ahora fueron devueltos más de 15 Km. al sur de donde habían zarpado. Allí permanecieron anclados los dos barcos hasta el sábado 29 de noviembre, en que gracias a vientos favorables pudieron acercarse más al sitio en donde harían la aguada, y fue hasta el domingo 30 cuando llegaron, aunque todavía distantes más de un kilómetro del sitio deseado, y en botes pequeños para sondear hallaron el canal por el que, sin peligro del bajo fondo, podrían entrar a la bahía ambas embarcaciones; como ya se ha mencinado, se trataba del sur del complejo lagunar Bahía Magdalena-Bahía Las Almejas. Allí anclaron las dos embarcaciones, fuera todavía de bahía Las Almejas.
Cuando aún se encontraban los marineros en las tareas de sondeo definiendo la ruta segura para los barcos, desde su bote vieron una humareda en tierra, y al aproximarse se dieron cuenta que eran 6 ó 7 indios los que habían producido el humo con una fogata; al ver que los marineros se acercaban huyeron del lugar. El lunes 1º de diciembre, los barcos pudieron llegar al sitio en que se haría la aguada, lo que aparentemente se realizaría sin mayores dificultades. Es difícil precisar el punto en que hallaron el agua dulce, pero todo parece indicar que fue cerca de la costa, al sureste de Isla Santa Margarita, al nornordeste de Punta Tosca, poco antes de pasar el Canal de Rehusa. La descripción del punto en que encontraron el agua potable fue hecha por Preciado de la sigente forma: …tomamos el fuerte11 de la fuente, que eran ciertos cantiles o rocas colgando sobre la misma, entre las cuales había una abertura o profundo valle a tavés del cual corría esta agua, que no es gran cantidad, sino un pequeño arroyo que no pasa de una braza de ancho…12.
Cabe mencionar que 180 años después de ocurrir los acontecimientos que aquí se narran, el jesuita Clemente Guillén encabezó una expedición desde su misión de San Juan Bautista Malibat o Ligüig hasta la bahía de Las Almejas en el Océano Pacífico; el monte espinoso y los tupidos manglares dificultaron la llegada a la costa, pero una avanzada de los viajeros encabezada por el cabo Cortés, logró llegar hasta la bahía mencionada, hasta un punto desde el cual veían enfrente a la Isla Margarita, cerca del lugar vieron a un indio guaycura de quien, tras alguna resistencia, obtuvieron la información necesaria para sacar el líquido del aguaje de su ranchería. El nativo, además, informó a los españoles que en la isla Santa Margarita había agua cerca de la playa13.
Ya tarde, cuando los marineros aún cargaban sus barriles, vieron en lo alto de las colinas cercanas primero, 4 o 5 indios, y después unos 15 que los observaban; el capitán puso centinelas para evitar culquier sorpresa, pero ya era tarde, pues los nativos se lanzaron contra ellos en dos grupos en un ataque sorpresivo, ya que llegaron sin que los hombres apostados por Ulloa se dieran cuenta de su presencia hasta que los tenían muy cerca; un grupo de los atacantes se fue directo a donde cargaban el agua, y otro grupo mantuvo el asedio lanzando desde lo alto sus proyectiles, de tal manera que, al principio, los asediados españoles sólo se cubrían con sus pequeños escudos. Viéndose los españoles en grave peligro por la lluvia de flechas y piedras que les arrojaban los indios, corrieron hacia terreno alto desde donde lograron repeler el ataque inicial, aunque a expensas de tres heridos, y uno de los tres mastines que llevaban llamado “Becerrillo”. Se transcribe enseguida lo escrito por Ulloa en su narrativa al referise a este episodio: …acometiéronnos con tanto ánimo e braveza que fué cosa maravillosa, e con tanta multitud de flechas, varas e piedras que no nos daban lugar a sacar los rostros debaxo de las rodelas; plugo a Nuestro Señor que les resestimos su primer ímpetu e les desbaratamos, e noshuyeron, avnque a costa de dos o tres de nosotros que hirieron, e a Becerrillo, e después de haberlos desbaratado se repartieron en tres partes e se pusieron en tres puntas del cerro cerca de nosotros, de a do nos podían facer daño, e de allí nos tiraban unas varas e flechas e piedras, e los del cerro e algunos que en el subieron todos se juntaron e comenzaron a andar alrededor cantando e bailando con sus arcos en las manos; no supimos atinar a que proposito lo hacían, e havia de ser por mostrar que nos tenían en poco…14.
