Antonio Ponce Aguilar

Linck, explorador de Baja California. 1765-1766
Capítulo I: 
Antecedentes

Wenceslao Linck nació muy probablemente en Neudek, de la actual República Checa1, el 29 de marzo de 1736, sus padres fueron Wenceslao Linck y Catherine Schusterin; ingresó a la Compañía de Jesús el 18 de mayo de 1754, hizo su noviciado en Brno2, y por breve tiempo estudió filosofía en Praga. Destinado por sus superiores a las misiones de la Nueva España, fue uno más de los muchos misioneros de sangre germana que se fue a esas tierras3, donde continuó sus estudios teológicos en el Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo de México, y también en el del Espíritu Santo de Puebla en 1760-1761. En 1762 llegó a las misiones de California, permaneció algún tiempo en Santa Gertrudis4 aprendiendo el cochimí5, y ese mismo año se le mandó a la misión de San Francisco de Borja6. Ya el padre Jorge Retz, de Santa Gertrudis, había hecho una gran labor al evangelizar a numerosos gentiles de la región y sembrar algo de maíz, además, ordenó que se hiciera un camino de más de cien kilómetros que comunicara las dos misiones y que se levantaran algunas edificaciones como iglesia, alojamientos para el misionero y los soldados, y un modesto hospital.

Casi todo el territorio de Adac, como llamaban los aborígenes a la región, era improductivo, aunque la abundancia de liebres y conejos, así como las pitahayas, el mezcal y una especie de dátiles proveían alimento a muchos de los nativos. De cualquier forma, Linck se vio obligado a trabajar mucho con sus indios y a tener que aceptar al principio la ayuda de las misiones de Santa Gertrudis, Guadalupe y Loreto. La mayor parte del equipo y provisiones se le enviaba por mar al puerto de Los Ángeles, en la bahía de ese nombre en la costa del golfo, distante más de treinta kilómetros de San Borja.

Por suerte para el misionero, las cosas cambiaron para bien cuando en 1764, el capitán de Loreto Fernando Javier de Rivera y Moncada, quien también fue un gran explorador, encontró a unos treinta kilómetros de San Borja terrenos con pasto y agua suficientes para mantener ochocientas cabezas de ganado. Linck estuvo en San Francisco de Borja desde su fundación en 1762, y cuando en 1765 recibió al padre Victoriano Arnés como compañero que le ayudaría en los arduos trabajos de la misión, tuvo tiempo para satisfacer sus aspiraciones de explorar las regiones cercanas, y fue así como realizó varias salidas sobre todo a la isla Ángel de la Guarda, así como al oeste y norte de San Borja. Sin embargo, el viaje que consagró su nombre como uno de los más grandes exploradores de Baja California es el que realizó al río Colorado, pues aunque no llegó a su desembocadura, los conocimientos geográficos que quedaron de su viaje y las valiosas informaciones sobre los naturales de la región, facilitaron la fundación de las misiones de Calamajué7, Santa María de los Ángeles, la visita de San Luis Gonzaga, San Fernando Vellicatá y su visita San Juan de Dios8.

Desde hacía casi medio siglo, los discípulos de Loyola habían soñado con establecer en la península una cadena de misiones desde Loreto hasta la región del río Colorado, que eventualmente se conectara con las de Sonora a fin de recibir de ellas el apoyo necesario para su subsistencia en las frecuentes épocas de sequía.

Paisaje semidesértico en la misión de San Francisco de Borja.

Ruinas de adobes de la misión construida primero por Wenceslao Linck poco después de su llegada a Baja California en 1762, y que fue ampliada por el franciscano Francisco Lazuen en 1771. En 1776, los dominicos iniciaron la construcción de cantera que hoy se encuentra restaurada.

Aunque este proyecto, original de los padres Eusebio Francisco Kino y Juan María Salvatierra nunca pudo concretarse, sí fue motivo para que los jesuitas procuraran llevar su obra evangelizadora hacia el norte9; además que el aseguramiento de la frontera más septentrional era un imperativo político y militar de primer orden en la Nueva España, pues se conocían las aspiraciones territoriales de algunas potencias europeas como Inglaterra y Rusia, que dirigían sus miras hacia la costa norte occidental de América.

