Antonio Ponce Aguilar

Linck, explorador de Baja California. 1765-1766
Capítulo VI: 
Conclusiones

Algunas de las conclusiones que pueden derivarse del relato que hizo Linck sobre su expedición a la región del Colorado, y que no concuerdan con las afirmaciones de casi todos los historiadores que se han ocupado del aspecto cultural de los indios y de la obra jesuítica en Baja California son las siguientes:

1°. Una misión llamada San Luis…

Una misión llamada San Luis, o cuando menos una visita de ese nombre, existió en el área cercana a la Bahía de San Luis Gonzaga, quizá muy cerca del actual San Luis que está sobre la Carretera Transpeninsular, aunque ningún historiador, clásico antiguo o moderno, hablan de su existencia. Sin embargo, como se ha relatado en páginas anteriores, Linck mencionó en diversos informes y cartas a sus superiores, así como en su diario del viaje al Colorado, la existencia del centro religioso como último bastión de la cristiandad en tierras californianas en su frontera con los gentiles. Su ubicación, sin embargo, no está definida, pues el misionero dice en el registro que hace en su diario efectuado el día 10 de abril de 1776, al regresar del viaje al norte: ...*El 10 llegamos a San Luis, en donde hallamos a nuestros enfermos sanos y salvos. Los indios gentiles me siguieron a la misión, y ya todos han sido bautizados…*Al decir me siguieron, tal parece que el centro religioso no estaba propiamente en el asentamiento de San Luis ya referido, sino posiblemente en la afueras, aunque es difícil establecer qué tan retirado.

2º. El calificativo de “feroces”…

El calificativo de “feroces” que muchos historiadores como Clavijero1 dieron a las tribus cochimíes que poblaban la región al norte de San Borja no debe generalizarse, considerando que la expedición comandada por Linck y Fernández de Somera, después de viajar por 58 días un total de casi ochocientos kilómetros, por aquel territorio en el que predominaban los gentiles que nunca habían visto a los españoles, jamás tuvieron problemas serios de enfrentamientos armados2 ni se dieron bajas fatales entre aquellos grupos humanos de tan diferentes culturas.

3º. En lugar de ferocidad…

En lugar de ferocidad, los aborígenes demostraron hospitalidad, ya que los extraños forasteros que llegaban a sus rancherías fueron bien recibidos, tan pronto como se dieron cuenta que sus intenciones eran pacíficas, y en incontables situaciones ayudaron a los desorientados expedicionarios a tomar el rumbo correcto para no perderse o morir de sed. Además, siempre que pudieron les proporcionaron alimentos, principalmente mezcales tatemados suficientes para todos los miembros de la comitiva, que aparte de los dos jefes y los trece soldados, se integraba con buen número de indios. Aquí cabe pensar el trabajo que debieron invertir los nativos para preparar los mezcales y ponerlos a disposición de los viajeros, tomando en cuenta la explicación que se da en la página diecisiete respecto a la preparación de ese alimento.

4º. Aun en zonas realmente inhóspitas de la península…

Aun en zonas realmente inhóspitas de la península, como los alrededores de Calamajué, en donde el agua es aun en nuestros días de muy mala calidad para el consumo humano y el riego agrícola, los viajeros encabezados por Linck encontraron una población relativamente densa, lo que resulta opuesto a las estadísticas de población, que existen para aquella época en el norte de la Baja California3. Esto obliga a pensar que la capacidad de adaptación de los primitivos californios al difícil medio geográfico, específicamente de los cochimíes, era extraordinaria, ya que el misionero siempre encontró rancherías, algunas formadas hasta por doscientas personas, aun en los más remotos lugares por los que pasó la expedición.

5º. De lo que Linck relató en su diario…

De lo que Linck relató en su diario sobre la alimentación de los cochimíes al norte de San Borja, puede inferirse que era variada, según la región, aprovechando el pescado en las zonas costeras; y en el interior el mezcal, quiotes, dátiles, pitahayas, diversas semillas4, piñones, conejos, liebres, venado, perdiz, etc.. En ninguna parte de su relación, el misionero hizo mención de que hubiera encontrado rancherías cuyos habitantes fueran víctimas del hambre, como muchos historiadores de la época repiten una y otra vez, y tampoco de alguna epidemia como las que asolaron frecuentemente a las etnias cercanas a las misiones del sur5 , que antecedieron a su extinción.

6º. En su diario, el jesuita alemán mencionó…

En su diario, el jesuita alemán mencionó que algunos habitantes del norte poseían telas de algodón, cobijas de buena calidad, y ollas decoradas con muy buen gusto, los cuales habían adquirido de los indios que poblaban la región del Colorado. Esto demuestra que cuando menos en ocasiones, los nativos, muy pocos quizá, usaban algunas telas o mantas para cubrirse, además de que algunos de ellos seguramente realizaban un comercio primitivo en forma de trueque con sus vecinos del Colorado, de quienes obtenían los productos mencionados6.