El choque entre indios y españoles duró varias horas, tiempo en el cual, un grupo de éstos se encargaba de proteger a quienes cargaban el agua y otros impedían la aproximación de los aguerridos nativos. Después de algunas horas, los hombres de Ulloa hicieron retroceder a los indios en una contraofensiva encabezada por Francisco Preciado, quien espada en mano condujo a sus compañeros hasta ganar mejores posiciones en lo alto de una colina. Para entonces empezó a obscurecer, los indígenas se dividieron en grupos de 6 ó 7, encendieron sus lumbradas quizá para no sentir el frío intenso del anochecer, y al poco tiempo se empezaron a retirar, cada uno con una especie de tea que mantenían cercana a sus cuerpos15. Habiéndose ido, los españoles avanzaron y procedieron a embarcarse, no sin dificultad por la obscuridad y un oleaje fuerte, además de que Ulloa había resultado herido en una rodilla, al grado de que tuvo que apoyarse en Preciado16. Ya en sus respectivas embarcaciones, los marineros y soldados lesionados en el combate fueron atendidos, así como el mastín “Becerrillo”. Aunque los españoles habían logrado rechazar a los indígenas en sus ataques, su primer intento de hacer aguada había fracasado, cuando menos parcialmente.
Respecto a las indios que participaron en el encuentro, que debieron ser de filiación guaycura o cochimí, Ulloa los describe igual a los que se habín visto antes, sólo que ahora había algunos con el pelo largo, aunque la mayoría lo usaban de unos 2 ó 3 dedos de longitud; andaban desnudos pero traían una epecie de collares de brillantes conchas de ostras, y adornos de piezas de madera en las orejas. El capitán señala que los arcos empleados por los indígenas eran más grandes que su estatura, la cual era muy considerable, lo que daría una longitud aproximada de 1.80 m..
Al siguiente día martes 2 de diciembre, el capitán ordenó que el “Trinidad” se acercara al sitio de en que seguirían los preparativos para la aguada, con el fin de que en caso necesario, protegiera con su artillería a los soldados y marineros de cualquier ataque de los nativos, lo que significa que el sitio en que estaba el agua, seguramente era visible desde una embarcación anclada cerca de la playa. Los españoles se adueñaron de ese paraje, y aprovechando la calma, algunos marineros pudieron explorar la laguna a bordo de un bote. Ulloa afirma que los exploradores se dirigieron al norte, a la entrada de la bahía, la cual consideraron muy honda y con una punta que sale de tierra hacia el mar, que debió ser Punta Tosca, descripción que en cualquier caso los ubicaría entonces casi a la entrada de Bahía Las Almejas. En algunos lugares encontraron balsas de los indígenas, más grandes que las que hasta entonces habían visto, aun mayores que el bote en que iban, y cuando se aproximaron a la playa en varios sitios, vieron nativos que ostensiblemente les mostraron su rechazo17. Por haber encontrado al “Trinidad” cerca de la punta mencionada, Ulloa la llamó punta La Trinidad, y a la bahía laguna Santa Catalina, que puede considerarse el primer nombre de Bahía Magdalena-Las Almejas.
El miércoles 3 de diciembre, … armados y equipados lo mejor que pudieron… desembarcaron todos los hombres hábiles para hacer la aguada, y en caso necesario defenderse de un ataque de los indios, sin embargo, se llevaron a cabo todas las acciones para cargar sus recipientes y llevarlos a los barcos sin que se viera ningún nativo.
El jueves 4 de aquel mes, Ulloa saltó a tierra con algunos de sus hombres, y celebrando la ceremonia acostumbrada, tomó para Cortés posesión de aquel paraje, al que llamó Bahía de Santa Catalina, hoy Bahía de las Almejas, y a lo que hoy es Punta Tosca nombró Punta de La Trinidad en honor del barco extraviado que allí lo habían encontrado, habiéndose levantado el acta correspondiente. Cabe aclarar que en el acta de la toma de posesión, el escribano Pedro Palencia registra el 1º de diciembre de 1539 como la fecha del acto, lo que en realidad ocurrió el día 4 de aquel mes.
La flotilla siguió costeando hacia el noroeste, teniendo a la derecha el litoral suroeste de la isla Santa Margarita, y después de unos 50 Km. llamó la atención de los viajeros la gran Bahía Magdalena, a la que el capitán bautizó como Bahía del Abad18, en donde vieron humaredas que indicaban la presencia de indígenas. Respecto a Bahía Magdalena, Preciado expresa textualmente:
…[Después de haberse encontrado con un grupo de indios hostiles] El jueves 4 de diciembre partimos con un viento fresco y navegamos unas 8 o 10 leguas y llegamos a ciertas bocas o entradas de mar las cuales parecieron a todos nosotros como que habían sido islas, y entramos en una de ellas, y entramos a una bahía que nombramos Bahía del Abad, toda cerrada y rodeada de tierra, siendo una de las bahías más buenas que han sido vistas…19 . Esta bahía del Abad se nombra hoy Bahía Mgdalena, y el hecho de que la fiesta de San Abad se celebre el 5 de diciembre hace pensar que la entrada a Bahía Magdalena por la flotilla pudo ser en es fecha.