Sobre este tema. el mismo Linck escribió en uno de sus informes en el que refutó la falsa opinión de que California era casi un paraíso, que lo que sí hacía de la península una zona estratégica importante era …su única posición. En primer lugar, señaló en su reporte, el Galeón de Manila…nunca llegaría a tierra firme de México si no dirigiera su curso hacia California, para ser llevado... hacia el sur a lo largo de su costa por viento favorable y traído a Cabo San Lucas, en donde puede desembarcar sus enfermos de escorbuto…En segundo, la posición de la península es tan ventajosa para los enemigos de España que frecuentemente se han escondido en las bahías de la región para caer sobre los galeones que por allí navegan10. Tercero, la península es importante porque las regiones cercanas que ahora son tan alabadas, pueden ser después causa de preocupación. Es bien sabido el hecho de que hasta los moscovitas se aventuraron desde Kamchatka hasta varios puntos de las costas de California; un contingente mandado por el Capitán Bering vino en 1729, otro bajo el mando del Capitán Chirikof y Monsieur Croyere11 llegó en 1741…12 Queda claro, entonces, que el misionero se aprestaba a cumplir con una empresa cuya importancia conocía perfectamente.

Fernando Consag ya había hecho tres expediciones al norte de la península: una por mar en 1746 hasta llegar a las bocas del Río Colorado, y dos por tierra, una en 1751 y otra en 1753, la más prolongada, en la cual no pasó de los 30° de latitud, pues en el diario que el misionero hizo sobre su viaje menciona que pudo llegar sólo hasta la altura de la bahía de San Luis Gonzaga13.

En 1765, Linck hizo un reporte al padre Jorge Retz, a cargo de la misión de Santa Gertrudis, en el cual le decía entre otras cosas lo siguiente: …Puede usted informar al Padre Visitador que este año entrante haré la expedición al Río Colorado como él me lo ordenó14; en ese tiempo el visitador era el padre Lamberto Hostell, por lo que pareciera que éste dispuso que se hiciera el viaje. Sin embargo, el misionero hizo el mismo año otro reporte, esta vez a Juan de Armesto, en el cual después de agradecerle el envío de provisiones, ropa y equipo, le dice: …Ahora estoy…haciendo preparaciones para la expedición de exploración al Río Colorado de acuerdo con la orden que usted me dio el año pasado…15 Por lo anterior, no puede asegurarse si fue Armesto o Hostell quien ordenó a Linck llevar a cabo la exploración, aunque puede suponerse que ambos lo hicieron.

Siguiendo la costumbre de los misioneros jesuitas en California, cuando Linck hizo los preparativos para realizar la exploración en 1766, solicitó y recibió la ayuda generosa de las misiones cercanas, sobre todo alimentos y bestias, que para el caso era lo más necesario16 San Francisco de Borja, la última misión frontera, como la llamaba Linck, situada en el lugar que, como se ha dicho, los naturales de la región nombraban Adac17, fue lógicamente su base de operaciones, en la que planeó y reunió el equipo necesario para el viaje hacia lo desconocido, pues aunque Fernando Consag había realizado las importantes exploraciones hacia el norte de las que ya se habló, ni él ni nadie más habían llegado por tierra más allá de los 30° de latitud norte.

Nota. Los últimos 3 o 4 campamentos marcados en este dibujo, se han ubicado un poco al oeste de la situación que se les da en el mapa de la traducción de Burrus, el cual tiene algunas imprecisiones 18.