7º. En algunos lugares de la sierra…

En algunos lugares de la sierra encontró el misionero habitaciones de palos, y refiere que los indios poseían muchos bosques de pino, cuya madera bajaban hasta sus rancherías obviamente para usarla. Ya en Europa, el mismo Linck, en otro informe, mencionó que los nativos de la California vivían prácticamente a la intemperie y sin cubrir su cuerpo con alguna ropa. Éste y otros aspectos negativos de las culturas y medio geográfico de la península los enfatizó porque en muchos lugares, diríase que en la mayor parte del territorio peninsular, efectivamente así vivían los californios, pero omitió los hallazgos de cabañas de madera, ropas de algodón y la cerámica de fina ornamentación en la zona serrana del norte de la que se habló en el párrafo anterior, porque al resaltar lo negativo de la península y de sus habitantes, trataba el jesuita de desmentir a quienes acusaban a la Compañía de Jesús de haberse enriquecido durante su estancia en la Baja California, a la que los detractores de los discípulos de Loyola describían como una tierra pródiga. Otro misionero que con igual vigor defendió a los jesuitas describiendo la pobreza de la península y de sus habitantes fue Juan Jacobo Baegert7, quien había hecho gran labor en la misión de San Luis Gonzaga en el sur de Baja California.

8°. Después de los treinta grados…

Después de los treinta grados, Linck encontró en su viaje muchos arroyos con agua aun antes de subir a la sierra de San Pedro Mártir, y ya en ésta, las corrientes con buen caudal, las ciénegas y las verdes praderas, abundaban entre los tupidos bosques de coníferas. En su viaje de regreso, el 8 de abril, ya muy cerca de Cataviña, la expedición soportó lluvia y hasta nevó un poco, según el registro de su diario. De lo anterior tiene que pensarse que, aun suponiendo que el invierno y primavera de 1766 hayan sido excepcionalmente lluviosos, el clima ha cambiado con tendencia a la desertización de la península, pues aunque aun están allí los bosques de la sierra, su número de arroyos parece haber disminuido de acuerdo con el relato que hizo el misionero; aparte de que no se han reportado nevadas en los alrededores de Cataviña. Cierto que ranchos y ejidos ganaderos de esas regiones, al tener que emplear las aguas superficiales y acuíferos subterráneos han contribuido al cambio mencionado, pero la realidad es que los aguajes y arroyos de hoy son muy pocos en relación con los existentes en aquella época.

9º. Cuando Linck salió al frente de la expedición…

Cuando Linck salió al frente de la expedición el 20 de febrero de 1766 siguió una ruta casi al oeste-noroeste, y al siguiente día llegó a Vimbet, punto que hoy se encontraría sobre la Carretera Transpeninsular, unos diez kilómetros al sur de la actual Punta Prieta. Es sorprendente que de aquí en adelante, por unos ciento setenta kilómetros, los exploradores hicieron el viaje por un camino que estaría muy cercano, y con frecuencia coincidiendo con la moderna carretera hasta Vellicatá. De aquí se dirigieron hacia el norte hasta llegar a La Cieneguilla, antes de subir y atravesar la sierra de San Pedro Mártir. Lo narrado confirma que los asentamientos provisionales de las rancherías y las veredas de los californios primitivos formaron una línea que más de doscientos años después serviría de referencia para trazar una buena parte de la moderna carretera.

Es de notarse que un misionero y explorador de la talla de Wenceslao Linck, que alumbró el oscuro concepto geográfico que se tenía de la península y de sus habitantes en la región septentrional; que abrió rutas y dejó informaciones para que después se plantaran cuando menos otras cuatro misiones, y otros misioneros llegaran hasta la Alta California, que comprobó la falacia del mito insular de California y de la existencia del Estrecho de Anián, que se adelantó a sus compañeros en la perspectiva humanista y de respeto a las culturas indígenas que después vendría, y que consideraba “el más grande honor” bautizar a los gentiles, sea tan poco conocido en su patria nativa8 y en el México actual.

En 1768, el misionero alemán salió para siempre de la Baja California acatando el decreto de expulsión de Carlos III; llegó a Puerto Santa María, España, el 9 de julio de 1768, en donde fue detenido hasta el 17 de marzo de 1769. No se sabe cuando murió, aunque es seguro que en 1790 aun vivía en Olmütz.