No se detuvieron para explorarla, según lo explica el capitán, porque se encontraba ligeramente indispuesto y los nativos debieron ser como los ya conocidos en Las Almejas. Preciado describe la existencia de una costa dentada por entradas del mar y bocas de ríos; esto último podría deberse a una confusión con los esteros que abundan en la costa al interior de la bahía20, ya que ríos actualmente no los hay, aunque en aquel tiempo pudieron existir algunas corrientes de poca duración.
Habiendo avanzado en su rumbo unos 100 Km. o más, aparentemente cerca de Boca de la Soledad, al norte de Bahía Magdalena, fuertes vientos del noroeste impidieron la continuación del viaje y los barcos tuvieron que anclar por 3 días cerca del litoral, tiempo en el cual observaron numerosas humaredas agrupadas en un espacio de más de 15 Km.. En este lugar, El jueves 11 de diciembre en la noche era tan fuerte el viento que los cables con los que estaban anclados los dos barcos se rompieron, por lo que dejaron abandonadas las anclas y tuvieron que navegar hacia el mar, lo cual lograron con gran dificultad21. El tiempo siguió empeorando, lo que al amanecer del viernes 12 obligó a los navegantes a devolverse un poco más de 100 Km. en busca de protección, primero tras una playa arenosa cerca de Punta Tosca, pero al ver que el tiempo no mejoraba, se acercaron aparentemente al sur de la referida punta, en donde encontraron el refugio definitivo que tanto necesitaban, ya cerca del aguaje conocido, en donde permancerían desde ese viernes 12 hasta el lunes 15 de diciembre de 1539.
El tiempo debe haber mejorado, porque según Preciado, un marinero tiró al mar el escandallo en labores de sondeo, y grande fue su sorpresa al darse cuenta que un pez había mordido el plomo en el extremo de la línea, varios hombres tuvieron que intervenir en auxilio del fortuito pescador, entre divertidos y sorprendidos, todo lo cual debe haberse traducido finalmente en una buena comida, ya que la acción mencionada se repitió cuando menos otra vez22. En vista de que ya habían consumido 12 barriles de agua, el mismo lunes 15 se aproximaron al aguaje para cargar el líquido que necesitaban, aunque fue hasta el siguiente día cuando llegaron al lugar preciso; el “Santa Águeda” tuvo que remolcar al “Trinidad” para acercarlo al sitio de la aguada, debido a que el viento, según expesa Ulloa …no nos servía…23; hay que recordar que este navío estaba artillado con 8 cañones, y el capitán quería que los trabajos se llevaran a cabo sin correr peligro por algún ataque de los nativos, por lo que el “Trinidad” debería ubicarse junto al “Santa Águeda” y próximo a la playa.
Acta de Posesión. primero de Diciembre de 1539. Quinta
Yo, Pedro de Palençia, escrivano desta armada, doy fee e verdadero testimonio a todos los señores que la presente vieren, a quyen Dios nuestro señor honrre e guarde de mal, como en primero día del mes de dizienbre de quinientos e treynta e nueve años, el muy magnífico señor Francisco de Vlloa, teniente de governador e capitán desta armada por el ylustrísimo señor marqués del Valle de Guaxaca, tomó posesyón atual e realmente por el dicho señor marqués y en nobre del enperador nuestro señor y rey de Castilla, en la baya de Santa Catalina, en la punta de la Trinidad, questa en altura de veynte çinco grados, ponyendo mano a su espada, cortando con ella árboles, meneando piedras de vna parte a otra y de otra a otra, todo en señal de la dicha posesyón. Testigos que fueron presentes a lo que dicho es: Martín Despinosa, e Françisco de Terrazas, veedor, e Françisco Preçiado, e Diego de Haro, e Juan de Montaño. Fecha día mes e año suso dichos. E yo, Pedro de Palençia, escrivano desta armada, la escrevi segun que ante my pasó, porque le fize aquy este myo signo ques a tal en testimonio de verdad. Pedro de Palençia, escrivano, desta armada. Juan de Montaño, Martín Despinosa, Diego de Haro, Françisco de Terrazas.