De la personalidad de Linck debe destacarse una virtud que pocas veces se daba en los misioneros, marinos y soldados de la Nueva España que tenían que viajar a las regiones situadas en la última frontera: la capacidad para reconocer y valorar cuando menos algunos atributos culturales en los primitivos californios, y una especie de respeto o consideración al referirse a ellos. En su diario del viaje al Colorado llegó a expresar, por ejemplo, que para él era el más grande honor recibir a los gentiles y bautizar a sus hijos, y en varias ocasiones calificó de cortés y gallardo a un capitán gentil; en otros informes hablando nada menos que de los ídolos y estatuillas que le presentaron varios indios de la región de Adac, dijo que estaban cuidadosamente esculpidas, y al referirse a sus pinturas y las ropas que ocasionalmente usaban mencionó que eran bastante decentes19.

El joven misionero ya había dado muestras de su entereza y valor a toda prueba en exploraciones anteriores en las cuales muchas veces estuvo en grave peligro. Una de éstas fue la expedición a la isla Ángel de la Guarda que llevó a cabo en la primavera de 1765, acompañado por Blas Fernández de Somera, varios soldados y algunos indios. Esa vez habían zarpado del puerto en Bahía de los Ángeles a bordo de la lancha de la misión de San Borja, llegaron sin contratiempo a la isla, la exploraron hasta donde pudieron, y después de darse cuenta que estaba desierta, iniciaron el retorno. Sin embargo, vientos del norte les impidieron desembarcar, por lo que tuvieron que regresar a la isla; lo intentaron de nuevo pero ahora una vela se desprendió, la lancha se ladeó peligrosamente, y sólo la destreza y presencia de ánimo del patrón indio Buenaventura de Ahome, pudo evitar el naufragio20. Después de otros intentos que terminaron en fracaso, decidieron no hacer la travesía directa y procurar el desembarco más al sur de la bahía, y entonces sí pudieron saltar a tierra. De ese lugar, Linck mandó a algunos indios a que buscaran ayuda, y gracias a esto algunos nativos cristianos de una ranchería cercana les trajeron agua. Después de cargar todos los recipientes que pudieron con el agua que traían de una considerable distancia, los exploradores se reembarcaron y esta vez sí pudieron llegar al puerto y dirigirse a San Borja.

Don Fernando Javier de Rivera y Moncada21 era en aquella época el Capitán Gobernador de California, había acompañado a Consag y al mismo Linck en algunos de sus viajes, y aunque esta vez no pudo ir con el contingente, brindó todo el apoyo necesario aportando cabalgaduras, trece soldados y al teniente del Real Presidio de Loreto don Blas Fernández y Somera. Iba, además, un buen número de indios armados de arco y flechas como se acostumbraba en todas las expediciones. Para iniciar el viaje, Linck tomó muy en cuenta que la época de lluvias en el sur de la península era en julio y agosto, mientras que en el norte era por los meses de febrero, marzo y abril22, y en una carta dirigida al padre Armesto le expresó que aunque estaba dispuesto a partir cuando se le ordenara, debía tomarse en cuenta que si se retrasaba la partida hasta la época de secas, las bestias morirían de sed. En la misma misiva, solicitó más dinero para poder pagar lo justo a indios y españoles, quienes en caso contrario se rehusarían a emprender tan incierta aventura.

Exploración de la Isla Ángel de la Guarda

  1. Misión de San Borja;
  2. Puerto de Los Ángeles;
  3. Isla Ángel de la Guarda;
  4. Canal de Ballenas;
  5. Lugar del desembarco forzado;
  6. Isla de Salsipuedes.

Aunque se editaron en la antigüedad varias copias del diario de Linck, el historiador Ernest J. Burrus, S.J23., supo sobre la existencia de dos versiones, una de ellas debía encontrarse, según su opinión, en el Archivo General de la Nación entre los documentos de los virreyes. Burrus se basaba en que Clavijero, en su “Storia II”, p. 175, señalaba que los diarios de Linck y de don Blas Fernández de Somera, su compañero en la expedición, habían sido enviados al virrey24.

Burrus buscó los documentos durante 8 años, y finalmente vino a encontrar el diario autógrafo de Linck no en el Archivo General de la Nación., donde originalmente estuvo, sino en manos privadas, de donde fue adquirido por la Biblioteca Bancroft25.