Mapa que muestra las relaciones geográficas actuales de la Sierra Pinta

  1. Carretera Mexicali-San Felipe, el primer viaje en automóvil entre estos lugares lo hizo el coronel Esteban Cantú en 1918;
  2. Sierra Pinta, o Las Pintas, antes Los Reyes, está casi desprovista de vegetación. Al sur, en el Km. 123 de la carretera hay una empresa minera de oro y plata.;
  3. La Bomba (aprox.), nombre que se daba a un embarcadero del río;
  4. Isla Montague / Gore, desde hace tiempo han dejado de ser dos islas al no llegar a su desembocadura el caudal del Colorado;
  5. Planicie Deltaica Baja California;
  6. La Ventana;
  7. Ferrocarril Sonora-Baja California;
  8. Salinas Ometepec;
  9. San Felipe;
  10. Bahía Ometepec;
  11. Bahía San Buenaventura;
  12. Sierra de San Felipe;

D. Desierto, una de las zonas más secas del país.


  1. Clavijero, op.cit., pp. 212,213. ↩︎

  2. Uno de los pocos episodios en el cual hubo una actitud beligerante de los cochimíes hacia los españoles de parte de los indios, ocurrió cuando los gentiles de Cagnajuet, lugar situado al norte de la misión de Calamajué, supuestamente disgustados porque al hacerse cristianas las jóvenes de la ranchería dejarían sus liberales costumbres sexuales, planearon atacar la misión y asesinar al misionero y a los soldados. El ataque no se llevó a cabo porque los nativos de Guiricatá no quisieron ayudarlos para realizar sus planes, sin embargo, sí intentaron matar a algunos neófitos amigos de los españoles, pero nuevamente fracasaron sus intentos, ya que el caudillo indio cristianizado Juan Nepomuceno, mandó un pequeño grupo de sus hombres a Cagnajuet, pusieron en huída a los rebeldes y trajeron a la misión a muchos prisioneros, que fueron castigados con ocho azotes. ↩︎

  3. Los informes de los misioneros, gobernantes y viajeros de aquella época discrepan sobre el número de habitantes indios que tenía la península, lo que se entiende por la lejanía de muchas rancherías, el desconocimiento que de su existencia se tenía, y el que en muchas regiones septentrionales aun no penetraban los exploradores y misioneros. ↩︎

  4. Aunque Linck no lo menciona, tres de las semillas más importantes usadas como alimento por los californios eran el piñón, la bellota y la jojoba. Las dos primeras fueron empleadas sobre todo por los indios de las sierras, y la jojoba, de agradable sabor, por los de algunas zonas semidesérticas. Para quitarle lo amargo y tóxico a la bellota del encino, los nativos la sometían al siguiente proceso: 1º. Tostaban las bellotas en las brasas hasta que se partían a lo largo. 2º. Les quitaban la cáscara. 3º. Las colocaban sobre una piedra y las molían. 4º. Para quitarle lo amargo a la harina así obtenida, la ponían en una canasta, si es que sabían hacerla, o en un nido de arena en el que acomodaban hojas para que no se ensuciara la comida; luego, echando piedras calientes en un depósito con agua, la calentaban para vaciarla sobre la harina de las bellotas, hasta que éstas perdían lo amargo y podían comerse. (Historia de Baja California, Antonio Ponce Aguilar, p. 35). ↩︎

  5. Cabe mencionar que las únicas etnias descendientes de los primitivos californios que han sobrevivido se encuentran en el extremo norte de la península: los kumiai, pai-pai, cucapá y kiliwas ↩︎

  6. La carne seca de venado, su piel, los piñones, la jojoba y otras semillas pudieron ser objeto de trueque de los indios de la sierra con los aborígenes de las márgenes del Colorado, quienes a cambio les daban objetos de cerámica y textiles. ↩︎

  7. En el apéndice uno de su obra, Baegert escribió: Todos los reportes que se refieren favorablemente a California, su riqueza, fertilidad, u otras cosas necesarias para hacer la vida confortable pertenecen sin excepción a la categoría de reportes falsos, no importa quiénes sean los autores. Excepto por sus perlas, sus dos y media clases de frutas, su casi permanente cielo azul, y, cuando menos en la sombra, su aire no muy caliente y nunca muy frío, California no tiene nada que merezca ser elogiado y estimado, o que deba ser envidiado por los más pobres de las tierras habitadas en el globo...Por lo tanto, ni yo ni los que han vivido conmigo en California podrían entender cómo pudo suceder que cierta gente hablara con tantos elogios de la península y la hiciera uno de los países más bellos sobre la Tierra...(Baegert, Nachrichten..., op.cit., p. 175). ↩︎

  8. Es prácticamente desconocido el nombre de Wenceslao Linck en su natal Neudek, no aparece en la Enciclopedia Británica ni en la Enciclopedia Católica, en Baja California pocos saben de su existencia y en el resto del país menos. En Alemania se conoce mucho más el homónimo del misionero explorador, un Wenceslao Linck que fue predicador y teólogo luterano nacido en Colditz en 1483, pero del misionero jesuita que tan gran labor realizó en Baja California poco ha quedado registrado, es injusto que la historia soslaye sus acciones. ↩︎