El trueque entre indios y españoles
Aquí se desarrollaron acciones entre los españoles con los nativos de la región, que, en la versión escrita por Ulloa complementada con la de Preciado, constituyen aportaciones importantes para la etnografía de las sociedades primitivas que habitaron la región costera occidental de la Baja California. Por esa razón, a continuación se registra con cierto detalle algo de lo acontecido a expedicionarios y aborígenes en su choque cultural en el área de Bahía Magdalena. Los españoles llegaron cerca del aguaje el lunes en la noche, y al sigiente día martes 16, vieron algunos indios en lo alto de las lomas circundantes y otros en donde se haría la aguada, en actitud pacífica, pero organizados en grupos que en caso necesario podrían protegerse unos a otros, y cuando los marineros ya cerca de la playa estaban echando el ancla, los nativos se comunicaron con ellos, y con señas los invitaron a que saltaran a tierra, indicándoles que les obsequiarían una concha de las que ellos usaban como parte de sus collares, oferta que fue rechazada por los marineros. Los indígenas no sólo insistieron con palabras, sino que 2 ó 3 se lanzaron al mar y nadaron hasta un islote que se encontraba entre ellos y los españoles, allí encajaron una flecha en el suelo del islote, y en lo alto de ella colgaron la concha que les ofrecían, retiránose espués para luego insistir con señas en que fueran por la concha. Los marineros regresaron al barco, los indios nadaron al islote y regresaron con la concha y la flecha en sus manos, hundieron la flecha en la boya del ancla que los marineros habían dejado y regresaron a la playa.
Ulloa observaba todo lo descrito, pensó que los nativos no estaban dispuestos al intercambio a menos que los españoles fueran por las cosas ofrecidas por ellos, de modo que decididamente se acercó en un bote a donde estaba la flecha, llevando algunas cosas para intercambiar con los indígenas, éstos se rehusaron a ir por lo ofrecido, y a pesar de la invitación que con sus brazos les hacía el capitán para que se aproxinaran, le comunicaron con señas que él pusiera las cosas en el islote. Francisco Preciado24 fue el encargado de llevar las cosas al punto mencionado, antes puso su espada en el suelo y solo conservó un puñal fajado atrás, pero aún así, los indígenas pidieron que el capitán se retirara más, lo cual éste hizo, y finalmente se decidieron a ir por los objetos.

Nota: La flecha de dos puntas que une el número 6 (Punta Tosca) con el número 13 (Boca La Soledad), indica la navegación de ida y vuelta entre los lugares mencionados; zarparon de Punta Tosca hacia el noroeste el jueves 4 de diciembre; las tormentas los obligaron a anclar posiblemente cerca de Boca La Soledad, el 11 de diciembre perdieron las anclas por el mal tiempo y se vieron obligados a regresar a Punta Tosca a refugiarse; el domingo 21 de diciembre levan anclas y navegan hacia el norte de nuevo hasta la altura de Boca La Soledad, continuando de allí con rumbo a isla de Cedros. Elaboración sobre un mapa de Google Earth.
Cuando los tuvieron en sus manos, regresaron a la playa y todos los presentes se acercaron para ver las cosas, que luego fueron llevadas tierra adentro por un nativo mensajero, con rumbo a la laguna, e hicieron señas indicando a los españoles que se iban pero que volverían, como en efecto sucedió. Se dirigieron al islote y pusieron allí otra concha, así como una especie de tejidos con cordoncitos, parecidos a los que los indios de la Bahía de Santa Cruz usaban en sus cabezas, Ulloa mandó por los objetos y a su vez ordenó que se les dejaran algunas cosas para el intercambio. Todavía el capitán dispuso que el emisario español tratara de convencer a los aborígenes para que fueran con él, pero no aceptaron y aun pidieron que Ulloa se retirara más. Hecho esto, los nativos nadaron al islote, recogieron las cosas dejadas por los españoles, y les dejaron a cambio colgada una diadema como las que algunos de ellos usaban en sus cabezas, hechas de un tejido muy grueso, cubierto con hermosas plumas rojas bien fijadas, y otras negras en las orillas; medía quizá más de 5 dedos por el medio, con los extremos en punta. Dejando asomar algo de su pensamiento respecto a los indios, el capitán español escribió: …fui al barco a cenar porque sentía más necesidad de cenar que la que sentía de su bestialidad y cambalache.25
Los indígenas se retiraron hasta una colina cercana, y al poco tiempo se pusieron a danzar, cantar y saltar, haciendo señales de júbilo y brincando de un lado a otro, luego se sentaron y se dirigieron a los españoles con señas y gritos pidiéndoles que se reiniciara el intercambio. El capitán, unos cuantos remeros, y el indio traductor que traían desde la Bahía de Santa Cruz se acercaron a la playa en un bote, habiendo antes dejado en el islote otra vez algunas cosas para el trueque con los nativos. Ulloa deseaba conocer más de aquellos aborígenes, pero cuando se aproximaron al indígena intérprete que traía desde Santa Cruz, no pudieron entenderse y sólo a señas se expresaron mutuamente. Los nativos y el fallido intérprete recogieron los objetos que intercambiaban, y por entonces regresó el indio mensajero que había salido a toda prisa en dirección a la laguna, llevando algunos de los objetos dejados en el islote por los españoles. El indio mensajero habló con quienes lo habían mandado antes, los que después de tener en sus manos algunos de los nuevos objetos dejados por los españoles en el islote, entre los cuales destacaba un collar de piel de tigre26, mandaron a otro emisario quien salió a toda velocidad llevando las cosas aparentemente para entregarlas a algún indio principal.