El escrito casi borrado por la acción del agua prácticamente no se entendía, pero el historiador jesuita logró que, con una tecnología a base de luz ultravioleta empleada en la Biblioteca del Vaticano, la escritura pudiera restablecerse.

Poco después, en la Biblioteca Nacional en Madrid, el investigador encontró una edición antigua del diario no con el nombre de Linck como su autor, quizá por la prohibición que se dio después de la expulsión de los jesuitas para que éstos escribieran o publicaran algo, sino con el título “Diario del viaje que se hizo en la provincia de California al norte de esta península por febrero de este año de 1766. Fue jefe de la expedición el Teniente D. Blas Fernández y Somera”26. El diario estuvo extraviado por muchos años pero ya se ha publicado en varias ocasiones; el relato que aquí se hace tiene como base principal el diario autógrafo que Burrus editó en inglés en 1966. La primera edición en español se incluye en “Noticias y documentos acerca de las Californias, 1764-1795”, Colección Chimalistac, J. P. Turanzas, Editor, Madrid, 1959. Antes de narrar el viaje al Colorado, se relata a continuación la estancia de Linck en San Borja.


  1. Jacobo Baegert, misionero jesuita alemán contemporáneo de Linck en Baja California, dice que éste nació en Joachimsthal, Alemania. Nachrichten von der Amerikanischen Halbinsel Californien, p. 201 de la traducción hecha por M. M. Brandenburg y Carl L. Baumann. The Univ. of California Press. ↩︎

  2. Brno está en la actual República Checa. ↩︎

  3. Los misioneros jesuitas de origen germano que estuvieron en Baja California fueron catorce, mientras que los provenientes de España fueron quince, y resulta interesante el hecho de que esta nación, la gran promotora de la labor misionera en su colonia de Norteamérica, sólo haya contribuido con dos misioneros más que Alemania para la Baja California. Los jesuitas alemanes que realizaron su labor en la península fueron Juan Jacobo Baegert, Juan Javier Bischof, F. Benito Ducrue, José Gasteiger, Adam Gilg, Everardo Hellen, Lamberto Hostell, Francisco Inama, Wenceslao Linck, Carlos Neumayer, Jorge Retz, Antonio Tempis, Ignacio Tirsch, Francisco Javier Wagner, y Bernardo Zumziel. Los nombres aparecen castellanizados, y fueron tomados del Nachrichten de Baegert, pp. 201-202. ↩︎

  4. Santa Gertrudis la Magna es una ex misión jesuita situada apenas al norte del paralelo 28 en el actual Estado de Baja California, a unos 38 Km. de El Arco. Fue fundada por el padre Jorge Retz el 15 de julio de 1752. El edificio de cantera fue hecho por los dominicos, y hoy está completamente restaurado. ↩︎

  5. El cochimí se hablaba desde un poco al sur de los 26 grados, cerca de lo que hoy es Ciudad Constitución, hasta la latitud de la bahía de San Quintín. ↩︎

  6. San Francisco de Borja es el nombre de la ex misión jesuita situada en el actual estado de Baja California aproximadamente a los 28° 44´ de latitud norte, casi equidistante de los litorales del Golfo de California y del Océano Pacífico. La misión fue dedicada a San Francisco de Borja y Aragón por el padre Wenceslao Linck el 1º. de septiembre de 1762, tomando en cuenta que el establecimiento religioso se pudo edificar gracias al capital que doña María de Borja, duquesa de Béjar y Gandía, heredó a los jesuitas para que levantaran una misión en California con el nombre de su ilustre ancestro. El edificio se encuentra restaurado. ↩︎

  7. La misión de Calamajué o Calagnujuet fue fundada en octubre de 1766 por los padres Victoriano Arnés y Juan José Díez al pie del monte Juzaí a unos 80 Km. al norte de San Borja, como a 27 Km. del golfo. En mayo de 1767 el padre Arnés cambió la misión a un lugar todavía más al norte, entre Cataviña y la bahía de San Luis Gonzaga; este movimiento se hizo porque el agua, saturada con sales de azufre, hacía imposible la subsistencia en el lugar. El padre Díez se había enfermado y tuvo que irse a la misión de La Purísima en el sur. La nueva misión se llamó Santa María de Los Ángeles, plantada cerca del arroyo Cabujacaamang, y fue la última que fundaron los jesuitas antes de su expulsión. ↩︎