Fotografía del extremo meridional de Punta Tosca, de “Google Earth”, en la que se observa que el nombre se corresponde muy bien con la realidad del paisaje, montañoso y rocoso, aunque hacia el norte se percibe menos abrupto.
Al poco tiempo regresó el mensajero acompañado de un grupo de nativos, y otro más que arribó después, cuyos integrantes estaban pintados de las rodillas para arriba con blanco y negro. Ya reunidos todos, dejaron sus armas en el suelo y empezaron a cantar y danzar, apuntaban con sus manos a los españoles y ejecutaban movimientos y señales indicadores de júbilo, mientras que otros saltaban y avanzaban tratando, aparentmente, de mostrar su vigor físico. Después de la danza, los indios reiniciaron los cambalaches empleando la roca como lo venían haciendo, y tan pronto como obtenían nuevas cosas, corrían a llevárselas a un indígena especial para ellos que observaba todo desde un lugar un tanto separado, más pintado que los demás y que lucía una diadema parecida a la que el capitán había recibido en uno de los trueques. Ulloa se retiró a descansar un poco, y luego acompañó nuevamente a algunos de los marineros y soldados para reanudar los cambalaches con los indios. Después de cierto tiempo los españoles regresaron al barco, y comunicaron por señas a los nativos que se fueran y volvieran al siguiente día para volver a intercambiar objetos; así se hizo. En resumen, los objetos recabados por los españoles de parte de los indios fueron: plumas de cola de tecolote, conchitas de ostras perleras, madejas de cordones como los que usaban en sus cabezas, una especie de cinturón o cincho formado con cuentas negras, una especie de capa o cobija de cuerdas, en cuyos extremos había muchas pezuñas de venado para sonajas, y diademas como las ya descritas. Por su parte, los españoles entregaron a los indios cuentas de vidrio, peines, anzuelos y confites.
Antes de amanecer del siguiente día miércoles 17 de diciembre, el capitán y su gente desembarcaron y ocuparon los lugares necesarios para poder efectuar la aguada sin quedar vulnerables a un ataque sorpresivo de los indígenas. Estando ocupados los españoles en cargar sus recipientes, se aproximaron algunos indios con un banderín de plumas blancas en sus manos en señal de paz, dejaron sus armas en el suelo, y por medio de señas comunicaron a los marineros que deseaban reanudar el trueque, para lo cual emplearon la acostumbrada flecha con la concha colgando, señalando ahora un lugar intermedio entre las dos partes para dejar los objetos. Ulloa y sus hombres les contestaron aceptando la condición. Los indios se mostraban excesivamente desconfiados y temerosos, exigieron más garantías para su seguridad, como hacer que los perros que llevaban los españoles se echaran, y que el emisario que depositara los objetos de intercambio fuera desarmado27, todo fue aceptado por los de Ulloa, y finalmente se reanudó aquel singular comercio, más o menos en la forma costumbrada, sin mayor novedad por el momento, excepto que el español emisario, aparentemente Francisco Preciado, logró finalmene que los aborígenes se acercaran hasta unos 15 o 20 pasos de él.
Cuando ya el agua estaba en el barco, los españoles que permanecían en tierra procedieron a embarcarse, para lo cual pidieron a los nativos que se retiraran un poco, a lo cual éstos accedieron. Estando los marineros en los botes tratando de iniciar el regreso a su embarcación, uno de sus vigías les advirtió que se aproximaba un grupo de indios armados, por lo que Ulloa ordenó a su gente que regresaran a tierra y que tomaran las posiciones que tenían, propias para defenderse en caso necesario; por su parte, los nativos que ya estaban en la playa, por señas comunicaron a los españoles que no debían temer nada, ya que nadie les haría daño, a lo cual la gente de Ulloa correspondió haciendo algunos cambalaches con los de nuevo arribo. Fue entonces cuando los indios recién llegados empezaron a danzar y cantar, lo cual refire Ulloa en esta forma: y estándose juntando se acercaron unos pocos de los que estaban primero e comienzan a andar alrededor cantando e baylando, y todos con aquellas armas de que natura les proveyó, en las manos; debe ser gente sucia e de ruines costumbres, porque allende desta mal andancia que hizieron, otras muchas malas y sucias al que andaba contratando con ellos [se refiere a Preciado], e abiendose juntado, estando nosotros cansos e con pesadumbre de aber estado todo el dia con ellos en aquellas contrataciones y bestialidades, dimos orden en embarcarnos sin que nos hiciesen daño,28. Ulloa agregó, además, que debía tratarse de gente perversa y sucia, pues no contentos con sus obscenidades en la danza, según el capitán, hicieron señales impúdicas al emisario español Francisco Preciado, que se encargaba del cambalache.