  8. Las dos últimas fueron fundadas por los franciscanos. ↩︎

  9. Después de participar en la pacificación de una rebelión en la región tarahumara, el padre Juan María Salvatierra se reunió en la navidad de 1690 con el padre Eusebio Francisco Kino en su misión de Dolores, Sonora, y desde entonces planearon unir sus esfuerzos no sólo para conquistar espiritualmente la California, sino también para explorar la región de la desembocadura del Río Colorado, a fin de trazar una ruta que permitiera el abastecimiento por vía terrestre de las misiones californianas desde Sinaloa y Sonora. ↩︎

  10. Thomas Cavendish , o Candi, como le decían los españoles, en octubre de 1587 se apostó en la bahía de San Bernabé, muy cerca de Cabo San Lucas, para esperar la llegada del galeón de Manila y abordarlo. El 14 de noviembre el Santa Ana, fue abordado y saqueado por los corsarios del inglés Cavendish, a pesar de la fiera resistencia que opusieron los españoles bajo el mando del capitán Tomás de Alzola y don Juan de Almendrales, canónigo de la catedral de Manila. Éste fue ejecutado por los ingleses por haber peleado contra ellos y por insultarlos aun después de la rendición del galeón. ↩︎

  11. Louis Delisle de la Croyere era un cartógrafo que trabajaba para el gobierno ruso, junto con su hermano Joseph Nicolas. ↩︎

  12. The Reports of Linck´s Expeditions; editado por Ernest J. Burrus, S.J., páginas 61-62. ↩︎

  13. Esto se sabe por la biografía del misionero que apareció en la Carta del Padre Provincial Francisco Cevallos sobre la vida y virtudes del P. Fernando Consag, insigne misionero de la California, Colegio de San Ildefonso, 1764. ↩︎

  14. The Reports ...; Burrus, S.J., p. 31., op.cit.. ↩︎

  15. Ibídem, p. 32. ↩︎

  16. Entre los alimentos que solían llevar los exploradores de la época pueden mencionarse galletas, carne seca, pasas, higos, manteca y harina. Al inicio de su diario, Linck menciona que tuvo que rechazar las aportaciones de algunos misioneros al darse cuenta del sacrificio que les causaba. ↩︎

  17. Nombre que los cochimíes daban a un aguaje y su área circundante a un poco más de cien kilómetros al norte de Santa Gertrudis. El aguaje de agua caliente aun existe, ademado con piedra pegada con mortero, obra que se debe a los dominicos. ↩︎