Es seguro que Ulloa y sus oficiales consideraban que ya sabían lo necesario sobre aquellos aborígenes, nada destacable por cierto, y pensaban que pronto sería hora de reiniciar su viaje; aquí, es pertinente expresar que en los informes, cartas y diarios de los primeros navegantes, misioneos y exploradores de Baja California, no se encuentra un testimonio claro que mencione de alguna forma el tema de la homosexualidad entre los primitivos californios, y es en la narrativa histórica de Francisco Preciado sobre el viaje de circunnavegación realizado con Francisco de Ulloa a la península de Baja California, en donde tal vez por primera ocasión se aborda brevemente el mencionado asunto. Se tanscribe a continuación lo expresado por Preciado, tomado de la traducción en Hakluyt del italiano al inglés, ya que lo mencionado por Ulloa en su dario ya se ha relatado y carece de los detalles que ahora se mencionan:…Francisco Preciado hizo señas, que ya no debían bajar más, y ellos pusieron sus arcos y flechas sobre el suelo, y habiéndolas bajado [las armas] descendieron un poco, y allí, con señas, junto con aquellos que habían llegado primero, comenzaron a parlar con él, y pidieron pantalones de los marineros y el vestuario de él, y sobre todas las cosas un sombrero rojo les gustó mucho, el cual llevaba en la cabeza el mencionado Francisco, y le rogaron que se los alcanzara, o que lo dejara en el lugar, y después de esto algunos de ellos le hicieron señas para saber si querría tener una prostituta, significando con sus dedos aquellas villanías y acciones deshonestas, y entre el resto pusieron frente a él a un indio de gran estatura, pintado completamente de negro, con ciertas conchas de madreperla en el cuello y en su cabeza, y hablando a señas a Francisco Preciado, tocando el dicho acto de fornicación, empujando su dedo a través de un hoyo, le dijeron a él, que si querría una mujer, le traerían una, y el contestó que sí le gustaría, y que por lo tanto deberían traerle una. En el espacio de en medio en el otro lado, en donde el General estaba con su compañía, otro escuadrón de indios se mostró, en tanto el General y su compañía hicieron un movimiento y se colocaron en formación de batalla…29.
Preciado sigue describiendo cómo engañó a los indios haciéndoles creer que seguiría con el trueque, lo que dio oportundad a los demás epañoles para que se embarcaran sin problemas. De lo escrito por Preciado se puede inferir que, la homosexualidad entre hombres, era conocida y tal vez aceptada por los nativos con cierta naturalidad; además, se destaca la actitud de Preciado que se diferencia de la de Ulloa, severamente rechazante y final en su diálogo con los nativos, pues probablemente casi en tono festivo, pide a los indígenas que le manden una mujer en lugar de un hombre, cosa esta última que todos los españoles sabían que era poco viable.