  18. Para quien lea el mapa que se anexa a la traducción de Ernest J. Burrus, algunos de cuyos elementos aparecen en el mapa de la p. 10, debe precisarse lo siguiente: 1. La misión de San Francisco de Borja esta casi equidistante de los dos litorales, pero en el mapa mencionado aparece muy al oeste. 2. El lugar bautizado por Linck como La Cieneguilla, hoy La Rinconada, se encuentra a 30° 30’ latitud norte y 115° 23’ longitud oeste (Consultar Carta Topog. H11B65 del INEGI). Coincide aproximadamente con la longitud de los lugares en que la expedición acampó los días 14, 15, 16 y 17; y también con la del lugar llamado Rosarito, que sí esta bien ubicado en ese mapa, y también con la Sierra de San Miguel; sin embargo, en el mapa aludido los sitios de los campamentos mencionados están indebidamente desviados al este, hacia el golfo, no menos de veinte kilómetros. En el mapa de la p. 10, la longitud geográfica de esos puntos está bastante aproximada a lo real. 3. La Sierra de San Felipe empieza por el sur aproximadamente a los 30° 30’ de latitud norte y como a los 114° 55’ de longitud oeste, al norte del arroyo Matomi; se dirige al norte casi paralelamente a la costa del Golfo de California, con la sierra de San Pedro Mártir por el oeste; algunos bloques montañosos transversales o diagonales, reciben nombres locales y le dan forma irregular a la sierra de San Felipe. Termina apenas al norte de los 31° 33’ de latitud norte, rebasando el Paso de San Matías, como a los 115° 15’ de longitud oeste. De aquí hacia el norte se continúan tres cadenas montañosas: la más importante es la Sierra de Juárez, continuación de San Pedro Mártir, que llega hasta la frontera con los Estados Unidos; luego están hacia el este de la anterior, las sierras de Las Tinajas y la Sierra Pinta; entre estas dos últimas está el Arroyo Grande. 4. La sierra de San Pedro Mártir termina por el norte apenas al suroeste del Valle de La Trinidad. La serranía que parece cerrarle el paso hacia el norte recibe el nombre de sierra de Warner. 5. Aunque ya se dijo que la sierra de San Felipe nace al sur casi pegada al litoral, su distancia a éste es variable, pero como elementos casi constantes entre las dos sierras hay llanuras desérticas, en ocasiones con dunas, de anchura variable, y lo mismo sucede entre la sierra de San Felipe y el litoral del golfo. Esos llanos desérticos también son barreras que dificultan cualquier ruta de la sierra a la costa. El llano el Chinero, a los 31° 10’, es ejemplo de lo anterior. Entre las sierras de San Felipe y San Pedro Mártir están Valle Chico, a los 30° 37’, y Santa Clara, a los 31° 12'. ↩︎

  19. Op.Cit., Burrus, pp. , 43 a 49, ↩︎

  20. La embarcación había sido donada a la misión de San Borja por el procurador de Loreto, pero no habiendo marineros californios capacitados, el mando del barco se encomendó a un indio de Sinaloa que tenía experiencia en la navegación. Buenaventura fue siempre fiel a los misioneros y se encargó de enseñar la marinería a muchos cochimíes de la región. ↩︎

  21. El Capitán Fernando Javier de Rivera y Moncada fue uno de los protagonistas más importantes en la historia de las dos Californias. Nacido en Compostela, Nayarit, entró desde los 17 años al ejército, habiendo servido en Loreto y Todos Santos. Llegó a ser gobernador de la Alta California y también en Baja California, en donde había ocupado antes el puesto de Capitán Gobernador desde 1750; condujo en 1768 caballería, víveres y doscientas cabezas de ganado desde el Real de Santa Ana hasta Vellicatá, siguiendo en parte la ruta abierta por Wenceslao Linck. Murió en la llamada masacre de los yumas en 1781, cuando los indios del bajo Colorado atacaron y destruyeron las misiones franciscanas de La Purísima Concepción de María Santísima, cerca de Yuma, Arizona, y la de San Pedro y San Pablo Vicuñer, la cual tal vez estaba muy cerca del actual poblado de Los Algodones, del municipio de Mexicali. ↩︎

  22. La época de lluvias en el extremo norte y al noroeste de la península es principalmente en los meses de diciembre, enero y febrero, aunque en las sierras suele haber precipitaciones de verano. ↩︎

  23. Las iniciales S.J. son de Societatis Jesu, lo cual significa “De la compañía de Jesús”, la orden de los jesuitas. De allí que todos los jesuitas escriben esas iniciales después de su nombre. ↩︎

  24. Clavijero dice que los diarios hechos por Linck y Fenández de Somera fueron remitidos al virrey. Historia de la Antigua o Baja California, Cuarta edición, Edit. Porrúa, S.A., 1990, pp 224 y 225. ↩︎

  25. La Biblioteca Bancroft es una importante colección de libros y manuscritos relacionados principalmente con la historia del oeste de Norteamérica, incluyendo Baja California, que fue comprada por la Universidad de California en 1905 al comerciante de libros e historiador norteamericano Hubert H. Bancroft. ↩︎

  26. El número de folio actual es 121. ↩︎