Ulloa ordena disparar arcabuzazos contra los indios cochimíes. La flotilla zarpa de Punta de La Trinidad hacia el noroeste
El capitán comunicó con señas a los indios que después de comer volverían, y viendo éstos que los españoles tardaban, se acercaron a los acantilados, algunos tiraron a los barcos sus flechas, a lo cual los españoles permanecieron indiferentes; algunos se metieron al agua hasta la cintura y lanzaron muchas flechas a varios marineros que, en un bote, se encargaban en ese momento de sacar el ancla del “Santa Águeda” para poder ir hacia donde estaba el “Trinidad”, a cierta distancia, acompañando la agresión con gritos; además, quizá como muestra de desprecio, les mostraron sus glúteos acompañando las acciones con gritos y señas ofensivas. Ulloa y sus hombres pensaron que la conducta inicial aparentemente amistosa de los nativos hacia ellos, había sido una farsa, todo con el fin de atacarlos cuando esto les fuera propicio; además, Preciado dice en su relato que los indios hiceron señas impúdicas y muy ofensivas a los marneros que en un bote iban a levar el ancla30, por lo cual el capitán decidió, según lo expresa en su relato, aplicarles un castigo, para lo cual ordenó que se les dispararan algunos acabuzasos desde el barco. Así se hizo, cayeron algunos indios, y los demás huyeron con celeridad, despareciendo entre las cañadas y colinas cercanas, espantados grandemente por el ruido de los fogonazos y las consecuencias sufridas. Ulloa narra lo sucedido como se transcribe enseguida:
…viendo que nos embarcamos se vienen todos sobre las barrancas de la mar e nos comienzan a llamar, y nosotros les respondimos que nos Íbamos a comer e que volveríamos, porque no pensasen que abia sido de miedo la manera que en el embarcarnos tubimos, y estando en la nao nos llamaron por señas alguna vez, a las quales respondimos que en comiendo iriamos, como arriba digo, y viendo que nos tardábamos, acuerdan de tirarnos algunas flechas a la nao; no hezimos caso de ellas por no saber si los hazian burlando o de veras, o de contentos; con esto se meten muchos de ellos en la mar hasta la costa a flechar a unos marineros que estaban en una barca alzando una ancla para nos hacer a la vela y irnos a juntar con la otra nao que estaba algo apartada, tirándoles muchas flechas e haziendo mucho ruido con vozes e zumbidos, y viendo esto y el mal tratamiento que la primera vez que aqui llegamos de ellos recibimos, y su contratación e amistad abia sido a fin de hazernos alguna burla si pudieran y en nosotros vieran aparejo para ello, y poder defender a los de la barca, acordé de hazer en ellos algún castigo al que le cupiese en suerte por lo pasado y lo presente; soltamos unos pocos de versos [¿disparos de arcabuz?] desde la nao en ellos, los quales les hizieron algún daño, y hizieran mas si no pensáramos se caya el cielo sobre ellos: en oyendo los tiros y viendo entre si caídos algunos de ellos, se ponen en huida de manera que hera cosa de ver verlos huir, cada uno por su parte, syn aguardar uno a otro, por la parte que mas presto les parezia que se podian escapar e encobrir de nosotros, y ansi en casi no nada se encubrieron todos en las quebradas de la tierra, sin que mas vimos hombre de ellos aqui ni en ninguna otra parte en todo el tiempo que por allí anduvimos…31
El “Santa Águeda” se acercó al “Trinidad”, que había permanecido en un lugar abrigado, y aprovechando un viento favorable, ambas embarcaciones zarparon de Punta de la Trinidad, hoy Punta Tosca, el domingo 21 de diciembre de 1539 rumbo a su destino. Los españoles expedicionarios habían permanecido cerca de aquel arroyo, desde el lunes 15 de diciembre en que llegó el “Santa Águeda”, hasta el 21 ya mencionado. A los 5 días de costear hacia el norte, tal vez el jueves 25 o el viernes 26 de diciembre, estuvieron en las proximidades de Boca de la Soledad, donde habían perdido las anclas, y allí se sorprendieron de ver en tierra señales de humo que duraban mucho tiempo sin apagarse, a pesar de la llovizna. El día 25 es seguro que los españoles llevaron a cabo la celebración religiosa de la navidad, presidida por los misioneros que viajaban en la expedición, aunque Ulloa no lo menciona. Por su parte, Preciado expresa lo siguiente: …El día de la Santa Natividad de Nuestro Señor, que fue el jueves 25 del dicho mes, Dios de su piedad comenzó a mostrarnos favor dándonos un viento fresco, casi en la popa, que nos llevó más allá de esas montañas, por espacio de diez o doce leguas, encontrando la costa siempre plana…Dede el día de la Navidad comenzamos a navegar lentamente… desde la mañana hasta la noche como 7 u 8 leguas… siempre rogando a Dios para que continuara éste su favor hacia nosotros… y todos los días de esta fiesta el Fraile dijo misa en La Almiranta, y el padre fray Raymundo nos predicó a nosotros [en el “Trinidad”]…32
Hakluyt, p. 483, op. cit.. ↩︎
Barco, S.J., Miguel del, Historia Natural y Crónica de la Antigua California. Edit. Miguel León-Portilla, UNAM, 1972, p. 381, 382 y 410. ↩︎
Ibíd., p. 382. ↩︎
Según el relato de Preciado, habían acordado que en caso de extraviarse deberían regresarse unas ocho o diez leguas tratando de encontrarse, como en efecto sucedió. Hakluyt, op. cit., p. 484. ↩︎
Ulloa, Bibliófilos Españoles, Serrano y S., p. 203. ↩︎
Myers, p. 130, op. cit.. ↩︎
En un mapa del sur de Baja California que se anexó en 1635 al acta de la toma de posesión del lugar por Cortés, la línea que señala el litoral sudoccidental de la península, a una latitud ligeramente superior a la del norte de La Paz, la dirección de la costa seguida hacia el oeste cambia bruscamente ahora hacia el noroeste, doblando hacia el norte a Punta Tosca, de la isla Santa Margarita. ↩︎
Algunos autores escriben Rehúsa. ↩︎
Patricia Rains, en México Boating Guide, p. 60, dice: “…Cada año, algún yatista despreocupado es chupado [sucked] en Punta Entrada…” ↩︎
En tierra firme prácticamente no hay región montañosa cerca de la costa, la cual sí la hay en Isla Santa Margarita. ↩︎
Preciado debe referirse al terreno alto desde el cual se podía ejercer el dominio sobre el aguaje. ↩︎
Hakluyt, op. cit., p. 491. ↩︎
Ponce Aguilar, Antonio. Misioneros jesuitas en Baja California, p. 127, en línea. ↩︎
Ulloa, Biblióf. Esp., Edit., op. cit., pp. 205-206. Debe recordarse que “Becerrillo” era el nombre de un mastín de ataque de los españoles. ↩︎
Recuérdese que el río Colorado fue nombrado Río de la Buena Guía o del Tizón porque los nativos, al ir de un lugar a otro, usaban una tea ardiendo en sus manos, mantenía cerca del cuerpo para combatir el frío. ↩︎
Preciado afirma en su escrito que al siguiente día, la rodilla del capitán estaba muy inflamada y le causaba mucho dolor. Hakluyt, op. cit., p. 488. ↩︎
El 27 de marzo de 1719, el cabo Francisco Cortés de Monroy llegó como parte de una avanzada de exploradores a Bahía de las Almejas, en la expedición realizada a Bahía Magdalena-Almejas por el padre jesuita Clemente Guillén de Castro, para lo cual contó con la ayuda de los indios guaycuras de la región, aunque en ocasiones los españoles se sintieron hostilizados por ellos. Al preguntarles a los indios si había agua en la isla dijeron que sí, cerca de la playa, y que ellos se acampaban allá por temporadas, costumbre que también confirmaron después nativos de otras rancherías. Tal parece que la ruta seguida por Guillén fue el cauce del arroyo de Santa Rita, hasta el Estero Grande. Los españoles siempre notaron en los guaycuras una actitud de constante defensa de los aguajes que consideraban su bien de mayor valor. Misioneros Jesuitas en Baja California; Ponce Aguilar Antonio, p. 125-127. ↩︎
Hakluyt´s Collection…, op. cit., p. 489. ↩︎
Ibíd., p. 489. ↩︎
Nada más a la altura de Cabo San Lázaro pero hacia adentro de Bahía Magdalena hay más de 10 esteros. ↩︎
Anota Ulloa que, arrastrados por el viento y en lo obscuro de la noche percibieron que se dirigían hacia una punta con la que parecía que chocarían y naufragarían, pero milagrosamente “doblaron” el referido obstáculo y se salvaron. ↩︎
En la edición de Hakluyt se menciona este hecho, p. 490, óp. cit., es seguro que los viajeros no pensaron entonces que estaban en lo que 475 años después sería una zona pesquera de gran importancia en sardinas, atún, marlin, pez espada y pez vela. ↩︎
Wagner, Edit., p. 32. ↩︎
Hakluyt, Edit., op. cit., p. 491. ↩︎
Wagner, Edit., op. cit., p. 34. ↩︎
En la traducción editada por Wagner, aparece un signo de interrogación después de la palabra tigre. ↩︎
El emisario español dejó su arma a un lado, posiblemente una espada corta, pero los indios no observaron que llevaba una daga fajada atrás, la cual nunca usó. ↩︎
Biblióf. Españoles, Ulloa, op. cit., pp. 216, 217. ↩︎
Hakluyt, op. cit., p. 492. ↩︎
Herrera y Tordesillas, Antonio de. “Historia general de los hechos de los castellanos en las islas y tierra firme del Mar Océano”, Madrd, 1601, p. 201. Herrera dice: …Y porque los indios pedían rescates, i no se curaban de ellos, gritaban,i volvían las nalgas por mensprecio, y tiraron muchas flechas a los marineros que iban a levantar las ancoras, por lo qual se les mando encarar dos mosquetes, i por el ruido, i por haver muerto a uno, los demás se fueron huiendo… ↩︎
Ulloa, Edit. Bibliófilos Esp., op, cit., pp. 217, 218. ↩︎
Hakluyt, op. cit., p. 493. ↩︎